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CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO BASE Y PENSAMIENTO HEGEMÓNICO DE LA RENDICIÓN DE CUENTAS

2.1. Elementos de un marco teórico base

2.1.3. Sujetos sociales

Dentro de la interpretación gramsciana del presente marco teórico base el cambio en las concepciones y prácticas de RCP implica dos transformaciones simultáneas. Una

de la sociedad civil - que busca la aceptación generalizada de nuevos concep

valores y otra en la modificación de las estructuras del aparato de estado (legales, políticas, administrativas) que son posibles en coyunturas de ampliación del consenso hegemónico que permita la legitimación de sus acciones y el respaldo

Un elemento faltante en este marco es la entidad o entidades que pueden hacer posibles este doble movimiento.

En la literatura científica se pueden encontrar humanos que actúan y pretenden cambios sociales

sectorial, por el motivo de sus acciones o por la teoría que los sustentan. Se habla de actores 61

Factores que inciden en la Autonomía relativa del Estado.

Fuente: Elaboración propia.

Dentro de la interpretación gramsciana del presente marco teórico base el cambio en las concepciones y prácticas de RCP implica dos transformaciones simultáneas. Una

que busca la aceptación generalizada de nuevos concep

valores y otra en la modificación de las estructuras del aparato de estado (legales, políticas, administrativas) que son posibles en coyunturas de ampliación del consenso hegemónico que permita la legitimación de sus acciones y el respaldo electoral.

Un elemento faltante en este marco es la entidad o entidades que pueden hacer posibles

En la literatura científica se pueden encontrar perspectivas de estudio de los grupos humanos que actúan y pretenden cambios sociales. Algunos se diferencian por su extensión sectorial, por el motivo de sus acciones o por la teoría que los sustentan. Se habla de actores

Factores que inciden en la Autonomía relativa del Estado.4

Dentro de la interpretación gramsciana del presente marco teórico base el cambio en las concepciones y prácticas de RCP implica dos transformaciones simultáneas. Una - en el campo que busca la aceptación generalizada de nuevos conceptos, prácticas y valores y otra en la modificación de las estructuras del aparato de estado (legales, políticas, administrativas) que son posibles en coyunturas de ampliación del consenso hegemónico que

Un elemento faltante en este marco es la entidad o entidades que pueden hacer posibles

perspectivas de estudio de los grupos . Algunos se diferencian por su extensión sectorial, por el motivo de sus acciones o por la teoría que los sustentan. Se habla de actores

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colectivos, movimientos populares, movimientos clasistas, sujetos colectivos, organizaciones de la sociedad civil, identidades colectivas, etc. (Cuéllar, 1992).

Para ser consistentes con los elementos anteriores de este marco teórico base se eligió trabajar con la categoría de sujeto social. El concepto de sujeto social se puede considerar como una mediación entre las categorías analíticas de clase social (la más abstracta) y movimiento social (el más específico).

En el marxismo la clase social involucró siempre un sujeto histórico centrado en los procesos de la infraestructura económica y daba centralidad a las relaciones sociales de producción (De la Garza, 1992). La clase social estaba cargada de determinismo, esto es que las condiciones estructurales obligarían a la clase obrera a asumir su tarea histórica de transformación social. La clase social no era en realidad un sujeto sino un objeto de las contradicciones inherentes a las bases económico-sociales35. Al final “los verdaderos sujetos de la historia acababan de ser las estructuras” (Cuéllar, 1992, p. 112).

La conciencia de clase o el tránsito de la clase en sí a la clase para sí no es otra cosa que la comprensión de la misión histórica del proletariado. La clase social es un sujeto actuante con una obligación estructural: el desarrollar el capital o hacer la revolución.

Además de estos problemas determinísticos la clase social ha ido perdiendo su capacidad explicativa de los sucesos sociales debido a diversos factores. Por ejemplo, el trabajo ha perdido importancia como factor de integración social, la terciarización de la economía diluyó las entidades clasistas obreras, la sociedad se vuelve “compleja” y se acentúan los procesos de diferenciación, variabilidad y exceso cultural (Melucci, 1999, pp. 85-86). Además aparecen importantes acciones colectivas que buscan reivindicaciones mas ligadas a lo político-cultural que a lo económico-gremial (Melucci, 1999; Olvera , 1999).

Además para un estudio de caso concreto como el que ocupa este trabajo se requiere un concepto que capture la acción colectiva menos abstracto y que dé cuenta de aspectos mas específicos que la posición estructural.

Otro concepto muy utilizado es el de movimientos sociales. La teoría de los movimientos sociales tiene muchas vertientes, funcionalista, sistemática, accionalista, marxista, etc. (Ramírez, 1999, p. 63). La más influyente de todas es la propuesta de Alberto Melucci.

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Olvera lo resalta que los análisis con base clasista “reificaban las acciones colectivas considerándolas como mera respuesta a tensiones estructurales en la sociedad…o bien como resultado de la esencia transformadora implícita en la propia naturaleza de los actores sociales” (Olvera , 1999, pág. 111).

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Para Melucci un movimiento social se trataba de un concepto analítico que describía a fenómenos colectivos que contienen el reconocimiento mutuo de los actores como parte de una unidad, basados en una acción solidaria y con el compromiso en un conflicto en oposición a un adversario elementos que lo llevaban al rompimiento de los límites de compatibilidad del sistema (Melucci, 1999; Alonso, 1999; De la Garza, 1992).

Con esta herramienta Melucci intenta salir de las determinaciones estructurales del marxismo tradicional. Afirma que “sin un análisis de las relaciones de clase, las conductas colectivas se convierten en fenómenos emocionales, derivados del mal funcionamiento o de los mecanismos de integración. Es necesario, por tanto, combinar relaciones sistémicas con orientaciones voluntarias y verlas como sistemas de acción operando en un campo sistémico de posibilidades y límites” (De la Garza, 1992, p. 33). El dualismo entre determinaciones estructurales y acción subjetiva lo resuelve afirmando que los movimientos sociales son una construcción social en donde “la acción no puede analizarse solamente dentro de las contradicciones estructurales. La acción tiene que considerarse como una interacción de objetivos, recursos y obstáculos; como una orientación intencional que se establece dentro de un sistema de oportunidades y coerciones” (Melucci, 1999, p. 37).

Los elementos del concepto de Melucci para delimitar los sujetos de la acción colectiva son muy puntuales: identidad, solidaridad, conflicto, adversario y rompimiento con los límites del sistema en que ocurre la acción. Ello excluye muchas otras formas de acción colectiva que, por ejemplo, no están basadas en la solidaridad sino en objetivos materiales, que no tienen identificado a un adversario específico o conflicto operante, pero sobre todo excluiría a toda acción colectiva que no intente romper con los límites sistémicos, es decir, transformar sustancialmente su entorno cultural, político o económico. Como afirma Jorge Alonso: “[Melucci] anotaba que para que una acción colectiva pasara a ser movimiento social se requería que el comportamiento de los actores quebrara las normas institucionalizadas en roles sociales y desbordara las reglas del sistema político” (Alonso, 1999, p. 31-32). En sus elaboraciones posteriores el concepto de Melucci se volvió más específico ya que luego se utilizó sólo para acciones colectivas que excedían los conflictos económicos y políticos y pretendían transformaciones en campos culturales amplios.

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Ante el carácter específico del concepto melucciano de movimientos sociales, el de sujeto social parece ser más útil para describir la variedad de actores sociales que participan en las transformaciones en los ámbitos de la RCP.

