• No se han encontrado resultados

Solicitud de internación

PARTE II. Casuística y categorías de análisis de investigación.

Capítulo 1. La casuística y las categorías de análisis de

4. Motivo de consulta

4.2. Solicitud de internación

Apareció en ocho (8) de los pacientes (7%), de los cuales seis (6) tenían más de 18 años de edad. Todos ellos apelaban a la institución como último recurso para poner fin a una situación que los superaba y que, presumían, los ponía en riesgo (intentos de suicidio, accidentes, actos delictivo y de violencia, posibles sobredosis, entre otros), donde cobraba preeminencia el temor a las posibles consecuencias del uso de la droga.

En este grupo la consulta fue tanto de los propios pacientes (el 50% de los jóvenes que querían internarse) como de un tercero judicial (37%) por razones similares. Cuando la consulta partió de la familia (13%), asumió además, en algunos casos, una forma de amenazao sanción.

Debemos destacar que casi el total de los consultantes que exigían una internación (7 de los 8 pacientes) ya habían consultado previamente en el hospital en otra ocasión. Esto se vinculaba, por un lado, con uno de los criterios establecidos políticos e institucionales de Salud Mental (Comisión Interdisciplinaria de Expertos en Adicciones, 2010; Ley Nacional de Salud Mental 26.657, 2011) en el sentido del fracaso de intervenciones o medidas terapéuticas previas. Por el otro, confirmó una de las formas que suelen encontrarse en el tratamiento del consumo de sustancias: su abandono, en coincidencia con lo que menciona Sánchez-Hervás et al. (2010).

146

Las demandas de estos pacientes hacían referencia a un renovado pedido de asistencia a partir de haber abandonado el tratamiento o de considerar que el dispositivo ambulatorio no les resultaba apropiado para afrontar el padecer que experimentaban. Uno de ellos (José, caso 89, 19 años) planteaba: “vine pero no me sirvió, venía dos veces a la semana, estando así no me servía [...]. Consumía de todo, droga, alcohol, licor, mariposa. Y así hago mal a mi familia, ¿de qué me servía venir dos días a la semana? Por eso me quiero internar y no me gusta lo de los grupos”. A su vez, insistía en la necesidad de ser apartado de su entorno familiar, tanto de su hermano, con quien más consumía, como de su padre, quien se hallaba actualmente en tratamiento por adicciones.

De este modo, la internación pareció ser en muchos casos una alternativa al tratamiento ambulatorio, apelando a la interrupción del contacto social y familiar que el sujeto tenía hasta entonces, adjudicando al entorno la posible causa del consumo (López, 2006). Otros pacientes mostraron una búsqueda de asilo en una institución o establecimiento. Coincidimos con Stevens (2003) cuando, refiriéndose a esta cuestión, plantea que la coyuntura de este tipo de pedido está íntimamente vinculada al fracaso de las referencias subjetivas (como la familia y la calle) que funcionaban temporariamente en el joven, agravando la situación de errancia.

Uno de los pacientes, Alberto (caso 24, 25 años), arribó a la institución luego de haber asistido durante dos meses a un centro provincial especializado en adicciones, tratamiento que había interrumpido por considerar que no se sentía “cómodo”, ya que los profesionales del lugar no le prestaban atención ni “hablaban mucho”. En el momento de la entrevista se encontraba en situación de calle. Afirmaba que por la droga y el alcohol había estado preso y temía volver a realizar algún acto delictivo: “Yo vine buscando una internación. De ambulatorio no me sirve. Venir así me parece lo mismo. Ya me pasó a mí hacer ambulatorio”. Alberto ya había estado internado hacía dos años en una institución dedicada a la problemática de las drogodependencias pero había decidido abandonarla a causa de las discusiones que sostenía con compañeros del lugar. Subrayó un cambio respecto a aquel momento y el actual: por un lado, su edad, “yo era más chico en ese momento”, indicaba. Por el otro, las dificultades que hallaba en la calle en su existencia actual.

147

Agregó a su vez continuas fugas de su hogar desde los 13 años, errancias permanentes, continuado uso de sustancias como inhalantes hasta los 18 años y, en el momento de la consulta, marihuana, benzodiacepinas y cocaína. Expresó conflictos diarios con las personas con las cuales compartía su tiempo en la calle, donde “no había mucho orden”. Alberto insistía en poder ingresar nuevamente a un centro como modo de interrumpir su situación actual de consumo, errancia y malestar, que se presentaba difuso y circunscripto a la droga.

Otro caso es el de Natalia (caso 81, 22 años), que arribó a la institución luego de haber realizado tratamiento en la misma en dos diferentes ocasiones. La primera vez hacía tres años, tratamiento que abandonó luego de pocas entrevistas y, la segunda vez, a principios del año de la consulta actual, cuando también interrumpió el tratamiento. En la presente consulta dijo sentirse muy angustiada a partir de un episodio que le había sucedido a su hija. Suponía que los motivos de este hecho habían sido su negligencia y su falta de atención por no hallarse con ella (era su madre quien solía cuidarla). Natalia, quien estaba embarazada de tres meses en la coyuntura de la consulta, utilizaba diariamente diferentes tipos de sustancias (marihuana, cocaína, alcohol y benzodiacepinas). Demandaba una internación inmediata explicando “Porque sé que no puedo sola, venir acá, me hablan dos o tres horas y salgo y hago lo mismo. Yo necesito drogarme”. Al final de la entrevista ingresó su madre quien explicó que Natalia estaba “perdida”, permanentemente en la calle, “en peligro”, situación agravada por el hecho de estar infectada con H.I.V., sin tratamiento.

Otro caso es el Joaquín51 (caso 51, 21 años) quien llegó al hospital sin turno previo.

Solicitó una internación a partir de la angustia, el malestar y la culpa que experimentaba por sus propias características así como por las consecuencias que el consumo le había acarreado.

Resumiendo, dentro de la categoría de internación pudimos distinguir diversas cuestiones. Por un lado, en algunos casos, encontramos que el consumo que otrora había funcionado como solución (no por eso síntoma en el sentido de producto

148

cifrado del inconsciente) ya no sostenía al sujeto o al menos ya no poseía la misma función en su económica psíquica subjetiva. Si la tenía, resultaba insuficiente y el consumo se había tornado problemático.

Por el otro lado, en otros pacientes, el pedido de internación se ubicaba en una línea de continuidad del consumo, no conformando una posible ruptura en la forma en que el sujeto apelaba al toxico para obturar la emergencia del malestar o la angustia sino como una modalidad diferente de no atravesar por un dispositivo como el ambulatorio, donde la palabra debía ponerse en juego en el tratamiento del uso y la función de la droga. De este modo, en muchos casos las entrevistas individuales, en un espacio al que el paciente debía concurrir, con un tiempo estipulado y delimitado, y donde debía hablar, no constituían para el sujeto una forma posible de interrumpir el uso del tóxico y el exceso concomitante de las drogas.

En otros pacientes, la situación familiar, el contexto social, la ausencia de perspectivas futuras y la desinserción institucional, hacen pensar que ellos buscaban en la internación un “cambio de vida”, el encuentro de referencias quizás nunca antes establecidas, o el abandono de las que poseían pero que una y otra vez lo conducían a un derrotero mortífero y compulsivo que, aparentemente, no incluía una salida sino sólo el ingreso, la caída, la “recaída” y el retorno al uso de la sustancia.