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SENTIMIENTOS HACIA EL GOBIERNO Y LA POLITICA

In document Cultura Cívica - Almond y Verba (página 62-75)

CAPITULO 4

Aunque en el capítulo precedente subrayábamos la dimen­ sión del conocimiento, incluimos también datos y dedujimos consecuencias sobre el estado de los -sentimientos en relación con el Gobierno y la política en nuestros cinco países. De este modo, cuando hablábamos de Italia y México como naciones con un gran porcentaje de personas enajenadas, estábamos con­ siderando implícitamente que los ciudadanos de estos cinco paí­ ses se hallan cognitivamente orientados hacia sus sistemas polí­ ticos, pero que los rechazan, o bien por completo o bien en alguno de sus aspectos. En este y en los capítulos siguientes, es­ tudiaremos de una manera más directa la dimensión afectiva.

En el capítulo presente trataremos de las actitudes genera­ lizadas hacia el sistema en su conjunto: hacia la “nación”, sus virtudes, reaUzaciones y otros datos parecidos. Lo calificamos de “afecto al sistema”. Tratamos también del “afecto por el fe­ nómeno administrativo {output)”, es decir, de las clases de ex­ pectativas que tiene la gente sobre el trato a recibir de manos de las autoridades gubernativas. Describiremos aquí las actitudes que el pueblo adopta frente a las oficinas ejecutivas o adminis­ trativas que imponen las leyes y frente a las normas que le afectan: es decir, aquella parte del sistema político con relación al cual desempeñan un papel predominantemente pasivo. Final­ mente, trataremos también del “afecto por el fenómeno político

{input)”, es decir, de los sentimientos que el pueblo alberga, tanto

con relación a esas oficinas y procesos que se hallan involucra­ das en la elección de las autoridades oficiales, como respecto a la realización de los planes políticos generales. En el presente capítulo introduciremos la dimensión del efecto político {input) con un análisis de las actitudes frente a la comunicación sobre asuntos políticos. En el capítulo siguiente estudiaremos con detalle las actitudes con relación a los partidos políticos y los sentimientos en las campañas electorales.

Trataremos primero de la dimensión general del “afecto por el sistema”, empleando como medida los objetos de orgullo na­ cional en nuestros cinco países.

Af e c t o p o r e l s is t e m a: o r g u l l o n acio nal.

Ya muy pronto en la entrevista preguntamos a nuestros in­ terrogados: “Hablando en general, ¿de qué cosas de este país se encuentra usted más orgulloso?” Al responder a esta pre­ gunta no se hacía la menor insinuación a nuestros interroga­ dos para que eligiesen características políticas. Cuando nos da­ ban respuestas de tipo político, podemos suponer que la ex­ presión de orgullo político era espontánea. En la tabla 1 se resumen los resultados. El 85 por 100 de los norteamericanos se­ ñalaban algún aspecto del gobierno norteamericano o de su tra­ dición política —la Constitución, la hbertad política, la demo­ cracia y cosas parecidas— , en comparación con el 46 por 100

T A B L A 1

As p e c t o s n a c i o n a l e s d e q u e l o s i n t e r r o g a d o s e s t á n o r g u l l o s o s.

p o r n a c i o n e s (en ta n to s p o r ciento)

P o r c e n ta je q u e d ic e e s ta r

o rg u llo so d e E E .U U . G .B . A le m a n ia I ta lia M éx ico

I n s t i t u c i o n e s p o l í t i c a s o d e g o ­ b i e r n o ... 8 5 4 6 7 3 3 0 L e g i s l a c i ó n s o c i a l ... 13 18 6 1 2 P o s i c i ó n e n c u e s t i o n e s i n t e r n a ­ c i o n a l e s ... 5 11 5 2 3 S i s t e m a e c o n ó m i c o ... 2 3 10 33 3 2 4 C a r a c t e r í s t i c a s d e l p u e b l o ... 7 18 3 6 11 15 V i r t u d e s e s p i r i t u a l e s y r e l i g i ó n . . . 3 1 3 6 8 C o n t r i b u c i ó n a l a s a r t e s ... 1 6 11 16 9 C o n t r i b u c i ó n a l a c i e n c i a ... 3 7 12 3 1 C a r a c t e r í s t i c a s f í s i c a s d e l p a í s . . . 5 10 17 2 5 2 2 N a d a o n o s é ... 4 10 15 2 7 16 O t r a s r e s p u e s t a s ... 9 11 3 21 14 T o t a l % d e r e s p u e s t a s * ... 158 148 148 118 144 T o t a l d e i n t e r r o g a d o s , % . . . 1 0 0 1 0 0 1 0 0 100 100 T o t a l d e c a s o s ... 9 7 0 9 6 3 9 5 5 9 9 5 1.0 0 7 ® L o s p o rc e n ta je s s u p e r a n e l n ú m e ro 1 0 0 p o r la m u ltip lic id a d d e r e s p u e s ta s .

