Selección de textos tradicionales
Introducción Los textos y sus autores
En este momento nos parece oportuno ceder la palabra a nuestros propios šayj-s, es decir, a aquellos que han guiado nuestra investigación y nuestra meditación sobre el tema de la Tierra celeste, sobre todo en el Irán islámico. Esto facilitará al lector un contacto más directo, contacto que raras veces se produce, dada la escasez de traducciones en este terreno. En Occidente todavía se desconocen muchos de los títulos de libros y nombres de autores que figuran en las páginas siguientes, salvo algunas excepciones, y sólo los conocen algunos investigadores. Lo que aquí tratamos no es, o no debería ser, un problema de “especialistas”.
Tampoco debemos creer, por supuesto, que en el Islam el pensamiento esté representado nada más que por los cinco o seis nombres importantes de filósofos que llegaron a ser conocidos en la Escolástica latina. Pero ¿cuánto tiempo hará falta todavía para que nos demos cuenta de la cantidad de pilares del pensamiento y de obras maestras de la espiritualidad que existen, tanto en árabe como en persa, que por lo general la persona culta de Occidente ha ignorado hasta ahora? ¿Cuánto tiempo será necesario aún para que el tesoro de su pensamiento se integre en lo que se denomina “circuito cultural” y dé sus frutos incluso en los diálogos de buena voluntad que al fin podrían abordar lo esencial? Acceder o afirmar que se tiene acceso a textos de esta clase, para rodearse de un pseudo-misterio y prescindir autoritariamente de cualquier referencia, es sencillamente “cerrar tras de sí la puerta del conocimiento”, tal como calificaba ya el propio Suhrawardī este tipo de actuación, para reprobarlo como una prueba de impostura.
Que nadie se equivoque. Las pocas páginas que ofrecemos aquí traducidas no son ni siquiera una gota de agua en el mar. Si, al dar a conocer la existencia de estos libros, lograran al menos transmitir a algunas personas el deseo de conocer más, ya habrían cumplido con una buena parte de su objetivo. Todos los textos que aportamos han servido de base al capítulo II de la primera parte de este libro. Las breves informaciones acerca de los autores ayudarán al lector a imaginarse con mayor claridad el orden de sucesión temporal. Todos ellos, salvo dos o tres excepciones, son autores iraníes; nos limitamos a exponer unas notas muy elementales sobre cada uno de ellos.
I. Šihāb al-Dīn Yaḥyà Suhrawardī, el šayj al-Išrāq, el “maestro de la teosofía oriental”, como ya hemos recordado, nació en 1155 en el noroeste de Irán, en Suhraward, en la provincia de Jabal, cerca de Azerbayán. Murió mártir en Alepo, víctima de la venganza de los doctores de la Ley, en el 587/1191 a la edad de treinta y seis años. El objetivo de su vida consistió en intentar restaurar, en el propio Islam y con los recursos del puro Islam espiritual, la sabiduría teosófica de la antigua Persia.
Unos cuatro siglos antes del gran bizantino Gemisto Plethon, su obra reunió los nombres de Platón y Zaratustra (Zoroastro) en una metafísica de la Luz donde las Ideas platónicas se interpretan en términos de angelología zoroástrica.
La palabra Oriente adopta en su doctrina una acepción técnica. Literalmente, es a la vez el Oriente geográfico, el mundo iraní más concretamente, y la hora en que el horizonte se ilumina con los fuegos de la aurora. En su verdadero sentido, es decir, en su sentido espiritual, Oriente es el mundo de los seres de luz, de donde se alza sobre el peregrino del espíritu la aurora del conocimiento y de los éxtasis. No hay una verdadera filosofía que no desemboque en metafísica del éxtasis, ni experiencia mística que no requiera una preparación filosófica seria. Ésta era precisamente la sabiduría aurorante de los jusrawāníes, los antiguos Sabios iraníes, en cuya persona se unían también los dos significados de la palabra Oriente, Aurora consurgens, Išrāq. Esta “teosofía oriental” ha estado representada en irán hasta nuestros días, y ha influido en toda la vida espiritual iraní. A los autores iraníes les gusta repetir que representó para la filosofía lo mismo que el sufismo respecto a la teología escolástica (el Kalām).
