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REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

2.3.4.2-SIGNOS CLÍNICOS, PATOGENIA Y LESIONES

En la besnoitiosis bovina, la mayoría de animales resultan infectados de forma subclínica (Pols, 1960; Bigalke, 1968), pudiendo actuar como portadores asintomáticos de la enfermedad. Según Jacquiet y cols., la incidencia de casos clínicos de besnoitiosis bovina puede variar dependiendo de si la enfermedad se encuentra de forma endémica (1-10% de casos por año) o emergente (15-40% de casos por año) (Jacquiet et al., 2010). Las muertes se producen principalmente durante la fase crónica, con una tasa de mortalidad que ronda el 10% (Pols, 1960; Bigalke, 1968). Sin embargo, la mayor parte de los animales afectados consiguen sobrevivir, generalmente tras un lento periodo de convalecencia. Algunos autores han descrito en la bibliografía una recuperación clínica parcial tras la infección con una apreciable disminución de los quistes tisulares en aquellos animales infectados crónicamente (Frey et al., 2013).

Una vez los animales se infectan, la besnoitiosis bovina puede presentar un periodo de incubación que oscila entre las 2 semanas y los 2 meses (Álvarez-

García et al., 2014). El desarrollo de la enfermedad presenta un cuadro clínico con tres fases consecutivas de intensidad creciente: una fase inicial aguda febril, seguida por una fase subaguda de edemas y finalmente una fase crónica de esclerodermia.

Fase aguda febril:

Al inicio, la infección se caracteriza por la aparición repentina de hipertermia (de 40 a 42ºC), reflejo del estado de parasitemia y de la rápida multiplicación de los parásitos en el organismo. Durante esta fase, los taquizoítos invaden macrófagos, fibroblastos y células endoteliales de los vasos sanguíneos causando vasculitis, trombosis, hiperplasia y necrosis de vénulas y arteriolas. Esta fase suele durar de 3 a 10 días, y los animales pueden presentar además de fiebre otros signos inespecíficos tales como depresión, taquicardia, taquipnea, congestión de mucosas, petequias, epífora (Figura 10a), descarga nasal serosa (Figura 10b), anorexia, pérdida de peso, disminución de la producción láctea y empeoramiento de la condición corporal. Algunos autores describen también la posible aparición de abortos en hembras gestantes durante esta fase aguda de la enfermedad (Pols, 1960; Juste et al., 1990).

Figura 10: Animales en fase aguda de besnoitiosis bovina con epífora (a) y descarga nasal serosa (b) (Alzieu et al., 2011).

Esta fase de la besnoitiosis bovina puede pasar a menudo desapercibida o incluso ser confundida con otras afecciones. Sin embargo, es muy importante reconocer la infección en este punto ya que los únicos

tratamientos disponibles en la actualidad son principalmente eficaces durante esta fase.

Fase subaguda de edemas:

El aumento de la permeabilidad causado por el daño vascular pronto resulta en la fase subaguda de la enfermedad con la aparición de edemas, inicialmente localizados en áreas de la cabeza y cuello. En los casos más severos, se puede detectar incluso edema alveolar e intersticial en los pulmones, causando alteraciones respiratorias. Conforme la enfermedad progresa, la temperatura desciende y la aparición de edemas se extiende a las extremidades y zonas más declives del cuerpo (sobre todo en codos, mamas y escroto) (Figura 11a y b). Los ganglios linfáticos más superficiales pueden aparecer inflamados y las extremidades rígidas. Los edemas presentes en las articulaciones causan dolor al movimiento pudiendo llevar a los animales a desarrollar cojeras permanentes del miembro posterior. Esta fase de la infección puede durar de 1 a 4 semanas.

Figura 11: Animales infectados por B. besnoiti en fase subaguda con edemas en extremidades (a) y mamas (b) (Alzieu et al., 2011).

Según Cortes y cols., los toros infectados por B. besnoiti suelen presentar orquitis aguda dolorosa durante esta fase (Cortes et al., 2005).

Durante la fase aguda y subaguda de la besnoitiosis bovina, los animales pueden presentar alteraciones de algunos parámetros de laboratorio como una reducción de la concentración de leucocitos y eritrocitos, un incremento

a

de las globulinas séricas totales y un aumento de la concentración de bilirrubina y de la actividad de las enzimas aspartato aminotransaminasa (AST) y creatin quinasa (CK). Estas alteraciones podrían ser reflejo de un estado de inflamación aguda, del empeoramiento de la condición corporal incluso de lesiones en la musculatura de los animales (Langenmayer et al., 2015).

