INTERMEDIO ARMENIO
8 Según Mateo de Edesa, II, cliv, pág 219, Balduino tenía con él 100 hombres a caballo cuando tomó Turbessel y 60 cuando partió para Edesa.
Fulquerio de Chartres, que le acompañaba, dice (I, xiv, 2, pág. 206; 15, pág. 215) que tenía milites paucos cuando partió (I, xiv, 4, pág. 208) y 80 cuando cruzó el Eufrates (I, xiv, 7, pág. 210).
pues pasó la cordillera Amánica por las Puertas Sirias, para unirse al ejército cristiano delante de Antioquía9.
La aventura ciliciana no había favorecido ni a Balduino ni a Tan- credo. Ninguno de los dos creyó que valía la pena fundar allí un estado. Las exiguas guarniciones francas que habían quedado en las tres ciudades cilicianas, la de Guynemer, en Tarso, la de Güelfo, en Adana, y la de Tancredo, en Mamistra, no podían resistir ningún ataque serio. Sin embargo, la dispersión de las guarniciones turcas había sido de algún valor para la Cruzada como conjunto, al impedir que los turcos pudieran utilizar a Cilicia como base desde la cual lanzar un ataque de flanco contra los francos durante sus operaciones en Antioquía; y la conquista de Alejandreta daba a los francos un puerto útil por el que podrían llegar los abastecimientos. Pero los principales beneficiarios de todo el asunto eran los príncipes arme nios de las colinas. El colapso del poder turco en la llanura les per mitió ir penetrando lentamente en sus aldeas y ciudades y sentar las bases del reino dliciano de la Armenia menor.
Cuando Balduino lo dejó en Marash, el ejército principal estaba ya a punto de iniciar su marcha, en dirección Sur, hacia Antioquía, y, al principio, Balduino tomó una ruta paralela pocas millas al Este, con el fin de proteger el flanco izquierdo del mismo, Fue seguramen te a causa de la promesa de hacerse cargo de dicha tarea por lo que obtuvo nuevamente permiso para separarse del grueso de las tropas; y, en efecto, podía justificar toda su expedición por la protección que daría a la Cruzada; pues la vía más fácil por la que podían lle gar, desde Khorassan, refuerzos a los turcos en Antioquía estaba en el territorio que él pensaba invadir. Además, sus ricas tierras po dían proporcionar a los cruzados las provisiones de víveres que ne cesitaran.
En Ain-tab, Balduino se dirigió resueltamente hacia el Este. Es dudoso que hubiese planeado el desarrollo de una acción más allá del vago intento de fundar un principado en tierras del Eufrates, que hubiese podido ser beneficioso para él o para todo el movimien to de las Cruzadas. Las circunstancias eran favorables. No tenía que conquistar la tierra del infiel, pues el territorio estaba en poder de armenios amigos. Balduino mantenía contacto con sus príncipes. Por Bagrat tenía que haber entrado en relaciones con el hermano de éste, Kogh Vasíl, cuyo señorío estaba precisamente al este de Marash. Ga briel de Meiitene, siempre amenazado por los turcos danishmend, es taba clamando seguramente por la ayuda franca, y Thoros de Edesa
9 Guillermo de Tiro, II I, 25, I, pág. 149, dice que los tripulantes de los barcos se quedaron con Tancredo.
estaba evidentemente en comunicación con los cruzados. En efecto, la decisión de Balduino de abandonar Cilicia parece ser que fue de bida a un mensaje enviado a él o a Bragat por Thoros, en que le invitaba a que fuera urgentemente a Edesa. Veinte años antes, cuan do el papa Gregorio V II, según se sabía, estaba proyectando una expedición para socorrer a la Cristiandad oriental, un obispo arme nio se había trasladado a Roma para asegurar su interés10. Los alia dos occidentales les parecían más atractivos, incluso a los príncipes que llevaban títulos bizantinos, que cualquier otro que hubiese po dido aumentar su dependencia del odiado Imperio. La presencia de un ejército franco luchando victoriosamente por la Cristiandad en sus mismísimas fronteras les brindaba la oportunidad por la que habían suspirado para establecer su independencia de una vez para siempre, tanto de la dominación turca como de la bizantina. Reci bieron, llenos de contento, como libertadores a Balduino y a sus hombres.
Sabemos hoy en día la desconfianza que inspira la esperanzadora palabra «liberación». Los armenios aprendieron la lección antes que nosotros. Cuando Balduino avanzaba hacia el río Eufrates, la pobla ción armenia salió a recibirle. Las guarniciones turcas que quedaban en la zona o bien huyeron, o bien fueron degolladas por los cristia nos. El único señor turco de alguna importancia en las cercanías, el emir Balduk de Samosata, que dominaba el camino de Edesa a Me litene, intentó organizar la resistencia, pero no pudo tomar ninguna medida ofensiva. Dos nobles armenios locales, llamados por los la tinos Fer y Nicusus, se unieron a Balduino con sus pequeños ejér citos. A principios del invierno de 1097, Balduino completó su conquista del país hasta el Eufrates, ocupando las dos fortalezas principales, Ravendel y Turbessel, como las llamaron los latinos al adaptar los nombres árabes de Ruwandan y Tel-Basheir. Ravendel, que dominaba sus comunicaciones con Antioquía, la puso bajo el mando de su consejero armenio Bagrat, y dio el de Turbessel, impor tante por su proximidad al histórico vado del Eufrates en Carche- mish, al armenio Fer u.
Mientras Balduino estaba aún en Turbessel, probablemente hacia Año Nuevo, le llegó una embajada de Edesa. Thoros estaba impa ciente por la llegada de los francos, a los que creía ahora detenidos en la margen oeste del Eufrates. Su posición fue siempre precaria; y estaba alarmado por las noticias de que Kerbogha, el terrible emir turco de Mosul, estaba reclutando un enorme ejército destinado a