II. Muḥyī-l-Dīn Ibn 'Arabī nació en Murcia en el 560/1165 y murió en Damasco en el 638/1240; es uno de los teósofos místicos y visionarios más importantes de todos los tiempos, cuya actuación en el Islam espiritual fue decisiva y del que podemos decir sin exagerar que realizó una obra ingente. Su libro más célebre es el Kitāb al-Futūḥāt al-makkiyya (Las iluminaciones de La Meca), que consta de más de 3.000 páginas en la antigua edición en 4° de El Cairo. Pero en su tesis doctoral, Historia y clasificación de las obras de Ibn'Arabī (Instituto Francés de Damasco, 1964), Osman Yahya recopila 550 títulos de obras cuyos manuscritos todavía se conservan (más de 2.000), que ha examinado uno a uno personalmente. Si eliminamos 138 títulos de obras de atribución dudosa, queda una bibliografía que abarca un total de 412 títulos. En una investigación previa nos dedicamos al estudio de los símbolos de su "curva de vida" y de algunos de los temas favoritos de su gigantesca obra. Aquí sólo podemos mencionarlos, ya que en determinados aspectos este libro es posterior, en la cronología de nuestra investigación, a nuestro estudio sobre la Imaginación creadora en el sufismo de Ibn
'Arabī. Las páginas que se pueden leer más adelante se integran perfectamente tanto en el
contexto de este último estudio como en el presente libro.
III. Dā'ūd Qayṣarī, de origen anatolio, como su nombre indica (Qayṣariyya = Cesárea), se estableció posteriormente en El Cairo y fue una de las grandes figuras del sufismo del siglo VIII de la hégira; murió en el 751/1350. Se le conoce sobre todo por su extenso comentario de uno de los libros más leídos y comentados también en todas las lenguas del Islam, Fuṣūṣ al-hikam de Ibn 'Arabī. Está precedido por una introducción tan elaborada sobre los grandes temas del sufismo que en algunas bibliografías aparece como una obra independiente. Este estudio fue objeto a su vez de comentarios hasta en el Irán chiíta; entre los más recientes destaca el realizado por Mīrzā Riḍā Qumšahī (muerto en 1892 en Teherán), mientras que su contemporáneo, el avicénico Abū-l-Ḥasan Ŷalva (muerto en 1899), añadía directamente un comentario chiíta más a los Fuṣūṣ. Estos dos autores también escribieron comentarios de la inmensa obra de Mullā Ṣadrā Šīrāzī (infra, VI de "Los textos y sus autores"). Ver, además, "Comentarios sobre bibliografía", más adelante.
IV. 'Abd al-Karīm Ŷīlī o Ŷilānī, nacido en 1365, pertenece, como su nombre indica, a una familia de ascendencia iraní (Ŷilān es una provincia en la costa sudoeste del mar Caspio), pero vivió durante mucho tiempo en Bagdad, al igual que muchas otras familias iraníes hasta nuestros días. Hecho extraño, las antologías de biografías omiten su nombre y hay que rastrear en su obra para descubrir los datos de su autobiografía espiritual. De ese modo sabemos que debió de pertenecer a la Orden de los derviches qadiríes, fundada por 'Abd al-Qādir Ŷilānī (muerto en 1165) y algunas informaciones nos permiten deducir que era un descendiente de este último. Viajó a la India y más tarde vivió en Yemen. Su libro más conocido y leído es su tratado sobre el Hombre Perfecto (como microcosmos que recoge las energías cósmicas y divinas), pero dejó otras veinte obras, que se están editando (ver más adelante "Comentarios sobre bibliografía"). Su obra es una continuación de la de Ibn 'Arabī; comentó el antepenúltimo capítulo (el 559) de Futūḥāt; su doctrina no deja de ofrecer una buena parte de originalidad personal. Murió en el 805/1403, a la edad de treinta y ocho años.
