La afirmación del cliente, mensaje A, es acerca de la afirmación del cliente, mensaje B; por lo tanto, el mensaje A es meta con respecto al mensaje B. El mensaje A es un meta-mensaje con respecto al mensaje B.
Russell desarrolló la Teoría de los Tipos Lógicos para evitar las paradojas. Su teoría es que, una vez que las afirmaciones (o cualquier categoría de cosas consideradas) son clasificadas según su tipo lógico, deberían mantenerse separadas bajo pena de paradoja —es decir, mezclar afirmaciones (o cualquier objeto) de diferentes tipos lógicos es invitar a la paradoja—, una forma de patología a la cual los matemáticos son particularmente vulnerables. Consecuentemente, cuando Bateson adaptó la teoría de Russell, aceptó esta generalización según la cual objetos (en este caso particular, mensajes) de diferentes tipos lógicos o diferentes niveles lógicos deben ser mantenidos separados.
Específicamente, Bateson asignó a la parte de relación o analógica del acto de comunicación una posición meta con respecto al contenido o parte verbal de la comunicación —el mensaje de la postura corporal/movimiento/tonalidad/ritmo era un comentario del mensaje verbal[13]. Por lo tanto, la parte
analógica y la parte verbal de toda comunicación son de diferente tipo lógico. Podemos representar esta clasificación visualmente de la siguiente manera:
PARAMENSAJES
Hemos considerado que la siguiente forma de organizar nuestra experiencia en terapia y comunicación es más útil para ayudar a los clientes en el cambio: el cliente presenta un conjunto de mensajes, no más de uno por canal de salida. A estos mensajes los llamamos paramensajes. Ninguno de estos mensajes presentados simultáneamente es meta con respecto a otro. Así, en forma más general, ninguno de los mensajes del conjunto simultáneamente presentado puede ser de un nivel lógico diferente de ningún otro. Esta clasificación podemos representarla visualmente en el siguiente diagrama:
Esquema Grinder/Bandler
Hay tres diferencias importantes entre el modelo de Bateson y esta forma de organizar nuestra experiencia en terapia y comunicación. Primero, nosotros distinguimos un mensaje (posible) por canal de salida, mientras que el esquema de Bateson es binario, dividiendo los mensajes en una parte de relación (analógico) y una parte de contenido (verbal). Nuestro método nos permite detectar las incongruencias de los mensajes múltiples. Sin embargo, la separación binaria, permitiendo sólo una verificación de la congruencia (analógica versus verbal), no sirve para los casos (que encontramos con mucha frecuencia) en que las diversas formas que tiene una persona para expresar mensajes analógicamente no coinciden entre ellas, es decir, cuando son incongruentes. El caso que mencionamos previamente contiene varios ejemplos de este fenómeno:
la mano izquierda con el dedo índice
extendido versus
la palma de la mano derecha abierta hacia arriba sobre las piernas
o
En esta forma, hemos generalizado el esquema binario de Bateson en un esquema n-ario (n es el número de canales de salida disponibles para llevar mensajes[14]). Esta generalización nos permite detectar las incongruencias de todos los mensajes que el cliente nos presenta. Así, el esquema de Bateson puede ser considerado como un caso especial del nuestro, en el cual todos los paramensajes analógicos coinciden.
La segunda diferencia importante para la organización de nuestra experiencia en comunicación y terapia, y que difiere del esquema de Bateson, es que en cualquier conjunto de mensajes simultáneamente presentados, aceptamos cada mensaje como una representación igualmente válida de
la experiencia de esa persona. En nuestro modelo, ninguno de los paramensajes es más válido —o más verdadero, o más representativo— que otro. Ninguno de los paramensajes del conjunto es meta con respecto a otro miembro de su conjunto[15]. Nosotros consideramos, más bien, que en un conjunto de paramensajes cada uno de los mensajes representa una porción del modelo del mundo del cliente. Cuando el cliente se está comunicando en forma congruente, cada uno de los paramensajes coincide, calza, es congruente con cada uno de los otros. Esto nos indica que todos los modelos que el cliente está usando para guiar su comportamiento en un momento determinado son consecuentes (o, en forma equivalente, que el cliente está usando un solo modelo del mundo). Cuando el cliente nos presenta un conjunto de paramen-sajes en conflicto, cuando se está comunicando en forma incongruente, sabemos que los modelos del mundo que está usando para guiar su comportamiento son inconsecuentes. Aceptamos cada uno de los paramensajes en conflicto como una representación válida del modelo que el cliente tiene para su comportamiento —estos para-mensajes en conflicto son indicadores de los recursos que tiene el cliente para enfrentar el mundo. Cuando la incongruencia es vista de esta manera, desaparece el problema de decidir cuál de los mensajes conflictivos presentados simultáneamente es real, verdadero o válido, y las incongruencias en sí mismas se convierten en la base para el crecimiento y el cambio.
Además del incremento en las posibilidades terapéuticas que esta forma de organizar la experiencia nos brinda, no hemos podido encontrar ningún caso específico en nuestra experiencia donde un mensaje del conjunto de paramensajes sea meta con respecto a otro. Por ejemplo, en el caso que describimos previamente, ¿en qué sentido es la mano izquierda con el índice extendido un comentario sobre o un mensaje acerca de las palabras que dice el cliente? Nuestra experiencia ha sido que las palabras utilizadas por el cliente son consideradas tan útiles como comentario sobre o mensaje acerca del mensaje comunicado por la mano izquierda con el índice extendido, y viceversa. En esta forma, llegamos a una clasificación de los paramensajes —mensajes del mismo nivel lógico. Con esta organización evitamos una dificultad que surge en el esquema de Bateson, la de decidir qué mensaje del conjunto de paramensajes es meta con respecto a los otros. Un caso en el cual la inutilidad de intentar tomar esta decisión queda particularmente clara, es aquel en el cual el cliente es incongruente tanto en un momento determinado como en un período de tiempo y, por lo tanto, el mensaje resulta invertido. Específicamente, una de las participantes en nuestro seminario estaba trabajando en unos patrones que ella había desarrollado en su sistema familiar original. Como ocurre con muchos, sino con todos nosotros, que hemos tenido dos adultos actuando como nuestros padres, sus padres discrepaban acerca del trato que ella debía recibir. Y, como es el caso de muchos, sino de todos nosotros, la niña se ve enfrentada con la gigantesca tarea de integrar los mensajes conflictivos que recibió de sus padres. Uno de los participantes del seminario comenzó a trabajar con ella en torno a estos patrones, y notó lo siguiente: cuando Elena se dirigía a su padre (en fantasía), ella se paraba derecha, con los pies separados, con la mano izquierda sobre su cadera, mano y brazo derechos extendidos con el índice apuntando, voz quejumbrosa y afirmaciones típicas tales como: