UNA MIRADA DESDE LA HISTORIA DE LA BELLEZA
2.2 Lo visible y lo oculto en el siglo
La Bella, Tiziano, 1536. Oleo sobre lienzo. 100 cm × 75 cm
Palacio Pitti, Florencia
Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/La_bella_(Tiziano)
Para este periodo de tiempo se vislumbran los inicios de la modernidad siendo la belleza el eje de diversos planteamientos y discursos. Sin embargo, particularmente son privilegiadas las partes superiores: el busto, el rostro y su extremo cuidado, así como una mirada de carácter celestial, a ellas se les confiere la cualidad de ser las únicas en lograr revelar la verdadera belleza.
53 Desde fines del siglo XV se acumulan retratos de mujeres en los talleres de los pintores, seleccionadas “no por su estatus social, sino por su belleza” (Vigarello, 2009, p. 18), generando admiración sobre un ideal de belleza, que al mismo tiempo muestra gran dificultad para describirlo. Así pues, se resalta la elección de las partes superiores de las inferiores, de aquellos lugares expuestos a la vista de los otros. Para tal caso, el enardecer la fuerza de la mirada es fundamental, mientras que el ocultar las piernas a través de los vestidos y el ensanchamiento de la falda se hace necesario, ya que éstas se convierten en el pedestal de las partes significativas del cuerpo, según los códigos morales que habilitan lo que debe permanecer expuesto y oculto. Entonces el rostro, busto y manos serán los exponentes de la estética física, su lugar darán origen a la idea de cercanía con lo celestial, jerarquizando verticalmente las partes.
Tales privilegios estéticos limitan el propósito de la mujer hasta el punto de convertirse en la finalidad de la misma: La belleza valoriza el género femenino hasta el extremo de parecer su culminación, lo que profundiza el nuevo auge de lo sensible y del gusto. Lo que también confirma un cambio en la cultura: el fortalecimiento del estatus de la mujer en la modernidad, a pesar de que este fortalecimiento no pueda superar la oscura y reiterada certeza de una inferioridad. (Vigarello, 2009, p. 28)
Así pues, la belleza se convierte en una cualidad propia y exclusiva de la mujer como lo es para el hombre la fuerza. Ella es creada para el otro, pensada para su
54 servicio y placer, su exaltación se presenta verdaderamente en la literatura mas no en su realidad, en la que conserva una posición inferior. En tanto, sí mayor es su belleza o perfección estética mayor es su valor moral asociando al mismo tiempo, lo “feo” con el pecado, asignando cualidades físicas a los códigos morales establecidos. De ahí el planteamiento de tres categorías: la “belleza sediciosa” usada para definir a aquellas mujeres seductoras en sus movimientos que alteran considerablemente el contorno de su cuerpo, culpable de provocar reacciones “animales” en el hombre con el fin de retenerlos, entre ellas las amantes y prostitutas; la “belleza remilgada” encarnada en aquellas que en su mirada y movimientos discretos obtienen el control, por la tanto, al igual que en la anterior ambas dignas representantes del mal; mientras que la “belleza religiosa” se le atribuye solo a la mujer hermosa interior y exteriormente, de excelencia física y moral (Vigarello, 2009).
Entonces, se muestra una relación clara entre las características físicas, la forma de mostrarse y relacionarse acompañadas de juicios de valor que concluyen en una “estética moralizada” como lo plantea el autor. Prueba de una belleza dominada, ratificando como correcto y apropiado a un rostro luminoso y ovalado, movimientos discretos, partes inferiores cubiertas y casi inmóviles como zócalo. Muestra de un prototipo ya planteado por Liébault en su tratado de belleza aludiendo a cualidades puntuales de “modestia, humildad y castidad” (Vigarello, 2009, p.36).
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Cabeza de mujer de Leonardo da Vinci, 1480.
Óleo sobre tabla. 27 x 21 cm.
Galería Nacional de Parma. Parma. Italia.
Tomado de: http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=3687
Las diferencias sociales a su vez dan cuenta de una enunciación del cuerpo, la pesadez y ropa mal arreglada en oposición a talles apretados y formas estilizadas símbolo de refinamiento y distinción. Sin embargo, la constante dificultad para definir los absolutos de belleza, no impidieron sus innumerables intentos especialmente por medio de juegos literarios y de esta manera concluir con el establecimiento de un prototipo de molde de perfección estética propia del
56 Renacimiento: alargadas las manos, el talle y el cabello; pequeñas la cabeza y la nariz; rojas las uñas, mejillas y labios; breves los pies, orejas y dientes (como se cita textualmente en Vigarello, 2009, p.42). También, otras partes del cuerpo se ven considerablemente afectadas, se produce una reducción en las proporciones de la cadera y los senos y la constante postulación de fórmulas definitivas, conlleva al planteamiento de un canon o ideal.
Piero de la Francesca, Durero y Da Vinci se ocuparon de analizar y establecer características y medidas unívocas de la proporción absoluta de la figura humana. Sus postulados, diferentes en su estudio, pero con una misma intensión dan cuenta de tal preocupación que en definitiva demuestra la imposibilidad de establecer una unidad de criterios. Cifras que distancian el reconocimiento del cuerpo en su representación social, en su globalidad.
Así pues, la sumatoria de estas particularidades sitúa la belleza en al ámbito de lo natural, oponiéndose enérgicamente al artificio. Se rechazan los afeites y el maquillaje por tradición a las arcaicas creencias religiosas, donde estas prácticas son consideradas impuras, “la belleza no puede ser buscada, puesto que es dada por los favores de Dios” (Vigarello, 2009, p. 46).
No obstante, y a pesar del rechazo, paulatinamente se generan cambios en estas creencias medievales. Surge el uso de ungüentos, pomadas y cosméticos para el cuidado de la tez y principalmente para blanquear el rostro. Generando transformaciones considerables en los modelos impuestos hasta ahora, pero al
57 mismo tiempo confirmando el valor dado a las partes superiores. Sin embargo, es importante mencionar la posibilidad de acceso a los mismos, teniendo en cuenta las diferencias sociales y económicas, difícil de contemplar con un salario promedio debido a sus elevados costos, llevando al uso de diferentes materiales como sangre caliente de pollo o al descubrimiento de las maravillosas propiedades del agua, entre otros.
La aparición de dietas para adelgazar no se hace esperar, trayendo con ella el uso del corsé, otro modo de estrangular el vientre y así obtener el talle esbelto anhelado. Y con su llegada y uso se suscitan cambios en la forma de vestir y de mostrarse, emergen de lo oculto las piernas y los pies. Se transforma la manera de vestirse y se acentúa una lectura vertical y jerarquizada del cuerpo.