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LA SOCIEDAD AFLUENTE

In document UNED Historia de La Antropologia (página 145-152)

Como ya hemos dicho antes, Marshall Sahlins definió a los cazadores/recolectores con este término en el simposio Man the Hunter y desarrolló más ampliamente la idea en una obra posterior (Sahlins, 1972). Lo que se propone es, que en contraposición a la metafísica mitológica sobre la que se basa gran parte de la ciencia económica, como el análisis de

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la relación entre necesidades ilimitadas y recursos limitados, la economía de los cazadores/recolectores parte de la consideración de las necesidades como limitadas, o situadas a un nivel bastante bajo, y que por lo tanto pue- den ser satisfechas con los recursos disponibles. Esta observación de Sahlins ha sido fácilmente desmontada por autores que han analizado los datos de primera mano. El problema fundamental

«… está en la definición de necesidades materiales —las necesidades que, según la teoría están colocadas a un nivel bajo que permite su satisfacción fácil—. La dificultad brota del hecho indudable de que la gente en estas sociedades casi nunca obtiene una cantidad de los bienes que más desean —p. ej., carne o miel— que sea capaz de saciar sus deseos. De hecho hay un deseo claramente articulado de más flechas, más machetes más vestidos, más tabaco etc.» (Barnard y Woodburn, 1988: 12).

Esta observación de los dos grandes estudiosos de la sociedad de caza- dores/recolectores falsa la visión de Sahlins según la cual, en contraposi- ción a nuestra economía, la de los cazadores se basa en unas necesidades muy limitadas que se satisfacen con medios también limitados. Sin embar- go, a pesar de ello, lo raro es que las observaciones de Sahlins no hubieran sido criticadas antes.

La idea de la economía como la utilización de medios escasos para satis- facer necesidades infinitas es una idea metafísica que tiene su origen en la Ilustración y que se integra a partir de Lord Robbins en la definición de economía. Pero esto no quiere decir que los hombres tengan efectivamente necesidades infinitas. Se trata de un modelo que, en cuanto tal, no tiene correspondencia empírica. Pero también la reconstrucción de la economía de los cazadores que lleva a cabo Sahlins en base a la idea de un conjunto de necesidades limitadas y fácilmente satisfechas es un modelo a partir del cual se da cuenta de ciertos procesos que se dan en la vida de los cazadores recolectores, pero no puede aplicarse directamente a la realidad como si se tratara de una descripción de la misma porque en este caso es una descripción falsa. Al margen de esto, hay que preguntarse algo más. Sahlins dice que los cazadores recolectores no tienen mucha dificultad en satisfacer sus necesi- dades materiales, sin trabajar demasiado. Bernard y Woodburn (1988: 11) afirman que esta parte de la hipótesis de Sahlins ha resistido bastante bien el paso del tiempo.

Pensamos que no se puede ser tan optimista. Uno de los argumentos para demostrar lo poco que trabajan los cazadores/recolectores es un estu- dio de McCarthy y McArthur (1960) en donde la búsqueda del alimento es episódica y discontinua y nunca pasa de cuatro horas per capita. Sahlins da una importancia fundamental a este estudio, quizás por la fascinación de su carácter cuasi experimental. Sin embargo, el experimento duró muy poco en el tiempo, se trataba sólo de nueve adultos sin nadie que depen- diese de ellos y no tenían ninguna razón para recolectar mucho en cuanto que no querían participar en la experiencia (Bird-David, 1992). De todas maneras, parece claro que los resultados no son representativos (Altman J., 1984). El otro caso utilizado por Sahlins es el de los !Kung de Bostwana. Estos cazadores/recolectores son la base del modelo construido en esta época. La idea de que estas poblaciones emplean poco tiempo en la obten- ción del alimento parece comprobada si se tiene en cuenta que, según Sahlins y Lee, de quien se toman los datos, cada adulto trabaja de media dos horas nueve minutos al día. Hawkes y O’Connell (1981) atribuyen este tiempo a la definición de trabajo de la que Lee partía para llevar a cabo sus cálculos. Según él, el trabajo era únicamente la actividad de buscar el ali- mento fuera del poblado. Si a esta actividad se añade el tiempo para pro- cesar las nueces mongongo y la carne, recolectar leña y agua, cuidar los niños y limpiar los lugares de habitación, entonces parece que los !Kung trabajaban más de 40 horas semanales. Kelly (1994: 21) ofrece una tabla en donde se recogen los datos de más de 20 grupos de cazadores/recolectores en los que es posible calcular las horas de trabajo, y aparece un poco de todo. Hay casos en los que los cazadores/recolectores trabajan siete, ocho o más horas al día para obtener el alimento. En otros casos, las horas de tra- bajo son mucho menores. El ejemplo más llamativo es el de los Hiwi de Venezuela estudiados por Hurtado y Hill que, según ellos no trabajan en la obtención del alimento más de dos o tres horas diarias. De todas maneras, si bien no se puede afirmar que los cazadores/recolectores en su conjunto trabajen pocas horas al día, porque no es exacto, al menos es posible pre- guntarse por qué algunas poblaciones trabajan poco. Como se ve se está ya muy lejos de los planteamientos de Sahlins.

El caso de los Hiwi puede resolverse porque tienen mucha dificultad en trabajar durante la parte más caliente del día e incluso parece que si traba- jasen en este periodo del día perderían más de lo que ganarían Bruce Winterhalder ha llevado a cabo algunas simulaciones muy importantes en

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el ordenador, y, a partir de ellas, demuestra que, aún si pocas personas den- tro del grupo deciden trabajar más horas y traer más alimento del necesa- rio, los recursos locales pueden agotarse fácilmente. También demuestra que un aumento abrupto en el trabajo puede cambiar el entorno lleno de recursos en otro que es totalmente estéril.

Aún hay otro aspecto que puede ayudar a comprender por qué en algu- nas sociedades de cazadores/recolectores se trabaja poco, o, mejor dicho, no aumenta el esfuerzo, cuando ello podía aumentar la producción. En el simposio Man the Hunter, Lorna Marshall (1968: 94) se pregunta por qué los !Kung no recolectan más cuando hay alimento abundante.

«Se ha sugerido que, dado que no trabajan todos los días se puede decir que tienen una sociedad afluente. Esto es un «bon mot» pero no añade a la comprensión de las razones. Yo he subrayado que los !Kung con los que hemos trabajado están todos delgados y muestran mucha ansiedad por el alimento. Tiene que haber una razón por la cual no recolectan y comen más... Yo creo que hay que buscar una razón social para esto. Si una mujer recogiese mucho más de lo que su familia necesita en el momento, ¿esto resultaría en trabajar para otros? lo que conseguiría era atraer la atención envidiosa hacía sí misma y ser criticada por no ser más generosa si tuviera un exceso de alimento y lo guardase sólo para sí».

Esta observación representa una crítica devastadora al «bon mot» o eti- queta que representa la idea de la «sociedad afluente». Además de las otras explicaciones que hemos ofrecido Marshall ofrece otra que tiene mucha importancia. Lo que está colocado en un estado de limitación no son las necesidades ni los deseos que, por otra parte, son muy difíciles de analizar por el antropólogo, a no ser que se caiga en una especie de lirismo rápido como hace Sahlins. Lo que se coloca en una situación de limitación serían las metas de la productividad. La demanda no va dirigida a una mayor pro- ducción, no existe ninguna presión para persuadir a aquellos que recogen o cazan poco a recoger o cazar más. Sin embargo, hay una cosa que siem- pre es exigida en gran parte de estas sociedades: Cuando una persona tiene algo más de lo que inmediatamente va a necesitar, tiene la obligación abso- luta de compartirlo. Esta obligación de compartir «el excedente» parece un freno evidente al aumento en el esfuerzo en el trabajo para obtener más ali- mentos. Esta razón, unida a las otras que acabamos de ofrecer, y que tie- nen un carácter más económico y ecológico, explican la primera observa-

ción de la hipótesis de la sociedad afluente, no que en las sociedades de cazadores/recolectores se trabaja poco, sino que en algunas no se trabaja hasta el límite del esfuerzo.

