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Técnica NeuroDirectorial Aplicada al Cuarto y Quinto Plano Dimensional

Cuando hablamos del punto de vista psicológico, nos referimos a diferentes estados de la conciencia, que, al igual que en una película, nos preparan para ello a través de luces, música, maquillajes, etc., escenas que tienen la finalidad concreta de preparar psicológicamente un determinado estado. Esto no está destinado a llegar a la emoción, sino simplemente a un estado psicológico consciente. Lo mismo hacemos nosotros como directores al preparar a los músicos, de forma consciente, mediante el lenguaje no verbal para que transmitan estados como de confusión, certidumbre, expectación, tensión; que no son estados emocionales, sino puramente psicológicos.

Cuando vamos al terreno emocional, nos referimos al estado donde el hombre es humano en toda su esencia, es la parte débil y vulnerable de todos nosotros. Cuando alguien quiere hacerle daño a su mayor enemigo, se dirige a lastimar la emoción. No a lo psicológico, pues eso es algo que se soluciona y se recupera, sin embargo, si te dañan en una emoción, te destruyen por completo.

Cuando hablamos de emoción, nos referimos a sentimientos profundos, como por ejemplo el amor hacia un hijo, la bondad, la ternura, la piedad. Sentires que ahondan de tal manera en el ser, que son capaces de modificar la realidad del ser; si te destruyen eso, te destruyen como persona. De hecho, las grandes depresiones son siempre ocasionadas por motivos emocionales, y no psicológicos, pues son tan fuertes que obligan al consciente a ver la realidad de manera distorsionada.

Los gestos energéticos son captados por la orquesta de acuerdo, fundamentalmente, a nuestra capacidad como directores de mostrarlos, por lo tanto debemos ser exagerados si queremos precisamente algo vehemente, no podemos quedarnos a medio camino diciendo “un poco forte, un poco lento, un poco piano”.

Cuando Carlos Kleiber dirigía y quería conseguir resultados en el cuarto plano dimensional (transmisión de energía y tensión) no le importaba lo que debía hacer con el propósito de lograrlo, increpando a la orquesta si

era necesario, no se conformaba con un resultado a medias. Carlos Kleiber era un Director arriesgado, era un hombre que no hacía las cosas a medias como los mediocres, sino por lo contrario era de los grandes extremos.

Los gestos energéticos deben ser aplicados con un gran contraste y al máximo para lograr lo que queremos. Por ejemplo cuando uno va al teatro y ve al actor en el escenario desde una butaca lo vemos aparentemente con una cara normal, sin embargo si luego vamos al camerino y lo vemos de cerca nos encontraremos con una imagen totalmente diferente con la cara totalmente transformada por el maquillaje. Esa misma exageración que necesita el actor es la que nosotros como directores debemos tener para lograr el objetivo que nos planteamos.

La diferencia entre lo extraordinario y lo ordinario es precisamente ese “extra”, ese plus es lo que debemos hacer de más si queremos ser extraordinarios. Cada vez que nosotros queramos un gesto energético de valor o con una carga emocional intensa y que cale hondo en la orquesta debe ser exagerado, empleado al máximo, no podemos conformarnos con ser mediocres.

Al hablar del plano espiritual, apuntamos al estado en el cual todas las emociones trascienden la persona, y tienen una direccionalidad, y un objetivo de comunicación con los demás seres en un plano más allá de lo físico o cerebral. Cuando la emoción emana del ser y se eleva a lo universal.

Por tanto, lo psicológico, es un estado consciente, que me afecta desde afuera hacia adentro con una determinada energía. Lo emocional es un estado del subconsciente o meta consciente, que se encuentra en las bases mismas del ser humano y lo afecta desde adentro hacia afuera. Y lo espiritual es cuando ese estado del subconsciente trasciende la persona y se universaliza, afectando también desde adentro hacia afuera, pero ya no solamente a la persona, sino a otras personas y todo su entorno, y por qué no, desde nuestro pequeño lugar, a toda la humanidad.

Entraña una gran dificultad resolver ecuaciones de grado 24, hacer una casa, un avión, un rascacielos…es de una gran complejidad, tiene un mérito tremendo. El micrófono desde donde les hablo, esto mismo que ahora estamos haciendo-estar conectados desde diversas partes del mundo- es un gran misterio.

La 5ª de Beethoven es sólo un papel con una serie de notas. Tiene muy poco valor, no me interesa, como tampoco la Sinfonía 40 de Mozart, el Requiem de Mozart o de Verdi. Reconozco el mérito al compositor, pero también reconozco el mérito al albañil que ha hecho la casa.

Lo importante de la 5ª de Beethoven, o de las obras de Mozart o Verdi es que hay una persona, el director, que toma un papel con notas escritas, que no vale nada y lo transforma. Si ese papel lo ve una persona por la calle no se agacha a recogerlo, puede incluso arrollarlo un coche.

¿Dónde se produce la magia? Hay alguien, el director, que utiliza un recipiente, que es la obra, la trabaja, intenta buscar todas las pistas que hay en ella, ver más allá de lo evidente, la eleva borrando todo lo que está escrito, imagina un mundo absolutamente fantástico y consigue hacer una Obra de Arte. Otro director que no tuviera esa visión, no comprendería nada. El resultado sería una catástrofe.

Por tanto, el director, instrumentista o cantante influye de forma directa y decisiva en el resultado musical de la Obra de Arte.

A mí me ha ocurrido a veces que he tenido que dirigir obras que no me han gustado en absoluto, obras que además no son interesantes pero que yo he intentado utilizarlas para verter sobre ellas pasajes o momentos de mi vida absolutamente fantásticos de forma que he visto como los músicos de la orquesta me miraban sorprendidos diciendo: “¿Qué es lo que está haciendo este hombre en especial cuando lo que estamos tocando es una tontería, una música muy poco interesante, pero sin embargo se ve al director absolutamente extasiado, pletórico, irradiando una energía tremenda?”.

Fundamentalmente lo que hago es evadir mi imaginación hacia otros terrenos totalmente diferentes; utilizo el recipiente (que es la obra) pero intento dar valor a los contenidos emocionales que yo mismo creo. No sé si me he explicado bien: voy creando contenidos emocionales que la partitura no tiene, da igual la nota que suena, da igual lo que esté tocando, hay un plano superior al de la música que es el plano emocional. Yo puedo hacer que una música absolutamente vulgar se transforme en algo emocionalmente increíble. Ese poder de transformación sitúa al intérprete en un nivel igual o superior al del propio compositor porque somos capaces

de generar emociones que ni siquiera están en la propia partitura…

¿Qué significaría para mí dirigir el Himno Nacional de Kenia? No tendría ningún tipo de connotación. De hecho no lo conozco siquiera. Sin embargo podría ser muy diferente para Andrés escuchar el Himno Nacional de Colombia. Andrés viene a España en el encuentro de Agosto e interpretado por la Banda de Música, oye su Himno Nacional. Emocionalmente para él es importante, rompe a llorar, vive un momento magnífico a miles de kilómetros de su casa... yo puedo utilizar esa combinación de sonidos e intentar inferirle un contenido emocional que aparentemente no posee para mí, pero puedo hacer esa conversión. Es decir, el director puede crear emociones que ni siquiera están contenidas en la partitura.

Para mí la música no es ni siquiera un sonido, no es lo que oigo, ni siquiera sé lo que estoy oyendo, es un vehículo, un elemento de transformación humano, de comunicación humana, de aprendizaje de la vida, de acercarme más a lo sobrenatural. Mi hijo para mí no es una persona, un ser con ojos azules, rubio…mi hijo es lo que yo siento por él, es la emoción que mi hijo despierta en mí. Me da igual que tenga algún problema, que tenga alguna enfermedad…mi hijo siempre será mi hijo, lo más importante que tengo en mi vida. La partitura (mi hijo) me da igual que sea fea, lo importante es el contenido emocional con el que yo la cargue.

Utilizar todos estos procedimientos para poco a poco ir borrando los signos de la partitura (que se quede la partitura totalmente transparente) para ver qué es lo que hay detrás. Si detrás de las notas no hay nada es signo de ser un mal intérprete; sin embargo, si encontramos algo detrás de las notas y tenemos la habilidad de transmitirlo mediante nuestro lenguaje no verbal a la orquesta, al público, a toda la humanidad, entonces es cuando estamos haciendo realmente nuestra labor como directores.

Éste es un camino, el otro es simplemente plantarse delante la orquesta, coger una partitura, leer Allegro 4/4 y marcar el esquema de compás como un condenado desde el principio hasta el final de la partitura. Cada uno tomará la opción y el camino que le parezca más interesante; personalmente escojo el camino de Hacer Música… los compases que los marquen otros.

Yo les invito a que dejen de pensar en los sonidos, en las notas, en los compases, en la partitura, si es bonita o fea, si es de un compositor u otro, qué vibraciones produce, qué sonidos... En el momento en que Uds. piensen que todo eso es simplemente la punta de iceberg, que lo importante es todo lo que hay detrás: la capacidad de la emoción, comunicación, de crear luz, de irradiar luz no sólo en la orquesta y público sino en todo el mundo por ese efecto mariposa, en ese momento Uds. comprenderán mucho más todo lo que estamos hablando de la técnica NeuroDirectorial. En definitiva, se trata de conectar con personas por medio de las emociones. Somos seres débiles, estamos solos y es una forma de sentirnos que todos somos la misma cosa.

CLAVE Nº 6: