I. Introducción y fundamento teórico
Las técnicas de escalamiento se basan en la elaboración de los corolarios de Organización y Elección llevada a cabo por Hinkle, discípulo de Kelly, en 1965.
En esencia, Hinkle (1965) se interesó por las características de las relaciones jerárquicas entre constructos personales en el marco del sistema del que forman parte. Según él, las relaciones entre constructos se definen en términos de sus conexiones implicativas; por ejemplo, anticipar que una persona determinada "debe tener un carácter rígido porque es un anciano" significa establecer una implicación entre los constructos "anciano versus joven" y "carácter rígido versus carácter flexible". Las propiedades de todo constructo personal derivan de su localización en esta red de implicaciones entre constructos.
Las implicaciones de los dos polos de cualquier constructo pueden rastrearse en sentido ascendente o descendente. En el primer caso se tratará de implicaciones supraordenadas y en el segundo de implicaciones subordinadas. La fórmula que propone Hinkle (1965) para elicitar las implicaciones ascendentes de
los dos polos de un constructo es preguntar por qué se prefiere uno de los polos en lugar del otro. A su vez, las implicaciones descendentes de un constructo pueden elicitarse pidiendo ejemplos más concretos de uno de sus polos, mediante preguntas tales como "¿Qué tipo de persona es alguien x? (Landfield, 1971) o ¿Cómo se puede saber que una persona es x? (Hinkle, 1965)", siendo x un polo de un constructo determinado. En el ejemplo anterior, para elicitar las implicaciones supraordenadas del polo "joven", se puede recurrir a preguntar "¿Por qué prefiere ser joven a ser anciano?" a lo que una posible respuesta sería "porque los jóvenes tienen un carácter flexible y los ancianos no". En este sentido, "carácter rígido versus
carácter flexible" es funcionalmente supraordenado a "anciano versus joven". Las implicaciones subordinadas del mismo constructo (anciano versus joven) pueden elicitarse preguntando "¿Cómo se puede saber que una persona es un anciano?", a lo que alguien podría responder, "porque los ancianos tienen el pelo blanco".
La imagen que ofrece esta concepción del sistema de constructos personales es la de una pirámide organizada idiosincrásicamente. En su cúspide se encontrarían un número reducido de constructos nucleares muy supraordenados, equiparables a valores morales (Horley, 1991) y considerablemente resistentes a la invalidación (Hinkle, 1965) dado que gobiernan los procesos de mantenimiento de la identidad personal y guían las decisiones que orientan el propio proyecto de vida. A medida que descendemos por la pirámide, los constructos que encontramos son relativamente más periféricos y subordinados y menos resistentes a la invalidación (Hinkle, 1965).
Las técnicas de escalamiento se fundamentan en esta imagen piramidal del sistema de constructos personales y son especialmente indicadas para contextualizar una elección determinada del cliente en función de sus implicaciones supraordenadas o subordinadas. Como se comentó con anterioridad, el esfuerzo por comprender las acciones y construcciones del cliente en el marco de su sistema de constructos distingue a la evaluación basada en la PCP de la evaluación cognitivo-racionalista. Esta última suele considerar los pensamientos, decisiones y acciones del cliente como actos aislados, sin vincularlos a la matriz de dimensiones de atribución de significado a la experiencia en la que adquieren pleno sentido.
A continuación se exponen, mediante su aplicación a ejemplos concretos, las técnicas de escalamiento ascendente y descendente en su formato original, además de dos variantes propuestas por Neimeyer (1993); el escalamiento dialéctico y la técnica de la flecha descendente.
II. Aplicación a la práctica psicológica
(a) Escalamiento ascendente
La técnica de escalamiento ascendente corresponde a la propuesta original de Hinkle (1965) tal como se resumía en la introducción de este apartado. Si bien el procedimiento a seguir es considerablemente estructurado, es posible darle un tono conversacional e incluirlo en el flujo de la entrevista psicológica. El primer paso del proceso consiste en elicitar un constructo a partir del cual se desee empezar el escalamiento. Este constructo puede provenir de alguna modalidad de elicitación formal (véanse los métodos triádico y diádico aplicados a la Rejilla) o bien de la propia conversación con el cliente, como por ejemplo en el caso de alguien que durante la entrevista afirme "yo soy una persona muy coherente". El segundo paso
consiste en elicitar el polo opuesto de dicho constructo, por ejemplo preguntándole al cliente "¿Qué es para Vd. lo contrario de coherente?" El tercer paso requiere que el cliente indique cuál de los dos polos del constructo (por ejemplo, "coherente
versus incoherente") describe mejor el tipo de persona que prefiere ser. A
continuación se pregunta al cliente "¿Por qué prefiere ser x en lugar de y? ¿Cuáles son las ventajas de x y las desventajas de y tal como Vd. lo ve?" (Hinkle, 1965), siendo x el polo preferido del constructo "x versus y". A partir de este punto, el procedimiento se repite hasta que el cliente no puede elicitar más dimensiones supraordenadas o empiezan a repetirse a modo de sinónimos. El último constructo de la jerarquía así elicitada es, presumiblemente, un constructo nuclear supraordenado al que sirvió para iniciar el escalamiento.
A continuación se presentan dos ejemplos de aplicación de la técnica de escalamiento ascendente. Los ejemplos proceden de dos miembros de un grupo de preparación a la jubilación basado en la aplicación de la PCP a las etapas de transición del ciclo vital. Una de las finalidades de tales grupos es la de poner de manifiesto los diferentes significados que cada uno de nosotros atribuimos a un hecho aparentemente igual (véase Corolario de Individualidad). La técnica de escalamiento ascendente es idónea para tal fin, como se hará evidente.
En el primer caso, en el curso de una de las sesiones grupales preguntamos a Pedro qué era para él lo contrario de una persona jubilada, a lo que respondió "una persona activa". Pedro prefería considerarse una persona activa. Cuando le preguntamos el porque de esa preferencia dijo que se debía a que "una persona activa no tiene tiempo para preocuparse", mientras que un jubilado "se pasa el día calentándose la cabeza". Preguntado sobre por qué prefería no tener tiempo para preocuparse dijo que de esa forma "los problemas no parecen tan grandes" mientras que de lo contrario "todo se te viene encima". Su preferencia por que los problemas no pareciesen tan grandes se justificaba porque "así vive uno feliz" mientras que si todo se te viene encima "te hundes y ya no hay salida". Pedro no pudo seguir escalando su sistema de significados personales, pues le parecía obvio que era preferible "ser feliz" a "estar hundido" y no podía pensar en ninguna forma de justificar esa preferencia. (Véase Figura 3)
HUNDIDO vs. VIVE FELIZ (p)
TODO SE VIENE
ENCIMA vs. TUS PROBLEMAS NO PARECEN TAN GRANDES (p) SE CALIENTA LA
CABEZA vs. NO TIENE TIEMPO PARA PREOCUPARSE (p)
JUBILADO vs. ACTIVO (p)
Figura 3. Escalamiento ascendente de Pedro. (p) = polo preferido del constructo.
En el segundo caso, y mediante el mismo procedimiento, Oscar opuso "jubilado" a "atado al trabajo". La diferencia en el polo opuesto a "jubilado" según Pedro y Oscar hacía presagiar las distintas implicaciones supraordenadas de la jubilación para cada uno de ellos. Efectivamente, Oscar estaba deseando que llegase su jubilación porque así podría "dedicarse a sus intereses", mientras que estando atado al trabajo sólo podía "dedicarse a la empresa". Preguntado sobre por qué prefería dedicarse a sus intereses en lugar de a los de la empresa, Oscar dijo que eso le permitía sentirse "en paz consigo mismo", mientras que de otra forma tenía "una sensación de tensión interior". Oscar prefería sentirse en paz consigo mismo porque de esa manera "disfrutaba de la vida" mientras que cuando sentía esa tensión interior "se amargaba él y a los demás". Oscar detuvo aquí el escalamiento pues, al igual que a Pedro, le parecía obvio que era mejor disfrutar de la vida que amargarse.
