5. LA ACTIVIDAD ECONÓMICA DE LESAKA
5.1. Siderometalurgia en Lesaka
Desde la perspectiva de 2016, hablar de industria siderometalúrgica en Lesaka nos lleva indudablemente a pensar en Arcelor Mittal, Aceralia, CSI, AHV o Laminaciones de Lesaca, nombres todos ellos con los que hemos co- nocido la gran fábrica de Lesaka que durante los últimos años ha empleado a un importante número de trabajadores de la zona del Bidasoa, multiplicando las expectativas comerciales, hosteleras y de transporte hasta límites nunca soñados en la comarca. Ahondando más en el tema, hablaríamos de los pro- blemas que han llegado en los últimos tiempos a dicha empresa y su entorno derivadas de la actual crisis económica; podríamos asimismo tratar del plan Bidasoa, que aunque no sepamos de qué se trata exactamente, nos ilusiona de cara al futuro siderometalúrgico de la zona.
Entiendo que para cualquier lesakarra es interesante saber que no toda la historia de la siderurgia en nuestro pueblo comenzó aquel 16 de junio de 1958, cuando frente al notario de Lesaka, Juan José Ecenarro y Anzorandia, se presentaron José Luis Várez Fisa, Ramón y Federico Lili y Juan Lizarrusti con la idea de constituir una empresa dedicada a la fundición de productos férricos y no férricos, laminación en caliente y en frío del acero y productos 20 ZUDAIRE, Claudio. “Notas para una demografía de Lesaca (siglo XVII)”; p. 412.
como flejes, chapas, etc., llamada Planeados Metálicos S. A. (PLAMESA), cuando en Lesaka no se sabía muy bien de qué se estaba hablando.
Pese a la importancia de esta fecha para la historia local, no podemos olvidar que la tradición siderometalúrgica de Lesaka viene de lejos, por lo que me parece interesante recopilar algunos datos de distintos documentos que intentaré reproducir, con el único objetivo de aclarar que para el man- tenimiento de la economía local siempre existieron problemas más o menos graves, a las que los autoridades municipales de cada momento intentaban dar la mejor solución posible, salvaguardando el bienestar de unos y otros dentro de las posibilidades de cada momento.
Para épocas pasadas, resulta difícil rastrear el modo de vida en la villa por las escasas noticias que se encuentran en los archivos, pero como ya he señalado parece que la mayor parte de la población vivía de la agricultura o de la ganadería, aunque también es cierto que tuvieron en Lesaka notable importancia las ferrerías al menos desde los siglos XlV o XV, cuando se ex- portaba hierro en lingotes hacia Baiona, donde era convertido en productos manufacturados. No podríamos cuantificar su cantidad hasta el año 1562, cuando figura que en Lesaka, funcionaban las ferrerías de Bereau, que pro- ducía 2.000 quintales al año; Biurgarai, con una producción de 1.000 quinta- les; Ercazti, con 1.500 y Endarlatsa, con 2.000 quintales de producción.
En 1680, Lesaka compra la ferrería de Biurra de arriba por la cantidad de 960 ducados. Hay que señalar que la gestión de estas ferrerías se convierte en muy problemática, ya que al descenso demográfico se une el hundimiento de la mayor parte de la ciudades manufactureras castellanas, la pérdida del abastecimiento de las colonias a favor del hierro extranjero, la decadencia de la flota española y la concurrencia de un duro competidor, el hierro sueco.
Relacionado con la siderometalurgia, la actividad minera también mo- vilizaba mano de obra22. Un auto fechado en Lesaka en 1751, redactado con
la finalidad de regular la extracción de mineral de Canalechipi, afirmaba que son “los minerales de fierro uno de los principales fondos en el que mu- chas personas afianzan la manutenzión de sus familias”23.
22 Para el periodo 1750-1850, puede consultarse ERDOZÁIN AZPILICUETA, Pilar y MIKELARENA PEÑA,
Fernando. “Siderurgia tradicional y comunidad campesina. La gestión de las ferrerías municipales de Lesaka y Etxalar, 1750-1850”. En: Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, nº 32, 2002; pp. 491-515, a quienes seguimos en este apartado.
