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CONTEXTO GENERAL DE LA MUJER EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

1. El Sistema Patriarcal y la mujer

Adentrándome en el mundo de la mujer del Antiguo Testamento, sin dejar de lado a la mujer del mundo actual, en la que haciendo un recuento del modo de vida de ambas, continúan desarrollando unas mismas características sólo que en diferentes épocas y con mayores avances socioculturales, pero que si no es por el liderazgo de algunas que se atrevieron a romper las rejas y cadenas que el mundo les ponían, seguirían encerradas en las cuatro paredes de su hogar y de su alma, deseando volar más allá de sus pensamientos e ilusiones, pero atadas al miedo y a la fuerza del hombre.

38 El problema o la dificultad que se encuentra en los textos bíblicos, en este caso del Antiguo Testamento (donde centraré mi trabajo) es que “transmiten una visión androcéntrica de la historia, hecha por varones (clase dominante) desde su propio punto de vista y que consideran con toda naturalidad que el varón es el prototipo de la humanidad y la mujer es “lo otro” lo que se define por relación al hombre”49. La pregunta que surge es qué sería de

la historia, la tradición, la cultura y hasta de la sociedad, si este hubiese sido escrito por manos femeninas, a lo mejor sería a ellos a los que se les hubiese privado el poder tener una fuente histórica, o quizás también tendrían parte en ella, a manera de igualdad.

Para ampliar el panorama femenino del Antiguo Testamento, hago referencia a uno de los temas ya trabajados por muchos, pero que considero importante para mi trabajo, que es el patriarcado. Al hablar de patriarcado no me refiero a los patriarcas que la tradición y la historia bíblica nos han enseñado (Abraham, Isaac, Jacob), sino del poder dominante donde los hombres aparte de ser la cabeza de familia “son los personajes que hablan, deciden y actúan”50.

Es en su persona en quien se desarrolla las principales misiones de la comunidad y del hogar “lugar donde las mujeres corren los riesgos mayores, donde el clima de intimidad esconde la violencia física, psicológica y sexual”51, en donde se ejerce la dominación sobre

la mujer, un acto que puede parecer normal para la época, pero que en el fondo borra la sensibilidad y la inteligencia de la mujer. Esta forma de actuar se continúa dando actualmente en varios países del mundo, sin importar el estatus social al que se pertenezca. En el trasfondo sociocultural del judaísmo la mujer es propiedad del hombre, no tanto en su condición de esposa, sino como parte de los bienes materiales que éste posee, “el decálogo, Éx 20,17 enumera a la mujer entre las demás posesiones junto con el esclavo y la esclava, el buey y el asno”52. La mujer pasaba de estar sujeta a la autoridad del padre a la autoridad

del marido, por lo que su actividad se reduce en mayor grado a las tareas del hogar; “su personalidad se desarrollaba, sólo en virtud del matrimonio y la educación de los hijos”53,

49 Aguirr, La mujer en el cristianismo primitivo, 514, [Consultado 19 septiembre 2020]. 50 Neuenfeldt, “Violencia sexual y poder”, 40.

51 Ibíd.

52 De Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 58. 53 Caroll, “¿Es posible superar el dominio masculino?”, 58.

39 desde los primeros años de vida hasta los doce años, “los muchachos al salir de la infancia se confiaban sobre todo a su padre. Uno de los deberes más sagrados de éste era enseñar a su hijo, la enseñanza religiosa o la educación profesional”54. Las mujeres eran educadas en las labores del hogar, oficios que ejercerían al casarse.

La inferioridad que vive la mujer “va unida a la infravolación ético-moral: la mujer aparece en el mismo plano de los paganos, de los niños, los esclavos y las personas sin formación”55. Como podemos ver la mujer no era contada en el mundo israelita, tampoco

tenía acceso a los cultos religiosos que se realizaban en el templo y menos aún podían “leer la Torah, la circuncisión era para los varones, los cuales eran actos exclusivos de los hombres. Debían vivir en una sumisión total al marido y no tenían permitido hablarles en público”56.

Un acto de repudio que se ha generado a través de la historia hasta nuestros días en contra de la mujer, haciéndola ver como la que ha perjudicado la vida del hombre y del ser humano en general, lo encontramos en el libro del Génesis: Y como viese la mujer que el

árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió (Gn 3,6).

La lectura e interpretación de este capítulo del Génesis y en especial del v.6 realizada de manera literal ha sido algo “decisivo para la discriminación femenina en la tradición judía”57. Ocasionando tanto en ese tiempo como en el transcurrir de la historia que el

hombre crea que está en todo su derecho y libertad de tratar y someter a la mujer del modo en que lo hace, creyendo que ellas “representan el origen del pecado y la seducción del hombre”58, olvidando que Dios creo a la mujer también a imagen y semejanza de Él, macho y hembra los creo (Gn 2,27).

En el texto bíblico sobre la creación, la mujer aparece como el ser que el hombre necesita para que no esté solo, y a diferencia de los animales que fueron formados de arcilla, Dios la

54 De Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 87. 55Ibíd., 9.

56 Ibíd., 58.

57 Alcalá , “Emancipación femenina”, 107. 58 Ibíd., 16.

40 crea desde la misma sangre y carne del hombre, por lo que en ellos hay una unidad, “una solidaridad y correspondencia que constituye el relato de la creación, en donde el pecado y la maldad se oponen, diametralmente”59 al bien realizado por Dios. Se ha de tener en cuenta

que no es la mujer la que tienta y seduce, ella es la tentada y seducida en su ingenuidad: la

serpiente me sedujo, y comí (Gn 3,14), una ingenuidad que posee también el hombre al

igual que la seducción, pero al parecer son características que sólo poseen las mujeres. Si somos consecuentes con lo relatado en el texto, la mujer acepta su irresponsabilidad al dejarse tentar y pecar en contra de la Palabra y voluntad de Dios, mientras que “el hombre, Adán, intenta eximirse de su responsabilidad culpando a Eva […] actuando únicamente por complacer a su mujer”60: la mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.