de los ingleses, el 7 por 100 de los alemanes, el 3 por 100 de los italianos y el 30 por 100 de los mexicanos. Como complemento diremos que los norteamericanos y los ingleses se refirieron con mayor frecuencia a las realizaciones de la dirección política, en comparación con los interrogados de otros países. En el ex­ tremo opuesto, los italianos, que dieron el número más pequeño de personas orgullosas de su sistema político, tuvieron el mayor número de individuos que afirmaban no estar orgullosos de

nada (un 8 por 100) o “no saber” de qué estar orgullosos (el 19 por 100). Los italianos tuvieron el mayor porcentaje de “otras” respuestas (21 por 100) y casi todas ellas consistían en afirmaciones genéricas de orgullo por el hecho de haber nacido italianos.

La tabla 1 muestra también las características no-políticas de los países, de que se sienten orgullosos los cinco pueblos. Los alemanes, que con escasa frecuencia se sienten orgullosos de su sistema político, dieron el mayor porcentaje de los que esta­ ban orgullosos por sus realizaciones económicas nacionales. Tam­ bién dieron el mayor porcentaje de los que sentían satisfacción por las características del pueblo alemán como tal (frugahdad, hi­ giene, trabajo duro y eficacia). Los itahanos citaron las contri­ buciones de su país a las artes, la belleza física de su tierra y sus tesoros culturales, como respuestas más frecuentes. El orgullo mexicano estaba más o menos distribuido por igual entre el sistema político, el sistema económico, las virtudes del pueblo y las bellezas naturales de su país.

En conjunto, los datos de la tabla 1 refuerzan las caracteri­ zaciones de la cultura política en nuestros cinco países, presen­ tadas en el capítulo precedente. Así, los norteamericanos y los ingleses encuentran con la mayor frecuencia el motivo de su orgullo en sus sistemas políticos, en la legislación social y en el prestigio internacional. Los italianos, en su inmensa mayoría, no se sienten satisfechos de su sistema político, ni siquiera de su economía o sociedad. Hasta el grado en que poseen algún or­ gullo nacional, lo buscan en su historia, en la belleza natural de su tierra o en el hecho de ser itahanos. De este modo se pro­ fundiza el bosquejo de la enajenación italiana.

Es de gran interés que Alemania comparte el puesto con la democracia norteamericana e inglesa en la dimensión del orgullo nacional. Los alemanes ven la importancia de la función admi­ nistrativa (output) del gobierno y se abren a la información sobre los fenómenos políticos {input), pero manifiestan escasa satis­ facción por su sistema político como conjunto y centran su orgullo nacional en la economía alemana, en las virtudes perso­ nales de los alemanes y en sus reahzaciones científicas y artísticas. Los resultados mexicanos proporcionan una confirmación sorprendente de la pauta presentada en el capítulo anterior. Aunque enajenados o parroquiales en su inmensa mayoría en lo referente a la función output del Gobierno, los mexicanos de­ muestran una frecuencia relativamente alta de interés por la política. La tabla 1 muestra igualmente que, en comparación con los italianos y alemanes, poseen los mexicanos un índice rela­ 127

tivamente elevado de orgullo político. Esta pauta de un afecto elevado por el sistema, unido al rechazo de los logros efectivos del Gobierno es, como hemos afirmado, lo que uno podía es­ perar en una nación caracterizada por un continuo asentimiento hacia un conjunto de ideales revolucionarios. Una pauta seme­ jante de actitudes es la que cabe esperar de un pueblo atraído rep)entinamente a la política por un movimiento revolucionario. Es, por supuesto, imposible delinear este conjunto de actitudes solamente para la revolución mexicana, porque probablemente tiene muchas raíces. Pero existen algunas pruebas de que el impacto continuo de la revolución como un proceso permanente explica, en parte, el tipo de afecto por su sistema político, ma­ nifestado por los interrogados mexicanos. Se les preguntó si podían citar algunos de los ideales y metas de la revolución mexicana \ El 35 por 100 no pudo citar una sola de estas me­ tas, mientras que el 65 por 100 restante enumeró como metas la democracia, la hbertad política y la igualdad, el bienestar eco­ nómico, la reforma agraria, la igualdad social y la hbertad na­ cional. Lo que resulta interesante a este propósito es el hecho de que, al preguntarles de qué se sentían orgullosos como me­ xicanos, el 34 por 100 de los que pudieron nombrar algunos de los fines e ideales de la revolución —en contraste con el 19 por 100 de los que no pudieron nombrar ninguno— se sentía or­ gulloso de algún aspecto político de su país.

Pero todavía son más interesantes los resultados de otra pre­ gunta subsiguiente a la de los fines de la revolución mexicana. A los que citaron alguna meta de la revolución se les preguntó entonces si esos fines habían sido realizados u olvidados o bien si el pueblo seguía trabajando por alcanzarlos. Entre las perso­ nas que pudieron mencionar alguna meta de la revolución (n = 614), hubo un 25 por 100 que pensó que las metas habían sido realizadas; un 61 por 100, afirmó que el pueblo estaba to­ davía empeñado por conseguirlas, y el 14 por 100 restante creía que habían sido olvidadas. Como cabía esperar, aquellos que pensaban que los fines de la revolución habían sido olvidados fueron los menos dispuestos de los tres grupos a manifestar or­ gullo por su sistema político. El 31 por 100 (n = 84) de este grupo dijo que estaba orgulloso del sistema político mexicano. Pero en relación con nuestra hipótesis sobre los efectos de la revolución mexicana como un proceso permanente, es interesante constatar que, aunque la diferencia es escasa, aquellos que creen

' E l te x to d e la p r e g u n t a e r a ; “ N u e s tr a r e v o lu c ió n m e x ic a n a c o n s titu y e u n su c e s o m u y im p o r ta n te , s o b r e e l q u e s ie m p r e s e d is c u te m u c h o . ¿ P o d r ia d e c ir m e u s te d , e n su o p in ió n , c u á le s so n los p rin c ip a le s id e a le s y fin e s d e la r e v o lu c ió n m e x ic a n a r

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que el pueblo sigue todavía esforzándose por lograr el cumpli­ miento de los fines de la revolución expresan su orgullo por el sistema político con mayor frecuencia que aquehos otros que afirman que las metas revolucionarias se han cumplido ya. El 39 por 100 de los primeros (n = 379) manifiesta semejante or­ gullo político, en comparación con el 34 por 100 de los que no consideran a la revolución como un proceso permanente (n = 151). El orgullo mexicano con relación a la nación, por tanto, parece depender hasta cierto punto de la identificación simbólica per­ manente con la revolución mexicana.

En los Estados Unidos y en Inglaterra, donde un gran por­ centaje de los interrogados manifiestan su orgullo por las ca­ racterísticas pohticas de su respectivo país, se daba una propor­ ción superior entre las personas mejor educadas. En los Estados Unidos respondió el 92 por 100 de los que habían gozado de al­ guna educación universitaria citando como objeto de orgullo al­ gún aspecto político, en comparación con el 81 por 100 de los que no habían pasado más allá de la escuela primaria. En Ingla­ terra, el 75 por 100 de las personas con educación universitaria manifestó su satisfacción por alguna característica política, en comparación con el 41 por 100 de los que sólo tuvieron educa­ ción primaria. De modo parecido, en México, el 22 por 100 de los que no disfrutaron de alguna educación manifestó orgullo pohtico, comparados con el 38 por 100 de los de nivel universi­ tario. En Alemania e Italia, por otra parte, el nivel de educación parece tener poca relación con la frecuencia en manifestar orgullo político.

