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mediático que han logrado: hablo de un espacio político real, pues de tener una única banca en la Asamblea Legislativa, desde el 1 de mayo de 2018 tendrán 14 diputados, convirtiéndose en la segunda fuerza política, superada únicamente por el tradicional pln con 17 curules. Y ya que hago referencia al Poder Legislativo costarricense, cabe mencionar está presidido actualmente por Gonzalo Ramírez, un pastor evangélico del Partido Renovación Costarricense, nucleación política con solo 2 de 57 diputados. Esto no ocurrió de milagro y evidencia la capacidad de nego- ciación y el acercamiento de grupos evangélicos a partidos mayoritarios que les dieron el apoyo necesario para tal menester.
Consideraciones finales
El auge de sectores evangélicos en la política debe observarse en pers- pectiva, sin caer en la paranoia de pensar que tras estas figuras hay una agenda conspirativa que busca instaurar una dominación religiosa que atente contra los derechos humanos. Debemos verlos como actores políticos con características homogéneas, temas definidos y un innega- ble poder de negociación. Más allá de ser evangélicos en política, son políticos, entran a la disputa de la búsqueda de poder con las reglas del sistema. La política no puede saltearse los debates sobre temas que hacen a la visión de bien común, y allí, nos guste o no, están presentes los valores morales.
Cuando en Costa Rica se confirmó que Fabricio Alvarado, de Re- novación Costarricense, fue el más votado, que este disputaría la se- gunda vuelta contra el candidato del pac, y que su partido Renovación Costarricense había conseguido 14 curules, las redes sociales estallaron de opiniones acerca de la inexperiencia política del mencionado par- tido, la nula trayectoria de los nuevos diputados de esta fuerza política y de la escueta propuesta de gobierno que presentaban (de verdad, la propuesta de gobierno de Restauración Nacional es sumamente breve). Pero si el descrédito hacia la clase política lleva años, va en aumento y ha dado lugar a todo tipo de outsiders, desde payasos, cantantes, perio- distas, hasta exobispos, ¿acaso debemos extrañarnos de que se sumen a esta lista líderes espirituales que además de dar esperanza brindan ayu- da social y plantean una visión de prosperidad? Si tantos planes de go- bierno brillantes y técnicos no pasaron del papel, no es de extrañar que una propuesta sencilla y breve pero con alta credibilidad sea la favorita.
Es desilusionante que elecciones de presidentes y acuerdos de paz se conviertan en referéndums sobre temas morales, pero esta polari- zación se impone cada vez más como requisito previo al abordaje de
Ap
cualquier cuestión estatal. El desafío no está solo en desarrollar, re- forzar y repetir un discurso conciliador, sino en ganarse la confianza de que el desempeño en los espacios de poder será consecuente con la bandera defendida y las promesas asumidas. Creer, de eso se trata la intención de voto y esto tampoco es novedad.
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COmuNICACIóN
« comunicación y campañas » 50 Diálogo Político 1 | 2018
Influencia de
los medios de
comunicación en las
campañas electorales
en Colombia
Los medios de comunicación son una herramien- ta útil para que los ciudadanos se informen sobre los procesos políticos, los partidos políticos, los candidatos y sus propuestas electorales y de go- bierno. Los medios de comunicación contribuyen a la formación de opiniones informadas entre los electores a partir de la difusión o transmisión de material informativo proporcionado por el siste- ma electoral o, de manera complementaria o al- ternativa, de materiales informativos o educativos sobre las elecciones realizados por los medios de comunicación.
< Néstor Julián Restrepo E.
Doctor en Politica, Comunicación y Cultura, universidad Complutense de madrid. magister en Estudios Latinoamericanos, universidad de Salamanca, España. Docente e investigador en la universidad de medellín y la universidad Pontificia Bolivariana, Colombia.
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INFLuENCIA DE LOS mEDIOS DE COmuNICACIóN EN LAS CAmPAñAS ELECTOrALES EN COLOmBIA, Néstor restrepo
La evolución histórica de la relación entre la política y los medios de comunicación en Colombia se puede analizar en tres momentos. El primero corresponde a las décadas de 1940 y 1950, que conciernen al periodo de violencia liberal-conservadora y en la que se tuvo una pren- sa totalmente militante y partidista que contribuyó al ambiente de sec- tarismo de la época y generó graves persecuciones y represalias, tanto a la prensa como a los militantes de cada colectividad. Esta violencia en torno a la prensa se superó casi totalmente con el Frente Nacional.
La primera manifestación de una violencia sistemática y deliberada contra los medios y los periodistas arrancó en 1980 con el fenómeno del narcotráfico y corresponde al segundo momento de la evolución de los medios de comunicación. Finalmente, en la década de 1990 se desarrollaron las nuevas tecnologías de información y comunicación y los canales de televisión privados, y todo esto coincidió con el cambio constitucional de 1991 (Santos, 2004).
En Colombia, los medios masivos de comunicación más importan- tes son la televisión, la radio y la prensa, cuyo dominio ha estado con- centrado en la élite política y económica, tanto a nivel nacional como regional, que controla el noventa por ciento del sector de la comunica- ción en el país.
La televisión es considerada ampliamente como el instrumento más importante para realizar campañas y comunicarse con los electores, so- bre todo en aquellos países en que tiene amplia cobertura y audiencia (Hirmas, 1989). En efecto, la televisión cumple un papel decisivo en la construcción de los imaginarios sociales y de las identidades cultu- rales, pues contribuye al ejercicio cotidiano de la cultura democrática y al reconocimiento de la historia y el destino nacional, que son pre- servados por el Estado, y permite a los usuarios del servicio televisivo acceder al conocimiento de culturas foráneas con sus propios lenguajes audiovisuales e interpretaciones de la realidad (Garzón, 2015).
