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El fin en la vida de Shidarta Gautama fue el de alcanzar la iluminación. Y cuenta la leyenda que lo consiguió, que al fi- nal de su vida entró en el “nirvana” y, por fin, se liberó. Según la filosofía budista nosotros, los seres humanos, vivimos en el samsara, la rueda del sufrimiento, y para salir de él habremos de comprender las Cuatro Nobles Verdades y seguir el Noble Óctuple Sendero.

¿Cuáles son las Cuatro Nobles Verdades? La primera es

“dukkha” o sufrimiento. Esta es la naturaleza de la vida. La Se- gunda es la causa del sufrimiento: el deseo, sed de vivir. La Ter- cera es la cesación del deseo, es decir, alcanzar el nirvana. Y la Cuarta Noble Verdad es el camino que conduce al nirvana, esto es, el Noble Óctuple Sendero. Y éste consta de ocho factores: 1. Recta comprensión (samina ditthi), 2. Recto pensamiento (samma sankappa), 3. Rectas palabras (sammma vaca), 4. Recta acción (samma Kammanta), 5. Rectos medios de vida (samma ajiva), 6. Recto esfuerzo (samma vayama), 7. Recta atención (samma sati), 8. Recta concentración (samma samadhi). De ma- nera sucinta esta es la filosofía del Buda, del hombre despierto. El Camino Medio.

¿Es posible vivir el Camino Medio en el mundo o es nece- sario retirarse en un monasterio como los monjes budistas?

Esta es una pregunta que me he realizado en muchas ocasiones. Y tiene su parte de razón. Actualmente, en esta sociedad con- sumista y mecanizada parece casi imposible conciliar el mundo con nuestro espíritu, parece que, de alguna manera, el mundo nos exige que andemos deprisa, que respondamos velozmente a los problemas y, para ello, ejercitemos sin parar el pensamien- to, las estrategias, probabilidades y cálculos. Nuestro trabajo,

con uno mismo. ¿Cómo querer llegar a la iluminación en estas condiciones tan adversas? Parece cosa de locos. Pero no es así, es mucho más sencillo. Ese es el secreto que vamos a tratar de desvelar.

“¿Qué es usted?, ¿qué es cada uno de nosotros?, ¿qué es un ser humano? Esa es la cuestión”, se preguntó Krishnamurti en una entrevista. Y, ciertamente, así es, esa es la cuestión. ¿No es, acaso, el sentido de la vida del ser humano el sentimiento de autorrealización?, ¿no es terreno compartido por todos la búsqueda de la Iluminación? La mayoría de los seres humanos creen en un dios y esperan en él, como si pensasen que Dios no está ya existiendo en ellos mismos. Ese es el gran error, a mi entender, que cometemos los humanos, pensar en el futuro como meta de realización, cuando es sólo en el presente donde suceden los fenómenos. ¿Porqué esperar a morir para conocer a Dios cuando podemos conocerlo en este mismo instante? ¿Es que solamente alcanzan la Iluminación, o aspiran a ella, los que se retiran a un monasterio? Claro que no. Como escribió el poeta Basho: “Al bodhi [iluminación] hay que buscarlo dentro de la mente”. He ahí el secreto, el cofre del tesoro no está en una isla perdida en el fin del mundo, sino dentro de ti mismo, espe- rando a que lo abras. Te diré un secreto, Dios está, por si no lo sabías ya, dentro de ti. ¿Y cómo se accede a Él? Desde ti mismo.

Alcanzar la sabiduría, la Iluminación, el satori, el nirvana… ¡Qué gran esfuerzo, yo no estoy preparado para eso! No te enga-

ñes, sí que lo estás. No huyas de ti mismo. No te olvides de ti mismo en ningún momento, tú mismo eres tu gran compañero en este viaje de la vida, en este viaje de la muerte. Pronto te darás cuenta de que la muerte no existe, de que eres, y tu Ser te está esperando. Toda tu luz crece y crece a medida que vives. El dharma, esto es, la doctrina budista, no sólo está escrita en los libros, sino en cada suceso que tu mente percibe. Un ruido, un pensamiento, una sensación… todo ello son informaciones que te llegan y a menudo dejas pasar sin darte cuenta de la impor- tancia que tienen. Marcel Proust escribió: “Nuestra sabiduría es el punto de vista con que acabamos mirando el mundo”. Eres

un receptor de lo existente, y vas guiando la mirada hacia don- de tu corazón desea dirigirse. Este es el poder de la meditación, saber dirigir el corazón hacia la esencia del Ser, de lo existente.

Tú eres el Ser Iluminado, hazte consciente de esa premisa y aprende a dirigir tu mente hacia ese manantial de vida. Cuando te diriges desde la paz del pensamiento, en la no-mente, apren- des a ver el sentido de las cosas que aparentemente parecían ordinarias. Te das cuenta de que todo lo que sucede, todo mo- vimiento que realizas es trascendente, porque todo lo que ocu- rre es único e irrepetible. Lo captas, y desaparece. Pero como apuntó Borges: “Sólo una cosa no hay. Es el olvido”. Y ahí es donde pretendemos llegar. Ya es hora de dejar de hacer cosas como máquinas, como simples autómatas que no son cons- cientes de su “estar haciendo”. Todo lo que nos ocurre merece ser recordado.

Aprende, por tanto, a suspender tu mente en el vacío. In- téntalo unos segundos, luego un minuto, luego diez, veinte,… No te digas nada, no intentes nada. Solamente estate presente, atento, pero vacío. No hace falta que cierres los ojos, puedes observar la habitación donde estés, dejar la mirada fija en un punto o mirar globalmente un espacio. No importa. Lo impor- tante es que tu mente viva la quietud atenta, y que ningún pen- samiento obstruya esa inmensa y gratificante sensación que es Estar Siendo. Eso es la Iluminación. Así de sencillo. Así de maravilloso.