V. Šams al-Dīn Muḥammad Ŷilānī Lahīŷī, procedente de Lāhīŷān, es también otro oriundo del mar Caspio. Eminente šayj de la Orden de los derviches Nūrbajšiyya, fue asimismo uno de los sucesores de Sayyid Nūrbajš como cabeza de la Orden. Murió y fue enterrado en Shiraz en el 918/1506. Su obra más importante, que se ha reeditado varias veces en Irán, marca uno de los hitos de la espiritualidad iraní. Es un compendio de sufismo chiíta en persa, escrito para comentar la Rosaleda del Misterio (Gulšan-i Rāz), extenso poema de unos 1.500 versos que trata, con expresiones concisas y alusivas, sobre las elevadas doctrinas del sufismo. Este poema (que, hecho significativo, adoptaron los ismailíes) lo compuso Maḥmūd Šabistarī, célebre šayj sufí de Azerbayán, que vivió sobre todo en Tabriz, y murió y fue enterrado en Šabistar, a la edad de treinta y tres años, en el 720/1320. El poema y su comentario todavía se siguen leyendo en Irán.
VI. Ṣadr al-Dīn Muḥammad Šīrāzī, a quien se suele citar por su apodo honorífico de Mullā
Ṣadrā, es una de las grandes figuras iraníes de la época safaví. Fue discípulo del célebre Mīr
Dāmād (el maestro de esta escuela a la que hemos denominado "Escuela de Iṣfahān"), del šayj Bahā'ī y de Mīr Findiriskī, ese personaje algo misterioso que, en tiempos del Šāh Akbar y de Dārā Šakūh, intervino en la obra de traducción de textos sánscritos al persa. La obra de Mullā Ṣadrā, monumento del Renacimiento iraní bajo los safavíes, representa la síntesis entre el avicenismo y el Išrāq de Suhrawardī, la teosofía de Ibn 'Arabī y la gnosis chiíta. No obstante, aunque Mullā Ṣadrā es išrāqī sustituye la metafísica de las esencias de Suhrawardī por una metafísica del ser que da prioridad a la existencia sobre la esencia. La idea de esta prioridad es paralela en Mullā Ṣadrā a otra idea fundamental, la que introduce el movimiento incluso en la categoría de la sustancia, ya que las intensificaciones o degradaciones del acto de existir son las que determinan lo que es una esencia. Es lo que denomina movimiento "intrasustancial" o "transustancial" (ḥaraka ŷawhariyya). Luego se puede hablar ya de una inquietud del ser, en el sentido etimológico de la palabra, que designa la ausencia o la negación de la inmovilidad, de lo inmutable, de la quietud. Este mismo rasgo es el que da a su síntesis un carácter muy personal. Su obra le acarreó, al igual que a todos los suyos y a sus sucesores, muchas dificultades con el clero oficial.
El conjunto de sus obras representa unos cincuenta títulos, y abarca tanto el campo de la filosofía y de la mística como la exégesis espiritual del Corán y de las tradiciones chiítas. Fue objeto de numerosos comentarios y en la actualidad se pretende iniciar un renacimiento de la filosofía tradicional de Irán tomando esta obra como punto de partida. Mullā Ṣadrā murió en Basora en el 1050/1640, en el viaje de vuelta tras haber peregrinado a La Meca.
VII. Con Mullā 'Abd al-Razzāq Lāhīŷī (muerto en 1072/1662) tenemos de nuevo a un iraní del norte, a un oriundo del mar Caspio, y un distinguido discípulo de Mullā Ṣadrā. Se convirtió incluso en yerno de su maestro, quien le denominó "nombre de pluma", Fayyāḍ (desbordante), igual que su cuñado Muḥsin recibió también el suyo, Fayḍ (desbordante plenitud). Sin alcanzar la notoriedad de su cuñado ni igualarle en lo que a la producción se refiere, dejó una obra, una docena de títulos, sólida y utilizada todavía en la actualidad, sobre todo su comentario de Naṣīr al-Dīn Ṭusī, el gran filósofo chiíta del siglo XIII, y la obra persa titulada Ŷawhar-i murād (La Joya deseada) escrita por el Šāh 'Abbās II (1642-1667). La tendencia išrāqī y sufí es sin duda menos evidente en él que en Muḥsin Fayḍ, pero en un escritor chiíta siempre hay que tener en cuenta la posibilidad de una reserva deliberada. Nuestro Mullā tuvo dos hijos, que también fueron filósofos y escritores. Uno de ellos, Mīrzā Ḥasan, dejó una docena de obras cuyos manuscritos parecen estar sepultados, como tantos otros, en el secreto de alguna colección privada.
