“La basura. He aquí el quid: es en vuestra basura donde hundo mis raíces. Soy el eco de todos los desperdicios que habéis arrojado a lo largo de los siglos. Si mi forma no es más que una parodia de la forma, mi espíritu no es más que una parodia del espíritu, y mi persona una parodia de la persona” (citado por Sandauer, 1972, 24)
A través del recorrido por los territorios gombrowiczeanos parece que hemos podido observar ciertas tendencias interesantes. 1) Todo lo indeterminado-inferior-mestizo-periférico se asocia. Es una suerte de universalidad, de transculturalidad, que en el libro aparece como concepto denominado Filiatria. Gonzalo lo defiende y Gombrowicz- personaje llega a fantasear con él. 2) Sin embargo, lo otro, el afuera de la Forma, no ofrece respuestas cerradas que supongan una verdadera alternativa. Es más, lo alto contiene a lo bajo. Lo Inferior, en algún punto, se disuelve en lo Superior. 3) Entonces, siempre se llega al dilema completamente personal. El dilema también se produce entre las dos fuerzas narrativas de Trans- Atlántico: la actividad de la Nación y la actividad de la anti-Nación. En cierto sentido, el dilema llega a trasladarse hacia arriba, al campo de la expresión. ¿Cómo cierra Gombrowicz-autor la ficción que ha inventado sin caer en la tragedia y sin hallar una respuesta que supondría, del algún modo, una Forma?
Estas tendencias y estas preguntas, insisto, son fuerzas de desterritorialización e influyen, finalmente, en la expresión. Gombrowicz escribe en el Diario:
“Tenía que dar apariencia de razonamiento a lo que en realidad era en mí una pasión, y eso me conducía a un sinfín de construcciones mentales que a decir verdad me eran indiferentes… Pero ¿no es así como nace el pensamiento: como un sustituto indiferente de las tendencias, necesidades y pasiones ciegas, para las que no sabemos
conquistar su derecho de ciudadanía entre los hombres?” (Gombrowicz, 2005, 198, el subrayado es mío)
Todos los subrayados que hice en este trabajo venían a confluir en este último. Porque la ciudadanía es un concepto politológico que permite pensar cuestiones de territorio: “es aquel estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad. Sus beneficiarios son iguales en cuanto a los derechos y obligaciones que implican.” (Marshall, 1998, 11) La obra de Gombrowicz se pregunta por una cuestión de tanta actualidad hoy como la de dar derechos literarios (privilegios simbólicos) a manifestaciones artísticas, sociales, culturales, sexuales, raciales, marcadas por su extranjeridad. Pero el polaco no sabe responder. El Diario argentino y Trans-Atlántico son la representación extrema de su debate acerca de la cultura y el lenguaje polacos.
A lo largo del Diario se escenifica la fascinación de Gombrowicz por la baja literatura; por ejemplo la escritura de los baños públicos (Cf. 2005, 220) o por Sinckiewicz, el escritor de la segunda fila polaca, el envés de Minckiewicz (Cf. 2005, 325). Al tiempo que revela el gusto por la subcultura, Gombrowicz repite sin cesar su repulsa hacia la civilización/poesía/forma nacional que ha superado al individuo y lo ha convertido en un ser incapaz de relacionarse con su propia cultura. Lo cual, finalmente, atañe a la expresión:
“Los poetas se han vuelto esclavos, y podíamos definir al poeta como un ser que no puede expresarse a sí mismo, porque tiene que expresar el Verso” (Id., 315)
Por su parte, Trans-Atlántico lleva hasta el límite la cuestión de la expresión. ¿Cuál es el no-verso de Gombrowicz? Intentaré resumir a continuación la multiplicidad de intervenciones del polaco sobre el más difícil territorio: el de la lengua:
1) Trans-Atlántico fue escrito originariamente en polaco. La traducción al español le fue encargada a Sergio Pitol. Gombrowicz mismo eligió al joven escritor argentino como traductor desde el Diario.
