• No se han encontrado resultados

Exigimos aventura. Estamos comprometidos con la transformación de la vida presente. Queremos crear situaciones, situaciones nuevas, en ruptura con las leyes que previenen el desarrollo de acontecimientos significativos en la vida y en la cultura. Nos hallamos al albor de una nueva era, y ya intentamos sugerir la imagen de una vida más plena.

Internacional Situacionista

Acaso la idea central que emana de la IS a lo largo de su trabajo es la convicción de que el mundo y la vida deben ser reconstruidos no bajo el signo de la economía sino bajo una creatividad generalizada. El proyecto situacionista apunta a una subversión y una superación de todas las formas de enajenación que castran la creatividad individual. El concepto de situación es sin duda la piedra angular de dicho proyecto, en torno al cual se articulan el urbanismo unitario, la deriva y la tergiversación; por eso mismo, resulta el concepto más difícil de definir. En el artículo Informe sobre la construcción de situaciones, Debord sostiene que “es tarde para hacer arte, pero demasiado pronto para construir situaciones plenas (Knabb, 17).” De esta frase se desprende no sólo el deseo de superación del arte que atraviesa constantemente el pensamiento situacionista, sino también el carácter inacabado del concepto de situación. La labor de la IS durante sus quince años de actividad ha de comprenderse como la preparación de un terreno favorable a la creatividad, como el refinamiento de diversas técnicas para crear situaciones. El tono proyectivo de su discurso queda consignado en el siguiente afirmación: “el creador que duerme debe despertar, y ese despertar puede ser denominado situacionista (Knabb, 61)”.

Las acciones revolucionarias que los situacionistas pretendían sembrar en la cultura y la cotidianeidad del espectáculo no tenían por objetivo una teorización de la vida. Al contrario, los situacionistas vieron la necesidad de alzar un andamiaje teórico para justificar una filosofía de la praxis, cuyo propósito sería, en términos gruesos, ofrecer medios de acción en la lucha por el dominio de la propia vida y hacer de la existencia algo apasionante. “No deseamos meramente expresar o traducir la vida, sino alargarla, ampliarla, intensificarla; hacer retroceder la desgracia y el dolor (Knabb, 15).” En palabras de Daniel Blanchard, el proyecto situacionista se puede resumir como el intento de unir dos espíritus, dos actitudes frente a la vida: Marx y Rimbaud. Los situacionistas buscan poetizar la vida individual (Rimbaud) para revolucionar lo social (Marx). A sus ojos, lo uno y lo otro no riñen sino que se implican mutuamente56.

Ahora bien, ¿qué significa poetizar la vida cotidiana en el contexto de posguerra? Dice Vaneigem que la poesía “es la organización de la espontaneidad creativa, la explotación de lo cualitativo (…). Poesía es lo que los griegos llamaron ‘poiein’, hacer, pero un hacer restituido a la pureza de su momento de génesis. La poesía ha de encontrarse en otro lado: en los hechos, en los acontecimientos que suscitamos. La poesía de los hechos, que solía ser marginal, se halla ahora en el centro de nuestras preocupaciones, en el centro de la vida cotidiana. (…) La verdadera poesía no tiene nada que ver con escribir poemas (Vaneigem, 2006, 200).” La poesía a la que se refiere Vaneigem ha de residir en actos individuales y en la búsqueda apasionada de nuevas prácticas de vida. A la pregunta esteticista ¿qué sentido dais a la palabra ‘poesía’?, los situacionistas responden: la poesía se lee sobre el rostro de los hombres. Bajo tales premisas sólo es posible superar el arte en la medida en que éste se realice en cada uno de los individuos, por medio de la reivindicación de las potencias creativas ínsitas en ellos.57

Después de Dadá, no es desacertado pensar que la poesía en los libros ha muerto. Sin embargo, los situacionistas creían que ésta ha de encontrarse ahora bajo la forma de ciudades y ser leída en los comportamientos creativos de los individuos. “Poesía, sí:

56 “No existe otra igualdad que la que mi voluntad de vivir según mis deseos reconoce en la voluntad de

vivir de los demás. La igualdad revolucionaria será indisolublemente individual y colectiva (Vaneigem, 1988, 47).”