23 ERDOZÁIN AZPILICUETA, Pilar y MIKELARENA PEÑA, Fernando. “Siderurgia tradicional y comunidad
En 1766, Lesaka confeccionó un marco regulador relativo a la gestión mediante arriendo de sus ferrerías municipales. En este arriendo se fijaban las rentas anuales mínimas que debían abonar los arrendatarios de las fe- rrerías y se especificaban los precios y salarios que se debían abonar por los mismos, por las cargas de carbón que les suministran los carboneros y por el transporte del mineral y el carbón que realizan los arrieros, carreteros y gabarreros. No hay que olvidar que las ordenanzas de 1423 ya obligaban a los propietarios de las ferrerías a beber solo la sidra producida en la localidad.
En relación con el transporte de carbón a la ferrería de Ercazti, existe un documento que detalla itinerarios y precios de la siguiente manera:
“Por cada carga de carbón desde Zumarracogucicia por la regata de un regachuelo a la puerta de Domico, siguiendo de aquí por el cami- no a la regata de Errenga hasta encontrarse con un árbol haya trasmo- cho señalado con tres churichas, de aquí por la parte del sur a la choza de Sarobe-berri, cuya línea se a señalado con churichas en tres árboles; es decir por carbones construidos desde los puntos referidos para arri- ba, doce soses o un real sencillo y doce maravedíes.
Desde Zumarraco-guruzieta para abajo, por Acarregui, Icatzulo, Ira- raburu y Luberriburu de Garbiso, siguiendo por la lezonadura de este terreno al río, cruzando este para la regata de Esolegui, por las piedras de este mismo nombre hasta el peñasco denominado Esolegui también, de aquí por una senda a Martín-Sarobe, siguiendo por una senda a Navaz- tulegui por otra sendita, de aquí a Madarimulcho siguiendo a Arichulegui por un sendero, cuyos términos esta marcados entre los puntos nombrados Arichulegui, Usateguieta y Errenga-Gaña a la expresada choza de Saro- be-berri, el porte de sus carbones será de un real sencillo por carga.
Desde Arichulegui para abajo hacia Arragosabaleta, de aquí al co- llado de Tansacelay, siguiendo por la cabecera de Idoizin y Chocobi- co-arriondoa, a la regata de Alcoba y de aquí a la muga de Irún, tres cuartillos por carga.
Desde el cerrado de Garbiso pasando por la falda de Esolegui, Mar- tín-Sarobe, Martinsoroecoerreca por Incinberri a Isasteguico-arria, otros tres cuartillos.
Desde Incinberri por los puntos expresados últimamente para aba- jo por la cima de Dorrea y Endaraborda, sendero de Navaztulegui a la regata de Martín-Sarobe veinticuatro maravedíes.
Desde Madarimacur para abajo hacia la ferrería por el collado de zuta, Arragosabaleta, de aquí a Chocobico arriondoa, siguiendo a Ba- galuce por la parte y prado de Copa, de aquí al crucero de la Tejería siguiendo por el sendero a la cima de Dorrea por la parte de Aguiña, diez y seis maravedíes.
Desde Bagaluce a su cima por el collado de Mayoregui hasta los peñascos de este mismo nombre, veinte maravedíes.
Desde los peñascos de Mayoregui al puente de Arrangoiz a Suri- choco-erreca, siguiendo por el sendero de Arbelz a Berreu y Churine- garreta, y por debajo de dicho puente a Iturrieder, hayales y caserío de Gardelea a la altura o cima de Aguiña, tres cuartillos.
Desde el puente de Arrangoiz para abajo hacia Gardelepo, siguien- do de aquí por la cima y el camino al alto de Malcorra y de aquí dere- chamente a la vista de los minerales de Peruarán por los dos lados, un real por carga.
Desde Gardelepo hasta Endarlaza, doce soses”.