SE AMARGA vs. DISFRUTA DE LA VIDA (p)
TENSIÓN INTERIOR vs. EN PAZ CON UNO MISMO (p)
DEDICADO A LA EMPRESA vs. DEDICADO A SUS INTERESES (p)
ADICTO AL TRABAJO vs. JUBILADO (p)
Figura 4. Escalamiento ascendente de Oscar. (p) = polo preferido del constructo.
Lo irónico del contraste entre Pedro y Oscar es que, en cierto sentido, mantienen preferencias opuestas por razones idénticas; los valores nucleares de ambos son muy similares y tienen relación con la felicidad y el disfrute de la vida. Esta coincidencia se aprovechó en el contexto del grupo para animar a Pedro a que por un momento intentase ver el mundo utilizando los constructos de Oscar (véase Corolario de Socialidad). La consecuencia de sus intentos no fue un cambio espectacular en sus propios constructos. Sin embargo, sirvió para reducir su sentimiento de amenaza ante la jubilación al validar una premisa constructivista igualmente funcional en tales casos; que no hay una única forma de ver la realidad y que todo lo que existe puede ser reconstruido. Dadas las restricciones en la duración temporal de este grupo en concreto (una sola sesión de cinco horas de duración) la validación de esta premisa constituye una finalidad terapéutica en sí misma.
Como resultará evidente en el ejemplo escogido, la técnica del escalamiento ascendente es idónea para comprender el contexto que da sentido a las acciones, pensamientos o emociones del cliente, utilizando siempre sus propios términos. El propio proceso de escalamiento sirve de ejercicio de clarificación de valores, ayudando al cliente a dar sentido a aspectos de sí mismo poco articulados. Puede utilizarse repetidamente y en cualquier etapa del proceso terapéutico. No es necesario un alto grado de formalización en su administración, aunque el terapeuta poco familiarizado con ella hará bien en aplicarla inicialmente de modo sistemático
para más adelante poderla incluir con comodidad en el curso de la entrevista con el cliente. A pesar de sus ventajas potenciales, puede resultar desaconsejable (a) si el cliente no manifiesta una preferencia clara por ninguno de los dos polos del primer constructo (en cuyo caso es preferible la técnica de escalamiento dialéctico o el ABC de Tschudi), (b) si el problema del cliente radica más en las implicaciones conductuales de sus constructos que en los valores que expresan y (c) con clientes a los que les es difícil utilizar términos abstractos (por ejemplo en casos de déficit intelectual).
(b) Escalamiento dialéctico
El escalamiento dialéctico es una modificación—propuesta por Neimeyer (1993)—de la técnica de escalamiento ascendente. De hecho, es a la vez una técnica de evaluación e intervención, pues tiene el objetivo de fomentar la integración de ambos polos de una construcción polarizada (Neimeyer, 1985) en una dimensión más abarcadora. En síntesis, una construcción polarizada es la que se plantea de forma que ambas alternativas resultan indeseables. Por ejemplo, Esteban, de 29 años, acudió a consulta derivado por el psicólogo de su empresa. En el informe que mostró al terapeuta se citaban "continuos problemas de relación con los compañeros de trabajo". Esteban afirmaba que en esta vida todo el mundo intentaba aprovecharse de él. Ante esta situación, consideraba que las únicas posibilidades eran "dejarse pisotear o pisotear tú antes". Dado que no estaba dispuesto a "dejarse pisotear", adoptaba un estilo de relación manipulativo y cínico con la intención de “pisotear" él antes. Sin embargo, a la larga sus compañeros se apartaban de él y sólo colaboraban cuando era estrictamente necesario. Sus relaciones con las mujeres también eran sumamente conflictivas, pues no conseguía establecer una relación de intimidad porque temía que si "se abría demasiado" se volvería extremadamente vulnerable.
El primer paso del escalamiento dialéctico consiste en completar un escalamiento ascendente sustituyendo la pregunta "¿Por qué prefieres ser x en lugar de y? " por "¿Qué implica para ti ser x?" y "¿Qué implica para ti ser y?" (Neimeyer, 1993, pág. 64). Esta sustitución se justifica dado que el cliente no prefiere claramente ninguno de los dos polos del constructo polarizado, aunque uno sea "menos malo" que el otro.
En el caso de Esteban, "pisotear a los demás" implicaba que "te tienen miedo" mientras que "dejarse pisotear" implicaba que "te dominan". Infundir miedo implicaba "tener poder" y ser dominado implicaba "no llegar a nada en la vida". En el último eslabón de la jerarquía se evidenciaba el conflicto que atenazaba a Esteban, pues tener poder implicaba "estar solo" y no llegar a nada en la vida implicaba prácticamente lo mismo; "que nadie te quiera por lo que eres".
A partir de este punto, Neimeyer (1993) sugiere que se vuelva al constructo de partida y se pida al cliente que piense alguna nueva alternativa que represente una forma de unir los dos polos aparentemente antitéticos. En el caso de Esteban este proceso no resultó sencillo y el terapeuta intervino con ánimo facilitador sugiriéndole que intentase ver la vida "como un juego en equipo" en lugar de como una "batalla campal" (la utilización de la metáfora deportiva se debe a la afición de Esteban por el fútbol). Tras meditarlo en silencio durante unos momentos, Esteban sugirió que una posible alternativa intermedia a pisotear o ser pisoteado
era "compartir los proyectos". El terapeuta le animó a seguir el mismo proceso en el nivel jerárquico superior y Esteban propuso "ser apreciado" como alternativa a ser temido o dominado. En el siguiente nivel, Esteban sugirió como alternativa intermedia "ser un líder democrático" y en el último "poder comunicarte con tu pareja". (Véase Figura 5).
Figura 5. Escalamiento dialéctico de Esteban.
A partir del análisis de su escalamiento dialéctico, Esteban y el terapeuta acordaron explorar en la vida cotidiana la posibilidad de "compartir los proyectos" como salida al dilema entre "pisotear" o "ser pisoteado". La principal dificultad de dicha exploración provino de que los compañeros de Esteban ya se habían formado una idea de la manera en que se relacionaba con la gente y no se prestaban fácilmente a colaborar con él.
COMUNICACIÓN DE PAREJA NO TE QUIEREN POR LO QUE ERES ESTAS SOLO SER UN LIDER DEMOCRÁTICO NO LLEGAR A NADA EN LA VIDA TENER PODER SER APRECIADO
TE DOMINAN TE TIENEN MIEDO
COMPARTIR PROYECTOS
La técnica del escalamiento dialéctico es una excelente combinación de evaluación e intervención. Sin embargo, conviene llevarla a la práctica de forma que no quede reducida a un ejercicio intelectual pues sino, en palabras de otra cliente con la que se utilizó, "todo parece muy claro, pero es más fácil decirlo que hacerlo". Por otra parte, resultaría desaconsejable en algunas de las condiciones del escalamiento ascendente tradicional, es decir, cuando el problema del cliente radica en las implicaciones conductuales de sus constructos y con clientes a los que les es difícil utilizar términos abstractos.
(c) Procedimiento de la pirámide
En determinadas ocasiones el interés del terapeuta no reside tanto en comprender las implicaciones supraordenadas de las elecciones de su cliente como en entender cuál es el sentido que le atribuye a los términos que emplea. El Corolario de Individualidad nos recuerda que el uso de los constructos personales y de las etiquetas verbales asignadas a algunos de ellos puede ser muy idiosincrásico. Dadas las presumibles similitudes culturales y lingüísticas entre terapeuta y cliente, a veces se puede incurrir en un fenómeno de "falsa comunalidad" y asumir que un término tiene unas connotaciones que quizá no tenga. En tales ocasiones el procedimiento de la pirámide (Landfield, 1971) puede resultar indicado.
El procedimiento de la pirámide es una técnica de escalamiento similar a las anteriores, sólo que en este caso se avanza en sentido descendente. El terapeuta escoge el constructo cuyas implicaciones subordinadas le interese elicitar e invita al cliente a dar una definición operacional. Algunas preguntas que facilitan el proceso son "¿Qué tipo de persona es alguien x?, ¿Cómo se puede saber que alguien es x?, ¿Por qué se caracteriza alguien x?, ¿Cómo podríamos saber si alguien es x? (siendo x un polo del constructo inicial)".