Ambos son culpables, ambos sabían que no podían comer del fruto prohibido, pero tristemente la culpa recae sobre la mujer, que debe empezar a vivir y cargar con un doble pecado el de ella y del hombre Adán, doble culpa que ha de llevar encima por la eternidad. Debido a la mala interpretación de los textos bíblicos, sobre todo los primeros capítulos del Génesis, donde se llegó a entender que el pecado recae sobre la mujer, obviando la obra creadora de Dios que “en orden de la gracia, la mujer tiene la misma dignidad que el hombre, pero en orden a la creación está subordinada”61, ocasionan que la mujer quede

sometida a la dominación masculina, es decir, al patriarcado. Por consiguiente,

…las personas y sus actividades se dividan en importantes y no importantes, en dignas de ser consideradas por la historia o estar ausentes de ella. Desarrollando a su vez ciertas tradiciones que no solo han excluido a las mujeres del espacio público y sagrado, del estudio y práctica de la ley, del cultivo de unas habilidades y una capacidad intelectual, asociadas a las funciones del ejercicio de la autoridad. Para justificar estas estructuras de dominio, la ideología de la supremacía masculina ha establecido firmemente el presupuesto secreto y omnipresente de que los varones son los únicos que importan, mientras que las mujeres existen únicamente por referencia a ellos62.

59 Merode-de Croy, “Papel de la mujer en el Antiguo Testamento”, 89. 60 Cfr. Ibíd., 89-90.

61 Halkes, “Teología feminista”, 122.

41 Si realmente la mujer no importara el sistema patrilineal no existiría. La mujer juega un papel importante dentro de la generación de la sociedad, aunque no se mencione del todo, su papel matrilineal, no expresado en el sentido feminista de matriarcado, resalta por su capacidad de procrear. Pero es mucho más que eso. La mujer era tomada en cuenta a la hora de dar a luz, si el hijo era varón, porque en él perpetuaba la raza, el nombre y se preservaba el patrimonio, en cambio las hijas eran menos estimadas63 y no contaba en la sociedad.

Es curioso ver cómo en el sistema patriarcal la mujer se reduce a menos, pero sin ellas la continuidad de la generación masculina no sería posible sin un descendiente varón; así como “el origen de las mujeres es también decisivo para la selección o la exclusión de cada descendiente en el sistema genealógico […] la jerarquía de las madres determina el rango de los hijo y de los nietos”64. Esto nos lo confirma Roland de Vaux cuando expresa que el

matriarcado posee como “característica la determinación del parentesco por la madre. El niño pertenece a la familia y al grupo social de la madre, no al del padre, y los derechos a la herencia se fijan por la descendencia materna”65.

Para detener esta tendencia del patriarcado que se sigue viviendo en el mundo de manera generalizada, sin importar la condición a la que se pertenece y en donde el androcentrismo continúa cerrando las puertas a las mujeres, se hace necesario de manera urgente ir cortando desde pequeños en los niños y niñas esa mentalidad que se nos ha impuesto a ambos géneros, de que la mujer no tiene más derechos de los que el hombre le permite. Lo ideal de todo esto es que al menos desde la educación tanto de sus hogares como en los colegios se les inculque el aprender a valorar sus vidas, y ellas mismas empiecen a utilizar estas redes para dar a conocer el ejemplo de aquellas mujeres que cada día se levantan a luchar por construir y hacer realidad sus sueños de ocupar un puesto digno en la sociedad, donde se les respete y valore por lo que son, por su esfuerzo e inteligencia. Para ello también se necesita del apoyo de sus padres, hombres abiertos y dispuestos a ayudar a

63 De Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 78.

64 Hieke, “La genealogía como instrumento de representación histórica en la Torah y el papel de las mujeres

en el sistema genealógico”,192, 203.

42 crecer a sus hijas, sin juzgarlas, desvalorizarlas y mucho menos imponer su dominio sobre ellas.

Expresa Halkes que para cambiar esta mentalidad y actitud patriarcal

….tenemos que convertirnos, a dejar de considerar a la mujer como propiedad suya, convertirnos del androcentrismo que sigue dejando a las mujeres marginadas y del dualismo machista que hace de la mujer «el otro», la degrada y proyecta sobre ella todos los rasgos que el hombre no se atreve a cultivar en sí mismo por ser inferiores y se los atribuye a la mujer66.

En síntesis, la sociedad necesita del poder y la fuerza de la mujer que transforman desde el corazón sin destruir, sino construyendo un mundo fundamentado sobre el núcleo familiar, en donde el patriarcado dominante que nos ha acompañado a lo largo del tiempo se convierta en un sistema patriarcal-matriarcal incluyente, que valore y ayude a la mujer en su desarrollo integral, donde el marido confíe plenamente en ella todos los días de su vida,

le agradezca el fruto de su trabajo y sus hijos aprendan a felicitarla (Pr 3,11; 31,28).