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Una “Segunda” Ley

In document Covenant Love - Amor de Alianza (página 58-62)

Lo que el incidente del becerro de oro fue para la primera generación en el Sinaí, el episodio del Baal-Peor lo fue para la segunda generación en las llanuras de Moab.

Números describe por qué el Deuteronomio es necesario. Escrito 40 años después del Éxodo, el Deuteronomio es literalmente “la segunda ley” –pretendida para regir a las 12 tribus laicas de Israel. Está escrita inmediatamente después de la apostasía y pecado de Baal-Peor.

Notemos que ésta es una ley dada por Moisés, no por Dios. Ésta es la gran diferencia entre la Ley dada en el Sinaí, la cual es presentada como las palabras propias de Dios, entregada por Dios directamente. El Deuteronomio es la ley de Moisés, y como Jesús explicará, es una ley para gente dura de corazón (ver Mateo 19,8).

Basado en su record de comportamiento desde el Éxodo, Moisés sabe que no puede esperar que la gente viva de acuerdo a la Ley del Sinaí, mucho menos de acuerdo a los estándares de santidad establecidos por los Levitas. El Deuteronomio es una ley para niños caprichosos. Esto explica por qué en el Deuteronomio, Moisés concede permisos que no se encuentran en ningún otro lado de la Biblia, permisos que parecen no concordar con la alianza del Sinaí.

Entre otras cosas, Moisés permite el divorcio y el volverse a casar (ver Deuteronomio 24,1-4); tomar a las esposas de un esclavo extranjero (ver Deuteronomio 21,10-14), y la batalla genocida contra los cananeos (ver Deuteronomio 20,16-17). En cada caso, estas concesiones eran “males menores”. Por ejemplo, al pueblo se le indica que mate a los cananeos porque si no lo hacen muy probablemente caerán en idolatría de sus dioses.

Esta no es la ley santa de Dios, esta es una legislación concesionaria, sus compromisos con un pueblo obstinado y arrogante. Como Dios después explicará a través del profeta Ezequiel, “llegué a darles preceptos que no eran buenos y normas con las que no podrían vivir” (ver Ezequiel 20,25).

No era que Dios hubiera abandonado la idea de que el pueblo nunca podría volver a ser santo. Al pedirle a Israel que realizara ofrendas sacrificiales de las primicias de sus rebaños (ver Deuteronomio 15,19-20) en un santuario central (ver Deuteronomio 12,5-18), Moisés esperaba recordarle a Israel su llamado a la santidad. Pero el estándar para la gente estaba muy por debajo de aquel requerido a los Levitas.

Los estudiosos han notado que mientras la alianza en el Éxodo compartía similitudes con las “alianzas familiares” del mundo antiguo, el Deuteronomio asemeja el tipo de alianzas que los reinos harían con los estados vasallos después de conquistarlos y esclavizarlos.

Y el Deuteronomio es un yugo muy pesado, puesto sobre Israel como una carga, destinado a romper los corazones duros de la gente. Pero Moisés predice que esta ley no los salvará de las maldiciones por haber fallado en honrar la alianza.

De hecho, él profetiza que todas las maldiciones de la alianza recaerán sobre Israel algún día (ver Deuteronomio 30,1-10; 31,16-29).

Primero, él parece sugerir que las maldiciones están condicionadas –“Si  desoyes la voz de Yahveh tu Dios” (ver Deuteronomio 28,15), y describe en lúgubre detalle los castigos del exilio, despojos y demás (ver Deuteronomio 26,16-68).

Pero dos capítulos más adelante él dice con seguridad que todas estas maldiciones caerán sobre Israel. Pero cuando esto suceda, Moisés promete, Dios los salvará una vez más, mostrará piedad una vez más “si vuelves a Yahveh tu Dios, si escuchas su voz en todo lo que yo te mando hoy” (ver Deuteronomio 30,1-2).

Estas maldiciones que Israel padecerá, Moisés profetiza, finalmente los traerá al arrepentimiento. Y en este punto, él profetiza: “Yahveh tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, a fin de que ames a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas” (ver Deuteronomio 30,6).

Notemos que antes, Moisés había ordenado al pueblo que circuncidaran sus corazones (ver Deuteronomio 10,16). Pero aquí, al final del Deuteronomio, él reconoce que Israel es incapaz de esto –que solo la gracia de Dios puede cambiar los corazones de la gente.

Durante los años de exilio y cautividad, los profetas exhortaban a Israel a que esperaran por esta promesa.

Ezequiel promete que Dios le dará a la gente un nuevo corazón, y les quitará su corazón de piedra (ver Ezequiel 36,22-28). Jeremías, en el único pasaje del Antiguo Testamento que habla específicamente de una “Nueva Alianza”, dice que Dios escribirá Su ley en los corazones de las personas (ver Jeremías 31,31-33).

Estas promesas esperaran la venida de Jesucristo para su cumplimiento. Moisés había profetizado la venida de “un profeta como yo” (ver Deuteronomio 18,15). Jesús será está profeta (ver Juan 6,14; 7,40; Hechos 3,22; 7,37).

Pero el libro del Deuteronomio cierra con Moisés a la edad de 120 años, muriendo en la cima del Monte Nebo. La tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob estaba a la vista, pero él no entrará.

V. Preguntas de Estudio

1. ¿Cuáles son algunos paralelos entre la vida de Moisés y la vida de Cristo?

2. ¿De cuál alianza Dios “se acuerda” al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto?

3. ¿Cómo es presentado Dios en el Éxodo como una Padre amoroso de Su hijo primogénito Israel?

4. ¿Por qué se le llama “la Pascua del Señor” a la Crucifixión y Resurrección de Jesús? ¿Por qué la Pascua del Señor es como la Pascua de Israel en el Éxodo?

Para la oración y reflexión:

Lee el discurso de Nuestro Señor sobre el Pan de Vida (ver Juan 6,27-59) y luego relee la historia del maná en el Éxodo (ver Éxodo 16,1-5; 9-15). Pide en tu oración una mayor comprensión del significado total de las palabras de Nuestro Señor: “Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre”.

Lección 5

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