1 Los Espacios verdes en la ciudad
1.3 Sostenibilidad urbana
La integración de las distintas visiones sobre el diseño urbano puede ser consolida alrededor del concepto de desarrollo sostenibilidad urbana, alcanzable en base en la integración de las visiones económica, social y medioambiental de la sociedad, capaces de a escala global garantizar la salvaguardia de los recursos naturales. Este nuevo paradigma coloco la ciudad en el centro del debate por su amplio impacto territorial y por su enorme contribución para el consumo global de recursos.
Aunque el concepto de sostenibilidad urbana pueda ser comprendido desde distintos enfoques, su originalidad está en los mecanismos genéricos sugeridos en el Informe Brundtland, de 1987, por los cuales han de abandonarse las lecturas parciales sobre el desarrollo, sean ellas sociales, económicas o medioambientales, en favor de un enfoque que integre las tres componentes, equilibrando los factores de desarrollo, en el denominado trípode de la sostenibilidad. Esta interpretación, gráficamente apelativa, del concepto de sostenibilidad tiene en realidad una gran complejidad práctica, en la que las acciones humanas han de ser determinadas por sus implicaciones en las tres vertientes de la sostenibilidad (Figura 1-4)(aquí interpretadas desde la perspectiva urbana):
- Sostenibilidad económica, supone que las actividades económicas han de desarrollarse utilizando los recursos naturales sin causar daños irreversibles. Un concepto relevante en esta vertiente resulta de la necesidad de uso eficiente de los recursos locales como mecanismo de maximización de los beneficios en las restantes vertientes del desarrollo, a la vez que contrariando los impactos generados en mayor escala.
- Sostenibilidad social, determinada por la mejoría de la calidad de vida de la población local, facilitando el acceso equitativo a los recursos naturales, al edificado y a los elementos que contribuyen de modo decisivo para la calidad de vida urbana. Se supone que se debe en primero lugar garantizar la satisfacción las necesidades básicas de toda la población, para posteriormente integrar elementos de mejoría de la calidad de vida.
- Sostenibilidad medioambiental, utilización racional de los recursos y minoración de los efectos adversos de la contaminación urbana. La sobre-explotación de los recursos y el acceso desigual compromete la sostenibilidad de los recursos naturales.
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Economico
Social
Medio-
Ambiental
Figura 1-4 – Trípode de la sostenibilidad
En una interesante perspectiva, Pacione (2009) añade dos componente adicionales al modelo del trípode de la sostenibilidad considerando la sostenibilidad física y política:
- Sostenibilidad física, como la capacidad del ambiente urbano de sostener la vida humana y las actividades en su interior. Esta perspectiva está relacionada con la capacidad de las ciudades en contener una dimensión humana que no comprometa la calidad de vida del colectivo. Para conseguir este propósito hace falta una adecuada ordenación territorial orientada al equilibrio de las componentes del desarrollo. - Sostenibilidad política, la necesaria democratización de la participación de la
comunidad urbana en la gobernación de las ciudades. La participación de la población es un mecanismo generador de compromisos más eficaces y durables.
En resumen, la sostenibilidad urbana es alcanzable por la interpretación de las dinámicas de los sistemas urbanos, evaluando sus impactos para la viabilidad de los recursos naturales, en una escala alargada, en un balance que busque también el desarrollo económico y la adecuada promoción de la calidad de vida de los residentes. Bajo esta perspectiva, el urbanismo, como práctica, recobra una complejidad sin precedentes que apenas puede ser correspondida por intermedio de un enfoque holístico e interdisciplinario.
Los debates subsecuentes refuerzan la importancia de las vertientes tradicionalmente menos preponderantes del desarrollo urbano, la social y la medioambiental, considerando la coherencia de las interpretaciones sectoriales en la consolidación de un ideario que, desde la componente urbana, contribuya para la sostenibilidad global. Una interpretación semejante resulta de la Nueva Carta de Atenas (CEU 2003), documento desarrollado por el Consejo Europeo de Urbanistas, que propone el modelo de Ciudad Conectada, que ante la creciente ruptura del carácter de las ciudades, se propone conectar el pasado con el futuro de las ciudades en base en un conjunto de líneas de actuación en las temáticas: social, económica e medioambiental, traducida en un modelo síntesis espacial.
Por su relevancia institucional, cabe aun destacar los trabajos desarrollados en el seno de la Comisión Europea, que desde la década de 90 traducen en una amplia producción de documentación temática sobre las cuestiones de la sostenibilidad urbana, incluyendo las aportaciones del Libro Verde sobre el Medio Ambiente Urbano (COM (90)218) (CEC 1990), el
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Informe sobre las Ciudades Europeas Sostenibles (CE 1996), la Comunicación de la Comisión Europea “Hacia una estrategia temática sobre el medio ambiente urbano” (CE 2004), la carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles (UE 2007), además de la iniciativa autónoma de los municipios Europeos en la denominada Carta de Aalborg (CCES 1994) y acuerdos posteriores.
En el conjunto de los documentos citados, los espacios verdes son interpretados como un elemento esencial a la sostenibilidad, considerando distintos aspectos de su introducción o manutención en el espacio urbano. La Unión Europea reconoce su valor intrínseco para la calidad del ambiente urbano (CEC 1990), defendiendo su incremento en el interior de la ciudad y en su entorno, motivado por el impacto positivo que estos tienen sobre la calidad de las ciudades como hábitats, para beneficio humano así como para la existencia de biodiversidad. Las ciudades son interpretados como espacios ideales para la educación y sensibilización de las poblaciones sobre el funcionamiento de los ecosistemas y las posibilidades de integración de las funciones urbanas en el sistema natural (CE 1996). La Comisión Europea reconoció igualmente la necesidad de actuación prioritaria sobre los espacios verdes como forma de mejorar la calidad del ambiente urbano defendiendo la creación de zonas verdes u otros espacios públicos a partir de la reutilización de terrenos abandonados, así como la necesidad de “proteger y mejorar el entorno edificado y el patrimonio cultural, y fomentar la biodiversidad y los espacios verdes dentro de las zonas urbanas.” (CE 2004). La Carta de Aalborg añade la necesidad aliviar la presión sobre las reservas de capital natural, promoviendo la creación de otras nuevas, como parques de esparcimiento urbano para mitigar la presión ejercida sobre los bosques naturales (CCES 1994).
Los espacios verdes, como elementos de la estructura urbana, serían integrados en la discusión de la sostenibilidad desde su relevancia para la consolidación de estrategias eficaces. La interpretación del valor funcional de la estructura verde frente al paradigma de la sostenibilidad será el elemento central del Capitulo siguiente, importando de momento consolidar algunas de las principales líneas genéricas de este debate, en las cuales se sitúa el objeto de análisis.