PERIORIDACIÓN POSITIVIDAD DISCIPLINARIEDAD CIENTIFICIDAD Época Pre-Tyleriana
3. APROXIMACIÓN GENEALÓGICA A LA EVALUACIÓN EN COLOMBIA, SEGUNDA MITAD DEL SIGLO
3.2 DISPOSITIVO EVALUACIÓN EN LAS SOCIEDADES DISCIPLINARIA Y DE CONTROL
3.2.2 Sociedad de control
Televigilancia, videovigilancia, vigilancia electrónica; bases de datos, sistemas inteligentes de apoyo a la toma de decisiones. Todos estos dispositivos, que han llegado al campo de la seguridad desde el sector militar para consolidar esta sociedad de control, presentan grados de eficacia insospechados hasta hace unos años. Requena.
Al analizar las sociedades disciplinarias, al describir sus cuadros, las instituciones de encierro y las tecnologías de producción de sujetos normalizados, utilizables y dóciles, Foucault advierte su brevedad96: aquellas sucedieron a las sociedades de soberanía y serían sustituidas por las de control. “Las disciplinas entraron en crisis en provecho de nuevas fuerzas que se iban produciendo lentamente, y que se precipitaron después de la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias son nuestro pasado inmediato, lo que estamos dejando de ser” (Deleuze, 2006, p. 278).
El agotamiento de la sociedad disciplinaria obedece, en buena medida, a la crisis generalizada de las instituciones disciplinarias y sus aparatos de encierro (cárcel, hospital, fábrica, ejército, escuela, familia); en estas condiciones, el ejercicio del poder cambia de forma y de lugar: “a medida que se derrumba los muros de estas instituciones, la lógica de la sujeción que antes operaba dentro de sus espacios limitados ahora se extiende hacia afuera y se generaliza a través de todo el campo social” (Hardt y Negri, 2002, p. 290). De la crisis y el deterioro de las instancias de encierro97emergen las redes de la sociedad de control; de ello es 96Al respecto, Deleuze (2006, p. 273) sostiene: “estamos entrando en sociedades de “control” que ya no son exactamente disciplinarias”; este advenimiento fue intuido por Foucault, quien tras su análisis sobre la crisis generalizada de las instituciones de encierro, advirtió el tránsito hacia nuevos modos de sociedad. “Estamos entrando en sociedades de control, que ya no funcionan mediante el encierro sino mediante un control continuo y una comunicación instantánea. Burroughs empezó su análisis. Ciertamente, seguimos hablando de cárceles, escuelas y hospitales, pero se trata de instituciones en crisis. Y si están en crisis, las luchas relativas a ellas son ya luchas de retaguardia. Lo que se está instaurando tentativamente es un nuevo tipo de sanción, de educación, de vigilancia”. Seguidamente, refiriéndose al ámbito educativo, señala la previsibilidad de que la educación deje de ser progresivamente un compartimento estanco (guardería para cada uno de los niveles conocidos) y que esos niveles de compartimento cedan terreno “en provecho de una terrible formación permanente, un control continuo que se ejercerá sobre el obrero-estudiante de secundaria o sobre el directivo-universitario. Se nos quiere hacer creer en una reforma educativa, pero se trata de una liquidación. En un régimen de control, nada se termina nunca […]”.
97 Pese a la crisis, las instituciones estelares de encierro progresivo (familia, escuela, cuartel, fábrica) o eventual (hospital, manicomio, cárcel), de la sociedad disciplinaria, siguen presentes en la sociedad actual, algunas incluso renuevan constantemente su protagonismo. “Lo inaceptable, señala Fernández (s.f., ¶ 14), es que seguimos pensándolas conforme a los parámetros de la disciplina. Seguimos creyendo que en la escuela se enseña, que se cura en el hospital, y que en las cárceles se reforma o rehabilita. Pero cualquiera que conozca “por dentro” el funcionamiento actual de la escuela, por ejemplo, fácilmente reconocerá que a la escuela no se va ya a aprender, sino fundamentalmente a estar. Algo parecido cabe sospechar del hospital, que cada vez funciona
manifestación, el espíritu reformista que atraviesa todo el cuerpo social moderno, que pretenden gestionar la agonía del encierro “y mantener a la gente ocupada mientras se instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas” (Deleuze, 1990, p. 278). Por todas partes bullen ecos de constantes y supuestamente necesarias reformas: “Reformar la escuela, reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben que, a un plazo más o menos largo, estas instituciones están acabadas” (p. 278).
