• No se han encontrado resultados

Lo mismo que en tiempos del Nuevo Testamento se falsificó a con- ciencia, en especial indicando un nombre de autor falso, aunque tam- bién con todo tipo de intervenciones en textos auténticos o ya falsifica- dos, en la época posterior se siguió falsificando. Desde luego que es posible, incluso probable, que muchos de los textos que la Iglesia con- denó como «apócrifos» fueran más antiguos que el Nuevo Testamento. Y es seguro, si hemos de creer al Evangelio, que hubo también Evange- lios más antiguos que los cuatro «canónicos». Así, en los primeros ver- sos del Evangelio de Lucas se afirma que «ha habido ya muchos que han intentado informar de los hechos históricos que han tenido lugar

entre nosotros».

Es evidente que una parte de los Evangelios «apócrifos» guardan un estrecho parentesco con los sinópticos, pero ya que muchos de ellos se conservan sólo de modo (muy) fragmentario resulta difícil afirmar si se remontan a la tradición presinóptica o a la sinóptica, o sea, si son más antiguos o más recientes que los Evangelios canónicos. Y precisamente en los Evangelios «apócrifos» más antiguos se mezclan la tradición oral

y la escrita. En cualquier caso se ve que el pensador que lo contempla desde un punto de vista histórico no puede considerarlo simplemente ate- niéndose al esquema de «canónico» o «apócrifo», prescindiendo ya de que en todas partes se ha falsificado.215

De los llamados Evangelios apócrifos se conocen cerca de cincuenta, si bien la mayoría de ellos se han transmitido de modo fragmentario y sólo en casos muy raros como un texto completo. De muchos de ellos, • aparte del título, poco más se sabe. Éste es el caso del Evangelio de Ju- das, perdido por completo y que surgió quizá a mediados del siglo u y que utilizaban los cainitas, «gnósticos», que a consecuencia de su doctri- na del Dios maligno del Antiguo Testamento debieron adorar a las figu- ras maléficas que allí aparecen, en especial a Caín y a la serpiente. Y de- cían que Judas fue el único apóstol que entendía a Jesús. Poco o nada sa- bemos del Evangelio de la consumación o el Evangelio de Eva que tenían los nicolaítas, una secta al parecer gnóstica libertina que desapare- ció a finales del siglo n, a los que los Padres de la Iglesia, en referencia a Ireneo, atribuían excesos sexuales, motivo por el que en la Edad Media se llamó nicolaítas a los adversarios del celibato.216

Con todo, hubo épocas y lugares donde lo católico y lo gnóstico no estaban (todavía) estrictamente separados. También grupos eclesiásticos utilizaban los llamados Evangelios apócrifos en lugar de los canóni- cos. En especial los judeocristianos -Evangelio de los nazarenos, de los* ebionitas, de los hebreos- perduraron mucho tiempo y se les seguía ci- tando hasta en el siglo xiv.217

El Evangelio de los nazarenos procede al parecer de la primera mitad del siglo u y fue, como muestran los fragmentos conservados, de tipo sinóptico, emparentado sobre todo con el Evangelio bíblico de Mateo, si bien no fue un «Protomateo», y frente al Evangelio de Mateo del Nuevo Testamento fue por lo general secundario, de «carácter epigónico» (Di- belius), pero por su contenido y modos «más judeocristiano que Mateo» (Waitz). De todos modos los judeocristianos sirios (nazarenos), de los que procede el Evangelio, no fueron «herejes» sino miembros de la «gran Iglesia» (Vielhauer).218

Lo mismo que el Evangelio de los nazarenos, el de los ebionitas, pro- bablemente de la misma época, está asimismo emparentado con el Evan- gelio de Mateo. Pero era de origen «herético». Los ebionitas negaban el nacimiento virginal de Jesús, motivo por el que en su Evangelio se elimi- na el antecedente histórico del de Mateo, donde el Espíritu Santo fecunda a la virgen María. Los ebionitas, los descendientes más inmediatos de la comunidad primitiva (!), eran contrarios al culto y vegetarianos.219

En el Evangelio de los ebionitas Jesús habla muchas veces en primera persona. «Cuando iba por el lago Tiberíades elegí a Juan y a Santiago [...1 y a ti, Mateo, que estabas sentado a la mesa de recaudador, te llamé y

me seguiste [...I.» Pero también los discípulos hablan en el plural de la primera persona y no hay duda que el relato pretende poner la falsifica- ción bajo la autoridad de todos los apóstoles y resaltando a Mateo hacer- le aparecer como autor.220

También en el Evangelio de los hebreos, que se diferencia mucho de todos los Evangelios canónicos y de los restantes judeocristianos, el pro- pio Jesús toma de vez en cuando la palabra. Lo mismo que en el de los ebionitas relata la elección de los apóstoles, cuenta aquí la historia de la tentación y del éxtasis, en la que el Espíritu Santo aparece como una fi- gura femenina, auténticamente semítica: «Sin pérdida de tiempo mi madre, el Espíritu Santo, me sujetó por los cabellos y me arrastró lejos del gran monte Tabor». La entrega por Jesús del paño de lino al «siervo del sacer- dote» (del sumo sacerdote) muestra cómo en los «apócrifos» había ten- dencia a dramatizar algo la resurrección del Señor con objeto de hacerla más creíble. ¿Y no resulta genuinamente cristiano el que esta falsifica- ción califique de crimen gravísimo toda actividad falsificadora?221

Falsificaciones de los Evangelios

Outline

Documento similar