57 El artículo La miseria de la vida estudiantil concluye con una reflexión pertinente a este respecto: “La

única poesía que reconocemos es la creatividad libre y la construcción de todos los momentos de la vida; la poesía hecha por todos para desencadenar un festival revolucionario. En adelante, las revoluciones serán fiestas o no serán nada, porque lo festivo es la llave de la vida que anuncian. El juego será su principio rector, y sus única reglas, vivir sin tiempo muerto y gozar sin restricción (Knabb, 429).”

pero dentro de la vida. No hay retorno posible a la escritura surrealista como tampoco a sus comportamientos y escenarios. Expresión, sí: pero en el sentido de la expresión total de sí mismo (enmascarada y falseada bajo el lugar común de la “libertad de expresión”), es decir, la realización de sí mismo a través de acciones concretas y también a través de nuevos medios de comunicación (Debord, 2009, 177).” La nueva poesía ha de ser entonces construida en los actos que componen la vida cotidiana. El juego de creación situacionista58 atiende a esta perspectiva activa de lo poético, y se presenta como una

alternativa al tiempo libre cuyo fin es ampliar la parte no mediocre de la vida, disminuir tanto como sea posible los momentos nulos, pasivos, de la existencia; en última instancia, sabotear los mecanismos según los cuales la mercancía regula la vida cotidiana. En este sentido, la situación es definida por Asger Jorn como una realización colectiva (no escrita) de la poesía. Ahora bien, todo el esfuerzo teórico de los situacionistas reside en construir un concepto crítico de situación; y, para tal propósito, se vieron obligados a reformular constantemente su contenido.

A propósito de esta concepción ambivalente de la creación y la poesía, sobre la cual se desarrolla el concepto de situación, Giorgio Agamben anota lo siguiente:

Nada sería más ilusorio que pensar la situación como un momento privilegiado y excepcional en el sentido estético. La situación no es ni el devenir arte de la vida ni el devenir vida del arte. La naturaleza real de la situación sólo se comprende si se la sitúa históricamente en el lugar que le corresponde, es decir, después del final y de la autodestrucción del arte y después del paso de la vida por la prueba del nihilismo. (…) Al capitalismo, que organiza concreta y deliberadamente sus ambientes y acontecimientos para despotenciar la vida, los situacionistas responden con un proyecto no menos concreto, pero de signo opuesto. Su utopía es, una vez más, perfectamente tópica porque se sitúa en el tener lugar de aquello que pretende derribar (Agamben, 67).

A grandes rasgos, la práctica de crear situaciones podría sintetizarse de la siguiente manera: una situación construida es una unidad espacio-temporal de vida que prefigura

otra vida y que, por ello mismo, anuncia otra sociedad; constituye así la puerta hacia nuevos deseos. La situación se concibe de tal modo que sus fabricantes la experimentan y participan en ella. No se trata de una acción abstracta, tampoco de un instante fugaz de lucidez, sino de un presente que se construye. Tal espacio se dispone en aras de liberar la tendencia humana a jugar (y jugar es, dicen los situacionistas -en tanto sinónimo de

58 El juego aporta una posibilidad dinámica de desprenderse de los hábitos y comportamientos

vivir- lo más serio que hay59). La situación establece un campo de dinamismo dentro del

cual se busca producir una proliferación concreta de emociones y deseos. En la situación, cada quien tiende a aquello que le atrae; los involucrados (no ya actores, dice Debord –la división entre actor y espectador tiende a desaparecer- sino vivientes) responden a la realidad una vez su deseo ha sido puesto en marcha60. Crear una

situación equivale a tender un puente entre los medios de acción actuales y aquellos que habrían de venir, entre las posibilidades presentes y las futuras. Resuena en ello aquel imperativo de Píndaro reproducido por los situacionistas en diversos textos: llega a ser el que eres.