Este férreo control de precios suscitó problemas como veremos más adelante. En el citado marco regulador se especifica la obligación de los arrendatarios de dar trabajo, tanto directo como inducido, sólo a los empa- dronados en la localidad. Para ello dictaron un auto que decía lo siguiente: “Barquineros, herradores, herreros, basteros, canteros, carboneros, car- pinteros, oficiales de las herrerías, conductores de materiales de fierros, y demás que tuvieran que trabajar en estas herrerías sean de esta villa y domiciliados en ella”. Solo en el caso de que no hubiera suficientes caba- llerías en Lesaka, la villa podría autorizar la contratación de acarreadores de fuera previa presentación de un justificante al ayuntamiento.
Esta exclusividad respecto a la contratación de personas de la localidad creó graves tensiones con los municipios colindantes, sobre todo con el ayun- tamiento de Bera, que llegó a prohibir descargar en el muelle de Montoya, dentro de su jurisdicción, el material procedente de Bizkaia que se traía a las ferrerías de Cinco Villas hasta que las otras villas admitieran a sus transpor- tistas. En respuesta, el resto de las villas resolvieron construir otro muelle, lonja o puerto fluvial en el término de Lesaka, pagando a este ayuntamiento la misma cantidad que se pagaba al de Bera.
En cuanto al arrendamiento, se fijó en 200 ducados para la ferrería de Bereau, 150 la de Biurra y 100 la de Ercazti; un arrendatario no podía arren- dar más que una ferrería, si bien en cada una se podían formar sociedades.
Los contratos serían cuatrianuales y comenzarían el 29 de septiembre. Contemplaba este condicionado la concesión de 8.000 cargas de carbón para las ferrerías de Biurra y Ercazti y 4.000 para la de Bereau, cantidades clara- mente insuficientes, como veremos después.
La supervivencia de estas ferrerías era verdaderamente difícil por el encarecimiento que suponía la materia prima necesaria para su fabricación, principalmente a consecuencia del transporte. De un lado el hierro autócto- no de Cinco Villas -y por lo tanto el de Lesaka- era mezclado con el bizkaíno, transportado por mar hasta Hondarribia y por el Bidasoa desde dicha ciudad hasta los puertos fluviales de Bera y Lesaka. (Sobre la navegación en el Bida- soa existe un documento de 1785 que dice lo siguiente: “El río Bidasoa es navegable para unas embarcaciones chatas llamadas gabarras en todo tiempo asta Endarlaza, en las crecientes asta la villa de San Esteban en el Reyno de Navarra de donde bajan con maderas de construcción para los astilleros de su Majestad el Rey y para particulares asta Yrun y Fuenterravia y de retorno llevan vena de fierro asta Endarlaza para las ferrerías de Lesaka, Vera, y Echalar del Reino de Navarra. Desde el dicho sitio de Endarlaza suben vacías las gavarras y llevan siempre adentro un par de buieyes los que en las corrientes de poco agua saltan al río y tiran de la gabarra aiudados de los dos hombres que cada una lleva, vencen los obstáculos y suben asta donde permite el río”).
Asimismo era problemático el abastecimiento del carbón vegetal, pues aunque parte de él se producía en la localidad, el resto había que importarlo de localidades vecinas. En este aspecto, ya en 1748 en Lesaka se advertía la falta de arbolado; un auto de ese año dice que “en consideración de la des- nudez que con universal dolor experimenta el término de esta villa se acordó criar algunos viverales por más facilitar su repoblación”.
Por otra parte, en el marco de la economía local, la industria sidero- metalúrgica proporcionaba al campesinado unos valiosos ingresos comple- mentarios, por cuanto al trabajo directo en los ingenios ferrones se unían un importante número de puestos de trabajo indirectos, tales como carboneros, boyeros, arrieros, maniqueros, etc.
Según el catastro de Lesaka de 1811, se registraban 27 maniqueros, que extraían 1.420 quintales de mineral, la mayoría en lotes de 50 y 199 quinta- les. Había en esa fecha 141 carboneros que confeccionaban 9.510 cargas, una cantidad que duplicaba casi las 5.000 cargas pactadas entre el ayuntamiento y los arrendatarios en los contratos de las tres ferrerías municipales que ha- bía en ese momento. Pero esto sólo suponía el 52,8% del carbón requerido por las mismas, a tenor de las necesidades de cuatro cargas de carbón por
quintal de hierro necesario estipuladas en un documento de 1751, relativo a la ferrería de Bereau y de las producciones medias anuales de las ferrerías lesakarras, donde se dice que las tres necesitarían para su producción unas 18.000 cargas de carbón anuales, situación que obligaba a los arrendatarios a comprar carbón fuera de la localidad, lo que suponía otro motivo de conflicto.
En este sentido, José Antonio de Oyarzabal, arrendatario de la ferrería de Bereau entre 1808 y 1812, se quejaba en un informe de que, según el aran- cel de 1766 bajo el que se había escriturado el arriendo, la villa de Lesaka sólo le daba 4.000 cargas de carbón en los cuatro años, mientras que necesita por lo menos 46.000, que debía traerse mayoritariamente de fuera, y solicitaba permiso para que los arrieros de Arantza pudiesen participar, en unión de los de Lesaka, en el transporte de un montazgo que había comprado en aquella localidad y para que únicamente los naturales de Zubieta pudieran hacer el transporte de otro montazgo comprado en ese último pueblo.
El funcionamiento era correcto hasta que, como consecuencia de la in- flación, el ayuntamiento decidió “en beneficio de la villa, sus vecinos, ha- bitantes, ferrones, conductores” redactar unas nuevas normas hacia 1800, subiendo el precio del arriendo de las tres ferrerías y manteniendo el del carbón y su transporte. Con este cambio subió el precio del arriendo de la ferrería de Biurgarai de 150 a 200 ducados, el de Bereau de 200 a 300 duca- dos y la de Ercazti de 100 a 200 ducados; pese a ello, el ayuntamiento man- tuvo las dotaciones de carbón del terreno comunal al que tenían derecho las ferrerías. Este incremento en el precio no tuvo ningún efecto favorable en los ingresos de la localidad, ya que no fue aceptado por ningún empresario en los contratos otorgados posteriormente a esta revisión, como veremos a continuación.
Tal vez por el pretexto del aumento de alquiler, tal vez porque los cos- tes de producción, especialmente sobrecargados por el carbón y el mineral, resultaban excesivamente altos en comparación con los competidores bizkaí- nos y gipuzkoanos, se produjo un estancamiento en las tres ferrerías. Para solucionarlo el ayuntamiento tuvo que plantearse el recorte de la renta por arriendo, ya que resulta evidente que esta intervención reguladora solo inci- diría en la hacienda municipal, que recabaría menos ingresos.
Proporcionar mayor número de cargas de leña para carbón vegetal afectaría el equilibrio de los montes, si bien ese equilibrio siempre se vería alterado, ya que si el ayuntamiento no proporcionaba más cargas, éstas de- berían ser suministradas por particulares o por los municipios colindantes. Junto a ello, recortar el salario de los oficiales implicaría el descontento de éstos. Rebajar el precio de las cargas de carbón perjudicaría a los carbone-
ros y transportistas, mientras que abaratar el precio del mineral autóctono perjudicaría a menaqueros y transportistas. En cualquier caso, como para el ayuntamiento era del mayor interés que se explotaran las ferrerías, no tuvie- ron más remedio que aceptar las rentas a la baja planteadas por los ferrones. Puede pensarse que esto no suponía una cesión del ayuntamiento ante la presión de los ferrones, sino que aquél hacía una fuerte apuesta por la competitividad con el objetivo de mantener estables los niveles de empleo directo e indirecto de una industria de cuya actividad y de cuyos ingresos complementarios estaba tan necesitada la población campesina.
