La somatización del matricidio
La mayoría de los úteros han sido espásticos durante siglos y por eso los nacimientos han sido dolorosos.
W. REICH.
Para comprender cómo la sexualidad femenina ha podido permane- cer a través de los siglos tan reprimida, hasta el punto de desaparecer en el grado en que lo ha hecho, es imprescindible entender que la represión tiene una componente somática.
Cualquier aspecto de nuestra condición humana siempre es y será psicosomático; y todavía nos cuesta pensar y vivir en esa pers- pectiva, socializad@s como estamos en una cultura que artificialmente escinde cuerpo-mente, y que tiene conceptualizadas y ordenadas todas las cosas en función de esta escisión. En realidad esta escisión no es más que el encubrimiento de la pérdida de la concien- cia de lo que nos pasa; más exactamente es el resultado de lo que nos hacen para impedir que construyamos una conciencia conforme al movimiento sabio de la vida, al impulso del deseo autorregulador de nuestro ser psicosomático. Porque sólo entonces se puede codificar el anhelo frustrado, idealizarlo y trucarlo con falsas imágenes, desvincu- lándolo de su sentido autorregulador de los cuerpos, parainsertarlo en el sistema de represión del Poder. Siempre la devastación, la intro- ducción de la carencia, es lo primero.
La pérdida de contacto con nuestro propio cuerpo, es decir, la es- cisión conciencia-cuerpo, ha sido una estrategia imprescindible y es una característica de la sociedad patriarcal. Porque el cuerpo no sólo tiene sabiduría, también tiene mucha fuerza, mucha capacidad de resis- tencia y de rebelión.
(1) El sustantivo ‘refoulement’ y el verbo ‘refouler’en francés quieren decir ‘empujar hacia atrás’. Referido a la psique, indica que algo hemos inhibido y luego olvidado, es decir, que hemos empujado hacia atrás al inconsciente. El traductor de la versión espa- ñola delAnti-Edipolo traduce por ‘represión’, y traduce el francés ‘répression’por ‘represión general’. Pero esta traducción es equívoca y confusa. Equívoca porque ‘re- presión’ en castellano no dice que es un@ mism@ el/la que se reprime –por eso sería mejor en todo caso traducirlo por ‘autorepresión’–; por otro lado, ‘refouler’ indica que lo reprimido se ha empujado hacia atrás en el inconsciente, queno se ha evaporado, que está ahí. También el concepto de ‘refoulement’es más válido para entender la tensión que necesariamente dicha operación produce en los cuerpos, y el acorazamiento muscu- lar resultante; es decir, para entender cómo el Poder se somatiza en nuestros cuerpos. Por todo ello, y a la vista de lo importante que es el concepto del ‘refoulement’, y al no en- contrar su homólogo en castellano, creo justificado utilizar la voz francesa. También en las citas delAnti-Edipo he cambiado la traducción de estas palabras. Porque, por ejem- plo, la traducción de “le sistème refoulement-repression”, que es perfectamente claro, se convierte en algo tan confuso como “el sistema represión-represión general”.
Habíamos llegado muy lejos de la mano de Reich y de Deleuze y Guattari, comprendiendo cómo se construye el sistema de represión de nuestra civilización, combinando el‘refoulement’(1) con la represión exterior. Sin el ‘refoulement’realizado inconscientemente, la represión exterior por sí sola no podría explicar el funcionamiento de la sociedad. Reich no sólo descubrió la coraza muscular que deja el ‘refoule- ment’, sino también que el ‘refoulement’ de los individuos es una función al servicio de la represión general de la sociedad; y Deleuze y Guattari explicaron cómo la represión general se inserta en la criatura humana, actuando sobre la producción de sus deseos, para que ésta los ‘refoule’:
La fuerza de Reich radica en haber mostrado cómo el ‘refoule- ment’ dependía de la represión general… puesto que la represión general precisamente necesita del ‘refoulement’ para formar sujetos dóciles… La represión general sólo se ejerce sobre el deseo –y no sólo sobre necesidades o intereses– a través de la represión sexual.1
Para actuar sobre el deseo de las criaturas, continúan Deleuze y Guattari, además de la institución de la familia, hace falta una impor- tantísima operación de desfiguración del mismo: dar ‘una imagen trucada’ de lo que deseamos, convertirlo en pulsiones incestuosas; así
se avergüenza al deseo, se le deja estupefacto, pues si no, ¿de qué otro modo se podría conjurar el poder de rebelión y de revolución del deseo?
