• No se han encontrado resultados

El viaje del Extranjero y la conversación con Jiḍr

'Abd al-Karīm Ŷīlī (muerto en 805/1403)

2. El viaje del Extranjero y la conversación con Jiḍr

El extranjero conocido con el nombre de Espíritu7 viajó hasta que alcanzó el país que se

conoce como el país de Yūḥ8. Cuando llegó a este Cielo, llamó a la puerta del umbral prohibido, y una voz le preguntó:

- ¿Quién eres tú, el enamorado que llamas a la puerta? Él respondió:

-Un fiel de amor separado de los suyos. He sido desterrado de vuestro país. Me he alejado de vuestros semejantes. Me he visto sumido en obstáculos de la altura y la profundidad, de la longitud y la amplitud. He estado preso en la prisión del Fuego y del Agua, del Aire y de la Tierra9. Pero después de lograr romper mis ataduras empecé a pensar cómo escapar de la prisión en la que me hallaba ...

Entonces se vio ante la presencia de un personaje de blanca cabellera, que le dijo:

- Debes saber que el mundo en el que entras es el mundo del Misterio ('ālam al-gayb, el mundo de lo suprasensible). Son muchos los hombres que pertenecen a él10; son delicadamente compasivos, disponen de medios poderosos, aportan una importante cantera. El que aspira a unirse a ellos y a presentarse ante ellos debe ponerse su suntuoso vestido y perfumarse con su suave perfume.

-¿Dónde podré obtener este vestido? ¿Dónde se venden esos perfumes?

- Los vestidos se encuentran en el mercado del sésamo que quedó de la arcilla de Adán11. En cuanto a los perfumes, éstos se obtienen en la Tierra de la Imaginación.

"Si prefieres, puedes invertir la explicación: en ese caso, toma el vestido del telar de la Imaginación y el perfume en la Tierra del sésamo. Se trata seguramente de dos hermanos (o dos "hermanas") que pertenecen al mismo mundo que se conoce como mundo del Misterio o de lo suprasensible12.

Entonces me fui en primer lugar hacia la Tierra de la Perfección, la mina original de la Belleza, esa a la que, por diferentes razones, se le denomina "mundo de la Imaginación". Una vez allí me dirigí hacia un personaje de condición sublime, de altísimo rango, de poder soberano. Tenía un nombre: "Espíritu de la Imaginación" (Rūḥ al-jayāl) y un apodo: "Espíritu del paraíso" (Rūḥ al-ŷinān).

Después de saludarle y de detenerme respetuosamente ante él, me respondió repitiendo los deseos de bienvenida. Le dije:

- Oh, señor, ¿qué es lo que en este mundo se conoce por el nombre de sésamo que quedó de la arcilla de Adán?13

- Es -me dijo-, el mundo sutil, un mundo imperecedero, un lugar en el que el tiempo no se mide con la sucesión de días y noches. Dios lo creó con esa arcilla; tomó ese grano de la pasta que había, le confirió una autoridad que se extiende absolutamente a todo, tanto a lo grande como a lo humilde ...14 Es una Tierra en la que lo imposible se hace posible, donde se contemplan con los sentidos las puras figuras de la Imaginación.

- ¿Encontraré un camino que conduzca a esa morada extraordinaria, a ese mundo extraño? - ¡Desde luego! Cuando tu imaginación activa haya alcanzado toda su perfección y toda su plenitud, tu capacidad se extenderá hasta hacer posible lo imposible, hasta que contemples bajo una forma sensible las realidades suprasensibles de la Imaginación, hasta que comprendas las indicaciones alusivas y descifres el secreto de los signos diacríticos de las letras. Entonces te habrás tejido un vestido con esas mismas realidades suprasensibles; cuando te lo hayas puesto, ábrete una puerta de acceso hacia el sésamo.

-¡Oh, Señor!, acepto estas condiciones, pues me siento desde ahora ligado por el hilo del pacto concertado. Ya sé, por revelación y descubrimiento personal, que el mundo de las puras Entidades espirituales es más evidente y más fuerte que el mundo que se percibe a través de los sentidos, tanto por la experiencia íntima como por la intuición visionaria.

