Llego a Úbeda, en 1949, procedente del centro de Andújar, tras haber pasado casi año y medio en la clínica de San Rafael de Granada, regida por los Hermanos de San Juan de Dios, en la que fui admitido a instancias de SAFA para que el cirujano titular, y creo que único, que ejercía también como traumatólogo, intentara remodelar mi sindáctila en mano izquierda y corregir la deformidad de mi pié derecho. El resultado de las intervenciones fue más bien pobre estéticamente, aunque, por el tiempo transcurrido, parece que digno de aplauso, pues no solo superé los muchos problemas para mi recuperación que, posteriormente, hasta practiqué deporte (léase futbol, cómo no) y con perseverancia tuve una juventud
razonablemente activa y socialmente digna. Para el curso 1950/51, en Septiembre, con Preparatorio aprobado con nota, D.
Mateo Carrasco me pregunta qué estudios
quiero realizar, si Magisterio o Comercio. Sin tener ni idea de las dificultades que hubiera tenido de Maestro, por mis condiciones físicas y en supuesto de superar los estudios para docente, me incliné, sin pensarlo mucho, por Comercio. Nada me indicaron ni recibí consejo, presión ni orientación alguna. Comercio estudié y hasta aquí, con muchos problemas y cuarenta y cinco años (1954/1999) dedicado a esta Fundación con
setenta y tres años de historia.
Y ahora un inciso, digresión o paréntesis: En 1952 llega a Úbeda, procedente de Ecuador, donde al parecer estuvo no mucho tiempo, el P. Cristóbal Sánchez Pérez S.J., nombrado Prefecto General y Director del Centro de Úbeda. Su cargo comprendía la inspección de Enseñanza Primaria, la selección de futuros internos Profesionales y, más tarde, la visita a centros con la asistencia de D. Isidoro Vila plana y D. Manuel García Tejada. “Le precedía fama de
exquisita prudencia, dotes de gobierno y simpático talante cordobés”. (Bermudo en su
Historia SAFA, pag. 56). Atendió el centro de Villacarrillo, que carecía de jesuita estable, y fue Director del de Villanueva del Arzobispo, tras el P. Pérez Romero, desde 1961/62. Le sustituyó el P. Jesús Mendoza, en 1967,
asumiendo todas sus funciones.
Toda una vida en la SAFA: cinco años como alumno seguido de 45 años como empleado, integrante de la 2ª Promoción de Comercio (1950/54), nos transmite los hechos y emociones más relevantes de su trayectoria en la Institución.
Joaquín Asenjo (Secretario), Sánchez Mena (Contabilidad), Luis Morno S.J. (Rector), Alfonso Hervas (Tesorería y Control) y Juan Linares (Obras y Presupuestos).
Padres Villoslada y Sánchez
. Padres Villoslada y Sánchez
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un columpio” (Algazul Editor, pag. 157). “El P. Prefecto reinante, un jesuita desmedrado de talla, le
entregó un silbato... Hablaba bajo y un andaluz incompresible”. Tengo la impresión de que nos
volvieron a cruzar palabra en el tiempo que convivieron en el colegio. Y lo digo como “Burguillos” entusiasta.
El P. Bermudo, en su ya mencionada Historia de la SAFA reitera “...era un buen religioso y a la vez hombre singular. Prudente,
imaginativo, piadoso, inteligente, sencillo como un niño, disfrutaba con los pequeños... Se deleitaban todos oyéndole contar sus exageradas experiencias y aventuras en América. Promovió pintorescos finales de curso... Los ya adultos de F.I.P. le veneraban y obsequiaban…” (ver pag. 191 si queréis comprobar y ampliar).
Pues bien, este Prefecto/Director de Úbeda, en el curso 1953, quiero recordar, leyó en público las notas académicas de todos los alumnos, entre los que yo me encontraba. Cuando anunció en voz alta las mías, terminó con una apostilla encomiástica que, por modestia, no incluyo en esta reseña (Sebastián López, recién llegado a SAFA, aún la recuerda. Sobre las mismas fechas y cursos, recordad que en mes de mayo se nos obligaba a escribir y exponer en público una flor o alabanza a la Virgen María. Me tocó y subí a la tribuna... pasé el trago, fui breve, conciso, me centré en San Ambrosio y terminé con su: “Es tan grande tu poder...”. El único que apreció en algo mi trabajo fue precisamente el P. Sánchez, sobre el que comentó... “Poca voz, pero muy bien puntuado y expuesto”. Y así pequeños detalles que el tiempo fue difuminado y que de vez en cuando vuelven sin saber o precisar por qué.