Si bien puede parecer un tanto nebulosa, la naturaleza de la situación se esclarece cuando pensamos que Debord y sus compañeros estaban intentando ante todo provocar una crisis en la idea de felicidad asociada al espectáculo. Los situacionistas oponen la felicidad en tanto abundancia de bienes a la felicidad como abundancia de situaciones. Ahora bien, nuevas situaciones corresponden a nuevos afectos, distantes de la enajenación del espectáculo. Se trata con ello de dar libre curso a la creación de acontecimientos, para lo cual la vida y el arte han de sufrir una necesaria metamorfosis; más allá del espectáculo, más allá del arte, todos somos situacionistas: jugamos, es decir, vivimos61. En efecto, los miembros de la IS no aceptaban que la pasión por crear

continuara constreñida a la producción mecanizada o al consumo espectacular. La espontaneidad, afirman, es un modo de existencia de la creatividad, una precondición para la realización de la poesía como acto subversivo: “La espontaneidad,” dice Vaneigem, “es una experiencia inmediata, una conciencia de lo inmediato-vivido que resulta amenazada por doquier pero no aún alienada, no aún relegada a la inautenticidad. El centro de la experiencia vivida es aquel lugar donde cada quien se acerca más a sí mismo, dentro de este singular espacio-tiempo (Vaneigem, 2006, 195).”

59“Ya sabemos que nada hay más serio que el juego, que aventura el ejercicio de la libertad por entre los

condicionamientos materiales, sociales o del azar. El juego nos protege –pero con qué riesgos- del más repugnante de los conforts, que para Debord es el sustituto enmascarado de la muerte: el confort de la repetición. Sin embargo, esta seriedad del juego responde también a una virtud que éste siempre tiene, a saber: que todo juego (y en particular la acción del revolucionario) es juego del mundo. Tarot, ajedrez o go, el soporte material y las reglas del juego componen una analogía del mundo y cada partida o cada golpe reordena el mundo y lo recomienza (Blanchard, 90).”

60 A este respecto son dicientes algunas consignas situacionistas que más tarde hallarían su lugar en las

paredes de Mayo del 68: “La revolución es deseo, y el deseo revolución”. “Es la vida la que exige creación, y la belleza es la propia vida.”

61 “La voluntad de vivir extrae su coherencia y vitalidad de la unidad de un proyecto tripartito: la

El pensamiento de la IS puede abordarse como el de una vanguardia que subvierte la cultura; empero, su ‘poesía’ no es escrita sino atada a la situación. La IS se politiza en la medida en que reconoce que subvertir la cultura es subvertir la sociedad. Una de las exigencias primordiales en el pensamiento situacionista, hacer de la vida una perpetua aventura, no es más que un llamado a la participación activa en dicha construcción de situaciones. En oposición a la industria del ocio y los roles pasivos que ésta engendra, la IS creía que “el aventurero es aquel que crea sus propias aventuras, no aquel a quien le suceden aventuras (Jappe, 58).” Pues bien, el anhelo de aventura halló su máxima expresión en el acontecimiento histórico de Mayo del 68, desatado en buena medida a causa de la participación activa de los situacionistas tanto en los eventos iniciales en la Universidad de Nanterre, como en su posterior evolución en la capital francesa.