Fase crónica de esclerodermia:

Al tiempo que los edemas se atenúan y la fiebre desaparece por completo, comienzan a presentarse otros signos clínicos como fotofobia, lagrimeo, descarga nasal mucopurulenta, engrosamiento, endurecimiento y plegamiento progresivo de la piel, además de alopecia, seborrea e hiperqueratosis (Figura 12a). En algunos casos podemos encontrar desprendimientos de piel esclerosada y aparición de grietas profundas en carne viva en las zonas de pliegues que a menudo pueden infectarse por gérmenes oportunistas o larvas de moscas (Castillo et al., 2009). De forma menos frecuente aparecen nódulos cutáneos característicos en las extremidades, orejas y dorso, incluso pueden llegar a observarse profundas cicatrices, principalmente en la zona de los pezones. Esta fase de la enfermedad, conocida como fase de esclerodermia, es la responsable de su denominación como elefantiasis bovina y está asociada al asentamiento del parásito en el tejido conectivo y a la formación de quistes tisulares con bradizoítos en su interior.

Los animales en peores condiciones presentan numerosos quistes parasitarios en el tejido conectivo, y la severidad de sus lesiones cutáneas está directamente relacionada con la carga parasitaria. Estos quistes se encuentran a menudo rodeados por un infiltrado granulomatoso inflamatorio (Dubey et al., 2013), incluso pueden llegar a desarrollar una neovascularización periférica. La formación de estos quistes suele ocurrir en la dermis (cuello, porción distal de las extremidades, escroto) (Figura 12b), en la conjuntiva esclerótica y en la mucosa del tracto respiratorio superior (rinario, laringe, faringe), aunque también pueden encontrarse en otros tejidos conectivos más internos como fascias, músculos, tendones, corazón y paredes de vasos sanguíneos. Recientemente se han detectado quistes del parásito en el corion laminar de animales infectados de forma severa,

asociados en la mayoría de los casos a una importante laminitis (Langenmayer et al., 2014a).

Los machos afectados clínicamente suelen presentar quistes de B. besnoiti en testículos, glándulas y conductos del aparato reproductor (Kumi-Diaka et al., 1981). Estos quistes aparecen con frecuencia acompañados de esterilidad temporal o permanente causada por una orquitis necrotizante que por lo general termina en atrofia e induración de los testículos (Cortes et al., 2005). Sin embargo, la fertilidad de los machos afectados de forma asintomática no resulta aparentemente alterada (Cortes et al., 2006a). En el caso de las hembras en fase crónica, los quistes parasitarios suelen presentarse en la mucosa del tracto genital inferior (vulva, vagina) (Frey et al., 2013) y endometrio (Nobel et al., 1981), generalmente acompañados de una reacción inflamatoria granulomatosa. Sin embargo, ni los quistes tisulares ni los granulomas parecen alterar el funcionamiento normal de los órganos afectados, sin comprometer por tanto la fertilidad de las vacas infectadas (Nobel et al., 1981). No obstante, el desarrollo de la enfermedad conlleva por lo general un impacto negativo sobre la producción de leche y un deterioro progresivo de la piel en la zona de la ubre de las vacas, lo que podría afectar negativamente al crecimiento de los terneros.

Los quistes tisulares aparecen a las 6-7 semanas PI y son fácilmente reconocibles en la conjuntiva esclerótica (Figura 12c), región vulvar y mucosa nasal mediante inspección clínica, lo que posee un importante valor diagnóstico.

Además de las lesiones cutáneas y la aparición de quistes parasitarios, la forma crónica de la besnoitiosis bovina se caracteriza también por producir pérdida de peso y un deterioro progresivo de la condición corporal, lo que habitualmente conlleva un desvieje precoz de los animales. Si la enfermedad sigue su curso, los animales pueden acabar postrados de forma irreversible, incluso llegándose a producir su muerte. Sin embargo, en algunas ocasiones los animales se recuperan lentamente quedando como único signo de enfermedad algunos quistes presentes en la conjuntiva esclerótica.

Figura 12: (a) Engrosamiento, endurecimiento, plegamiento e hiperqueratosis de la piel en un animal infectado por besnoitiosis bovina en fase crónica. (b) Engrosamiento de la piel de la zona escrotal causado por la formación de quistes de B. besnoiti en un toro infectado en fase crónica. (c) Quistes de B. besnoiti presentes en la conjuntiva esclerótica de un animal con enfermedad crónica.

Los parámetros hematológicos y bioquímicos de los animales afectados de manera crónica también pueden aparecer alterados mostrando una disminución de la concentración de los eritrocitos y una hipergammaglobulinemia, principalmente ligada a la inflamación crónica causada por el parásito (Langenmayer et al., 2015).

En un reciente trabajo realizado por Gollnick y cols. se ha comprobado que la severidad en el curso de la besnoitiosis bovina durante la fase crónica

a

aparentemente se corresponde con la detección de títulos elevados de anticuerpos en el suero y con altas cargas de ADN del parásito en la piel de los animales afectados (Gollnick et al., 2015).