De modo semejante, las personas colocadas en ocupaciones de mayor especialización y mejor remuneración en Inglaterra, Estados Unidos y México se sintieron satisfechas con mayor fre­ cuencia de sus sistemas políticos, mientras que la clase de em­ pleo tenía relativamente poca importancia en este sentido en Alemania e Italia. La principal diferencia en cuanto a los obje­ tos de orguho en cada uno de los dos últimos países citados consistió en que las personas mejor educadas y especiahzadas, con funciones profesionales o de “manager", expresaron con ma­ yor frecuencia su orgullo por los logros de su país en las artes y en las ciencias que aquehas otras con una educación relativa­ mente deficiente o empleadas en ocupaciones manuales.

El hecho de que la educación y el nivel de ocupación tenga tan poca influencia sobre el orguho nacional en Alemania e Ita­ lia sugiere una enajenación con respecto al sistema político, an­ tes que la existencia de parroquiahsmo o la faha de consciencia del sistema. Una educación superior abre las mentes de los indi-

viduos a las estructuras secundarias de su sociedad, a la dimen­ sión de la profundidad histórica y a unas perspectivas más am­ plias del mundo. Si los alemanes e italianos de educación superior fallan en una orientación significativamente más política al es­ coger sus objetos de orgullo que sus compatriotas de educación inferior, debemos concluir que se concede un bajo orden de pre­ ferencia al sistema político de cada país, o bien que se valora negativamente entre aquellos grupos sociales que lo perciben y siguen atentos sus actividades. Además, nos encontramos ahora en disposición de señalar que la enajenación política de Alema­ nia es diferente a la de Itaha. La enajenación en Italia supone tanto la retirada de la atención de este problema como la ausen­ cia de orgullo político. En Alemania nos encontramos con la interesante combinación de una elevada exposición y atención al sistema político junto con una ausencia de orgullo por el mismo.

Af e c t o p o r la f u n c ió n a d m in istr a tiv a (“o u t p u t” ) : Ex p e c t a­ tiv as DE trato p o r e l Go b ier n o yla p o l ic ía.

Los sentimientos que animan al pueblo respecto a las auto­ ridades gubernativas pueden deducirse de sus expectativas sobre el trato que han de recibir de ellas. A l elaborar nuestra entre­ vista supusimos que la mayor parte de la gente prefería ser tra­ tada noble y correctamente, en caso de entrar en contacto con las autoridades. Si esperaban un trato noble y considerado, po­ díamos suponer fundadamente que, al menos en este aspecto, se hallaban favorablemente dispuestos hacia las autoridades gu­ bernativas. Y en el caso opuesto, podíamos suponer que esta­ ban embargados por sentimientos desfavorables. De este modo, nuestras preguntas tenían por finalidad descubrir qué cuahda- des atribuían nuestros interrogados a la parte ejecutiva del go­ bierno.

Confrontamos a nuestros interrogados con dos situaciones hipotéticas. En la primera, se les pedía que se imaginaran hallar­ se en una oficina del Gobierno, con un problema que reclamaba una acción oficial. ¿Cómo pensaban que se les trataría? ¿Se­ rían tratados del mismo modo que todos los demás? Luego les rogamos que se imaginaran que estaban exponiendo su punto de vista a la autoridad o autoridades pertinentes. ¿Esperaban que se les escuchara con atención y corrección? En la segunda situa­ ción les pedíamos que se imaginaran haber tenido un pequeño roce con la policía. ¿Esperaban ser tratados del mismo modo y correctamente por la policía? Los resultados referentes a las pre- gunas sobre la igualdad de trato están resumidos en la tabla 2.

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La pauta resultante es de gran interés. Los norteamericanos y los ingleses, que en su gran mayoría percibían la importancia del gobierno nacional y local para su vida cotidiana, que afirmaban qus seguían las cuestiones y campañas políticas y que con la mayor frecuencia manifestaban espontáneamente su orgullo por sus sistemas políticos, esperan también, en su gran mayoría, igualdad de trato por parte de las autoridades oficiales. Hablan­ do en teoría, podemos decir que los ingleses y norteamericanos poseen un nivel elevado de conocimiento “output” e “input”, de afecto por el sistema y de afecto por la función administrativa

{“output”). También los alemanes se presentan de acuerdo con

la pauta inglesa y norteamericana, aunque las proporciones res­ pecto al trato de igualdad son algo más bajas. Aunque se en­ cuentran a bajo nivel en cuanto al afecto por el sistema, poseen un afecto elevado por la función administrativa {“output”), lo mismo que también rayaban a un nivel alto en cuanto al co­ nocimiento “output” o “input”.

