1 Guerra civil entre los «campos»
9. Una táctica contradictoria
Esta táctica, en su aplicación, se enfrentaba frecuentemente a la realidad de que la dirección socialdemócrata se negaba rotundamente a la lucha conjunta. De esa realidad surgió una discusión, ya en el IV Congreso. El ala derecha, encabezada por Radek y Thalheimer planteaba que el frente único pasaba esencialmente por el acuerdo con las direcciones socialdemócratas, mientras que la izquierda, liderada por Zinoviev, afi rmaba que se debía buscar la unidad con las bases obreras, de cualquier tendencia que fuesen. Esta es la discusión entre los partidarios del frente único «por arriba» y los del frente único «por abajo» (desconociendo a la dirección socialdemócrata).
En base a estas contradicciones, el stalinismo cayó después en dos desviaciones diametralmente opuestas. La primera fue la del Comité de Unidad Sindical Angloruso, frente único de la burocracia soviética
La Traición de la OCI Nahuel Moreno
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del frente único se elabora a partir de esa novedosa situación objetiva y subjetiva, que obliga a los partidos comunistas a pasar por un «período de preparación» en el que deberán ganar a la mayoría de la clase obrera. ¿Cómo se plantea esta táctica? Nuevamente, habla Trotsky:
«Hoy, el sector organizado de la clase obrera está dividido en tres formaciones. Una de ellas, la comunista, brega por la revolución social y precisamente por ello apoya toda movilización, por parcial que sea, de los trabajadores contra los explotadores y el Estado burgués».
«Otra formación, la reformista, busca la conciliación con la burguesía. Pero para no perder su infl uencia sobre los trabajadores, los reformistas se ven obligados, contra los deseos más caros de sus propios dirigentes, a apoyar las movilizaciones parciales de los explotados contra los explotadores».
«Por último el tercer grupo, centrista, vacila constantemente entre los otros dos y carece por completo de importancia como sector independiente». «Por consiguiente, debido a estas circunstancias, es perfectamente posible realizar acciones conjuntas entre los obreros agrupados en esas tres organizaciones y las masas desorganizadas que adhieren a las mismas, en torno a toda una serie de problemas vitales» (op. cit., p. 94) En el mismo documento que estamos citando, dice: «En los casos en que el Partido Comunista es la organización de una minoría numéricamente insignifi cante, el problema de su conducta en el frente de la lucha de masas no tiene una importancia práctica y organizativa decisiva. En tales condiciones, las acciones de masas siguen siendo dirigidas por las viejas organizaciones que, debido a la existencia de poderosas tradiciones, siguen desempeñando el papel decisivo. El problema del frente único tampoco se plantea en los países donde el PC es la organización dirigente de las masas trabajadoras. Pero allí donde el PC ya constituye una fuerza política grande y organizada pero no decisiva; donde el partido abarca organizativamente, digamos, a la cuarta o la tercera parte o a un sector aun mayor de la vanguardia proletaria organizada, el problema del frente único se plantea en toda su agudeza» (op. cit., p. 92).
De todo esto se derivan una serie de características de la táctica del frente único, que podemos sintetizar sí:
■ Se plantea cuando existe una determinada relación de fuerzas entre el partido revolucionario y el reformista, siendo aquél más débil que éste pero sin constituir una minoría insignifi cante del movimiento obrero. ■ Se plantea cuando el movimiento obrero está luchando para defenderse de una ofensiva capitalista.
■ Está dirigida a los partidos oportunistas con infl uencia mayori- taria en el movimiento obrero -en la época de Lenin y Trotsky eran los socialdemócratas- cuando éstos se ven obligados a apoyar las movilizaciones parciales de los trabajadores.
■ Es una invitación -no una exigencia- a la lucha conjunta e inmediata
81 Rusia en agosto del 17, con la sublevación de Kornilov, y otras similares. En otras palabras, la guerra civil se librará entre el campo del gobierno y las masas, y el campo de la burguesía y la columna vertebral del aparato estatal (que incluye -suponemos nosotros, porque el Proyecto jamás lo menciona- al estado mayor de las fuerzas armadas).
Ahora bien, es muy posible que al estallar la guerra civil, las masas sigan confi ando en el gobierno. O bien que suceda como en la guerra civil española, cuando las direcciones traidoras stalinista, socialdemócrata y anarquista frenaron toda lucha contra el gobierno y llamaron constantemente a las masas a confi ar en él.
¿Cuál es la política de la OCI? «Las masas, inclusive las que quieren que sus reivindicaciones sean satisfechas, se dirigirán al gobierno, a los ministros, considerándolos más bien como sus aliados, pidiéndoles que las apoyen para que ellas obtengan satisfacción. Es preciso, por nuestra práctica política, despejar el camino a este proceso político en el que las masas querrán embarcarse, en una especie de diálogo con ‹su gobierno›, ‹sus ministros» (op. cit., p. 8).
Entonces, se parte de señalar un hecho posiblemente real, que las masas seguirán confi ando en el gobierno y pensando que bastará el «diálogo» con Mitterrand y sus ministros para satisfacer sus reivindicaciones y romper con la burguesía. Pero este hecho, que es sólo una probabilidad, la OCI lo da como cierto porque es el que mejor cuadra con la teoría de los «campos». Ni se le ocurre plantear, siquiera como hipótesis, que las masas pierdan toda confi anza en el gobierno y en los partidos obreros traidores, ante el aumento de la desocupación, la disminución del salario real, etc.
Pero supongamos que ocurrirá tal como dice la OCI: las masas seguirán confi ando en el gobierno burgués a pesar de todo. Un partido trotskista debe trazarse una política para combatir la actitud conciliadora de las masas, para demostrarles que sólo deben confi ar en su propia movilización y que el camino de la confi anza en el gobierno burgués conduce únicamente a la catástrofe (España, Chile, etc.).
No piensa así la OCI. Llevada por la teoría de los campos, y la consiguiente necesidad de mantener la unidad del campo progresivo a toda costa, inclusive de consolidarla, su «práctica política» será la de fomentar la actitud conciliadora de las masas, facilitando el «diálogo» de éstas con «su gobierno, sus ministros».
Con esto se llega al colmo del reformismo proburgués. La OCI no plantea siquiera le necesidad de movilizar a las masas contra la reacción, sin movilizarlas contra el gobierno frentepopulista, política que podría fundamentarse en argumentos tácticos falsos, pero de cierto peso en una guerra civil. Aquí se propugna la política opuesta a cualquier movilización: la de dialogar con el gobierno, es decir, con el jefe del campo.