De 1950/51 a 1953/54 cursé los estudios de Comercio según un Plan de la misma SAFA, que no fueron oficialmente reconocidos, pero si aprovechados para atender sus servicios administrativos. En 1954, y en plena fiebre renovadora de los órganos directivos de la Fundación, comencé mi andadura profesional en el Departamento de Contabilidad de la Dirección Central, al frente del cual estaba un vasco llamado José Antonio de Tárraga y Arana. A los pocos meses, creo, o al año siguiente, una inspección procedente de Madrid puso “patas arriba” todo el montaje directivo en todas sus vertientes. Salió el P. Villoslada el fundador, algunos de sus colaboradores más directos y se renovó el equipo administrativo. Entre los que quedaron fui uno de los elegidos.
En aquellas fechas ya estaba con nosotros el Padre Sánchez y a estas alturas todavía me pregunto si influyó en algo para mi continuidad. Si quiero manifestar que esta sensación no la puedo borrar de mis sentimientos, y retornan pequeños detalles que fortalecen la creencia de que confió y creyó en mis posibilidades futuras en la Institución.
Tras el inciso o digresión que antecede, y sean o no ciertas estas especiales impresiones, quiero resaltar que he sido el único empleado SAFA que trabajó, directa o indirectamente, con todos sus Rectores, incluso con el fundador, aunque por poco tiempo. Así, desde el P. Villoslada (el alma, el motor, la intuición genial y portentosa) al P. Cuenca (el diplomático, que conocía a todo el mundo... pero preguntando antes a sus asesores); el P. Ponce (al que la edad sujetaba en despacho) que los siguió; el primer rectorado del P. Bermudo (el segundo impulsor de la Obra, aunque en sus tiempos se adelantaron o se demoraron cursos académicos);
Los Rectores P. Cuenca, P. Ponce y P. Bermudo.
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el siguiente, el P. Luis Moreno (la bondad personificada, también con notables lagunas económicas). Tras Moreno repitió el Padre Bermudo con el, para mi, tremendo error del traslado a Córdoba, aunque esta decisión permitió que, con el asesoramiento de ETEA, se presentara un estudio que “obligó” a la Compañía para entregar a SAFA 50 millones de pesetas a fondo perdido y que desahogó un poco la deficitaria marcha económica que amenazaba -casi- suspensión de pagos; le sucedió el P. Segura (bondadoso y culto,
al que superó, como no, la economía). Al fin apareció el P. Restituto Méndez, que repitió ciclo. Fue un negociador implacable y un gestor de primera, al punto de dejar la Fundación con poco más de un millón de pesetas de déficit, con logros como la venta de terrenos a Ávila Rojas, y conseguir una subvención de la Junta de Andalucía de importancia crucial, que supusieron, entre ambas operaciones más de 200 millones de pesetas. En todas estas gestiones los datos y registros que se aportaron fueron confeccionados, en gran parte, por el Departamento de Contabilidad que yo coordinaba.
Después del P. Restituto Méndez llegó el P. Álvarez Ossorio para el que el fin justificaba los medios y que dio continuidad a la gestión de su predecesor y, a continuación, el P. Luís Espina que, con otros medios, mejor economía, tiempos diferentes, entregó el rectorado al P. Joaquín
Morales Ferrer, en cuyo mandato me jubilé. Podéis pensar que ya jubilado no tendría contacto con
los dos siguientes rectores. No fue así; seguí relacionándome con el P. Juan Luis Veza (eso sí, trabajo indirecto) puesto que continué atendiendo el Departamento “Corrección Lingüística” de la revista AULA de Escuela Universitaria SAFA que había iniciado con el número 3 (1999). En este campo terminé con mi colaboración con el número 14 (2011).
Con el rector (Director General) actual, al que personalmente no conozco, también he colaborado y constato que adelantándome a la idea de PEDRO MORA, planteada en la pág. 3 de la revista AMALGAMA nº 11 en la que textualmente dice “… que muchos de nosotros proyectemos ese
sentimiento de gratitud … de HACER ALGO POR LA SAFA”.
Puedo deciros que en junio y septiembre de 2013, y sin compromiso de ningún tipo, envié a Sevilla un estudio “Económico/Contable” de 60 páginas para SAFA y de catorce páginas para la Fundación Loyola, con una serie de observaciones y sugerencias sobre Balances 2004 hasta 2011.
Con una mención especial para PACO BORDÉS, que me pidió escribiera alguna evocación y experiencia del pasado, que ha resultado un “tocho” insufrible y unas referencias que tienden a la inmodestia, termino diciendo:
Llegué a la SAFA, estudié, trabajé, me
jubilé… !! y sigo con y en SAFA !! Francisco Gutiérrez Parra, J. Calles, Hervás, Juan García,
Sánchez Mena, Francisco Amores, Juan Miranda y Pedro Pulido
Casiano Nieto, Juan Miranda, Pedro Pulido, J. Calles (Maestro carpintero), Hervás, Gutiérrez Parra, Sánchez Mena y Juan García