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4. EL TELAR PEDAGÓGICO: LA TRAMA DEL PENSAMIENTO MHUYSQA CON LA URDIMBRE DE

4.1 LA SUNA Y LA EXPERIENCIA DE LOS DOCENTES EN FORMACIÓN

El tejido que nos lleva a esta experiencia tiene su inicio en nuestra motivación frente a propuestas pedagógicas de resistencia y crítica de diferentes movimientos latinoamericanos como el zapatismo en Chiapas, en su esfuerzo por llevar procesos autónomos más dignificantes a las comunidades, así como el respeto y lucha por la tierra basado en la cosmovisión indígena. Lo que permite en nuestro proceso como docentes en formación, reflexionar frente a la tendencia mundial al exterminio de los pueblos, sus culturas y el planeta.

Como resultado de la reflexión anterior, encontramos que en el territorio en el que nacimos y habitamos llamado actualmente Bogotá nombrado antes como Bakatá, el cual es un nombre proveniente de la lengua del pueblo Mhuysqa, quienes habitaron el territorio por miles de años antes de la llegada de los invasores españoles, al indagar superficialmente sobre la historia de este pueblo, los postulados académicos, científicos, así como la enseñanza impartida en las escuelas, señalan que su exterminio fue total demográfica y culturalmente.

Otra puntada del tejido que nos guía a esta experiencia, es nuestro reencuentro con el territorio, que surge a partir de la posibilidad de la existencia de un espacio de reserva forestal en el campus de la sede la Macarena A de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en donde fue posible compartir e intercambiar experiencias con personas que habían iniciado un proceso por motivación propia a través de la siembra desde la perspectiva de la soberanía, autonomía y seguridad alimentarias anudado a la recomposición cultural desde la palabra y la tradición Mhuysqa.

En este punto se piensa la recomposición cultural como el telar y la recuperación de los usos y costumbres como la trama urdidos por la palabra de origen, para llegar a este proceso paralelo al acto de la siembra, se transmite el tejido de voz a oído entre los participantes de este proceso inicial. Este saber del tejido junto con muchos otros fueron apropiados por nuestros compañeros en espacios de mambeo y círculos de palabra que se han venido llevando a cabo en el territorio, uno de esos fue el proceso dado en la maloka del jardín botánico de Bogotá.

En la maloka, intervenían tanto mayores y mayoras del territorio Mhuysqa, como sabedores y sabedoras pertenecientes a otros territorios como son: los Uitoto, los Tubú

Hummurimasa, Arhuacos, Koguis y comunidades del Putumayo, quienes tenían como propósito

"devolver la mochila al pueblo Mhuysqa", lo cual, se traduce en que lo que se necesita para la recomposición cultural Mhuysqa, nos será devuelto por aquellas comunidades que guardan en su memoria la historia de cómo nuestros antepasados les dieron a guardar conocimientos como forma de combatir el exterminio e igualmente, de manera profética en sus historias tenían presente que llegaría el momento en que el pueblo Mhuysqa resurgiría, en seres que sin importar su genética y su formación cultural , se reconocerían dentro de una relación vital con el territorio que los ordenaría y los guiaría en el respeto y

preservación de la vida encaminados por medio de la palabra de origen.

Al decidir participar de los círculos de palabra, nos encontramos en este compartir con el uso de la medicina tradicional indígena específicamente, el tabaco y el hayo (hoja de coca) y mambe (hoja de coca molida mezclada con otros componentes) bajo la guía y consejo de los sabedores y sabedoras de las comunidades ya mencionadas. El caminar entre los conocimientos de la medicina nos enseña a rememorar poco a poco los saberes ancestrales de nuestro territorio asimismo transformó nuestro pensar, sentir y hacer respecto al cuidado por y dentro del mismo.

Con esto nos referimos, por una parte, al aprendizaje de unos valores que nos dan las pautas para relacionarnos con el territorio como el cuidado y respeto a los elementales (tierra, agua, fuego y aire) de igual forma ver cómo ser viviente todo lo que contiene de forma natural el territorio: la montaña, la laguna, la vegetación nativa, la fauna, etc. Por otro lado, no es enseñada la forma de convivir dentro del territorio con nuestro hermano, nuestra comunidad y nuestra familia, por ello nos orienta la medicina en unos valores que para este caso específico son: no juzgar, ver al otro de igual a igual, hacer uso de la palabra para construir y crear, no para destruir, aprender a escuchar, aprender a limpiar, ofrendar y pagar al territorio y a los ancestros y reconocer a la tierra como madre.

Posterior a ese aprendizaje de valores el caminar y el recordar nos lleva a preguntarnos

por ¿quiénes somos como seres humanos y qué papel jugamos dentro de la naturaleza?, esta

búsqueda inicia rememorando quiénes eran y dónde habitaron nuestros abuelos maternos y paternos, cuáles eran sus usos y costumbres, sus apellidos. La respuesta a esas preguntas, nos guía al redescubrimiento de nuestro linaje Mhuysqa ya que aquellos antepasados habitaban territorios de la región cundi- boyacense, sus usos y costumbres estaban relacionados con la medicina tradicional indígena en este caso reflejada en el uso de las plantas medicinales, así como la siembra de alimentos nativos (cubios, ibias, papa, arracacha, etc.) sumado a esto, encontramos la existencia de costumbres como la preparación de la chicha, el consumo de alimentos en totumas, cocinar en moyos de barro, estufa de leña, el tejido y el hilado.

Después de hallar esta parte de nuestra historia, nos convencimos de que la mochila Mhuysqa permanecía hasta un punto en nuestros abuelos, lo que permitió auto-reconocernos dentro de esta cultura, ya que nacimos y nos alimentamos de este territorio, pero además nos hizo dar el gran paso de aprender a ser y cumplir con el significado real de ser Mhuysqa, es decir ser

gente- gente, con esto queremos decir que la búsqueda constante no es la identidad en torno a una raza o un vínculo a un apellido en lengua, sino que se trata de ser humano como parte de un todo y se rige a un orden natural expresado por el movimiento de la vida en todo lo creado, es decir un ser que camina y recrea la palabra de origen del pueblo Mhuysqa.

Uno de los mitos que recrea el origen de este pueblo es el mito de Bachué e Iguaque en el cual, se relata cómo fueron creados los primeros seres humanos por las fuerzas primigenias del universo, quienes a través de las plantas de poder nos legaron no sólo el cuidado de la familia y la comunidad sino también la perpetuación y el cuidado por la vida de todo ser viviente, por medio, de la fuerza del pensamiento manteniendo su equilibrio. La idea del mito para los pueblos indígenas en general, organiza la vida individual y colectiva, ya que, el mito es transmisor de sabiduría y valores para aprender a vivir y convivir, asimismo son una forma de ver el universo el mundo, el origen del hombre, el reflejo de los usos y costumbres y el tejido de las relaciones sociales (Gavilán, 2012).

El último referente respecto a nuestra vivencia en el caminar la palabra Mhuysqa, se da al encontrar y compartir espacios con gente de las comunidades de Cota, Sesquilé, Bosa, Xuacha, Teusacá y Suba. A la par también es importante mencionar, el avance del grupo que inició en el campus de la universidad ya que de manera progresiva se fueron sumando estudiantes de distintos proyectos curriculares, con el interés de revalorar conocimientos tradicionales propios del territorio, lo que lleva al surgimiento del semillero de investigación Guaia Xique,

perteneciente al proyecto Curricular de Ciencias Sociales.

Al tener parte de la base de la mochila tejida, encontramos en nuestro caminar visitando otros territorios de la región cundi-boyacense como poblados, montañas y lagunas, que no solo son significativos por su historia y su mirada geográfica desde lo occidental, sino también por ser

lugares con una gran relevancia espiritual, con esto queremos decir, que son lugares en los que nuestros ancestros sembraron la vida y nos dan la misión de mantenerla a través de ofrendas, pagamentos y entrega de placentas de los recién nacidos ya que como nos enseña la perspectiva de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta :

Los sitios sagrados son el orden del territorio, las normas que la gente debe cumplir para que el territorio pueda seguir cumpliendo con el cometido de brindar la semilla y los alimentos necesarios para la vida...en estos sitios se encuentra el conocimiento, los materiales para trabajar sobre las personas y la naturaleza, es donde se encuentra el

control territorial. El rescate del territorio ancestral es la base para la permanencia cultural y espiritual de los pueblos indígenas, y con los sitios sagrados se logra la comunicación con el resto del mundo mediante los cuales podemos garantizar el equilibrio armónico entre humanos y naturaleza. (Resguardo Kogui-Malayo-Arhuaco, 2005 p. 35)

El siguiente paso en el tejido es darle forma a la mochila, comenzando a subirla, pensando los colores y las figuras que se van a crear, en este momento, es cuando la espiral continúa su forma ascendente y es lo que a su paso el caminar nos muestra a familias campesinas en los territorios visitados, con gran parte de los usos y costumbres Mhuysqa, vivos resistiendo, en las madres solteras girando el huso, con el que hilan la lana para hacer las ruanas a sus hijos e hijas, en el fogón de leña, en el moyo lleno de chicha fermentada de una pareja viviendo a la falda de la montaña, en la siembra del maíz y sobre todo en las historias de seres que cuidan la montaña y la laguna de quienes buscan con avaricia el dorado.