La segunda observación en la que se basa la hipótesis de Sahlins con- siste en el buen nivel de alimentación de estas sociedades. Esta considera- ción ha sido apoyada recientemente por Woodburn (1988: 12) cuando afir- ma que estos «son casi siempre capaces de satisfacer sus necesidades nutricionales adecuadamente».

Conviene que nos detengamos un poco en esta observación que se ha convertido en una especie de dogma.

Ya veíamos como Marshall insiste en que los !Kung, los representantes máximos de la sociedad afluente, estaban muy delgados y casi siempre obsesionados por el alimento. Hay otros autores que confirman esta obser- vación. Nancy Howell (1986: 173-174) afirma que los !Kung están muy del- gados y se quejan de hambre en todos los periodos del año. Es posible que el hambre sea una de las causas de la muerte causada inmediatamente por enfermedades infecciosas o parasitarias, aunque es raro que alguien muera directamente de hambre. Hay muchos grupos de cazadores/recolectores que están sometidos a periodos de hambre, de tal manera que la alimenta- ción adecuada parece tener un carácter más estacional que otra cosa (Hitchcock y Ebert, 1984). Este fenómeno está presente no sólo entre caza- dores/recolectores actuales sino que los arqueólogos lo han constatado para poblaciones prehistóricas. Yesner ha estudiado dos poblaciones de cazado- res recolectores. Una de Algonquinos en la isla Moshier en la costa del esta- do de Maine. Allí se encontró un lugar de enterramiento. Se sabe que, entre los cazadores/recolectores de Norteamérica, el final del invierno y principio de la primavera representan los periodos con mayores posibilidades (casi certidumbre) de pasar hambre. En los esqueletos de estos cazadores/reco- lectores aparecen, después de los 2 años de vida (parece ser que después del periodo de la alimentación en base a la leche maternal) las llamadas «líneas de Harris», que indican que el «estrés» alimenticio de estas pobla- ciones era tan grande, en algunos periodos del año, que su crecimiento se paraba totalmente. Lo mismo ocurre con los Esquimales Kachemak que son estudiados en el mismo trabajo.

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Se podrían multiplicar los casos a partir de los cuales se demuestra que la idea de la alimentación adecuada de las poblaciones de cazadores/reco lectores en su conjunto pertenece claramente a la mitología implícita en la idea de la «sociedad afluente». Quizás el mejor resumen de la situación sea el ofrecido por Brian Hayden (1981). Según él,

«… en primer lugar, una pesada caída de trabajo y poca posibilidad de elec- ción con respecto a los recursos, están relacionados con las dificultades de tipo nutritivo; en segundo lugar, todos los grupos tienen periodos de «estrés» muy severo, aunque los datos no son suficientes para determinar la regularidad y extensión de la malnutrición, y, en tercer lugar, la frecuen- cia y magnitud de estos periodos de «estrés» parecen aumentar cuando dis- minuye la diversidad de los recursos así como su densidad y estabilidad».

La situación del nivel de subsistencia de la mayoría de los cazadores/recolectores está entre la riqueza (afluencia) grande y la muerte por malnutrición. Da la impresión de que la caza y recolección no exige demasiado trabajo, la mayoría de las veces, pero está como jalonada por periodos, a veces regulares y otros irregulares, de gran estrés alimenticio. Con las observaciones que hemos hecho, casi sin darnos cuenta hemos des- montado la descripción muy llamativa de los cazadores/recolectores como la sociedad afluente. Quizás hay un elemento de las observaciones de Sahlins que tienen todavía hoy una cierta vigencia. Se critica, no sin razón, que en aquella época:

«… los arqueólogos y los etnólogos se habían convertido en revolucionarios del neolítico... Algunos hablaban de un cambio que va desde el esfuerzo humano a fuentes domesticadas de energía como si la gente hubiera sido liberada por medio de un instrumento que serviría para ahorrar trabajo», (Sahlins, 1968: 85).