Por ejemplo, durante la terapia con una paciente deprimida empezó a resultar evidente que ella y el terapeuta no compartían el mismo significado de la palabra "normal". Dado que la cliente cifraba la meta de la terapia en volver a ser "una persona normal", resultaba de gran importancia comprender qué sentido le atribuía ella a la normalidad. El terapeuta, guiándose por el procedimiento de la pirámide, le preguntó qué era según ella lo opuesto a una persona normal. La paciente respondió que "alguien incapaz". Preguntada sobre cómo se podía saber que una persona era normal, la paciente respondió que porque "acaba todo lo que emprende" en lugar de "abandonar al principio". En cuanto a las implicaciones subordinadas de "incapaz", dijo que se podía saber que alguien era una persona incapaz porque "necesita ayuda para vivir la vida". El polo opuesto a esta dimensión subordinada era "autosuficiente". A raíz de este escalamiento descendente (véase Figura 6), el terapeuta decidió dedicar varias sesiones a contrastar la creencia de la paciente de que las personas normales acaban invariablemente todo lo que emprenden (creencia típica del "pensamiento absolutista" observado en los pacientes depresivos por Beck et al., 1979).
NORMAL vs. INCAPAZ ACABA LO QUE
EMPRENDE vs. ABANDONA AL PRINCIPIO
AUTOSUFICIENTE vs. NECESITA AYUDA PARA VIVIR
Figura 6. Procedimiento de la pirámide.
Un segundo ejemplo es el de un adolescente que insistía, durante una sesión de terapia familiar, en que su madre "no le quería", con las consiguientes negativas de ésta y su insistencia en que "lo quería mucho y se lo demostraba cada día". Preguntado sobre cómo sabía si alguien le quería o no, el joven dijo que una persona que le quisiese tendría que "apoyarlo siempre en todo" en lugar de "criticarlo y pegarle broncas". Ante la misma pregunta, la madre del chico afirmaba que alguien que quería a un hijo "le marcaba el camino" en lugar de "dejarlo a la buena de Dios". Los diferentes significados atribuidos al mismo término contribuían a magnificar el malentendido entre ellos y permitieron orientar el curso de la terapia centrándolo en la negociación del significado del término "querer".
La técnica del escalamiento descendente es indicada como forma de aclarar el sentido en que un cliente emplea una etiqueta verbal determinada. Puede servir para contrastar malentendidos interpersonales en una terapia familiar o grupal (como en el segundo de los casos que servían de ejemplo). También resulta indicada como forma de determinar las metas del propio proceso terapéutico con clientes que tienden a expresarse a un nivel elevado de abstracción. Por ejemplo, algunos clientes formulan sus expectativas terapéuticas en términos de llegar a ser más felices, más realizados, más seguros de sí mismos, encontrarle sentido a la vida, crecer personalmente o tener relaciones más plenas. El terapeuta que oriente sus acciones a la consecución de este tipo de metas sin saber qué significan para el cliente corre el riesgo de convertir la terapia en interminable. En tales casos resultaría aconsejable preguntar al cliente "¿En qué se distingue una persona feliz (o realizada, actualizada, etc.) de la que no lo es?" La definición operacional implícita en la respuesta (por ejemplo, "en que las personas felices tienen más amigos") permite negociar la meta de la terapia, al menos en una primera fase.
Por otra parte, resulta desaconsejable en algunas condiciones. En primer lugar, con clientes que se expresan espontáneamente a un nivel muy concreto; por ejemplo, "yo lo que quiero es que mi hijo deje de llegar a casa cada noche a las 5 de la mañana". En segundo lugar, cuando lo que importa son las implicaciones supraordenadas de una conducta determinada; por ejemplo, una madre que sufre un ataque de pánico porque su hijo no la ha telefoneado esa noche a la hora de costumbre. Por último, cuando el terapeuta tiene una idea relativamente precisa de