• No se han encontrado resultados

La serpiente: una clave simbólica

In document El asalto al Hades (página 158-171)

Hay que darle la vuelta al cuento que no cesan de contar:

No son príncipes azules los que nos pueden salvar, sino el dragón de la cueva que vive en cautividad.

La importancia de la simbología de la serpiente en la Vieja Euro- pa, la explica así Gimbutas:

La serpiente y su derivado abstracto, la espiral, son motivos do- minantes en el arte de la Vieja Europa, y su utilización imaginativa en dibujos espiriliformes a lo largo del período Neolítico y Calcolítico, hasta la civilización minoica, la única heredera de la Vieja Europa, no ha sido superado por ningún otro estilo decorativo posterior. Los pue- blos del periodo calcolítico, de Butmir, Cucuteni y del Este de los Balcanes crearon grandes vasijas de forma bulbosa, que adoptaron el motivo de la serpiente-espiral como la base de su composición global ornamental. Este arte alcanzó su cima como símbolo unificador y ex- presión artística en el 5000 a.c.

‘Sinfonías de serpientes’ aparecen en colores y en grafito, o en incrustaciones blancas en incisiones sobre vasos, lámparas, mesas, pa- neles de chimeneas y paredes de las casas. Al mismo tiempo, todos los tipos naturalistas de serpientes fueron reproducidas por todos los gru- pos culturales de la Vieja Europa en hueso, madera o arcilla.

(…)

La ornamentación de la cerámica pintada de Cucuteni y del Este de los Balcanes es un símbolo de la glorificación del dinamismo de la naturaleza. Su expresión gráfica está organizada en torno al símbolo de la serpiente, cuya presencia era una garantía de que el enigmático cíclo de la naturaleza se mantendría y sus fuerzas vitales no disminuirían. La serpiente era el vehículo de la inmortalidad. Algunas vasijas muestran una serpiente gigantesca enroscándose o estrechando ‘todo el universo’, el sol y la luna, las estrellas y los torrentes de lluvia; en todas partes la ser- piente se enrosca por encima o por debajo de las plantas que crecen, o se enrolla en el vientre de una madre embarazada. Las serpientes se enros- can en círculos concéntricos cubriendo todas las protuberancias, las nal- gas al igual que el abdomen femenino. La santidad de la protuberancia queda indicada por la especial atención que se dá a cualquier redondez convexa del cuerpo femenino, incluso la rodilla es rodeada. De modo similar, la serpiente está presente en los cuartos traseros o sobre los lomos del toro. El falo, así como vasijas y tapaderas con forma itifálica también están acompañadas de serpientes enrolladas. La serpiente era la esti- muladora y guardiana de la energía espontánea de la vida, y su asocia- ción anatómica, tan frecuente que su simbología queda fuera de toda duda, demuestra el poder que se atribuía a las protuberancias del cuer- po en tanto que origen de la misma.65

EnEl lenguaje de la diosa, Gimbutas describe a la serpiente como la fuerza de la viday añade que es la energía que exhala esta cria- tura, que se mueve en espiral y se enrosca, trascendiendo de sus límites e influenciando su entorno. Esta misma energía está en las espirales, en las plantas trepadoras y en los árboles que crecen, así como en los falos y en las estalagmitas, pero se concentra especialmente en la serpiente, y por consiguiente, esta es la más podereosa; es algo primordial… que procede de las profundidades de las aguas donde la vida comienza; la re- novación que realiza cada temporada, desprendiendose de su vieja piel y la hibernación, la convirtieron en un símbolo de la continuidad de la

vida y el nexo de unión con el mundo subterráneo(1)…En la Vieja Euro- pa las cerámicas con el tema de la serpiente crecen constantemente en importancia alcanzando su cima alrededor del 5000-4000 a.c. Su simbo- logía prominente inspira el desarrollo del arte de la espiral y de la serpiente tan característico de la Vieja Europa en el 5º milenio a.c. La gama de posibilidades decorativas que ofrece el enroscamiento y la forma espiral parecen ser motivo de intriga sin fín para el artista euro- peo.66

Los dibujos serpenteantes adornan todas las vasijas, a veces con cabezas de serpiente claramente definidas, incluso esculpidas en relie- ve. Una serpiente enroscada etiqueta todos los vasos y vasijas de Karanovo entre el 5800 y 5600 a.c.

Desde el Neolítico temprano hasta la antigua Grecia, la serpien- te aparece en forma antropomórfica como Diosa de la Serpiente. Su cuerpo es normalmente decorado con rayas y espirales de serpiente, mientras que sus brazos y piernas se configuran como serpientes, o bien es abrazada por una o más serpientes.67

(…)

Las formas de la serpiente se ponían de relieve con líneas para- lelas en zigzag, bandas con puntos y, más frecuentemente, con serpientes enroscadas en espiral sobre el cuerpo o con un peinado de ‘serpiente en espiral’.68

(1) ‘mundo subterráneo’: en el inglés original‘the underworld’ con minúscula; sin embargo, en la versión de Gomez-Tabanera (que ya nos le topamos en la versión del libro de Delporte) se traduce por ‘Otro Mundo’, ambas con mayúscula. Hay una dife- rencia radical entre decir que la serpiente es el nexo de unión entre la vida y el mundo subterráneo y decir que lo es entre la vida y el Otro Mundo: se convierte la conexión de la vida con la tierra en una conexión con el Más Allá, el mundo sobre-natural inventa- do. Esta traducción de ‘underworld’ por ‘Otro Mundo’ pone de manifiesto una tendenciosidad consciente, premeditada y con alevosía, que trata de impedir que el mundo simbólico de la serpiente nos abra la mente a los procesos vitales; porque no hay justificación lingüística que valga. Es evidente que esto de utilizar las traducciones como dique de contención de las informaciones políticamente incorrectas es el pan nuestro de cada día. La eficacia de este método de desvirtuación se puede comprobar en la página 230 del libro mencionado de Pepe Rodriguez, cita esta falsa traducción de Gimbutas para defender la existencia de la Diosa Serpiente, asegurando que la serpien- te representa además de la continuidad de la vida, su conexión con el Más Allá. Sólo añadir que este gazapo, por decirlo de modo suave, me lo he topado por casualidad, no porque haya cotejado sistemáticamente la traducción de Gimbutas; así es que si alguien quiere entretenerse, ya sabe.

La serpiente es un símbolo que siempre ha estado presente en las dos partes de la historia humana, en la gaiática –y no sólo en el Neolítico– y en la patriarcal. Tenemos un diente de mammouth con tres serpientes gra- badas, con sus cabezas perfectamente dibujadas, datado del 24.000 a.c.. En la primera, la serpiente simboliza la generación de la vida, el erotismo del cuerpo de mujer, el bienestar humano. La serpiente viene del agua pero es también de la tierra como la vida; es de agua y de tierra, y además por su piel mucosa se relaciona con lo húmedo. Su serpentear y su flexibilidad son cualidades admirables, como las del tejido muscular y de la vida mis- ma; y su movimiento ondulante la asocia con la voluptuosidad femenina; su renovación de la piel en cada estación, su apego a la tierra, etc. etc. todo esto, y en el contexto de una sensibilidad humana en sintonía gaiáti- ca, hizo de ella símbolo de la vida y de ese remoto ámbito femenino del mundo de las madres.

En la sociedad patriarcal, no se eligió, vino impuesta como un símbolo de la líbido y de la función femenina, integrado, como esa misma función, en las relaciones sociales y dentro de cada ser humano, hasta la médula y en lo hondo de las conciencias y de los inconscientes. Por eso los mitos sobre los orígenes de nuestra sociedad patriarcal tienen como uno de sus principales objetivos, darle la vuelta al significa- do de la serpiente, para apoyar el cambio social. Zeus mata a Tifón, que era el monstruo de la oscuridad, para que la luz se hiciera sobre la Tierra; luego Apolo mata a la hija de Tifón, la serpiente Pitón. Entre las muchas representaciones de dioses y héroes matando o venciendo a serpientes monstruosas, hay un cuadro en el museo del Prado de Cornelio de Vos,

Apolo y la serpiente Pitón(ver pág. 90), que es especialmente intere- sante. Aunque el título del cuadro dice explícitamente que se trata de la ser- piente Pitón, su cuerpo es el de un monstruo que yace boca arriba en el sue- lo y acaba en dos piernas abiertas en decúbito supino, de entre las cuales sale una larga cola; en su vientre o abdomen tiene varias tetas; la cabeza es la de una bestia con un espolón en forma de garfio en la nariz y una expresión de ferocidad y lascivia; tiene una extremidad delantera acaba- da en garra y una ala en el omoplato. Varias flechas parecen haberla heri- do de muerte cuando yacía tumbada bocarriba en el suelo (en prueba de su estado de confianza), y no en un combate frente a frente con Apolo.

Las fundaciones de las principales ciudades de la Grecia patriarcal, tienen casi siempre un mito fundacional que incluye la derrota de algu- na serpiente monstruosa por parte del héroe: Cadmo, para fundar Tebas; Perseo para fundar Micenas, etc.

Cuando comienza la sociedad de realización del Poder en contra de la realización del bienestar, la función femenina resulta un impedi- mento: primero se la somete por la fuerza física; y los dioses y los héro- es destinados a configurar el modelo de ser humano, deben luchar físi- camente y vencer a las serpientes. Luego, a las amazonas que se resisten se las destierra con sus serpientes al Hades. Después, como no era sufi- ciente, ya vino la malignización de la función femenina, aquello de que en la mujer está el origen del mal (del vestido sale la polilla y de la mujer la maldad femenil (1)) y que ningún mal es comparable a la maldad de la mujer. Entonces, junto a la satanización de la sexualidad femenina, se inventa el Infierno y se sataniza también la serpiente que la simbolizaba. Ante una realidad con minúscula tan aplastante y presente en la vida cotidiana, se tiene que construir una realidad aplastante y presente en el imaginario colectivo para neutralizarla, y esa realidad es el Infierno, el demonio y el miedo al castigo eterno.

‘Pondré enemistad entre tí y la serpiente’ dijo Yavé explícitamen- te, es decir, te quitaré tu sexualidad: paralizaré tu útero, te volverás ‘his- térica’, parirás con dolor y el hombre te dominará, ahí está el destino de la nueva condición de la mujer. Las hetairas desaparecen o pasan a lla- marse prostitutas, lo más deleznable de una sociedad; y el destino de sus hij@s, los hij@s-de-puta, lo peor que una madre puede desear para su pro- le. Y lo mejor, lo que decía cínicamente Nietzche: un buen padre.

Así pues, la serpiente siguió siendo objeto simbólico en nuestra cultura, en este caso como símbolo demoníaco, de la perdición humana. En el neolítico (y no sólo en la Vieja Europa), la serpiente, como expli-

(1) Eclesiástico 42, 13: las citas de la Biblia son de la edición de la Editorial Católica, S.A. de 1963, decimocuarta edición, traducción de Nacar y Colunga. Sin embargo, en otras ediciones posteriores de la Biblia, por ejemplo en la de Luis M. de la Encina ‘con las debidas licencias de la Conferencia Episcopal Española’, 5ª edición de 2002, esta y otras frases de la Biblia están cambiadas con respecto a la traducción de Nacar y Co- lunga; en vez de ‘la maldad femenil’ dice ‘la maldad de otra mujer’. Los cambios van en el sentido de no atribuir una maldad intrínseca a la mujer. También se han modifi- cado las instrucciones sobre el maltrato físico a l@s niñ@s, y otras que en la actualidad no serían ‘políticamente correctas’.

ca Gimbutas, aparece por doquier, desde enroscándose en el cuerpo de una mujer o de una vasija, hasta dibujada en un útil de hilar o sobre una flauta. En la sociedad patriarcal, representa toda suerte de maldades: la serpiente-demonio induce a Eva a desobedecer al Señor y a pecar, y le cuesta a nuestros ancestros la expulsión del Jardín del Edén (el paraíso de la matrística desaparece con la sexualidad de la mujer); su cabeza luego es otra vez aplastada por la Virgen María, que representa el para- digma de mujer con la sexualidad bloqueada; luego la serpiente que se hace cada vez más ‘monstruosa’, deriva en toda suerte de dragones que capturan a las doncellas y que son salvadas por los príncipes azules, o los caballeros medievales (en el Medioevo se realiza una gran ofensiva contra reductos matrifocales aislados que habían sobrevivido en Euro- pa). En todas las civilizaciones, y no sólo en la judeo cristiana, dioses, santos y héroes deben vencer a serpientes o sus derivados. Al igual que sucede en la fundación de las primeras ciudades de la Grecia patriarcal, la epopeya salvadora aparece en las leyendas o mitos (como la de San Jorge en Gran Bretaña, San Patricio en Irlanda o Siegfrido en Alemania) para justificar el aplastamiento de los residuos de la matrística que da lugar a la fundación de las naciones modernas.

Los drávidas, pueblo matrifocal que habitaba la India antes de ser invadida por los arios indo-europeos, fueron denominados por éstos últimos como ‘pueblo de la tierra y de la serpiente’, mientras que a sí mismos se designaron ‘pueblo del cielo’. Según la mitología hindú la diosa drávida Danu fué decapitada por el dios del cielo Indra, y el hijo

Si antes dijimos que una sociedad basada en la ayuda mutua re- quiere que los cuerpos de sus mujeres funcionen y exuden su fluido emocional, que de sus cuerpos mane la sustancia (el ‘mutterlich’) de la urdimbre del tejido social dedicado a reali- zar el bienestar de sus miembros;para establecer un Estado patriarcal de realización del Poder, hace falta paralizar esos cuerpos uno a uno, como requisito de dicha fundación. Y para conseguirlo se crean los mitos fundacionales o los mitos de los orígenes que encontramos en el nacimiento de las naciones.

de Indra, el dios Vrta, decapitó a las dos serpientes creadoras del pue- blo drávida. Desde entonces éstos son la casta más inferior llamada de los ‘intocables’, y la India tiene una de las legislaciones más misóginas conocidas, que incluía la quema de las viudas en la pira del marido fallecido69.

El rastro de la serpiente nos indica que no fue un tipo de gobier- no, ni una religión, ni siquiera una filosofía de la vida el principal obstáculo que se oponía al patriarcado. Fueron concretamente los cuer- pos de cada una de sus mujeres: y el matricidio se somatizó y se somatiza en el cuerpo de cada mujer. Por eso la persistencia de la mito- logía y la iconografía patriarcal sobre la perfidia de la sexualidad de la mujer y sobre la serpiente para destruir uno a uno los cuerpos maternos y su sustancia emocional.

La dura y larga resistencia de las mujeres, una vez ya consolida- da la sociedad patriarcal, la pone de manifiesto la imagen de la ‘bruja’ que tiene trato con el demonio (la serpiente satanizada), y que se inven- ta para justificar el holocausto de tanta carne de mujer que tuvieron que quemar. Siempre en los grandes genocidios tienen que sembrar algo peor que el miedo a la muerte:el miedo al modo de morir, para disua- dir de la rebeldía. Como en la actual Colombia que despellejan vivas a las personas y las dejan colgadas en las plazas de las aldeas, o las van cortando a cachos con motosierra: todo vale para el negocio del petró- leo, como para cualquier otra realización del Poder.

Desaparecida la sexualidad de la mujer la madre desaparece, y aparece la pseudo madre patriarcal que tiene el cuerpo domesticado como las vacas reproductoras, para servir a las realizaciones del Poder. Muchas mujeres han rechazado la maternidad patriarcal sin saber que hay otra maternidad que no es esclavitud ni dolor; y también hay otras que luchan por recuperarla, para que las criaturas humanas dejen de criarse en la sequedad, en el abandono y en el desierto afectivo.

Las consecuencias de la crianza patriarcal son devastadoras: una de las huellas de esta devastación la descubrió Michael Balint70en el

ámbito más profundo de los inconscientes de sus pacientes y la llamó ‘Falta Básica’. Es la herida y la carencia que se manipula con imagenes salvadoras a las que nos aferramos para sobrevivir, y hacia las que ca- nalizamos el anhelo emocional y el deseo de fusión carnal: el mito de la ‘media naranja’. El ‘príncipe azul’, o si se prefiere, el arquetipo mascu-

lino o el ‘padre’, es el eje estructurador de nuestra psique, en torno al cual se construye un orden de valores, un orden sentimental, sexual y emocional falocrático. En nuestra sociedad no hay armonía entre los sexos, porque el sexo femenino no existe y el masculino está corrompi- do por el falocentrismo. No hay armonía entre hombre y mujer porque el sentido y el valor del cuerpo femenino han desaparecido.

La relación entre los sexos la representaban en la Vieja Europa, por ejemplo, con falos terminados en cabezas de serpientes que reposa- ban en el regazo de una mujer.

Esto aparece en un contexto en el que es fácil encontrar serpien- tes enroscadas en cuerpos femeninos; largas serpientes saliendo de entre sus piernas, cogidas con los brazos y apegadas a sus cuerpos, ha- ciendo reposar la cabeza de la serpiente sobre las mejillas; mujeres con brazos que son serpientes cuyas cabezas reposan en sus piernas, con criaturas en brazos que son serpientes, con moños y coronas hechos de serpientes enroscadas, trajes con dibujos de serpientes…

El cambio en el significado simbólico de la serpiente lo comenta también Gimbutas:

La serpiente de la Vieja Europa es claramente una criatura be- nevolente… en este arte no vemos nada que refleje que sea mala. Esto es pues lo opuesto de lo que encontramos en las mitologías indo-euro- peas y del Próximo Oriente, donde la serpiente simboliza las fuerzas del mal. Los dioses guerreros se engrandecen matando serpientes y dragones: Vedic Indra mata a la serpiente Vrtra, Norse Thor mata a Midgard, Marduk en Babilonia mata a los monstruos de Tiamat, y así sucesivamente.71

No podemos por menos que comentar el significativo silencio de Gimbutas al no mencionar los mitos y la iconografía cristiana con res- pecto a la serpiente.

Las sirenas y Nereidas que representaban la asociación de lo feme- nino con el agua, también se convierten en monstruos marinos, como Esci- la que no deja a Ulises pasar por el estrecho de Mesina para volver a Ita- ca.

El friso del Partenón de la acrópolis de Atenas es una de las múl- tiples representaciones de Apolo luchando contra la serpiente, que en este caso tiene tres cabezas humanas que representan, según la guía del museo, las tres fuerzas de la naturaleza, el agua, el fuego y el aire.

In document El asalto al Hades (página 158-171)