• No se han encontrado resultados

4 ¿Sembrar ilusiones es distinto que depositar confianza?

6. Una «confusión» en el carácter de las consignas

Las consignas y tareas que formula la OCI son todas mínimas: ninguna atenta contra la propiedad privada capitalista, que es el sine qua non para que una consigna sea transicional. Un poco más adelante profundizaremos en este aspecto, del carácter de las consignas. Lo que señalamos aquí es la falta de consignas tansicionales entre las que levanta la OCI (nos referimos a las que levanta de manera sistemática, no a las que aparecen en alguno que otro artículo del periódico de manera ritual) no es casual: atentar contra la propiedad privada capitalista signifi ca dirigirse contra el gobierno burgués, y esto es lo que la OCI quiere evitar a toda costa. Una de las razones que se esgrimen para no levantar consignas transicionales y de gobierno en esta etapa, la da el camarada Luis Favre en su intervención ante un plenario conjunto de la Convergencia Socialista y la Organización Socialista Internacionalista de Angola. Dice Favre: «Un camarada dijo que para proponer una política es necesaria una consigna de gobierno. Ahora bien, ¿esta consigna de gobierno tiene un carácter de agitación o de propaganda? Si el problema de derribar al gobierno está a la orden del día, el carácter de esta consigna es agitativo; es un llamado inmediato para la acción de las masas para derribarlo. Si se trata de una perspectiva, la OCI afi rmó en varios editoriales que se pronuncia por un gobierno PC-PS sin ministros burgueses.» (Transcripto de la grabación efectuada en la reunión.)

Empezando por la última afi rmación de Favre, es verdad que en varios editoriales de I.O. así como en el Proyecto de informe político, la OCI se pronuncia por un gobierno PS-PC sin ministros burgueses. Pero lo hace de manera abstracta, ritual: al negarse a levantar «fuera los ministros burgueses», la consigna por un gobierno PS-PC se convierte en una bandera para agitar los días de fi esta, y un lema que en nada inquieta al gobierno burgués.

Según Favre, las únicas consignas que se deben agitar son aquellas que sirven para movilizar a las masas en forma inmediata. Esto es un error; agitación y acción inmediata no son sinónimos. Las consignas agitativas son las tres o cuatro ideas fundamentales que presentamos al movimiento de masas de manera constante, independientemente de que éste se movilice por ellas o no en lo inmediato.

La OCI nos da el mejor ejemplo de ello. En 1974 lanzó su consigna «echar a Giscard»; las masas derrocaron electoralmente a Giscard en 1981. Es

La Traición de la OCI Nahuel Moreno

120

necesidades de las masas: bajos salarios, desocupación, etc. Por eso no es casual que el Programa de Transición parta de «las premisas objetivas de la revolución socialista». Nuestro programa no parte del planteo de que las masas creen en Stalin, Blum o Jouhaux, sino de lo siguiente: «Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Los nuevos inventos y progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material. La crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, infl igen a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores» (Programa de transición, Bogotá, Editorial Pluma, 1977, p. 7).

Por otra parte, Trotsky señalaba muy claramente que cuando surge una nueva situación en la lucha de clases, debemos «en primer lugar, dar una visión honesta y clara de la situación objetiva, de las tareas históricas que emanan de este situación, independientemente de que los trabajadores están maduros o no para esto. Nuestra tarea no depende de la mentalidad del obrero (....) Nosotros debemos decir la verdad a los trabajadores y entonces ganaremos a los mejores elementos» (Discusiones sobre el Programa de Transición»).

Es decir, nuestra política no depende de la mentalidad (las ilusiones) de los trabajadores sino de sus necesidades.

¿Signifi ca esto que no tenemos en cuenta las ilusiones? De ninguna manera. Ese es justamente el error de los ultraizquierdistas. Las tenemos en cuenta para elaborar nuestra táctica, es decir, la forma en que les «decimos la verdad a los trabajadores» de manera tal que ellos nos comprendan y se movilicen.

Para explicarnos mejor, volvamos al ejemplo de Logabax. Allí hay un hecho objetivo -cientos de obreros en peligro de perder su trabajo- y uno subjetivo, esos trabajadores creen que Mitterrand les solucionará el problema.

Un oportunista dice, con la OCI: «puesto que los trabajadores creen en Mitterrand, debemos darle el tiempo que pide y no exigir la expropiación de la fábrica».

Un ultraizquierdista dice: «Los despidos de Logabax demuestran que este gobierno burgués no solucionará nada, es igual al de Giscard. Abajo el gobierno de Mitterrand».

Las trotskistas decimos: «Contra los despidos, debemos ocupar la fábrica y exigir su expropiación inmediata, sin pago y bajo nuestro control. Vosotros confi áis en Mitterrand, nosotros no. Proponemos un acuerdo: luchemos juntos contra los despidos, al tiempo que negociamos con el gobierno en el cual creéis».

