5.2 ¿Para qué sirve el sistema nervioso?
5.5 Sistema nervioso y conducta
Ahora bien: ¿qué papel juega el sistema nervioso en la conducta? Partamos como siempre, de lo más evidente: en este caso, la ejecución motriz. La realización de cualquier movimiento en el espacio físico supone la activación de músculos, ligados a estructuras desplazables, que interactúan con puntos de apoyo en el medio circundante, y que le permiten moverse al animal, en totalidad o en parte. Los estudios macroscópicos y microscópicos, junto con las investigaciones fisiológicas pertinentes, llevados a cabo en los últimos siglos, permiten dibujar con bastante aproximación la participación de las estructuras nerviosas en la ejecución de los movimientos animales. Estas estructuras no están dispersas en el cuerpo sino reunidas en torno a un plan radial o central, dependiendo del tipo de animal, y con una reunión en estructuras centrales llamados ganglios. De hecho, en los cordados, el encéfalo puede ser conceptualizado como una suerte de ganglio gigantesco y único. Los cordados superiores cuentan con estructuras encefálicas precisas que están ligadas directa o indirectamente, a las instancias motoras, ejecutoras o «eferentes». La neurofisiología reúne conceptualmente buena parte de estas estructuras bajo el apelativo de «sistema motor».
En segundo lugar, desde el punto de vista cognitivo, está bastante clara también la relación existente entre los órganos de los sentidos y de la sensibilidad somática con las estructuras neurológicas, tanto en el llamado sistema nervioso periférico como en el sistema nervioso central. En el cuadro actual de nuestros conocimientos, por ende, podemos afirmar que en los vertebrados superiores, el órgano de la visión no es sólo el ojo, sino que debería incluir además al nervio óptico, los núcleos geniculados laterales del tálamo, la corteza visual primaria, la corteza visual secundaria, y las otras partes corticales asociadas a la visión (cortezas terciarias). Lo propio ocurre con el oído, el gusto, el olfato y el tacto.
A partir de esta descripción, podríamos decir que, en los animales con un encéfalo desarrollado, la mayor parte de las estructuras neurológicas tienen que ver, ya sea con los órganos de los sentidos, sus vías, sus estructuras corticales y sus centros, ya sea con las estructuras motoras o eferentes, sus vías, sus núcleos y sus correspondientes centros corticales.
¿Qué podemos decir de las relaciones entre comportamiento y cerebro, referidas al momento afectivo de la conducta? Las investigaciones neuroanatómicas y neurofisiológicas modernas revelan un interesante y complejo panorama. En primer lugar, destaca la estrecha vinculación que existe entre las estructuras encefálicas relacionadas con los afectos, (como por ejemplo la corteza hipocámpica, los núcleos amigdalianos, talámicos e hipotalámicos) con las estructuras del sistema nervioso autónomo y del sistema neuroendocrino. Si es cierto que la vida animal es como una «expansión» de la vida vegetativa, que se vierte hacia la exploración y ocupación del entorno, no es menos claro que esta posibilidad le es dada al viviente en la medida que la vida vegetativa sea
capaz de proveer las inmensas cantidades de energía físico-química que se requieren para el desempeño de esa nueva «aventura». Las nuevas necesidades de la vida animal tienen que estar, por lo tanto, en estrecha sintonía con las posibilidades de «financiamiento energético» por parte del metabolismo vegetativo. Por otra parte, no es menos cierto que las finalidades del comportamiento animal no son otras que las de incorporar nuevas posibilidades de satisfacción de las mismas necesidades biológicas, accediendo a más y mejores fuentes energéticas. En ese sentido, diríamos que la necesidad sigue siendo la misma, pero el modo de su satisfacción se ha hecho enormemente más complejo.
Por tanto, no es de extrañar que las estructuras neurológicas vinculadas al apetito y al deseo animal, se encuentren en estrecha relación con un sistema nervioso (autónomo), cuya función es justamente la de modular los niveles de funcionamiento metabólico en respuesta a las demandas de la conducta animal. En definitiva, el apetito radical del viviente por automantenerse y perfeccionarse es el mismo en el orden vegetativo y en el orden animal, sólo que en el comportamiento animal aparece una dimensión psicológica y comportamental del apetito natural de conservación, anteriormente inexistente.
Pensamos que todo lo que muy someramente hemos bosquejado nos permite afirmar que el sistema nervioso es «el órgano de la conducta animal». Entendiendo por «órgano» la base estructural que posibilita y condiciona el comportamiento, y entendiendo por animal aquel comportamiento que se sigue y que se guía por el operar de los sentidos. Lo anterior incluye, en el plano cognitivo, las operaciones aprehensivas internas como la percepción compleja, la imaginación, la memoria sensible y el instinto; en el plano de la afectividad, las emociones básicas de placer y dolor, deseo y aversión, junto a las emociones llamadas del «apetito de lucha», dirigidas a la superación de obstáculos y a la mantención perseverante de las conductas. Finalmente, en el plano ejecutivo, la conducta es completada por la compleja puesta en marcha de los patrones conductuales.
No obstante todo lo anterior, afirmando que el sistema nervioso es el «órgano» o «base material» que posibilita y condiciona la conducta animal, no hemos contestado todavía adecuadamente a la pregunta: ¿para qué sirve el sistema nervioso? Hemos visto que el sistema nervioso sirve materialmente a la conducta, y hemos determinado, desde un punto de vista práctico, que la conducta «sirve» a la conservación del animal. Nos falta sin embargo explicitar el significado o aporte objetivo del comportamiento animal al mundo de la vida para poder precisar mejor el papel que le cabe al sistema nervioso en ese marco. Más allá de la mayor o menor eficacia nutritiva o defensiva, nos falta responder: ¿qué gana el animal con el comportamiento? Más allá de conservarse en el ser: ¿hay «algo más» que aparece en la naturaleza con la aparición de la conducta animal?