UNA MIRADA DESDE LA HISTORIA DE LA BELLEZA
2.4 El siglo XVIII, la conquista de la percepción y la sensibilidad
Los criterios de belleza se transfiguran indiscutiblemente, deja de concebirse como algo absoluto, se renuncia a los ideales para interpretarse ahora de manera relativa,
62 los sentimientos se imponen así como el reconocimiento a través de los sentidos. Se percibe una liberación de la globalidad de criterios y se particulariza la noción de perfección estética.
Los artistas de la época buscan capturar el momento preciso que permita expresar esta nueva tendencia, tiene que ver también según Vigarello (2009) con la elección de los ángulos, con las miradas en picada, con las perspectivas que revelan los perfiles olvidados; además de las “vistas de la espalda, sobre todo, o en tres cuartos, sistemáticamente estudiadas para retener mejor el instante o capturar una dinámica y una estética largamente descuidada” (Vigarello, 2009, p.96).
Para tal caso, y en evidencia a estas intenciones se suman los esfuerzos planteados por: Watteau, Boucher, Chochin, Starobinski, Fragonard, por mencionar algunos de los más destacados. Como ejemplo, en la obra tomada como referencia de Watteau, se destaca el manejo de posturas, ángulos y movimientos poco trabajados hasta entonces, especialmente la manera en que se vislumbran levemente las caderas a través de la caída ropaje así como se insinúa uno de los pies.
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L'Enseigne de GersaintdeJean-Antoine Watteau, 1720.
Óleo sobre lienzo, 163 cm × 308 cms., Charlottenburg Palace, Berlin
Tomado de: http://en.wikipedia.org/wiki/L'Enseigne_de_Gersaint
En “El desliz” la posición carente de equilibrio y verticalidad, característica propia del siglo anterior, hace una diferencia significativa en la manera de representar las formas corpóreas de la mujer, allí se exaltan el cuello, un torso natural y un ángulo posterior con relación al espectador.
El desliz (Le faux-pas),detalle. AntoineWatteau, 1717 Óleo sobre lienzo, 50 x 41 cms.Museo del Louvre, Paris. Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/El_desliz
64 En “La pequeña jardinera” no solo se registra el uso de una postura poco convencional hasta ahora, permanece la tez blanca con labios y mejillas enrojecidas (característica destacada en el siglo anterior) y la captura de una mirada desprevenida. La novedad radica en la exhibición de los pies que hasta entonces cumplían con la función de zócalo o pedestal.
La PetiteJardiniéredeFrancois Boucher, 1740.
Roma, Museo Nacional de Arte Antiguo
Tomado de: http://www.posterlounge.co.uk/la-petite-jardiniere-pr196216.html
Es necesaria la coherencia entre la armonía de las partes del cuerpo y las acciones del mismo (Vigarello, 2009, p. 101), la estética en este momento no se encuentra en los fragmentos, surge en la relación que se establece entre cada uno. La fuerza
65 en los ropajes que ocultan la anatomía hacia 1760, no siempre permiten visualizar los contornos pero continua el privilegio por las partes superiores.
Ahora bien, el interés por el contorno de las caderas y su funcionalidad asociada a la gestación se ponen a la orden de este periodo, asignando un único destino a la mujer, la maternidad. Es con la llegada del Iluminismo que se plantea “una lógica de la estética femenina y la lógica del poder masculino” (Vigarello, 2009, p. 106). El lugar dado a la mujer responsable de engendrar y criar está en los espacios privados, es señalada de no ser capaz de participar en la vida pública y de esta manera pueda encargarse de una labor tan importante como la formación de la niñez. Propósito que en lugar de enaltecer su labor, la condiciona y somete, “la finalidad y forma de su cuerpo, incluso su belleza, la mantendrán dominada” (Vigarello, 2009, p. 106).
Entonces, surgen reacciones en cuanto a las posibilidades de participación pública, es el caso poco frecuente de mujeres vinculadas al ejercito de manera clandestina, renunciando a su deber primordial, la procreación. Propiciando a su vez y de manera sigilosa una conciencia de las formas propias del cuerpo. El enfoque continuo siendo tradicional a pesar de los reflejos vistos en las manifestaciones artísticas propias de la época. Así pues, se enfatiza en una doble función establecida, se da prioridad al acto de concebir y atraer al hombre, su cuidado al llegar extenuado por su trabajo (característica de los siglos XVI y XVII), pasa a un segundo plano.
En contraste, la liberación del corsé por cuestionamientos estéticos y anatómicos propicia otras independencias hasta el punto de convertirse en un elemento
66 simbólico de libertad. La parte superior del cuerpo al estar tan apretaba pierde sus funciones y en consecuencia su belleza, por tal razón, los primeros en renunciar a su uso fueron los niños, en los que se observan posiciones más flexibles y movimientos más libres. A pesar de estos cuestionamientos y debido a la función social dada, se mantiene su uso en la mujer con ciertas particularidades y transformaciones que favorecen simplemente en la modificación de materiales que ofrecen mayor comodidad y flexibilidad.
Evidentemente aún existe resistencia por presentar las partes inferiores del cuerpo, incluso para mostrarlo a través de un espejo. Es por esta razón que su uso se hace solo con formatos máximo de tamaño mediano, permitiendo así, examinar y particularizar solo ciertas partes como el rostro y busto, prácticas que se asocian con actitudes libertinas. No existe evidencia de uno que abarque el cuerpo de manera global.
La Comparaison (detalle), J. F. Janniet 1770 cabinet des estampes
Tomado de: http://conchigliadivenere.wordpress.com/2011/11/25/jean-francois-janinet-1752-
67 Las transformaciones se extienden presentando mayor interés a las particularidades del individuo, la mirada deja de ser apertura del alma para convertirse en símbolo de singularidad del sujeto (Vigarello, 2009, p. 114). Las técnicas empleadas en la realización de retratos se modifican, no se parte del dibujo pre construido como hasta entonces, predomina el rasgo inmediato y la línea captada del modelo vivo. En este periodo, se manifiesta la renovación del retrato en la pintura, se renuncia al modelo preconstruido del rostro a partir de la imagen previa y canónica del ovalo y los ejes de simetría, convirtiéndose en el rasgo inmediato, la textura presente y lo que muestra directamente el modelo vivo.
Por lo anterior, se identifican dos grandes vertientes en este periodo. En primer lugar, parámetros universales de belleza desde la contemplación de la silueta en conjunto determinado a partir de la sumatoria de características exaltadas en algunas de las partes del mismo (busto, caderas, equilibrio). Sin embargo, con el paso del tiempo estos convergen en la búsqueda dela belleza del individuo, dando reconocimiento a las singularidades del sujeto y a la apremiante presencia de sus pasiones y afectividades en la nueva encarnación de la belleza (Vigarello, 2009, p. 115).
Conjuntamente, el maquillaje y cosméticos obtienen apreciaciones diferentes, mientras se promueve lo natural y expresivo, al mismo tiempo se diversifican sus usos y disminuyen los señalamientos, se normaliza su práctica obteniendo aprobación médica y ampliación en su consumo. El fortalecimiento del cuerpo se expresa en términos de embellecimiento y de salud al mismo tiempo.
68 Las prácticas de embellecimiento se fortalecen de manera progresiva, la belleza del cuerpo se obtiene por la estimulación del mismo. Ahora, el valor otorgado a la piel da origen a los “baños de belleza”, el agua es el recurso más usado. En consecuencia, se amplía el uso de cosméticos para el cuerpo en conjunto (Vigarello, 2009, p.125), las prácticas de higiene se fortalecen así como el cuidado de la salud.