Las respuestas en Italia y México confirman el crecido nú­ mero de anejenación administrativa {“output”) en estos países. Estas personas están enajenadas en sus expectativas de trato por parte de las autoridades gubernativas y de la policía. De nuevo, en el aspecto “output”, muestran los mexicanos una ena­ jenación más frecuente que los italianos —lo que constituye una repetición de la pauta en la dimensión del conocimiento “output”. La tabla 3 presenta la frecuencia de expectativas de trato considerado por parte de las autoridades oficiales y de la po­ licía.

Nos enfrentábamos aquí con el problema de saber si nues­ tros interrogados atribuían a las autoridades gubernativas capa­ cidad de diálogo, si tenían el sentimiento de que serían tratados con dignidad, sobre una base de “toma y daca”. Aunque existen diferencias estructurales en las organizaciones burocráticas y po­ liciales entre nuestros cinco países, nuestras preguntas estaban dirigidas hacia aquellas autoridades burocráticas y de policía con las que los interrogados podían entrar en contacto en las situa­ ciones hipotéticas propuestas por las preguntas. (Una serie más diferenciada de preguntas, refiriéndose a las variaciones en las ex­ pectativas de trato en los distintos niveles de la burocracia y en los diferentes tipos de oficinas burocráticas y policiales habría proporcionado, sin duda alguna, una pauta más compleja y una información más documentada). Dado el problema de la lon­ gitud de la entrevista, hemos tratado de conseguir la compara- bihdad especificando el tipo de problema (por ejemplo, los im­ puestos, la vivienda) o la clase de transgresión (infracción de una

132 pa < 02 U O a; D u Q HX < O, o f- X * > Xa w z a o

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z 'O u < a: a Q z o u ü < O O ¿i \o Tt Tj- fs| c 'O c o .5 - - ^ > c c 'O 'o= B o TD O a (ü 'C3 ^ Q- H O i; Q O (N o rí- f'í — — <N — O «O O os — 0\ o o »o — O'. o^. m On 'sC ON '«C ON g i •5 g u O ü a u i h - i; '5 — 0) . ü £ « o p li-r 'I vT o C* | 8 | c3 rt O-. " ti c’ a B- S c3 D,.a>s X a 0; 3 ^ t B'H Bi 0> 'Íí tT EÍg| § &

norma de tráfico, delito de menor cuantía) que ocasionaban el choque con la burocracia o la pohcía.

En todos nuestros países, con la excepción de México, se en­ juició frecuentemente a la pohcía tan favorablemente — e inclu­ so más favorablemente— que a la autoridad gubernativa en general. La actitud cínica mexicana es particularmente fuerte con respecto a la pohcía, mientras que en Inglaterra queda bien documentada la confianza general manifestada en el respeto y la capacidad del diálogo de la pohcía. Es de gran interés consta­ tar que los alemanes quedan algo mejor que los norteamerica­ nos en sus expectativas de trato correcto por parte del Gobier­ no y de la policía. Por qué los norteamericanos esperan, por una parte, igualdad de trato en un porcentaje tan abrumador y des­ cienden luego a sólo un 50 por 100 en sus expectativas de trato considerado resulta una cuestión que intriga. Nosotros suge­ riríamos, aunque se tratará de esto con detahe más adelante, que los norteamericanos no han asimilado tan plenamente el rol de súbdito en relación con las autoridades administrativas como lo han hecho los alemanes e ingleses. Ciertamente, estos datos parecen confirmar la impresión popular de que los norte­ americanos son incómodos en las situaciones de tipo burocrático, desbordando de ineficacia y rutina.

Una comparación entre las tablas 2 y 3 revela un dato importante. En todos los países, el porcentaje de los que esperan consideración de trato y capacidad de diálogo por parte de las autoridades gubernativas y pohciales es sustancialmente inferior al porcentaje de los que confían en la igualdad de trato. El tér­ mino medio para los cinco países en lo que se refiere a la igual­ dad de trato es del 66 por 100; para la capacidad de diálogo y el trato considerado es del 45 por 100. Esto supone que, así como la igualdad de trato parece ser una expectativa general en relación con la burocracia, el diálogo y la corrección se esperan

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