La tierra, fuego y agua son los conceptos que han presidido las nociones de la filosofía y religión en África73. La tierra no se basta así misma, de manera general se le presenta en contraposición al mundo celestial o al agua, en el primer caso, la contraposición al cielo incluye al Sol, la Luna y las estrellas. Algunas etnias como los kurumba, y dogon consideran que el hombre desciende del cielo, otros, como los kurumba, y tswana dicen que surge de la tierra, para los tallensi la humanidad nació de ambos; por demás diferente,
73 Zahaπ, Dominique. // La Religión del África Negra. En Las Religiones en los Pueblos sin Tradición Escrita. Historia de las Religiones. Siglo XXI. Vol. 11, segunda e d , 1982. México, p. 39.
los tonga y zulú dicen que nació de una caña, mientras que los herero y bambara afirman que surgió de un árbol74.
En el oeste africano la copulación entre el hombre y la
mujer tiene un doble simbolismo, en un primer plano repre-
senta la unión del sol y la tierra, en un segundo la androginia primitiva del ser humano75, como expresión de equilibrio
perfecto de complementariedad entre macho y hembra y de la coexistencia interna de ambos sexos en todo ser humano, sea hombre o mujer. Ambos sexos unidos en matrimonio representan la fuente de la oposición, complementariedad, simetría, y dinámica dual muy difundida en África: el hombre proviene de la derecha y la mujer de la izquierda; el primero adelante, la mujer detrás; uno arriba y la otra debajo; él se sitúa en la vertical, ella en la horizontal, él esta ligado al exterior, la hembra al interior. Las diferentes culturas étnicas no siempre coinciden en el tipo de distribución de las simetrías o polaridades duales, así, para los bantú del sudeste de África la izquierda es femenina y la derecha masculina; para los zulú la dicotomía es variable, habiendo mujeres de la mano derecha y mujeres de la mano izquierda76.
En el mundo arcaico de las religiones africanas sin tradición escrita, cualquier lugar es susceptible de emplearse como lugar de culto, el espació sagrado esta en todo lugar, ocupa todos los espacios de la naturaleza. Para el africano el templo es la naturaleza misma, no reconoce intermediarios ni obstáculos en la comunicación del hombre con Dios, sol, luna, estrellas, tierra, animales y plantas son elementos reguladores de los ciclos litúrgicos77. El calendario ritual de
las religiones tradicionales se fundamenta en los ciclos estacionales y en los movimientos de los astros, de la sucesión de los hechos y cambios del medio, todo esto de manera independiente de la vida y voluntad humana. De ahí la existencia en toda África de lugares o puntos de observación, templos naturales para seguir la marcha del sol, la luna y los astros, determinando las fases del tiempo y sus ciclos naturales. Al sistematizar estos templos naturales mediante los ritmos del movimiento, los africanos las clasificaron en cuatro elementos: agua, tierra, fuego y
aire78.
74 Conceptos muy similares pueden encontrarse en las religiones y filosofías mesoamericanas, los simbolismos de ilhuicatl, omeyocan, tlalocan, acatl, cuahuitl, nahui ollin, etc., parecen casi idénticos a los africanos. Nota del autor.
75 Zallan, Dominique. Op. A, p. 43. El principio de la dualidad femenino- masculino, tierra-sol abunda en las culturas tradicionales del mundo, por supuesto que existe de manera muy semejante en las diferentes culturas americanas autóctonas. Nota del autor.
76 Zahan, Dominique. Op. A, pp: 43-44.
77 Zahan, Dominique. Op. A., p. 49.
78 Zahan, Dominique. Op. A., pp: 49-50. La existencia de cuatro elementos es un concepto ideológico que se reproduce de manera casi idéntica en la
Los templos naturales para el culto al agua se encuentran ahí donde abunda ese líquido, a la orilla de los lagos y ríos, en las fuentes y manantiales, representando el principio femenino de fertilidad, fecundidad y de fuente general de la vida. Entre los zande representa el renacimien- to, resurrección y purificación, en esos "templos" se realizaban las ceremonias para pedir la lluvia, y el agua que brotaba del subsuelo se consideraba como el renacimiento del alma de los muertos. En los ríos y arroyos se encontraba la morada de los "genios del agua"79. El agua estancada, sin
corriente, como el de los lagos y charcas se relaciona mejor con la génesis del hombre y del mundo, así para los venda, el lago Fundudzi representa el lugar mismo de la creación.
Los templos naturales dedicados a la tierra son variados, se encuentran en el suelo, las piedras, parajes, grutas, hondonadas, encrucijadas y por supuesto en las montañas que poseen numerosos sitios adecuados a ese culto. El simbolismo de la tierra depende de su simetría con el cielo, pudiéndose establecer un sitio de oración en cualquier parte de su superficie; la tierra es una fuente nutricia, lugar de enterramiento, hace crecer, consume, en suma, reúne los dos principios dicotómicos de la existencia, la vida y la muerte80.
mayoría de las culturas del nordeste y sudeste asiático (incluyendo China, Corea y Japón), y en propiamente todas las tradiciones filosóficas y religiosas de los pueblos americanos. Nota del autor.
79 Zahaπ, Dominique. Op. A, p. 50. Los espíritus o genios del agua se encuentra presentes con mucha fuerza también en las tradiciones religiosas de los pueblos americanos, de hecho ese concepto se encuentra extraordinaria- mente expandido en casi todas las religiones arcaicas del planeta. Nota del autor.
80 Zahan, Dominique. Op. cit, p. 53.
El culto a las piedras está ligado al de la tierra, su relación con la génesis humana se desarrolla en otra parte de esta misma obra. Los templos naturales dedicados al fuego son todos los hogares, la forja y los volcanes africanos, el tema se amplía en los títulos correspondientes al fuego y la hoguera.
El sol es un elemento celeste de calor y de luz, pero igualmente se destaca como punto de referencia y
orientación; el sol permite orientar el tiempo y el espacio;
divide el tiempo en dia y noche, y el espacio en este-oeste, arriba y abajo (esto se corresponde en algunos casos en norte-sur). Además del sol, hay otros elementos siderales que orientan el espacio en las concepciones africanas, así las Pléyades, Orion, la Osa Mayor, la Vía Láctea influyen sobre todo en los pueblos más próximos al trópico del norte, y la Cruz del Sur y Canopo en los establecidos al sur de África. Con la ayuda de estos elementos, el africano conjuga la caracterización del espacio y del tiempo, y se sitúa a si mismo, de forma válida, en el interior de la extensión, y la duración. Sin embargo, el sol, con sus dos movimientos, puede constituir para él un sistema de referencia absoluto, presentándose por sí solo como generador de determina- ciones pertinentes del espacio81.
El sol es uno de los elementos preponderantes en la demarcación y determinación del movimiento. El hombre observó de inicio el movimiento y después lo concibió como el tiempo, sin separarlos en ningún momento, más bien confundiéndolos, el movimiento no sería más que la objetiva- ción del tiempo. El hombre dibujó el tiempo con líneas que expresan movimiento, particularmente orientadas por el trayecto solar que se observa desde la superficie de la tierra. El movimiento del sol se dibuja como una espiral concéntrica de izquierda a derecha. Desde el cielo, el sol ordena y rige el movimiento del día, durante la noche esas funciones son efectuadas por la luna, el parentesco entre ambos es variado de un pueblo a otro, sin embargo la relación de pareja es común, a veces como hermano y hermana82, otras como
marido y mujer, en no menos frecuencia las relaciones familiares son de antagonismo celeste equivalente a las del padre-hijo, tío-sobrino. La orientación, el movimiento y el tiempo determinan la vida ritual de los pueblos africanos, los mismos principios fundamental las bases ideológicas de la medicina y la terapéutica.
81 Zahaπ, Dominique. Op. c/f., p. 87.
82 Concepciones similares se pueden encontrar en las cosmovisiones
americanas, en donde domina la relación de pareja esposo-esposa, pero igualmente importante la de hermano-hermana que sustituye el concepto africano de antagonismo entre el padre e hijo, eso ocurre en el caso de la relación mítica entre Hultzilopoxtll y la Coyolxauhqul. Nota del autor.
Los chamanes están presentes en todas las culturas médico-tradicionales de África, tienen diferentes nombres, según la lengua de cada etnia, sin embargo representan una institución con más rasgos comunes que diferentes, tanto en lo ideológico como en lo práctico. Conceptos como los de la dualidad, la división del universos en cuatro rumbos y un centro; su capacidad para traspasar en cuerpo o en alma (propia o prestada, de animal, deidad, o persona) las dimensiones del mundo real y o sobrenatural; combatir con los espíritus malignos, o con el influjo de otro brujo o ser malévolo, a fin de rescatar el alma perdida, secuestrada, o afectada, de los enfermos, para regresarlos al estado de equilibrio y de salud; todo esto es algo común en casi todas las culturas tradicionales africanas, asiáticas, y americanas. Las similitudes van más allá de la coincidencia de la creatividad propia o de una probabilidad estadística; por ejemplo, el método de echar los huesos para predecir el futuro, presagiar acontecimientos, o pronosticar la gravedad de un padecimiento, se encuentra en los tres continentes; esa tradición podría considerarse como una firma, una huella digital, o un tipo de tejido con colores, motivos y urdimbre similar, para que eso ocurra en dos lugares diferentes, no puede explicarse de otra manera que el de un origen básico común.