El control, o mejor, diversas modalidades y formas de control están desplazando (no aniquilando) a las instancias disciplinarias. Más aún, podría sostenerse que, cumplidas las finalidades de las instituciones de encierro, habiendo constituido sujetos dóciles, útiles y normalizados, habiendo moldeado los cuerpos para ofrecerlos a la producción; es preciso dar paso a nuevas instancias, a nuevas estrategias que operen, no ya sobre el tiempo, sobre la conducta, sobre los espacios individuales, sobre las jerarquías y las disposiciones, sino sobre el conjunto de los individuos disciplinados, sobre las colectividades, sobre el conjunto de la sociedad. “Es posible —señalan Martínez y otros (2006, p. 25), siguiendo a Foucault— que estemos atravesando el tránsito de la sociedad disciplinaria en la que el poder construye saberes y dispositivos de disciplinamiento y encierro a través de los cuales asegura el manejo de la población, hacia sociedades de control en las que este trabajo es realizado por todo el grueso de la sociedad, de forma más específica, por los medios masivos de comunicación”.
Tras intuir la crisis generalizada de las instituciones de encierro y advertir la escasa duración de las sociedades disciplinarias, sucesoras a su vez de las de soberanía, Foucault, deja esbozada esta nueva modalidad de sociedad, la de control, en la que las tecnologías se orientan a la regularización de las masas, al control del hombre/colectividad, al control de la población98. Estas tecnologías, menos como un centro de salud fiel al juramento hipocrático, y de la cárcel, que también se ha convertido en antesala de la muerte”.
98En diversos documentos Foucault hace alusión a la transición entre la sociedad disciplinaria y la sociedad de control, aunque no articula expresamente tal tránsito. (Cf. Defender la sociedad, pp. 217-237, Clase del 17 de marzo de 1976); Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber (pp. 161-193); La verdad y las formas jurídicas (pp. 93-148, cuarta y quinta conferencias); Ética, estética y hermenéutica. Obras esenciales, Vol. III, pp. 209-215. En el análisis de esta transición, Foucault descubre la emergencia de un fenómeno interesante: la irrupción de determinadas tecnologías de poder que operan no ya sobre los sujetos individuales, sobre los cuerpos unitarios y solitarios (a la manera de una anatomopolítica), sino que se aplica sobre la vida de los hombres, no sobre el hombre/cuerpo sino sobre el hombre vivo, al hombre en cuanto ser viviente, en cuanto colectividad, en cuanto especie (una biopolítica), que conduciría a una “estatalización de lo biológico”. A diferencia de la disciplina “que trata de regir la multiplicidad de los hombres en la medida en que esa multiplicidad puede y debe resolverse en cuerpos individuales que hay que vigilar, adiestrar, utilizar y, eventualmente, castigar”; las nuevas tecnologías de regulación y control (biopolítica), están destinadas “a la multiplicidad de los hombres, pero no en cuanto se resumen en cuerpos sino en la medida en que forma, al contrario, una masa global, afectada por procesos de conjunto que son propios de la vida, como el nacimiento, la muerte, la producción, la enfermedad, etcétera” (Foucault, 2000, p. 220).
señalan sus análisis, no tienen que vérselas exactamente con una sociedad (constituida por átomos individuales), tampoco con el individuo/cuerpo; sino con un nuevo elemento, “un nuevo cuerpo: cuerpo múltiple, cuerpo de muchas cabezas, si no infinito, al menos necesariamente innumerable […] la población” (2000, p. 222). La herramienta fundamental de ese control es la biopolítica, el poder que se ejerce sobre la población en cuanto problema político, científico, biológico y de poder; en ella importan los fenómenos colectivos, influyentes en y para las masas, que pueden presentar efectos constantes, homogéneos y de serie para las colectividades y, que se desarrollan en la duración. La biopolítica opera sobre “los acontecimientos aleatorios que se producen en una población tomada en su duración” (p. 222).