Entonces, tras un murmullo, hizo un gesto con la mano, y me encontré de pronto en la Tierra del sésamo ...15

... Cuando penetré en esa Tierra maravillosa y me perfumé con sus perfumes de sorprendente suavidad, cuando contemplé las maravillas y curiosidades, cosas tan hermosas y raras que ni siquiera te has podido imaginar y que ni se pueden ver ni en nuestro mundo ni tampoco en nuestro mundo imaginable, traté de subir hasta el mundo del Misterio.

En ese momento me encontré con el šayj que había sido mi primer guía, pero me dí cuenta de que la práctica del servicio divino lo había vuelto tan sutil que tenía el aspecto de una aparición, y había adelgazado tanto que parecía imposible. A pesar de ello conservaba toda su fuerza interior y la misma energía espiritual creadora16; era impetuoso y decidido, tan dispuesto a levantarse como a sentarse y su resplandor era semejante al de la luna llena. Después de saludarle y de que me devolviera el saludo, le dije:

- Quiero llegar junto a los hombres del país del Misterio (riŷāl al-gayb, los Invisibles, los Sobrehumanos). Cumplo todos los requisitos, estoy seguro.

- Entonces éste es el momento de entrar -me dijo-; ha llegado el momento de acceder a él. Llamó a la puerta con el anillo y la puerta, que había permanecido cerrada, se abrió de par en par. Penetré en la ciudad de la Tierra maravillosa, cuya longitud y anchura son enormes, y sus habitantes tienen un conocimiento de Dios que no posee ninguna otra criatura. No hay entre ellos ningún hombre que se permita la menor distracción.

Su suelo está hecho de pura y blanquísima harina de trigo; el Cielo es de color verde esmeralda. Sus habitantes sedentarios son de una raza pura y de una elevada nobleza; no reconocen más rey que Jiḍr (al-Jaḍīr)17. Dejé mi equipaje precisamente en su casa, me presenté ante él, me arrodillé y comencé a expresarle mi saludo. Él a su vez me dio la bienvenida, como hace un amigo con otro amigo. Después me invitó a compartir su mesa y con una sonrisa que me hizo sentir totalmente relajado, me dijo:

- ¡Pues bien, ahora dime lo que tienes que decirme!

- Señor -le dije-, desearía hacerte alguna pregunta sobre tu caso sublime, sobre tu condición, tan difícil de concebir que nuestras palabras se confunden cuando intentamos describirla, hasta tal punto que la gente se obstina en ello torpemente.

- Soy -me dijo18- la realidad trascendente, y son el hilo tenso que la mantiene cercana19. Soy el secreto del hombre en su acto de existir, y soy ese invisible (al-bāṭin, el absconditum, el esotérico) que es objeto de adoración. Soy el rollo que contiene las Esencias, y soy la multitud de los hilos tensos que se lanzan como mediadores. Soy el šayj de naturaleza divina, y son el guardián del mundo de la naturaleza humana20. Estoy representado en cada concepto y me manifiesto en cada morada. Me epifanizo a través de cualquier forma, y hago aparecer un "signo" en cada azora. Mi caso radica en ser lo esotérico, lo insólito. Mi situación consiste en ser el Extranjero, el viajero. Mi morada se encuentra en la montaña de Qaf21. Mi lugar de reposo es al-A'rāf22. Soy el que se detiene en la confluencia de los dos mares, el que se sumerge en el río del Dónde, el que sacia su sed en la fuente de las fuentes23. Soy el guía dle pez en el mar de la divinidad24. Soy el secreto del embrión y llevo ya en mí al adolescente. Soy el iniciador de Moisés25. Soy el Primer y el Último punto diacrítico26. Soy el Polo único que totaliza. Soy la Luz que brilla. Soy la luna llena que asciende. Soy la palabra que decide. Soy la admiración de las conciencias. Soy el deseo de quienes buscan. Sólo llega y accede a mí el Hombre Perfecto (al-

insān al-kāmil), el Espíritu que ha accedido. En cuanto a todos los demás, mi rango está muy por