Dentro del llamado a construir situaciones, el Mayo del 68 constituyó sin duda un acontecimiento espontáneo de rechazo a la uniformidad, al hastío, una agitación cualitativa o, en palabras de Vaneigem, un solo gesto de poesía revolucionaria. En las calles de París se expresó esa “lucidez combativa en la que la crítica de la organización de la vida no se separa de la puesta en práctica inmediata de un proyecto de vida diferente. Sí; no hay construcción posible más que sobre la base de la desesperación individual y su superación (Vaneigem, 1988, 29).” El Mayo del 68 concretó en la cotidianeidad la voluntad ilimitada de libertad y participación que tanto buscaban despertar los situacionistas. Cuando Lefebvre pugnó con Debord y sus compañeros tras varios desencuentros teóricos y personales, comentó cuán ridícula le parecía la esperanza de crear situaciones. ¿En verdad creen posible, preguntaba Lefebvre, que los individuos decidan un buen día abandonar sus trabajos, suspender todas sus actividades ligadas a la mercancía, y hacer de la vida un juego espontáneo de creación?62 Pues bien,

fue justamente eso lo que ocurrió en el Mayo del 68, acaso la única situación digna de tal nombre.

62 Las palabras precisas de Lefebvre fueron: “Los situacionistas no proponen una utopía concreta sino

abstracta. ¿En realidad imaginan que un buen día la gente se mire y se diga: ¡suficiente, estamos hartos del trabajo y del aburrimiento!, para luego proceder al Festival eterno y a la creación de situaciones? Si bien esto ocurrió una vez, en el amanecer del 18 de Marzo de 1871, tal combinación de circunstancias jamás volverá a acontecer (Knabb, 291).”

Conclusión

Tomar partido a favor de la vida es, de suyo, una decisión política.

Raoul Vaneigem

¿Qué significa que aún sea demasiado temprano para construir situaciones? Que las condiciones materiales se prestan para ello pero que las técnicas situacionistas aún deben ser desarrolladas; por ello, creían Debord y sus compañeros, es necesario iniciar con una fase de experimentación a pequeña escala. Sin embargo, el proyecto situacionista de revolucionar la vida cotidiana estalló en su máxima expresión con unas dimensiones de influjo nada desdeñables. En efecto, el Mayo del 68 no sólo abrió el terreno para dicha experimentación sino que aceleró con ello la toma de conciencia masiva sobre las formas espectaculares de enajenación.

Al recordar su participación en el Mayo del 68 junto a René Viénet y algunos otros miembros de la IS, Daniel Blanchard formula la siguiente pregunta: “Deseo de revolución: ¿podría ser que la carga energética de esta palabra, que durante más de dos siglos ha levantado a los pueblos y hecho saltar edificios históricos seculares, se encuentre hoy en día extenuada, hasta el punto de no subsistir ya más que como una tenue carbonilla en lo más profundo de la nostalgia de algunos individuos? (Blanchard, 29).” Si bien esta pregunta estaba tácita en nuestro discurso desde la reflexión sobre el arraigo marxista de los situacionistas, no sobra traerla a cuento en palabras de un individuo que vivió en carne propia la experiencia revolucionaria del Mayo. En seguida, Blanchard se responde: “Creo que ahí hay una ilusión, o al menos eso es la apuesta que yo hago, pues de otro modo no veo qué deseos podría satisfacer, si no los más cobardes, el apostar por el fin de la revolución. Antes bien, apostar por la pertinencia continuada de la idea de revolución implica, a falta de ‘hacerla’, aceptar la exigencia que va imperativamente unida a ella y que no es otra que la de la radicalidad del pensamiento crítico (Blanchard, 29).” Pues bien, a lo largo de este recorrido por el pensamiento de los situacionistas hemos intentado evidenciar un compromiso tajante con la transformación concreta de lo real; una transformación que halló su manifestación

viviente en los eventos de Mayo del 68. Podemos afirmar a esta altura que el mérito de los situacionistas estriba en haber reconocido y agitado los elementos humanos inminentes para una revolución política radical63.