La biopolítica introduce nuevos mecanismos con novedosas funciones, diferentes de las tecnologías disciplinarias: las previsiones, las estimaciones estadísticas, las mediciones globales, no la modificación de tal o cual fenómeno, tal o cual conducta, tal o cual individuo, sino la intervención en el nivel de las determinaciones de esos fenómenos, de esos comportamientos, de esos individuos en lo que tienen de global (regular nacimientos, controlar la morbilidad, establecer los cambios de posición, etc.). Se busca en definitiva el establecimiento de mecanismos reguladores sobre las poblaciones, con el propósito de fijar
equilibrios, mantener promedios, establecer homeostasis, asegurar
compensaciones. La biopolítica busca, “instalar mecanismos de seguridad alrededor de ese carácter aleatorio que es inherente a una población de seres vivos […] actuar mediante mecanismos globales de tal manera que se obtengan estados globales de equilibrio y regularidad; en síntesis de tomar en cuenta la vida, los procesos biológicos del hombre/especie y asegurar en ellos no una disciplina sino una regularización” (p. 223). La biopolítica99 es la forma de poder que se instaura en las sociedades de control, sociedades que, según señala Deleuze, “están sustituyendo a las sociedades disciplinarias”; aquellas se caracterizan por la imposición, o más propiamente, por la asunción de un conjunto de sistemas de micro y macro control, hábitos y roles que asumen los individuos y las comunidades a través de los cuales se mantiene la uniformidad, la homogeneidad, el control colectivo: (formas de vestir, maneras de pensar, hábitos alimenticios, modos de hablar, formas de participar, modos de ser…), hábitos que una vez asumidos, se expanden y reproducen a la manera de los virus (Guidici, 2002).
99La tecnología biopolítica, no se centra, entonces, en el cuerpo sino en la vida; es una tecnología que “reagrupa los efectos de masas propios de una población, que procura controlar la serie de acontecimientos riesgosos que pueden producirse en una masa viviente; una tecnología que procura controlar (y eventualmente modificar) su probabilidad o, en todo caso, compensar sus efectos” (p. 225). Es, además, una tecnología que procura el equilibrio global, en la perspectiva de salvaguardar la seguridad del conjunto de sus peligros internos; es una tecnología de la seguridad, aseguradora o regularizadora por medio de la cual los cuerpos se reubican en los procesos biológicos en su conjunto.
Deleuze en su “Post-Sciptum sobre las sociedades de control” (pp. 279- 284), realiza un análisis de las diferencias que pueden percibirse en el tránsito de dichas sociedades: -los centros de encierro, con lenguaje analógico, son variables independientes (el paso de una instancia a otra implica siempre partir de cero, terminada la escuela, empieza el cuartel, luego el taller…), los “controlatorios” son variantes inseparables (que constituyen un sistema de geometría variable, con lenguaje numérico, en ellos nunca se termina nada, la empresa puede tomar el relevo de la fábrica, “la formación permanente tiende a sustituir a la escuela, y el control continuo tiende a sustituir el examen. Lo que es el medio más seguro para
poner la escuela en las manos de la empresa”); -los encierros son moldes
diferentes, los controles constituyen una modulación moldeable, transformable,
adaptable permanentemente a las circunstancias; -en la disciplina a los
individuos se les signa mediante una marca que lo ubica en un lugar específico y bien determinado, en la sociedad de control lo esencial es una cifra, una contraseña, una clave de acceso, una identidad virtual que marca o prohíbe el acceso a los datos, a la información, ya no estamos ante el par “individuo-masa”. Los individuos han devenido “dividuales” y las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados, o “bancos”, intercambios fluctuantes, modulaciones en las que intervienen las cifras; -el cuerpo dócil y disciplinado era un productor discontinuo de energía, el sujeto de la sociedad de control “es ondulatorio, permanece en órbita, suspendido sobre una onda continua”; -las máquinas usadas en estos tipos de sociedades también señalan enormes diferencias, de las máquinas simples (palancas, poleas, relojes) características de las sociedades soberanas, se pasa a las máquinas energéticas (con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje) propias de las sociedades disciplinarias, finalmente, las sociedades de control operan mediante máquinas informáticas y ordenadores (cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y la inoculación de virus); -el desarrollo tecnológico lleva aparejada la evolución del capitalismo, de la concentración y la apropiación de los medios de producción a través de la fábrica, pasando por el mercado, la producción y la superproducción, hasta llegar a la actual compra y venta de servicios y acciones en que se conquista el mercado a través de diversos dispositivos de control (fijación de precios, transformación de productos, oferta de productos, entre otros). Las nuevas formas de sociedad que buscan la conquista de los mercados, a cualquier precio, usan como instrumento social de control el marketing, a través del cual “se forma la raza descarada de nuestros dueños”; el ejercicio de control a diferencia de la sociedad disciplinaria, se realiza de manera inmediata, continua e ilimitada, a corto plazo y mediante una rotación rápida. La sociedad de control no produce individuos encerrados, sino endeudados, hipotecados, normalizados, dóciles. “Sin duda —señala Deleuze— una constante del capitalismo sigue siendo la extrema miseria de las tres cuartas partes de la humanidad, demasiado pobres para endeudarlas, demasiado numerosas para encerrarlas: el control no tendrá que afrontar únicamente la cuestión de la difuminación de las fronteras, sino también la de los disturbios en los suburbios y guetos” (p. 284).
Michael Hardt y Antonio Negri, por su parte, dedican el segundo capítulo de su obra “Imperio” (2002, pp. 35-50), al análisis de la producción biopolítica; allí reconocen la importancia de los desarrollos teóricos de Foucault para entender el tránsito histórico de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control. Esta nueva modalidad de sociedad (que se desarrolla en el borde último de la modernidad y se extiende a la era posmoderna) debe entenderse como “aquella sociedad en la cual los mecanismos de dominio se vuelven aún más "democráticos", aún más inmanentes al campo social, y se distribuyen completamente por los cerebros y los cuerpos de los ciudadanos, de modo tal que los sujetos mismos interiorizan cada vez más las conductas de integración y exclusión social adecuadas para este dominio” (p. 36).
En la sociedad de control, el poder es ejercido a través de dispositivos que operan directamente sobre los cerebros (sistemas de comunicación, redes de información) y sobre los cuerpos (sistemas de bienestar, corporaciones solidarias, actividades monitoreadas…) con la pretensión de conducirlos a un estado autónomo de alienación, de masificación, de enajenación del “sentido de la vida y el deseo de la creatividad”; el control se hace efectivo gracias a la intensificación y a la generalización de aparatos normalizadores de disciplinamiento, que vigilan permanentemente todas las prácticas cotidianas, extendiéndose más allá de las instituciones sociales, a través de “redes flexibles y fluctuantes”.
La forma específica —aunque casi imperceptible— del poder en la sociedad de control lo constituye la biopolítica, nueva dinámica de poder que regula el conjunto de la vida desde su interior: determinándola, gestionándola, interpretándola, absorbiéndola, rearticulándola. La vida, se ha constituido en otro objeto (novedoso) para el saber y para el poder. “La función más elevada de ese poder es cercar la vida por los cuatro costados y su tarea primaria es administrar la vida. El biopoder se refiere pues a una situación en la que lo que está en juego es la producción y reproducción de la vida misma” (p. 36). Una de las notas esenciales, que señalan el tránsito de la sociedad de disciplina a la sociedad de control, es según Hardt y Negri, el establecimiento de este paradigma de poder que opera mediante tecnologías que se aplican sobre la población, sobre la sociedad, sobre la totalidad de la vida: el biopoder.
Cuando el poder llega a ser completamente biopolítico, la maquinaria del poder invade el conjunto del cuerpo social que se desarrolla en su virtualidad. Esta relación es abierta, cualitativa y afectiva. La sociedad, absorbida dentro de un poder que se extiende hasta los ganglios de la estructura social y sus procesos de desarrollo, reacciona como un solo cuerpo. El poder se expresa pues como un control que se hunde en las profundidades de las conciencias y los cuerpos de la población y, al mismo tiempo, penetra en la totalidad de las relaciones sociales (p. 37).