La experiencia anterior, nos lleva a aclarar las ideas sobre lo étnico para entender el proceso de recomposición cultural del pueblo Mhuysqa, para ello, es necesario tener en cuenta

los postulados de la autora Maya Pérez (2004) quién da muestra del conflicto por el que ha pasado esta construcción:

Para avanzar en la discusión habría que partir del principio de que ningún grupo social se autodenomina ni se identifica como etnia, ni se autoadscribe como étnico y que si lo hace es a partir de que así ha sido denominado por un grupo dominante en la esfera social y /o por aquel que lo estudia; de modo que si algún grupo se autodenomina como etnia es porque ha interiorizado esa forma de clasificación social. (p. 15)

Aún en América Latina. En donde podría haber más similitudes en la definición de quiénes son una etnia, ya que comúnmente se aplica los indígenas, varían las definiciones y los criterios para hacerlo. Lo común, como ya se ha mencionado, es que lo étnico se asocie a determinadas cualidades culturales, organizativas y de identidad (asociadas con el carácter prehispánico de los grupos indígenas); aunque también hay quienes consideran que lo étnico es una cualidad cultural que identificaría y cohesionaría a cualquier grupo social, por lo que todos serían etnias (habría una etnia mestiza, por ejemplo). De este modo la mayor parte de las definiciones de etnia insisten más con los elementos culturales (lengua y religión) que en los biológicos y, por tanto serían éstos los fundamentales para definir lo étnico.

Así el carácter de "ser etnia" se le atribuye a un grupo social según un conjunto de rasgos, generalmente culturales: hablar una lengua de (bases prehispánicas aunque con elementos de la sociedad colonial y la contemporánea) y diferente a la del Estado nacional, tener un sistema ritual y simbólico propio, aunque pueda estar influido por la religión católica, y poseer un territorio -- real o simbólico -- propio. Algunos autores agregan otros elementos más: tener una historicidad anterior al del Estado Nación; poseer

una lógica y una historicidad diferentes a las clases sociales; y estar bajo el dominio de los Estados-nación modernos en una condición asimétrica y desigual. (p. 14)

Hasta este punto la mochila avanzó, nos tejimos a nosotros mismos, con el pasar de los años adoptamos la firmeza de la planta de tabaco pues teníamos buenas raíces, tierra fértil, grandes hojas, llegó el tiempo de florecer y dar semilla, pero no vimos en nuestro alrededor el lugar dónde sembrar más tabacos porque nos dimos cuenta que los jóvenes y niños de las zonas rurales, nietos y nietas de abuelos con muchos conocimientos antiguos no deseaban en un futuro estar en su territorio ni mucho menos mantener el estilo de vida de sus ancestros, es por esta razón, que decidimos tomar más hilo para continuar tejiendo, pero colectivamente.

Es entonces que, la idea del tejido colectivo, nos lleva a pensarnos nuestro papel como docentes en torno a la reivindicación y resignificación de los saberes ancestrales en la escuela formal, ya que en esta se han excluido a tal punto de pormenorizarlos, en comparación con la ciencia occidental eurocéntrica, asimismo, la mirada que se da en los libros de texto de ciencias sociales, es una reconstrucción histórica escrita desde la posición del dominador, determinando los conocimientos de los pueblos originarios de supersticiosos y primitivos, a partir de una mirada desarrollista que intenta preponderar la importancia de la razón ilustrada por encima de estos conocimientos, siendo esto último, parte de nuestra vivencia como estudiantes de colegio público de la ciudad, junto con la revisión de libros de texto en nuestra formación universitaria.

La reivindicación y resignificación de los saberes ancestrales se fundamenta en los modelos pedagógicos de la educación propia y la educación popular. Por su parte, la educación propia nos traza el camino hacía las particularidades ya que, con este enfoque, se piensa en una metodología que forma sus cimientos en la reflexión, conocimiento e investigación de las lenguas, la tradición oral, así como de los usos y costumbres que, por medio de la

interculturalidad, se abren a la posibilidad de estudio y análisis de otras sociedades para entrar en diálogo apropiando lo positivo (CRIC, 2004). El aporte de la educación popular, nos da la base general para la enseñanza y aprendizaje de los conocimientos originarios por medio de la "negociación cultural" (Mejía, 2001 p.16) en la que se tienen en cuenta los imaginarios y el lenguaje de quienes se relacionan, de igual forma el educador popular posibilita espacios para la "introducción de nuevos sentidos (sociales, culturales, de gestión) en los grupos, implica

reorganizar, negociar la elaboración y organización previa que éstos tienen de su mundo." (Mejía, 2001, p. 20)

Cabe aclarar, que para el desarrollo de la educación en los pueblos indígenas es necesario comprender la importancia de la cosmovisión como " el proceso de creación de dispositivos para analizar el mundo y actuar en él. Eso es lo que hoy llamamos metodología y política. En parte está enraizada en las vivencias de un pueblo, en los saberes milenarios que tiene." (CRIC, 2004, p. 83). Ese enraizamiento se ve expresado en cada conocimiento que tiene la reciprocidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, al relacionarse directamente con una labor, con el territorio y la comunidad a la que se pertenece, a través del ritual principalmente.

Desde la mirada de la educación propia, se dice que la cosmovisión es una construcción basada en la "espiritualidad y la visión integral del mundo"(CRIC, 2004, p.83), esta idea se ve reforzada en los dispositivos o metodologías de enseñanza, así como los saberes ancestrales rememorados a través de esta experiencia, que continúa el tejido de la mochila de nuestro caminar como docentes en formación, investigando los caminos por donde nuestros antepasados estuvieron y dejaron enseñanzas guardadas, representadas en semillas que germinaron en este proceso que comenzó así:

Inicialmente reconociendo que en el Colegio Distrital Rural Los Arrayanes el profesor Alexander Castañeda, ya venía trabajando el tema de la recuperación de la identidad campesina, desde el reconocimiento del legado cultural de los pueblos originarios de América y en especial por la pertinencia hacia el territorio, el de la cultura Mhuysqa, esto facilitó nuestro acercamiento y despertó el interés hacia nuestra propuesta por parte del profesor, quien nos manifestó no conocer mucho acerca del tema.

A pesar de ello, el docente incentivó el interés de los estudiantes por la crianza de

animales como el curí, los conejos y las ovejas como alternativa al cuidado del ganado vacuno en el territorio, el cual ha generado impactos ambientales y conflictos como el de los lecheros durante el paro agrario del año 2014, con lo que, como escuela se proponen buscar otras

alternativas para el sostenimiento de las familias. Motivó igualmente, el uso de la energía solar y el reciclaje para promover el cuidado por el territorio, así como la revitalización de la tradición oral de las familias recuperando las historias de tesoros, mohanes y otras figuras míticas del territorio.

En el trabajo de acercamiento (Diario de Campo N° 1) con los estudiantes enseñando una simple técnica de tejido para colaborar con el proyecto de reciclaje, genera en los docentes en formación esa inquietud y búsqueda por la creación de una pedagogía decolonial, entendiendo que la "decolonialidad":

...implica a partir de la deshumanización y considerar las luchas de los pueblos históricamente subalternizados por la existencia, para así construir otros modos de vivir, de poder y de saber. Por lo tanto, la decolonialidad es visibilizar las luchas contra la colonialidad a partir de las personas, de sus prácticas sociales, epistémicas y políticas. (Walsh, 2013, p. 28)

De acuerdo a la malla curricular planteada, la primera temática a trabajar estaba

relacionada a nuestro origen con las preguntas ¿quiénes somos y de dónde venimos? (D.C. N°4) en esta actividad encontramos que todos los estudiantes incluyendo los tres profesores que participaron tienen linaje proveniente de la zona cundi-boyacense, así como también nacieron dentro de la misma, lo que nos permitió ver la pertinencia del trabajo que se empezó a desarrollar con relación a la ancestralidad Mhuysqa.

Lo anterior, nos indica la existencia de una historia común y una cultura que nos une a través de lo regional, lo cual, nos permite planear a lo largo del proceso relacionarla con su "origen raizal Mhuysqa"14 (Rocha, 2010) y en ese sentido, a la formación de la identidad alrededor de ser nativo (nacido en el territorio). Es por eso, que nuestra idea de pedagogía busca salir de los espacios del historicismo, pero fortaleciendo la identidad de los sujetos, logrando reconocer su lazo con pueblos ancestrales.

A esto se suma, la necesidad de comenzar a tejer el hilo de la educación propia del pueblo Mhuysqa, que hace mucha falta, sobre todo, en el contexto de los indígenas que vivimos en las dinámicas de la ciudad, del olvido de Bakatá o Muisacá, Suba, Bosa, Uxuameca y Xuacha.

Con esto, no queremos decir de ninguna manera que se deba hablar de una educación

propia de indígenas para indígenas, ya que como se comenzó a experimentar la educación propia desde los saberes ancestrales y la armonía con el territorio, es para todo sujeto que lo habita. Además, que los mayores desde hace tiempo han venido haciendo el llamado para que la humanidad vuelva a su ancestralidad y apropie los conocimientos que los pueblos originarios han guardado durante milenios, como una forma alternativa de relacionarse con la naturaleza y mitigar el daño ecosistémico que se hace al planeta.

De igual forma, en esta actividad se dio el primer paso al constructo de la pedagogía del territorio partiendo de la relación y el conocimiento que se tiene de nuestro linaje, asimismo, se da apertura y búsqueda a este trabajo por medio del palabreo sobre el lugar de