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Un Trono para todas las Generaciones

In document Covenant Love - Amor de Alianza (página 62-65)

Objetivos:

1. Terminar de leer el Antiguo Testamento (de Josué a Malaquías) y leer con comprensión. 2. Comprender la idea general de la historia de Israel a la luz de la alianza de Dios con

Abraham.

3. Apreciar la importancia crucial de la alianza eterna de Dios con David.

Contenido:

I. Repaso y visión de conjunto II. Entrada a la Tierra Prometida

A. Josué en Jericó

B. Púas y espinas prevalecen C. Juzgando por su debilidad D. Nacido en Belén

III. Los aciertos y desaciertos de los reyes A. Ana la sierva

B. Haciendo una monarquía IV. El pastor de Israel –Sacerdote y Rey

A. El Ungido de Dios B. Jerusalén capital C. Una alianza eterna

D. La alianza de Abraham recordada V. Entrando al Reino

A. La forma de las cosas bajo Salomón B. Salmos y Sabiduría

VI. Dos naciones bajo Dios

A. División del Norte y el Sur B. Haciendo surgir profetas C. Reyes buenos, reyes malos D. Castigados por Babilonia E. Escribiendo en el exilio

VII. Después del exilio

A. Restauración y reconstrucción B. Persecución y revuelta

C. Época de los Asmoneos D. La consolación de Israel VIII. Preguntas de estudio

I. Repaso y Visión de Conjunto

Con esta lección llegamos a la cumbre del Antiguo Testamento –la promesa de Dios del Reino eterno de David.

Como veremos, la alianza con David está de trasfondo en cada página del resto de la Biblia – efectivamente, hasta la última página del libro del Apocalipsis, donde Jesús revela que Él es “la raíz y el linaje de David”, prometido en la alianza (ver Apocalipsis 22,16).

Será muy útil, entonces, antes de considerar la alianza Davídica, tratar de resumir lo que hemos tratado de conseguir en este curso.

Hemos dicho que la historia de la Biblia es una historia de salvación –del deseo y plan de Dios de otorgar Su bendición, el don de Su vida divina, a toda la creación.

Como el CIC lo presenta: “Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial, los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa bendición divina” (ver CIC 1079).

Conforme el plan de salvación de Dios se desarrolla en las palabras de los autores inspirados, Su labor de bendición se despliega en una secuencia de alianzas.

La premisa de este curso es que al estudiar estas alianzas entramos al corazón de la “visión global” de la Biblia –la forma en que Dios intenta que nosotros comprendamos la historia y el destino del mundo y de nuestras propias vidas (ver “El principio de la Alianza: Testimonio de la Escritura y la Tradición” de la lección uno).

Puesto de otra manera: Las alianzas revelan quién es Dios, quiénes somos nosotros, el significado de nuestras vidas individuales y el destino de nuestras vidas juntos como miembros de la raza humana. Dios se relaciona con Su pueblo –toda la raza humana- y con cada uno de nosotros, individualmente, por medio de la alianza.

Esta premisa se refleja inclusive en la división de la Biblia en “antiguo” y “nuevo” testamento, una palabra que significa alianza.

Hemos identificado cinco alianzas en el Antiguo Testamento –con Adán y la creación, con Noé, con Abraham y sus descendientes, con Moisés e Israel, y finalmente, con David y el reino de Israel.

En un sentido, estas alianzas son todas aspectos de una única alianza –lo que el profeta Daniel llama la “alianza misericordiosa” de Dios (ver Daniel 9,4.27; 11,30.32), lo que el último libro de la Biblia llama “una buena nueva eterna… a los que habitan la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo” (ver Apocalipsis 14,6).

La alianza empieza con la bendición de todos los seres vivientes, especialmente Adán y Eva (ver Génesis 1,28), los representantes de la raza humana. Esta alianza es renovada en la alianza de Noé (ver Génesis 6,18; 9,9.11).

Con Abraham se le da un enfoque histórico a la alianza, una trayectoria que apunta hacia un futuro en el que todas las naciones serán bendecidas (ver Génesis 17,2.4.7). La alianza con Israel es realizada para cumplir con “su palabra sagrada dada a Abraham su servidor” (Salmos 105,8-12.42). Y como veremos en esta lección, la alianza de Dios con David es realizada para renovar y cumplir la promesa hecha a Abraham.

¿Cuál es el propósito de Dios al realizar Su alianza? Bendecir a la raza humana, transformándola en una familia única de Dios, hacer de cada individuo lo que Adán estaba destinado a ser –un hijo de Dios Altísimo, heredero del reino de los cielos, gobernador de la creación, un “sacerdote” que ve su vida como una labor de adoración y acción de gracias, un sacrificio de alabanza.

El lenguaje de la alianza en el Antiguo Testamento es “marital” o “nupcial” –Dios jura ser el Dios de su pueblo y el pueblo jura ser el pueblo de Dios (ver Levítico 26,12; Deuteronomio 29,12).

Tal como sucede con los votos maritales en la esfera humana, las alianzas de la Biblia crean una familia.

Esto lo vemos desde el principio –Adán y Eva deben “llenar la tierra” con sus hijos (ver Génesis 1,27). Este mandato es renovado en la alianza con Noé (ver Génesis 9,1.9). De la misma manera, Abraham es llamado a ser “el padre de todas las naciones” (ver Génesis 17,4; 22,17- 18). Por su alianza con Moisés, Dios establece a Israel como Su “hijo primogénito” a través del cual todos los pueblos del mundo serán bendecidos (ver Éxodo 4,22).

Las uniones de alianza que Dios establece tienen la intención de extender Sus bendiciones, Su familia hasta los confines de la tierra. Todo esto se hace patente con la historia del Reino Davídico.

Pero antes de considerar el reino, necesitamos volver a donde habíamos dejado nuestra historia de salvación.

II. Entrada a la Tierra Prometida

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