La ley nos dice: no te casarás con tu madre y no matarás a tu padre. Y nosotros sujetos dóciles, nos decimos: ¡luego esto eslo que-
quería! ¿Llegaremos a sospechar que la ley deshonra, que está intere- sada en deshonrar y en desfigurar al que presupone culpable, al que quiere culpable, al que quiere que se sienta culpable?[negritas mías].
Hacemos como si se pudiese deducir directamente de la represión la naturaleza de lo reprimido, y de la prohibición la naturaleza de lo prohibido… La ley prohibe algo perfectamente ficticio en el orden del deseo o de los ‘instintos’, para persuadir a los sujetos que tenían la in- tención correspondiente a esta ficción. Incluso es la única manera
[negritas mías]como la ley puede morder al inconsciente y culpabili- zarlo… Edipo es esto, la imagen trucada.2
Durante milenios, el deseo femenino-materno de las mujeres, y el deseo materno de las criaturas se ha desfigurado y culpabilizado eti- quetándolo de incestuoso; es decir, de deseos coitales, que están, en realidad bastante lejos de los deseos maternales y de los deseos prima- les indiferenciados, en general.
Todo el sentimiento de abandono, de criatura enviada por su pro- pia madre a ser asesinada, la angustia vital que arrastra Edipo y que le lleva a dejar su posición confortable en Corinto, y a buscar oráculos y a tratar de huir de sí mismo, concluye trágicamente cuando Edipo se siente y se reconoce culpabley se saca los ojos.Ahora, pues, me con- venzo de que soy perverso3. ¡Vaya vuelta a la tortilla! La víctima se
echa la culpa a sí misma al tiempo que absuelve a los culpables. Esta falsa conciencia de lo que en realidad ha ocurrido es el pasaporte de en- trada en la sociedad patriarcal, porque sobre el convencimiento de que nuestros deseos son malos o son irrelevantes, se construye el orden psí- quico y emocional de la persona patriarcal.
La verdadera causa del sufrimiento de Edipo, su angustia latente, no puede decirse y todo se convierte en una pulsión incestuosa de la cual él es culpable. Esta interpretación de Edipo, incestuoso y culpable, quedará ahí para siempre; para impedir el reconocimiento del deseo materno de las criaturas y del deseo sexual femenino hacia ellas.
Esta es una operación que no sólo alcanza una etapa de nuestras vidas –la primal– o, en las mujeres, un momento de nuestras vidas –la maternidad–; esta es una operación de devastación de toda la sexuali- dad y de toda la producción deseante. Porque la sexualidad no gira en torno al coito, como pretenden que nos imaginemos (cuando se dice ‘acto sexual’ todo el mundo entiende el coito). El intercambio de los
flujos del cuerpo no comienza con las relaciones coitales, ni el deseo de los cuerpos y de sus flujos aparece con el deseo de realizar el coito. Todo esto es la imagen trucada para sacar de nuestra imaginación la existencia de la verdadera sexualidad, y para que refoulemosnuestra producción deseante y nuestra sexualidad común –común a los dos sexos– y básica, autorreguladora de nuestras vidas y de nuestras rela- ciones sociales.
Por eso hay que reivindicar la inocencia y la no culpabilidad de Edipo; porque reivindicamos nuestra propia inocencia y nuestra propia integridad de criaturas humanas.
Dicen que al final de nuestra vidas tendremos un Juicio Final en el que se evaluará nuestra conducta. En realidad lo que tenemos es un
Juicio Inicialen el que la sociedad tiene a priori condenadas a todas las criaturas e impuesta una pena de mutilación.
