La acuicultura constituye un sector económico de gran relevancia en el mundo. En años recientes esta actividad se ha expandido, intensificado y diversificado. En el mismo período, las enfermedades causadas por agentes patógenos también se han manifestado como el principal problema en la producción sostenible de la acuicultura, incidiendo negativamente en la cadena de producción (Galindo y Hosokawa, 2005).
Al igual que en otras especies animales de producción intensiva, los principales problemas sanitarios que afectan a los organismos acuáticos, se atribuyen a una amplia variedad de agentes patógenos que comprenden bacterias, virus, parásitos y hongos causando altas mortalidades y pérdidas en producciones (Brock y LeaMaster, 1992).
Las enfermedades que afectan a peces transmisibles más importantes cuya clasificación está basada fundamentalmente en un punto de vista socioeconómico y/o sanitario con graves repercusiones tanto en el comercio nacional como internacional se enlistan en la Tabla I.
Tabla I. Enfermedades transmisibles más importantes en la acuicultura de peces. Enfermedades Agente etiológico Especies sensibles Anemia infecciosa del
salmón
Ortomyxovirus Salmón del Atlántico (Salmo salar)
Septicemia hemorrágica
viral Rhabdovirus Salmónidos
Rodaballo (Scophthalmus maximus) Necrosis pancreática
infecciosa Birnaviridae Salmónidos
Necrosis Hematopoyética Infecciosa
Lisavirus Salmónidos
Furunculosis Aeromonas salmonicida Salmónidos
Estreptococosis Lactococcus garviae Salmónidos
Strettococcus iniae Rodaballo (Scophthalmus maximus)
Síndrome del alevín Flavobacterium
psychrophilum Trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss)
Síndrome del alevín Flavobacterium psychrophilum
Trucha arcoiris (Oncorhynchus
mykiss)
Aeromoniasas Aeromonas moviles Salmónidos Piscirickettiosis Piscirickettsia salmonis Salmónidos
La gravedad de estas enfermedades no sólo depende de la especie cultivada o de la capacidad de difusión del agente patógeno. En la mayoría de los casos se ve también amplificada por la presencia de otros factores de distinto tipo: estadio del organismo (principalmente larval por poseer un sistema inmune muy vulnerable), medioambiental (calidad de agua), nutricional, genético e higiénico-sanitario (manejo) que condicionan el desarrollo y estado de salud general (Ruiz et al., 2002).
En los peces se han identificado multitud de especies de virus diferentes, algunos con gran importancia económica en la acuicultura, y algunas de las enfermedades que provocan son de declaración obligatoria por lo que son sometidas a controles tanto nacionales como internacionales (Ruiz et al., 2002). Los virus pueden ser transmitidos por especies de peces no susceptibles y por otros animales acuáticos y aves siendo las principales vías de transmisión las abrasiones cutáneas, las branquias y el intestino (Birkbeck y Ringø, 2005). Las principales enfermedades de etiología vírica se presentan en la Tabla I.
Es frecuente que los microorganismos patógenos pueden entrar a los peces a través de las branquias, la piel y el tracto gastrointestinal (Wang y Leung 2000; Birkbeck y Ringø, 2005). El tracto gastrointestinal es continuamente atacado por múltiples antígenos presentes en el medio acuático y en los alimentos. Existe una gran diversidad de agentes infecciosos y parasitarios que causan enfermedades en los peces marinos (Aguilera y Noriega, 1985). Las patologías causadas por parásitos o por bacterias han sido descritas en la literatura (Álvarez-Pellitero y Sitja-Bobadilla, 2002; Toranzo et al., 2005; Palenzuela, 2006).
Entre los parásitos que causan enfermedades se encuentra el dinoflagelado
Amyloodinium ocellatum, uno de los más peligrosos y destructivos ectoparásitos implicados
en mortalidades masivas en peces marinos y de agua dulce en cultivo (Kabata, 1985; Noga and Levy, 1995; Colorni, 1998). Infecciones con este ectoparásito han sido reportadas en tilapia común Oreochromis mossambicus (Schaperclaus, 1954), en familias de peces de agua dulce como en carpas y salmónidos (Shaharom-Harrison et al., 1990), Chanos Chanos
chanos y el pargo de manglar Lutjanus argentimaculatus (Cruz-Lacierda et al., 2004)
causando mortalidades del 100%. A. ocellatum se alimenta de las células epiteliales del hospedero por medio de rizoides, los cuales penetran la piel. El daño a las células
infectadas permite una erosión focal del epitelio, acelerando la descamación que conllevan a fuertes alteraciones patológicas principalmente (Paperna, 1980). Éste parásito se aloja principalmente en las branquias del pez, lo que provoca sofocación por asfixia y muerte (Kuperman y Matey, 1999).
Dentro de las enfermedades en acuicultura, la proliferación de bacterias patógenas oportunistas provoca hasta un 80% de mortalidad en cultivos (Munro et al., 1994). Conroy (1984) describe un esquema en el que se agrupan las principales bacterias marinas patógenas de peces, que comprenden:
1. Bacterias Gram negativas (Vibrio, Pseudomonas, Aeromonas y Pasteurella) causantes de septicemias hemorrágicas.
2. Bacterias Gram positivas (Streptococcus sp. y Renibacterium salmoninarum) causantes de enfermedades sistémicas y altas mortalidades.
3. Bacterias ácido resistentes (Micobacterium, Nocardia) causantes de tuberculosis y nocardiosis.
4. Mixobacteria (Flexibacter) causante de la patología branquial, además de erosión de piel, aletas y cartílagos.
Las principales bacterias que pueden presentarse en sistemas acuáticos de cultivo son las pertenecientes a los géneros Vibrio, Pseudomonas y Aeromonas (Austin y Austin, 1987). Dentro del grupo de las Aeromonas se encuentra Aeromonas hydrophila, una bacteria con amplia distribución en los ambientes acuáticos y estuarinos, habitante normal del tracto intestinal de especies silvestres de agua dulce (Popovic et al., 2000). La infección causada por A. hydrophila puede ser crónica y afectar a un pequeño grupo de peces, o aguda que se caracteriza por presentar una elevada mortalidad en los sistemas de cultivo (Camus et al., 1998).
El uso de desinfectantes o antibióticos ha tenido un éxito limitado en la prevención de las enfermedades acuáticas (Subasinghe, 1997). Sin embargo, el uso excesivo de antibióticos para el control de las enfermedades ha creado resistencia en las bacterias y la destrucción en la microflora intestinal, causando un efecto supresor del sistema inmune (Verschuere et al., 2000). Por otra parte, uno de los principales problemas es la acumulación de residuos de antibióticos en los productos para consumo humano (Uma et
al., 1999). Actualmente, en muchos países, incluido México, se ha regulado y normado el
uso de antibióticos en la acuicultura (Directiva 96/23/CE, 1996, FFDCA; 21 U.S.C., Guidance No. 78, 2003; NOM-EM-006-PESC-2004). De esta manera se prohíbe el uso de antibióticos para la prevención y tratamiento de enfermedades, así como su utilización para promover el crecimiento (Swamm, 1969).
Varias alternativas han sido propuestas para evitar el uso de antibióticos en el control de las enfermedades y han sido aplicadas exitosamente en la acuicultura (Verschuere et al., 2000) entre ellas el uso de los inmunoestimulantes solos o en combinación con vacunas, siendo una propuesta muy prometedora para el control y prevención de enfermedades, dado su efecto modulador del sistema inmune (Raa, 1996).