Aun así, el bajo precio del hierro, la competencia exterior y los costos de producción habían dejado a las ferrerías lesakarras en tan incómoda situa- ción que en el arriendo que debía comenzar en 1820 -el primera bajo las con- diciones aprobadas en 1800- no se presentó ningún licitador en la primera subasta. En la segunda, que se sacó a subasta bajo las condiciones de arrien- do de 1766, un licitante ofertó la cantidad de 200 ducados por la ferrería de Bereau, mientras que quedaron desiertas de nuevo las de Biurgarai y Ercazti; lo mismo sucedió en una tercera subasta.
Así las cosas, Esteban de Elcarte y Martín José Ubiria ofrecieron hacer- se cargo de las dos ferrerías bajo las condiciones de arriendo de 1766, ya que según especifican los propios representantes municipales habían “bajado los precios de montazgo y leña, con el que se hace el carbón, por la poca salida del fierro”. Ofrecieron pagar “por cada carga de carbón que se construya tanto de dotación como de sobrantes, real y medio en lugar de a dos reales como se han pagado últimamente”.
Ante esto, el ayuntamiento de Lesaka decidió acudir al Consejo Real, que dictaminó hacer una nueva subasta y, si no había rematantes, aceptar dicha oferta. Esto fue lo que ocurrió, ya que no hubo ningún rematante, por lo que se aceptó la oferta de Elcarte y Ubiria.
Los datos del padrón de 1824 hablan que el empleo directo en las ferre- rías de Lesaka era de 6,9% de los hombres ocupados, mientras que el indi- recto de carboneo y minería ascendía a un 14,3%. A ellos habría que añadir arrieros, boyeros y carreteros, lo que equivaldría a un 7,2% de los hombres ocupados totales. Todo ello, por supuesto, sin tener en cuenta la pluriacti- vidad desarrollada precisamente en el carboneo, la minería y la arriería por parte de muchos individuos catalogados como “labradores”.
Pero la situación siguió empeorando, ya que en 1824 tampoco hubo postores en la primera subasta para ninguna de las tres ferrerías. A finales de año, José Antonio de Oyarzabal ofrecía hacerse cargo de la de Bereau para
los cuatro años siguientes, pero lo condicionaba a “que el arriendo fuera con el antiguo arancel que rige en día y que haya de pagar la renta en calidad del tiempo que trabajan y no más”, propuesta que fue rechazada por el ayuntamiento por ir en contra de sus normas.
Ante la inactividad en que se encontraban las ferrerías sin solución apa- rente, el 25 de febrero de 1825 José Francisco de Echenique y Jorge Antonio de Fagoaga presentaron una propuesta para el arrendamiento de las ferre- rías de Bereau y Biurgarai hasta 1829. Teniendo en cuenta el bajo precio del hierro en ese momento, las condiciones que ofrecían distaban bastante de las marcadas por el ayuntamiento. En primer lugar, la renta de cada ferrería sería de 100 ducados anuales. En segundo lugar, los montazgos, tanto los de dotación o de sobrantes, se pagarían a 1,5 reales sencillos. En tercer lugar, el transporte de los carbones de Lesaka y de la vena se harían según norma del ayuntamiento, pero la conducción de los carbones de fuera podrían ser realizada por forasteros al precio que convengan éstos con los arrendadores.
Estas condiciones fueron rechazadas como inadmisibles por la corpo- ración lesakarra. Ante la gravedad de la situación, el 27 de febrero de 1825 el ayuntamiento decidió dar las ferrerías bajo las condiciones del antiguo arancel, pero sin que el ayuntamiento cobrara renta alguna. Tampoco ningún licitador aceptó estas condiciones en la subasta del 11 de marzo, motivo por el que no tuvieron más remedio que llegar a un acuerdo con Echenique y Fagoaga, de modo que los montazgos quedarían al precio establecido por és- tos en su oferta del 25 de febrero y la venta de los sobrantes quedaba a libre disposición de la villa; las ferrerías se sacarían de nuevo a subasta bajo las de- más condiciones de arancel de 1766. En la subasta, Bereau y Ercazti fueron rematadas por Echenique por 100 y 50 ducados anuales respectivamente,