encima de la morada en la que ellos se encuentran. No me conocen en absoluto, no ven ninguna señal mía. Sin embargo, su creencia dogmática toma forma en cualquiera de las religiones profesadas por el hombre. Se revisten con mi nombre, dibujan mi emblema en sus mejillas. Entonces el ignorante, el inexperto, detiene sobre él su mirada y se cree que eso es lo que lleva el nombre de Jidr. Pero ¿qué tiene que ver eso conmigo, qué tengo que ver yo con eso? O, más bien, ¿qué es esa pobre copa respecto a mi jarra? A menos que se diga, también es cierto, que eso también es una gota de mi océano, o una hora de mi eternidad, ya que la realidad está hecha con un hilo tensado entre mis sutilezas27, y que el sendero que han adoptado éstos es un camino entre mis caminos. Entonces, en este sentido, soy también esa estrella falaz.

-¿Cuál es pues el signo distintivo -le pregunté entonces-, la insignia del que llega hasta ti, del que habita en tu umbral junto a ti?

- Su signo distintivo -me respondió- está oculto en la ciencia del poder creativo, el conocimiento elevado está implícito en la ciencia que depura las Esencias.

Luego le pregunté acerca de las distintas categorías de los "hombres de lo Invisible" (riŷāl al-

- Entre nosotros hay Adamitas, y entre ellos también hay quienes son puras entidades espirituales. Forman seis categorías que se distinguen por su rango.

"La primera categoría es la que tiene la preeminencia; son los Perfectos, los grandes Iniciados que siguen las huellas de los Profetas29 y que son invisibles para las criaturas de este mundo, porque están ocultos en el Misterio que se designa como plano en el que se entroniza el Misericordioso30. No los conocemos, no podemos describirlos, aunque sean Adamitas.

"La segunda categoría la constituyen quienes frecuentan los niveles suprasensibles, los Espíritus y los corazones31. El guía que inspira lo espiritual se manifiesta adoptando su forma, para que pueda conducir a los humanos a la perfección interior y exterior. Son Espíritus, son, por decirlo de algún modo, puras formas de apariciones, dada su capacidad para producir ellos mismos una representación visual. Viajan, siendo este mundo visible su punto de partida; llegan incluso hasta el campo del misterio del ser. Luego puede ocurrir que pasen del estado oculto al estado visible. Su espíritu es enteramente un servicio divino. Son los pilares de la Tierra32, que velan por Dios en la tradición y en los preceptos.

"La tercera categoría la constituyen los Ángeles de la inspiración y de los impulsos que, de noche, visitan a los Iniciados y conversan con los Espirituales; no aparecen en el mundo de la percepción sensible, y los hombres normales los desconocen.

"La cuarta categoría la constituyen los hombres de los salmos confidenciales a lo largo de sus éxtasis. Están siempre fuera de este mundo. Si alguna vez nos encontramos con ellos siempre es en un lugar distinto al que cabría esperar. Se manifiestan a los demás hombres adoptando una forma en el mundo de la percepción sensible. Cuando los Espirituales los encuentran en uno de estos rodeos los inician en los misterios de lo invisible y les desvelan de realidades que se mantenían secretas.

"La quinta categoría la forman los hombres de las tierras salvajes; son los privilegiados del mundo. Son una raza Adamita, pueden ser visibles para los humanos y luego volver a ocultarse. Si nos dirigimos a ellos, responden. Con frecuencia sus moradas se encuentran en las montañas y en los desiertos, en los lechos de los torrentes o en las orillas de los ríos. No obstante, entre ellos también hay sedentarios, que eligen entonces en alguna de las ciudades una morada en la que residen, pero, como tampoco ésta responde a la ambición de un deseo por parte de estos hombres, no es por ello un lugar en el que confiarían.

"La sexta categoría la forman los que se parecen a las inspiraciones repentinas del pensamiento, sin tener nada que ver con las sugerencias demoníacas. Son niños que tienen como padre el discurso mental y como madre la imaginación activa. No se presta atención a sus palabras; sus semejantes no inspiran un deseo ardiente. Están entre la verdad y la mentira; son a la vez personas que han levantado el Velo y personas que permanecen ante el Velo. "Y Dios dice la Verdad, guía en el Camino" (33:4). "Junto a él se encuentra el arquetipo del Libro" (13:39,

V

Šams al-Dīn Muḥammad Lāhīyī