Cualquier trabajador puede aceptar este planteo sencillo, movilizarse, luchar y al mismo tiempo negociar con el gobierno. Así, a través de la acción y la movilización, comprenderá el error de confi ar en el gobierno. Esto nos lleva a otro problema. Según la OCI, hay que «combatir las

65 Y un poco más abajo: «Las medidas esenciales tomadas por el gobierno golpearán directa y diariamente a las masas trabajadoras al dejarles las manos libres a los capitalistas y a los banqueros.»

Es decir, el gobierno toma una serie de medidas, inscritas en un plan de austeridad, al que dejan las manos libres a capitalista y banqueros y golpean a las masas trabajadoras. ¿Revela con ello su esencia burguesa? Según la OCI no: está cometiendo «un error muy grave, desastroso», que consiste en lo siguiente:

«Todo el mundo lo constata: en lugar de apoyarse en la movilización de las masas trabajadoras y la juventud [el gobierno] trata de apaciguar a los capitalistas y banqueros».

¿Qué debemos hacer ante este «error desastroso» del gobierno, de querer «apaciguar» a la burguesía en lugar de apoyarse en la movilización de las masas? Mostrarle que existe lo que la «Declaración» del BP llama «la otra vía»:

«La otra vía es la de quebrar la resistencia de los altos funcionarios que, por ejemplo en la Educación, sabotean cínicamente las medidas tomadas por el ministro. La otra vía, consiguiendo que el Seguro Social representa un salario directo, consiste en no permitir que el défi cit de éste sea pagado por los asalariados (...) sino mediante impuestos a las ganancias y prebendas de los capitalistas y banqueros».

Y tras una serie de consejos adicionales sobre lo que signifi ca «la otra vía»:

«El dilema está claramente planteado: colaboración de clases con el capital o lucha de clases contra el capital. Así se plantea la cuestión ante los graves problemas económicos y fi nancieros. Sólo las medidas anticapitalistas podrán salvar a las masas trabajadoras y a la juventud». Hay que reconocerle a Lambert, Just, Forgue y Favre su consecuencia stalinista. El dilema del gobierno frentepopulista y el «campo progresivo» es, «colaboración de clases» o «lucha de clases». O sea que, al subir al gobierno, el frente popular puede producir el milagro de practicar la «lucha de clases». Después de todo, este dilema, como cualquier otro, puede resolverse en uno u otro sentido.

Con esto se viene abajo el leninismo y el trotskismo, y nuevamente tienen razón los stalinistas: el frente popular y su gobierno puede romper con la colaboración de clases y practicar la lucha de clases, porque es «progresivo», popular, supraclasista.

Volviendo a lo anterior, resulta que el gobierno quiere apaciguar a la burguesía con medidas antiobreras, pero eso es un error «desastroso» porque las masas viven cada vez peor y la burguesía no se deja apaciguar. Aconsejamos a este gobierno que empiece a tomar «la otra vía»: que se incline por la «lucha de clases» y tome medidas anticapitalistas.

El 23 de octubre la OCI realizó un acto en la sala de La Porte de Pantin. El discurso principal estuvo a cargo de Lambert, quien dijo: «Todas las

difi cultades, los dos millones de desocupados y los centenares de miles de despidos ya programados, el aumento de precios, la infl ación, las medidas de intimidación contra el gobierno: todas las difi cultades pueden ser eliminadas: el gobierno tiene los medios para ello» (I.O. 1023). Acá tenemos la razón por la cual el gobierno está cometiendo un error «desastroso»: la burguesía lo está intimidando, por eso el dilema se estaría resolviendo en favor de la «colaboración de clases», es decir, el «apaciguamiento de capitalistas y banqueros». Pero no todo está perdido, todavía el dilema se puede resolver en el otro sentido, puesto que «el gobierno tiene los medios para ello».

Y aunque más adelante trate de salvar la ropa diciendo que un futuro «gobierno PS-PCF sin representantes de la burguesía tendría los medios para ello» (aunque no levanta la consigna «fuera los ministros burgueses», ni en ese discurso ni en ninguna otra parte), su política es para el gobierno actual, que «tiene los medios» para practicar la «lucha de clases». La OCI, partido que se considera trotskista y por lo tanto aspira a conducir a las masas a la derrota de la burguesía y el imperialismo, la conquista del poder y la destrucción del régimen burgués, considera que su misión bajo el gobierno frentepopulista burgués de Mitterrand, como miembro de su «campo progresivo» consiste en impulsarlo por la «vía» de la «lucha de clases» y las «medidas anticapitalistas», puesto que cuenta con todos los «medios» para ello. Si el gobierno se desvía de la buena senda, entonces debe mostrarle cómo puede volver a ella.

En resumen: bajo el gobierno frentepopulista, la OCI deja de ser un partido de combate contra la burguesía y su gobierno, para convertirse en un abyecto asesor del mismo.