Quizás el mayor interés de la idea de la sociedad afluente estaba en la crí- tica implícita a las ideas evolucionistas que identificaban evolución con pro- greso, y que propugnaban un cambio y una mejora radical con la aparición de la agricultura. En vez de traer un cambio en la seguridad en la obtención del alimento, lo que Cohen y Armelagos (1984: 590) dicen de la agricultura parece bastante exacto. Se trata de que periodos pequeños, y más o menos regulares, de hambre entre los cazadores/recolectores han dado lugar a «stress» menos regular y más severo con la aparición de la agricultura.

Dentro de los elementos que han podido adquirir una vigencia a partir del simposio Man the Hunter, juegan un papel importante algunos aspectos de lo que podíamos designar como hipótesis del hombre-cazador que poste- riormente han llegado a tener una vigencia absolutamente desproporciona- da, y exagerando sin fundamento los aspectos más sexistas, jerárquicos y violentos en trabajos tales como la sociobiología de E. O. Wilson y otros autores. Como manifestación de esta postura, aunque él no estaría de acuerdo con algunas de las conclusiones que se deducirían de sus argu- mentos, está el punto de vista defendido por Laughlin (1968: 304) cuando afirma que:

«… el cazar es el sistema de comportamiento básico de la especie humana. Se trata de la actividad organizadora que integra los aspectos morfológicos, fisiológicos, genéticos e intelectuales de los organismos individuales y de las poblaciones que componen nuestra especie. La caza es una forma de vida no «simplemente una técnica de subsistencia» que incluye compromisos, correlaciones y consecuencias que se difunden por todo el continuum bio- comportamental del individuo y de la especie entera del cual es miembro».

A parte de ciertas afirmaciones que tienen un sentido cuasi-metafísi- co que es muy difícil de entender pero que pueden dar un «gran juego» a la hora de deducir conclusiones, ante todo este conjunto de afirmaciones hay que insistir en una cosa, que Laughlin rechaza y se trata de que la caza y recolección son «simplemente unas técnicas de subsistencia». Las correla- ciones que se pueden establecer entre estas técnicas de subsistencia y otros aspectos tienen que ser probadas en cada caso, y de ello hablaremos más adelante. La hipótesis del «hombre cazador» se basaba en las pretendidas transformaciones morfológicas, fisiológicas, genéticas e intelectuales que un fenómeno tan duradero en la historia como la caza trae consigo. Sin que se puedan excluir estas transformaciones, hay que decir que la mayoría de lo que se propugna no parece tener ninguna base empírica, y en gran medi- da es un puro fruto de ciencia ficción.

También parece evidente que en Man the Hunter se daba mucha más importancia a la caza que, en aquellos momentos, se pensaba que era una actividad estrictamente masculina en detrimento de la recolección que se pensaba más puramente femenina. Las relaciones entre caza y recolección son problemas bastante complicados y por ello serán tratados con más detenimiento más adelante. De todas maneras, debe quedar claro desde el

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principio que la recolección juega un papel central en la economía de estas sociedades. Por poner un ejemplo de una sociedad en donde existe una divi- sión genérica del trabajo podemos traer a colación los ¡Kung. R. Lee (1979: 348 y 450) afirma que «los hombres cazan y las mujeres recolectan, y la recolección contribuye con dos tercios de la dieta y la caza con un tercio». Desde el caso paradigmático de los !Kung se puede afirmar que la contri- bución de las mujeres a la dieta es el doble de la contribución de los varo- nes. Por esta razón, insistir en la contribución de la caza y de los varones en detrimento de la recolección y de las mujeres es un absurdo. De todas maneras, los problemas son bastante complejos y serán tratados con más detenimiento un poco más adelante.

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