2) Puede parecer, por tanto, que Gombrowicz no sale de su lengua materna. Sin embargo, hay que notar que el polaco utilizaba su idioma nativo exclusivamente para la escritura, “como si fuera un idiolecto, una lengua privada” (Piglia, 1987). Y es que el polaco utilizado por Gombrowicz en Trans- Atlántico, como se ha dicho hasta aquí, es prácticamente intraducible. Se trata de un juego extremo con el lenguaje, “una relación excesiva donde se mezclan el odio y la nostalgia” (Id.)
3) Piglia advierte que lo paradigmático de la Literatura argentina es precisamente el estilo que procede de la mezcla y la extrañeza, el de Artlt y Macedonio Fernández. Por eso él considera a Gombrowicz “el mejor escritor argentino del siglo XX” (citado por Saer, 1989)
4) Una vez resulta la cuestión de qué idioma; debemos responder a ¿qué ortografía? En primer lugar la que rige la palabra “Trans-Atlántico” (Cf. Gombrowicz, 1976). El guión separa el prefijo del sustantivo para aclarar que no se trata de un tipo de barco, sino de una narración “a través del océano”, es decir, en tierra de nadie. Estamos ante una lengua de tránsito: resto privado que se guarda en una maleta tras una larga travesía de exilio.
5) La otra cuestión ortográfica tiene que ver con las mayúsculas aleatorias de nombres, verbos y adjetivos, es decir, de piezas morfológicas con contenido. Las mayúsculas, convencionalmente, suelen reservarse para grandes nombres de conceptos o instituciones. Su repetición hasta la saciedad las convierte, por inversión, en nada, en auténtico Vacío.
6) En cuanto a la expresión Gombrowicz-autor logra construir un fuerte aparato verbal de gran ritmo que nunca cede a las formas tradicionales. La farsa se organiza, básicamente, a través de la conversión de todo lo narrado en un espeso manto de discursos cifrados.
7) Ejemplos de la cifra son: a) sustituir los verbos de pensamiento y discurso por verbos de movimiento (cf. 9) b) Animalizar la expresión de los outsiders (cf. 15) c) Dejar que los locutores de la patria emitan sus discursos perfectamente, pero intervenidos por la repetición y la tipografía para que puedan, así, visibilizar sus verdaderas intenciones (cf. 14).
La elaborada expresión gombrowiczeana parece nacer del anhelo de ser menos de un relato, de practicar un sublenguaje afín a las realidades vitales del individuo desterritorializado. Pero todas las fuerzas que mueven el motor y el mar de Trans-Atlántico conducen a un callejón sin salida. ¿Cómo se termina la repetición? ¿Cómo se cierra la trama imposible? ¿Cómo se soluciona el problema de la Nación? No sé si sorprenderá a quien esto lea el final de la novela. A mi me parece de una extrema racionalidad que el dilema gombrowiczeano, al final, de manera frívola y vulgar, termine con una sonora carcajada. Ni filicidio, ni parricidio, ni magnicidio, ni nada…Nada. La risa más atroz. Una risa que sonaría de forma parecida a la perplejidad si no fuera porque al final del Diario Argentino, en el regreso de Gombrowicz-autor-personaje a su tierra, se puede leer lo siguiente:
“Sea como fuere, es en este barco que he regresado a Polonia. Se Acabó el tiempo de mi exilio.
He regresado, pero ya no como un salvaje. Tiempo atrás, en la época de mi juventud en el país, me sentía completamente salvaje ante Polonia, no sabía afrontarla, no tenía estilo, ni siquiera era
capaz de hablar de ella; ella sólo me atormentaba. Después, en América, me hallé fuera de ella, separado. Hoy las cosas son distintas: regreso con unas exigencias concretas: sé qué es lo que debo pedir a la nación y sé lo que puedo darle a cambio. Me he convertido en ciudadano”
Quien me iba a decir, al empezar las lecturas de Gombrowicz, que el traidor terminaría por regresar al territorio. Polonia necesariamente habrá cambiado y también Gombrowicz. Su viaje por las periferias y filiatrias, su bajada a los infiernos, ¿modificará su propia ciudadanía? ¿conseguirá la carta de derechos para la subcultura que consiguió rozar?
BIBLIOGRAFÍA
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