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“A sus órdenes, mi coronel” Isaac Garfunkel 48 Estos son recuerdos de m

alistamiento como legionario. En el año 1916

residía en New York y era representante de una firma importadora argentina.

Fue entonces que llegó a mis oídos la lucha para formar un ejército hebreo.

La iniciativa era de Vladimir Jabotinsky, y a mí, hijo de un entusiasta

sionista argentino que supo inculcar en sus hijos el anhelo de obtener algún

día los derechos de una Nación, me impulsó el deseo de alistarme como legionario.

Me presenté a las oficinas de alistamiento de los británicos en New York, donde fui aceptado.

Fue así como a los pocos días fuí enviado con otros compañeros a Windsor (Canadá) donde comenzó nuestro entrenamiento. Como yo tenía cierta práctica militar, adquirida en mis tiempos de estudiante en la Argentina, y dado mi conocimiento del idioma inglés, ascendí en corto tiempo de cabo a sargento.

Partimos hacia Inglaterra en dirección al puerto de Plymouth, desde donde fuimos embarcados inmediatamente hacia Port Said. Desde allí, con mis soldados, salimos a pie hacia Kantara, para integrarnos al Batallón nº 38 al mando del coronel John Henry Patterson.

En una avanzada hacia Rafiaj-Gaza, durante un encuentro, fuí alcanzado por una esquirla de shrapnel y gravemente herido. Fuí hospitalizado en el

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hospital provisorio de Kantara y luego trasladado a un hospital en Alejandría, desde donde fuí enviado en un buque-hospital, a Inglaterra, siendo internado en el Hospital Epson. Para ese entonces ya corría el año 1918.

Casi totalmente restablecido se me avisó de la llegada de un grupo de

voluntarios argentinos que debían ser trasladados a Palestina, y sabiendo que yo era argentino y por consiguiente hablaba el español, fuí como subteniente de la promoción, para hacerme cargo de esos 52 voluntarios. Labor

dura y difícil fue aquella...

Nos trasladamos a Port Said; de allí pasamos a Kantara nuevamente al Batallón nº 38, donde estos voluntarios a mi cargo permanecieron poco tiempo, puesto que fueron trasladados a otro batallón.

Ya con el grado de teniente, con mayores probabilidades de ser elevado al grado de capitán, , no puedo menos de recordar a tres personajes entre los soldados: un hombre llamado Gordon, un ser débil, bajito de aspecto enfermizo, un gran hebraísta y escritor. Otro Gordon, era un hombre alto, vigoroso, inteligente y culto, con quien en el año 1924, encontrándome en Milano (Italia) nos dimos un fuerte abrazo y me dijo entonces que fue nombrado representante de la Agencia Judía y del KKL. Supe años después que ese amigo falleció en Israel. El tercer legionario, Brujis, un poeta que conoció a mi familia en su viaje por Argentina. A estos tres legionarios recuerdo haberlos ascendido en el rango militar, para evitarles trabajos rudos.

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Quiero mencionar un acto muy emotivo, cuyo escenario fue Kántara. Una mañana llegó el teniente Samuel, hijo de Sir Herbert Samuel [el Alto Comisionado inglés], joven teniente de la escuela militar inglesa, quien les dió la bienvenida en un perfecto hebreo a los legionarios. Tantos los dos Gordon como Brujis lloraron de emoción al oírlo, y se permitieron preguntarle el porqué de su conocimiento del idioma hebreo, a lo cual respondió que su esposa era una sabra [nacida en Eretz Isarel].

Cesaron las hostilidades y llegó la paz. Yo deseaba permanecer en el

ejército para continuar en la tierra de mis antepasados, pero una enfermedad infecciosa me debilitaba y tenía que ser operado. Por tal motivo y gracias a trámites hechos por mi coronel Patterson, fuí trasladado a Inglaterra y operado. Ya repuesto y a mediados de 1919 solicité la baja, que me fue rechazada, dado que en el hospital figuraba como instructor en castellano para los oficiales heridos que deseaban trasladarse a los países

sudamericanos, y por lo tanto les era muy útil. No obstante solicité la

intervención de la embajada argentina, especialmente del Sr. Embajador Dr. Lebreton y por su intermedio conseguí ser licenciado en el entonces Cristal Palace de Londres.

Antes de llegar a Norteamérica, yo figuraba entre el personal de la Casa Louis Dreyfuss y Cía. en la Argentina. Por tal motivo me presenté en la central de Londres de la misma firma, donde el gerente general me conocía desde el año 1907, y así entré como secretario de la firma para

Latinoamérica, y en los primeros días de diciembre de 1919 me enviaron con contrato a Buenos Aires.

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En el año 1936 residía en Chile con mi familia y estando en Valparaíso, me avisó un amigo que recibió un cable notificándole que recibiera al coronel Patterson, que venía de Argentina de paso a Norteamérica, y fuimos a recibirlo. Cuando me acerqué a mi coronel, me cuadré, hice un

saludo militar y le dije: “Aquí estoy mi coronel, capitán Garfúnkel a sus órdenes”. Para qué decir el abrazo que me dió. Lo invitamos a almorzar y en la mesa se levantó con la copa de vino en la mano y exclamó: “Yo voy a brindar por la muerte del gran enemigo de nuestro pueblo [Hitler] Ye-Maj Shemoi-Vi-Zijroi”. Nos quedamos fríos de emoción, y al momento hizo una seña hacia otra mesa en el restaurante, y se acercó a un conocido y le dijo refiriéndose a mí: “Ahí tenéis mi hermano de armas, Oficial de mi Batallón 38 Fusileros del Rey, y agradezco a Dios que me haya dado la oportunidad de volver a verlo otra vez.

Probablemente llame la atención que omite yo detallar lo que hice durante mi estadía y lucha en Gaza y Rafa, pues hubiese podido hacer alarde de lo que llaman acto de heroísmo, pero nunca lo consideré así, sino como un deber cumplido. Para ese entonces tenía 23 años y hoy día que ya pasé los 75 años, creo haber concretado el gran ideal de mi vida y como todos los Israelíes del mundo, haber aportado un granito de arena para ese brillante, luminoso, grandioso Estado de Israel. Me queda la enorme satisfacción, orgullo y alegría de que mis hijos y nietos sientan y vibren al unísono por Eretz Israel, y dominan a la perfección el Hebreo, que yo no domino. Mi deseo más ferviente es, antes que el destino me guíe hacia el más allá, poder hacer un viaje con mi querida compañera de tantos años, y ver con mis ojos los lugares que entonces conocí…

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