En Colombia, desde la época de la independencia y la construcción de la república hasta hoy, el sistema de comunicación ha estado con- centrado en las élites políticas y económicas. Concretamente, detrás de los medios de comunicación se encuentran los sellos de grandes conglomerados económicos: Caracol Televisión y El Espectador perte- necen al Grupo Empresarial Santo Domingo, rcn Televisión y Radio, son de la Organización Ardilla Lülle, Caracol Radio del grupo español Prisa y Casa Editorial El Tiempo es del banquero Luis Carlos Sarmien- to Angulo (Restrepo, 2017).
En 1954 surge en Colombia la televisión estatal, que fue adminis- trada y controlada por el gobierno militar del general Gustavo Rojas Pinilla. Ello generó tensiones que marcaron de manera permanente las
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luchas por el control de la televisión, que para la época tenía como prioridad la formación ciudadana por medio de programas culturales y educativos. No obstante, la incapacidad económica del Estado para mantener una producción permanente y de calidad propició el esce- nario para la entrada en escena de las programadoras privadas como Radio Cadena Nacional (rcn), Caracol Televisión, Radio Televisión Interamericana (rti) y Producciones Punch.
A partir de 1985 comenzaron a aparecer los canales regionales, pri- mero Teleantioquia y posteriormente Televalle, con el propósito de des- centralizar el medio televisivo a nivel de las regiones. En 1997, durante el gobierno liberal de Ernesto Samper Pizano, se privatizaron los canales nacionales con un proceso que inició en el marco de la llamada apertu-
ra económica, un proyecto neoliberal del país en el que se constituyó el
duopolio de los empresarios Julio Mario Santo Domingo y Carlos Ar- dila Lülle, quienes presionaron al Estado para que dispusiera la privati- zación de los canales Caracol y rcn, respectivamente. La privatización se justificó bajo el objetivo de dinamizar la competencia, ampliar la po- sibilidad de información, enriquecer la cultura y, con ello, mejorar la condición de los canales existentes (Valero y Criales , 2011, p. 251).
Rey (2008) argumenta que la televisión en Colombia, más que un medio, entró a conformar una cultura, un mundo de sentidos que se expresan a través de las imágenes, la articulación de lo audiovisual con la vida cotidiana, el acceso generalizado al entretenimiento y la inte- gración de lo televisivo con la economía y la política. Desde el sistema mixto (televisión pública administrada por programadoras privadas) hasta los canales privados, la televisión ha sido uno de los lugares en que el país se ha mostrado, con aciertos y distorsiones, pero con una acogida mayor que otros medios de comunicación (Rey, 2008).
En Colombia, la televisión permitió que los políticos actuales pa- saran, casi de manera directa, de la política grande, en plaza pública, a la pantalla chica, un territorio en el que se pueden mover con me- nos urgencia, lejos de las candidaturas y de los conflictos partidarios. Rincón (2006) argumenta que este cambio generó que en Colombia se pasara de tener gobernantes a tener presentadores de televisión, que se animan a enfrentarse a una cámara y conducir su propio programa televisivo, delegan la palabra, escuchan al ciudadano y ponen en el pa- redón a los otros gobernantes o a la institución como tal, todo esto bajo el formato talk show (Restrepo, 2017).
Del mismo modo, Rincón (2006) indica que la televisión en Co- lombia ayuda a representar y encarnar la seducción, tendencia que busca mostrar el poder del salvador y a la política en imágenes, y que se ha convertido en una herramienta más efectiva que los partidos tradi-
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cionales Liberal y Conservador, los programas de gobierno y la trasfor- mación de la realidad social, puesto que el rating es la medida del éxito del gobernante. Esto lleva a que los políticos permanezcan en campaña todo el tiempo, mediante la generación de expectativas a partir de las continuas promesas de leyes y de acciones políticas.
Otro medio de comunicación fundamental para el poder político en Colombia es la prensa, uno de los medios gráficos considerados clá- sicos o generales, cuya aplicación en el campo del marketing político distingue dos variedades importantes: los periódicos y las revistas. Es- tas últimas son un medio escrito más profesional, segmentado y de ma- yor credibilidad, por lo que se han convertido en creadoras de opinión, con un efecto publicitario y persuasivo que no debe subestimarse. Las revistas en Colombia cuentan con un staff de periodistas reconocidos, de alto nivel académico y aceptados por los ciudadanos, cuyos puntos de vista son tenidos en cuenta en la toma de decisiones del elector. La publicidad política en revistas se acompaña de elementos analíticos y de la reflexión de los columnistas.
La prensa colombiana nace en el entorno partidista a la luz de los ideales políticos de los partidos tradicionales Liberal y Conservador. En muchos casos, la política y la prensa han estado estrechamente ligados, pues tanto políticos como empresarios han sido los dueños de los medios más influyentes del país y han formado parte de las élites oligárquicas que han manejado el país: las familias Santos, Pastrana, Santo Domingo, Ardilla Lülle, Sarmiento Ángulo, entre otras.
Estévez (2013) indica que el desarrollo de la prensa colombiana se generó en tres momentos. El primero fue la monopolización, cuando unos po- cos diarios controlaban una gran porción del mer- cado de la comunicación. El dominio histórico de los diarios El Tiempo y El Espectador sobre otros medios impresos era evidente. Fieles a la tradición bipartidista, monopolizaron la opinión pública y proyectaron desde sus páginas la realidad sociopo- lítica de la época como un mero reflejo de la ideo- logía de los partidos Liberal y Conservador.
El segundo momento se presentó con la formación de cadenas co- municativas que integran, bajo una misma marca, todos los medios de comunicación: radio, tv y prensa. Finalmente, el tercer momento se dio con la aparición de grupos corporativos editoriales como Prisa y Planeta.