VIII. Muḥsin Fayḍ Kāšānī fue, con 'Abd al-Razzāq Lāhīŷī, su cuñado, uno de los discípulos más brillantes de Mullā Ṣadrā y, después de éste, una de las figuras más importantes entre los sabíos imamíes del siglo XI de la hégira. Nació en Kāšān, donde su padre, Mullā Šāh Murtaḍà, ya era un hombre de reconocido prestigio por su sabiduría y su rica biblioteca personal. Fue a Šīrāzī, estudió con el famoso teólogo Sayyid Māŷid de Bahrain, más tarde con Mullā Ṣadrā, y se casó con una de las hijas de este último. Profundamente chiíta, fue filósofo y sufí, y gran admirador de Ibn 'Arabī. Su obra es considerable; su bibliografía consta de unos 120 títulos de obras, escritas tanto en persa como en árabe, relativas a todas las ciencias islámicas tradicionales. También fue poeta, su dīwān contiene unos cuantos miles de versos. Murió en Kāšān en el 1091/1680.
IX. De la Escuela šayjí, que debe su nombre y origen a su fundador y šayj por excelencia, ya hemos tenido ocasión de indicar que representa un poderoso impulso para la gnosis chiíta primitiva y las enseñanzas contenidas en las tradiciones que se remontan a los santos Imames. Acontecimiento sintomático, acaecido en Irán a finales del siglo XVIII, tras el período de disturbios que siguió al hundimiento de la dinastía safaví. Como ya hemos hablado en otro punto de esta Escuela más extensamente sólo nos referiremos a ella indirectamente, insistiendo en tres aspectos esenciales.
Ya hemos tenido ocasión de vislumbrar anteriormente en unas breves páginas (supra, I, cap. II.1), la doctrina de imamología fundamental desarrollada por esta Escuela. En cuanto a su doctrina del "cuerpo espiritual", también se ha tratado ampliamente (I, cap. II.4), y más adelante se podrán leer tambén algunas páginas significativas que demostrarán que esta doctrina se encuentra en un punto equidistante tanto de la de los filósofos como de la de los teólogos ortodoxos.
Debemos destacar, por otra parte, sin haber podido insistir en ello, su importancia respecto a uno de los temas sobre los que la espiritualidad islámica ha meditado sin descanso: la ascensión celeste del Profeta, la noche del Mi'rāŷ. Finalmente, la Escuela desarrolló una doctrina de la comunidad espiritual, la de los "Perfectos chiítas", en la que podemos vislumbrar, de acuerdo, por supuesto, con las exigencias del tono propio del imamismo, una resonancia tanto del motivo sufí de los riŷāl al-gayb, los "hombres de lo Invisible" como de la idea de una Ecclesia
spiritualis, meditada por tantos Espirituales independientes de la cristiandad. La ortodoxia literal
se ha mostrado sumamente inflexible sobre todos estos puntos y muchos otros. Si observamos la penosa historia de sus debates y de sus preocupaciones, cabe preguntarse si hizo, o era capaz de hacer, el menor esfuerzo para comprender la verdadera situación de los problemas que se le planteaban. Haría falta mucha ingenuidad para sorprenderse. Los mismos hechos espirituales han provocado siempre las mismas reacciones humanas.
El šayj Aḥmad Aḥsā’ī (muerto en 1241/1826), fundador de la Escuela, procedía de Bahrain, aunque vivió durante más de quince años en Irán y probablemente sin sus seguidores iraníes no hubiera habido " šayjismo". El šayj vivió sobre todo en Yazd, donde gozó de la amistosa protección del gobernador, Muḥ. ‘Alī Mīrzā, hijo de Fatḥ-‘Alī Šāh. Varios viajes le hicieron recorrer, con su familia, el territorio iraní: Teherán (donde el soberano, Fatḥ-‘Alī Šāh Qāŷār, hubiera deseado que se quedara definitivamente), Mašhad, santuario del VIII Imam, Iṣfahān, Qazvīn, Kirmānšāh ... Finalmente, el šayj se retiró a los lugares sagrados chiítas de Iraq. Aquí no podemos tratar de enumerar el conjunto de su obra (en la bibliografía realizada por el šayj Sarkār Āgā consta de 132 títulos, a los que, desgraciadamente, habría que añadir un gran número de obras perdidas) ni esbozar una biografía para la que contamos con documentos de primera mano. Lo que desearíamos sugerir al menos es el aura espiritual que rodea a la persona verdaderamente "fuera de serie" del šayj Aḥmad Aḥsā’ī . Además, tuvo una serie de sucesores, como guías de la Escuela šayjí, en quienes hay que admirar tanto la nobleza de su carácter y la fuerza de su personalidad espiritual como su producción científica.