No pudo haber mejor ocasión para plasmar y verificar la potencia de los conceptos situacionistas que el Mayo del 68. El movimiento general de ocupaciones de fábricas y universidades creó un espacio-tiempo en el cual se hizo posible una nueva sociabilidad, empezando por la alianza histórica entre estudiantes y trabajadores. A medida que se construyó esta situación se abolió la separación y se realizaron formas de comunicación directa a la manera de los consejos obreros soñados por Anton Pannekoek64. En su libro

sobre los situacionistas y Mayo del 68, René Viénet describe con lucidez este nuevo campo de actividad: “El tiempo espectacular se detuvo. Sin trenes, metro o automóviles, sin trabajo, los huelguistas recuperaron el tiempo perdido en las fábricas y al frente de la televisión. Los deseos empezaron a hacerse, poco a poco, realidad. Por primera vez la juventud en verdad existió. No la categoría inventada por sociólogos y economistas, sino la juventud real de una vida vivida sin tiempo muerto (Viénet, 77).”

63 El inicio de una era resume dichos elementos. Dice Vaneigem allí que se trató de “la más grande

huelga que haya detenido la economía de un país industrialmente desarrollado, la primera huelga general en la historia y los inicios de una democracia directa; el colapso del poder estatal durante dos semanas; la innegable verificación de la teoría revolucionaria de nuestro tiempo y, en algunos lugares, los primeros pasos para ponerla en práctica (…): esto fue, en esencia, el movimiento y la victoria de Mayo del 68 (Knabb, 288).

64 El tono de estos pronunciamientos queda bien consignado en esta cita: “revolución no es enseñarle la

vida a las personas, sino hacerlos vivir, despertar en ellos el deseo de vida. Una organización revolucionaria debe recordar que su objetivo no es ofrecer a sus miembros discursos convincentes pronunciados por líderes expertos, sino exhortarlos a hablar por sí mismos, a fin de alcanzar, o al menos tender hacia, un grado equitativo de participación (Knabb, 396).”

Si bien podemos decir que lo inesperado ocupó el lugar de la repetición cotidiana, los situacionistas no se sobresaltaron por el advenimiento repentino del Mayo. Al contrario, su estallido ya había sido anunciado por sucesos anteriores en otros lugares del mundo espectacular, como las revueltas de jóvenes en Caracas o los levantamientos negros en el barrio angelino de Watts. Para la IS, estos brotes de inconformidad manifestaban el rechazo latente y total hacia la vida espectacular, el trabajo asalariado y la forma- mercancía. En contra de los detractores que se refieren al Mayo como un instante efímero y aislado, la IS recalca el talante holístico que entraña tal acontecimiento. Dicen acerca de los eventos de Watts en 1965: “Por el sólo hecho de que se rezagan en el despliegue de la supervivencia organizada, los negros de Watts plantean el problema de

la vida. Lo que en realidad exigen no es sobrevivir sino vivir. (…) Un levantamiento en contra del espectáculo (incluso si se limita a un solo barrio como Watts) cuestiona

absolutamente todo: es la protesta humana en contra de una vida deshumanizada, una protesta de individuos reales en contra de la separación de una comunidad que podría realizar su verdadera naturaleza humana y social y trascender el espectáculo (Knabb, 202-203).”

En este sentido, el Mayo puede considerarse como una unidad espontánea de acción que sacó a la luz dicho rechazo total. Ahora bien, la negación y suspensión de las actividades enajenadas dio lugar a un momento de afirmación posterior. “La desaparición del trabajo forzado,” dice Viénet, “coincide necesariamente con el libre flujo de creatividad en todas las esferas: graffiti, lenguaje, comportamiento, tácticas de lucha callejera, agitación, canciones y pinturas. Todos pudimos experimentar la cantidad de energía creativa que había sido aplastada durante los períodos de supervivencia, los días condenados a la producción, al consumo, a la televisión y a la pasividad erigida como principio (Viénet, 78-79).” Las masas del Mayo supieron usar

las ideas situacionistas a favor de la vida y en contra de las prácticas y mecanismos que la sofocan. El Mayo fue un desencadenamiento generalizado de aquel deseo de aventura