Un sujeto social es una agrupación que desarrolla una acción colectiva centrada en un interés común compartido. Los rasgos característicos de un sujeto social son:

a) La agrupación está formada por individuos y parcialmente determinada por sus acciones, “no por su agregación mecánica, sino por su interacción, mas o menos compleja, que responde a factores diferentes” (Durand, 1992, p. 593).

b) La acción colectiva es

un proceso de coordinación de interacciones con miras a intereses comunes a través de la movilización organizada de recursos y habilidades estratégicas. Por medio de la organización se constituyen, articulan, restringen y orientan las acciones e intereses generales. El resultado no es simplemente una coordinación sino una resignificación de las interacciones sociales dadas y, con ello, la redistribución del poder, recursos y oportunidades entre los actores sociales mismos, percibiendo y definiendo de nuevas maneras los contextos en conflicto, identidades compartidas, intereses generales y motivaciones particulares. (Estrada, 1997, p. 76)

c) La acción colectiva

implica una subjetividad-identidad-proyecto…[en la que] la práctica misma, llena de impresiones lo que antes la subjetividad no lograba definir con precisión. En esta medida, la práctica colectiva moviliza identidades, junto a sentimientos, conocimientos y valores colectivos que no pueden estar claramente integrados en una identidad previa al movimiento (De la Garza, 1992, p. 54)

d) Los sujetos sociales tienen relaciones dinámicas en lo interno y con lo externo a partir de la acción colectiva misma, de la formación y reconformación de sus identidades y metas y de la aplicación de estrategias de acción.

e) Retomando de Melucci:

la acción colectiva es considerada resultado de intenciones, recursos y límites, con una orientación construida por medio de relaciones sociales dentro de un sistema de oportunidades y restricciones. Por lo tanto no puede ser entendida como el simple efecto de precondiciones estructurales, o de expresiones de valores y creencias. (Melucci, 1999, p. 43)

f) En los sujetos sociales se da una triada dinámica en juego estructuras-subjetividades- acción (De la Garza, 1992, p. 55) que requiere que las agrupaciones traduzcan los límites,

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oportunidades y conflictos a través de sus visiones subjetivas del mundo y de la propia experiencia colectiva.

Este concepto de abstracción media permite abarcar tanto los movimientos sociales como los de grupos específicos cuya acción colectiva está más enfocada como son la preservación de espacios naturales o históricos, la seguridad pública, la contaminación, la calidad de vida, la democracia local y desde luego la RCP. Esto es significativo pues “todo ello refleja la creciente centralidad del plano local como espacio de articulación de diversas formas de acción colectiva” (Olvera A. , 1999, p. 124).

Así mismo, considerar al sujeto social como protagonista de la acción colectiva permite utilizarla como medio de identificación de los componentes de la sociedad civil (en el sentido gramsciano) y por lo tanto se puede suponer que los sujetos sociales tienen toda la diversidad de aquella y que no necesariamente buscan la transformación “progresista” de la sociedad. Con ello se recupera la dialéctica como parte de la operación de los sujetos sociales: pueden ser contradictorios y cambiantes en sus discursos, en sus estrategias y en sus “visiones del mundo” de acuerdo con su propio desarrollo y circunstancias (Icaza, 2004). Si la acción colectiva puede ser contradictoria se elimina con ello la pretensión funcionalista de que los sujetos sociales son siempre, y en todo, progresistas, conservadores, revolucionarios o hegemónicos.

De acuerdo con los conceptos revisados hasta el momento un cambio en las concepciones y prácticas de la RCP pudieran darse de forma dinámica y acumulativa desde varias fuentes: i) desde “afuera”, es decir, presiones supraestatales que obliguen al aparato de Estado a realizar modificaciones en pro de la RCP como aquellas de los organismos financieros internacionales; ii) desde “adentro” que implicaría una reconformación de los componentes políticos y de clase al interior del aparato de Estado y que en virtud de necesidades de obtención, conservación o ampliación del poder público lo hicieran proclive a aceptar mecanismos para su control horizontal o vertical; y iii) desde la sociedad civil a través de la acción de sujetos sociales diversos que pretendiéndolo o no incidan en la conformación de nuevas formas de interactuación ciudadanía – Estado que permitan un mayor control de su actuación, para ello habrían de aprovechar las circunstancias históricas específicas o coyunturas que hicieran al Estado vulnerable a su influencia.

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