X. El šayj Ḥāŷŷ Muḥammad Karīm Jān Kirmānī (muerto en 1288/1870) fue el segundo sucesor del šayj Aḥmad Aḥsā’ī como guía de la Escuela šayjí. Alumno de Sayyid Kāẓim Raštī, que fue a su vez el discípulo favorito del šayj y su primer sucesor (muerto en 1259/1843), Muḥ. Karīm Jān era, a través de su padre, un príncipe de la familia Qāŷār. Necesitaremos todo un libro para esbozar algún día su trayectoria espiritual. Este espíritu de miras universales, que abarca y supera a la vez toda la cultura espiritual de su entorno y de su época, tiene algo de un Goethe iraní. El conjunto de su obra, que no es inferior a 278 títulos, en árabe y en persa, abarca tanto el campo de la filosofía y de la teosofía chiíta, la hermenéutica espiritual del Corán y de los
hadices, como un compendio de las distintas ciencias: medicina, física, óptica, astronomía, teoría
de la luz, de la música, de los colores, incluidas la alquimia y sus ciencias anexas; las escasas páginas que hemos traducido en este trabajo bastarán para mostrar que estas últimas se consideran esencialmente ciencias espirituales. Una gran parte de esta inmensa obra permanece todavía inédita. Otro tanto se puede decir de la gigantesca obra de sus dos hijos, que fueron los III y IV sucesores del šayj Aḥmad: el šayj Ḥāŷŷ Muḥammad Jān Kirmānī (muerto en 1324/1906) y el šayj Zayn al-'Ābidīn Jān Kirmānī (muerto en 1942), hasta el punto de que la original producción de la Escuela šayjí incluye, junto con las obras editadas, varios miles de páginas de manuscritos inéditos todavía.
XI. El šayj Abū-l-Qāsim Jān Ibrāhīmī (nacido en Kirmān en 1314/1896), muerto en 1389/1969), a quien los suyos llamaban más brevemente, y con afectuoso respeto, con el apodo honorífico de Sarkār Āgā, era hijo del šayj Zayn al-'Ābidīn Jan y nieto del šayj Muḥ. Karīm Jān, fue el V sucesor del šayj Aḥmad Aḥsā’ī como guía de la Escuela šayjí. Su obra, importante en sí misma, consta de un profundo estudio que amplía alguno de los temas difíciles de una obra del šayj Muḥ. Karīm Jān Kirmānī. De esta obra se han extraído las páginas que cierran el presente libro, y son las más adecuadas para mostrarnos cómo se sitúa en el conjunto de la espiritualidad chiíta el tema aquí tratado. Y precisamente por ello desearía rendir un homenaje a la eminente personalidad del šayj Sarkār Āgā. Yo mismo he podido sentir el influjo espiritual que ejercía sobre los suyos y yo mismo he aprendido, a través de las múltiples conversaciones de las que he podido disfrutar a lo largo de los años gracias a su amistad, cosas que no hubiera aprendido en los libros. Tanto en la filosofía chiíta como en la piedad imamí, Sarkār Āgā deja el recuerdo de una figura ejemplar.
Con todos estos autores es con quienes hemos realizado nuestra selección de textos "tradicionales". Utilizamos esta palabra con la misma sencillez con que la emplearían ellos mismos, sin insinuación de ningún magisterio secreto e impreciso con cuya autoridad se revisten algunos occidentales cuando tratan de estas cosas. Se trata simplemente de textos a los que se hace referencia tradicionalmente cuando se tiene que tratar un tema como el que ahora nos ocupa.
Finalmente nuestros autores son once, sin que hayamos tratado a priori de que fuera así, pero es probable que ningún chiíta duodecimano lo considere casual, porque sabrá dónde está el