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CAPÍTULO 5. HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES 115 

5.4. Segunda mitad del siglo XX 121 

A partir de 1950 diferentes investigadores registran y documentan varios lugares de interés arqueológico. George E. Fay (1956; 1957) reconoce varios yacimientos arqueológicos en Guaymas y Hermosillo, Paul H. Ezell (1954) localiza otros sitios en la papaguería (Nación Tohono O’odham o Pápagos), y R.H. Lister (1958) explora el río Conchos y registra nuevos lugares. Los más cercanos a nuestra área de estudio, fueron realizados por T.B. Hinton (1955) que recorre el valle de Altar, y A.E. Johnson que llevó a cabo las primeras excavaciones arqueológicas, de escasa extensión, en el yacimiento de La Playa (Johnson, 1963), cercano al conjunto de Trincheras y de los más significativos en el estado de Sonora. Según este autor, La Playa estaba asociado con el sitio arqueológico de Trincheras del Noroeste (México) entre 700 y 1100 d.C., reforzando la idea de Haury (1950) acerca de que esta tradición sería una

variante regional de la tradición Hohokam del Suroeste19 (EE.UU.) (Johnson

1963: 182-185). Planteó los posibles contactos entre estas dos tradiciones culturales, relaciones que, a día de hoy, permanecen como un tema de discusión y que están muy presentes en la filiación de los grabados y pinturas rupestres del noroeste de Sonora. Años más tarde, las investigaciones del proyecto La Playa darían a conocer que este yacimiento es importante no sólo en período Trincheras, si no mucho antes, en períodos Arcaico y de la Agricultura Temprana (Carpenter, 2009; Carpenter et al., 2015).

En esa misma época, R. Orellana comenta en “Petroglifos y pinturas rupestres de Sonora” que la mayor parte de petroglifos y pinturas rupestres se encuentra distribuida por el norte del territorio sonorense, principalmente en las márgenes de los ríos, rocas escarpadas y cuevas. También apunta que existe una relación con el suroeste de Estados Unidos, tal es el caso de algunos dibujos que representan libélulas deificadas, señaladas por Lumholtz en 1986, y que se encuentra "[...] casi en todas partes de las ruinas de Arizona y norte de México [...]" (Orellana Tapia, 1953). Los diferentes sitios anotados por Orellana pertenecen al cauce del arroyo Los Baños, afluente del río Bavispe, que unido a los ríos Aros y Moctezuma forman el río Yaqui. De esta zona señala cuatro enclaves: pinturas rupestres en los márgenes de una cueva en el lado izquierdo y otras tres a la derecha del arroyo. También alude al

distrito de Altar, donde halló el diseño grabado, en un roca del cerro, una representación humana muy esquematizada con cierto movimiento en los brazos y círculos concéntricos (Figura 5.7) (Orellana Tapia, 1953).

Figura 5. 7. Dibujo de un grabado en el municipio de Altar Se observa un antropomorfo esquematizado y elementos circulares

Dibujo: Luis Orellana, en Orellana Tapia, 1953.

En 1954, el arqueólogo Thomas Hinton llevo a cabo un proyecto arqueológico en el Valle de Altar, auspiciado por la Amerind Foundation y supervisado por Charles Di Peso. El trabajo de Hinton (1976) generó la primera nomenclatura formal, dentro de la investigación arqueológica moderna, para el conjunto rupestre de grabados o petrograbados del cerro de La Proveedora (Villalobos, 2003a; 2003b).

Años después, Julian Hayden inicia las investigaciones en la sierra El Pinacate (territorio de lava, dunas y volcanes), dedicando 15 años al registro de yacimientos precerámicos, documentando la presencia de grupos humanos

previos al Altitermal20, los cuales relaciona con la fase Malpaís21 (Roggers,

1966; Hayden, 1976, 1993b), así como de grupos post-altitermal, de filiación con la cultura Amargosa de California y Arizona. Asimismo, realizó dataciones relativas y absolutas a partir de las características de la pátina de los restos

20 Período de altas temperaturas que abarca desde el 8.000 al 4.000 BP.

21 Caracterizado por la presencia de rocas poco erosionadas de origen volcánico, en un ambiente árido. El autor describe otras áreas del planeta, del mismo tipo, asociadas con las del suroeste de los Estados Unidos.

materiales líticos registrados y su ubicación en relación al pavimento del desierto (Hayden, 1993b). Sin embargo, estas dataciones son problemáticas y polémicas, puesto que es necesario localizar yacimientos con depósitos arqueológicos para asociarlos con los materiales, que puedan ser datados directamente, para resolver la cuestión de las primeras ocupaciones de la región del Pinacate. Respecto a las manifestaciones rupestres, en sus trabajos describió varios sitios, tanto grabados rupestres como Geoglifos, señalemos entre estos la Tinaja de los Romero (Hayden, 1993c) (Figura 5.8).

Figura 5. 8. Geoglifos en la Tinaja de los Romero, región del Pinacate Fuente: A. Rubio

Durante los años 70, los investigadores estadounidenses W. Wasley y Thomas Bowen, en colaboración con Manuel Robles, del Museo Regional de Hermosillo, desarrollaron un amplio proyecto con recorridos más exhaustivos y detallados, reconociendo los sitios arqueológicos Trincheras, áreas con grabados o petrograbados y yacimientos de superficie.

Por su parte Manuel Robles, en cooperación con Francisco Manzo Taylor del Museo Regional de Hermosillo, estudiaron los talleres de manufactura de objetos de concha y las rutas de transporte de estos materiales descubiertos en el distrito de Altar (Hayden, 1993a).

Miguel Messmacher, a comienzos de la década de 1960 comienza a estudia las manifestaciones rupestres de La Pintada en la Sierra Libre, al sur de Hermosillo, y realiza el primer registro sistemático, el cual se convierte en su tesis doctoral, siendo un referente para el arte rupestre de Sonora (Messmacher, 1981). La Pintada está constituida por una barranca o cañón situado en la Sierra Libre, al sur de Hermosillo. Actualmente está considerada como un lugar sagrado por los grupos com’cac (seris) de la costa sonorense.

En lo que respecta a su conjunto rupestre, el citado investigador dio a conocer 400 representaciones, situadas a lo largo de las paredes del cañón y en el interior de sus cavidades o abrigos. Diseños, mayoritariamente, pintados en colores monocromos y algunos combinando varios colores. Las representaciones corresponden a una variada iconografía: geométricos, zoomorfos, antropomorfos y objetos e instrumentos de cacería o de combate (Figura 5.9). En el año 2007 el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, emprendió un proyecto dirigido por los arqueólogos Eréndira Contreras y Manuel Gradiel del centro INAH Sonora, centrado en el estudio de las pinturas, su preservación y protección (Contreras, 2007; Contreras et al., 2009).

Figura 5. 9. Pinturas en negro y rojo del sitio de La Pintada en el fondo del barranco Fuente: B. Menéndez

5.5. LA INVESTIGACIÓN DEL CENTRO INAH-SONORA Y OTRAS