Pero lo importante de este Juicio Inicial es que la víctima tiene que llegar a convencerse de su culpabilidad, hasta el punto de ejecu- tar ella misma y contra ella la pena de mutilación: el ‘refoulement’
del deseo, del proceso productivo de su vida. Siempre, claro está, con la ayuda necesaria de la represión exterior de la institución fami- liar; y por supuesto, puesto que somos culpables, siempre aceptar sumisamente que esa represión exterior es por nuestro propio bien.
Edipo, convencido de que es perverso, desea y busca el castigo:
déjame habitar en los montes, le dice a Creonte,para que muera según la determinación de aquellos que querían que se me matara.[negritas mías]3.
Hay que re-escribir la historia de Edipo: o bien con un nuevo principio en el que Edipo no es abandonado ni condenado a morir por su madre; o bien, con otro final: Edipo no se deja engañar, no sólo no se convence de que es perverso, sino que está convencido de que los per- versos son los que querían que se lematara, y entonces,se rebela. Y entonces nosotr@s nos rebelamos también contra el ‘complejo de Edipo’, convencid@s de que nuestros deseos no son perversos, y que lo perverso es el invento falaz del incesto, con el que ocultan la devasta- ción de la sexualidad humana básica.
El ‘refoulement’del deseo y la autoculpabilización se hacen in- conscientemente (hasta la inhibición de la rebelión se ha vuelto inconsciente) y la represión exterior se vuelve deseada.
Dicen Deleuze y Guattari:
El ‘refoulement’ implica una doble operación… una mediante la cual la formación social represiva delega su poder a una instancia re- foulante, otra por la que, correlativamente, el deseo reprimido está como recubierto por la imagen desplazada y trucada que de él suscita la represión(es decir, que la represión le atribuye). Hay a la vez una delegación de represión por la formación social y una desfiguración, un desplazamiento, del deseo por la represión. El agente delegado de la represión, o más bien delegado a la represión, es la familia; la ima- gen desfigurada de lo reprimido son las pulsiones incestuosas.4
Pero en todo este proceso hay algo más. Algo imprescindible para que una mujer ‘refoule’ el deseo femenino-materno, además de su sublimación, de su desfiguración y de su deshonra. Algo que no está ni en el inconsciente ni en la ley ni en las instituciones de la fa- milia y del Estado. Que está dentro de nuestros cuerpos y que sería inseparable del deseo, pero que ahora está separado de él: el útero. Las niñas crecen en la supresión de la sexualidad maternal y básica y se hacen mujeres con el útero rígido, pero si las niñas se hicieran mu- jeres con un útero vivo y palpitante de deseo, no podrían engañarnos, ni desfigurar el sentido de ese deseo, ni para nuestro consciente ni para nuestro inconsciente.
Para entender cómo la sexualidad femenina pudo ser enviada al Hades y al Infierno y desaparecer del mapa, hay que entender, a su vez, qué es el útero y cómo funciona; es decir, entender la fisiología del centro de nuestro esqueleto erógeno. Porque la represión del im- pulso vital del deseo de la criatura, está inmediatamente asociada a esa sexualidad femenina que según Freud es tan difícil de devolver a la vida. Pues después de todo, a lo mejor pudiera ser que no fuera tan difícil. Porque aunque la constitución edípica de la psique haya hecho desaparecer la sexualidad femenina a golpes de 5 milenios de cultura ginocida, el útero sigue estando ahí, rígido y anquilosado, funcionan- do a medias y a menudo dolorosamente, pero no atrofiado. El triunfo definitivo del Patriarcado sería lograr un cuerpo femenino con el útero completamente atrofiado, lo cual significaría que habían conse- guido, entre otras cosas, la gestación in vitro. Entender el útero es pues imprescindible también para alertar de lo que se esconde detrás de las llamadas Nuevas Tecnicas Reproductivas.