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T ÉCNICAS COGNITIVAS COMPLEMENTARIAS A LA ESTIMULACIÓN COGNITIVA

Cómo estimular a niños con problemas de atención

5.1. El niño con trastorno por déficit atencional

5.1.2. INTERVENCIÓN COGNITIVA

5.1.2.2. T ÉCNICAS COGNITIVAS COMPLEMENTARIAS A LA ESTIMULACIÓN COGNITIVA

Si bien la estimulación cognitiva y el entrenamiento de habilidades serían las técnicas más específicas para mejorar la atención desde una perspectiva cognitiva, existen otras técnicas igualmente importantes, utilizadas especialmente en el caso de los niños con trastorno por déficit atencional. Veámoslas brevemente.

Entrenamiento en autoinstrucciones

Las autoinstrucciones son afirmaciones verbales que una persona se da a sí misma con el fin de realizar de forma más reflexiva y eficaz una actividad. El punto de partida de esta técnica, que tiene su origen remoto en la publicación de Luria (1961) sobre «la función directiva del lenguaje», es que las palabras que nos decimos a nosotros mismos —ya sea en voz alta o de forma encubierta— nos ayudan a focalizar y prestar más atención. Los niños hiperactivos, sin embargo, no parecen ser tan hábiles como los niños reflexivos en esta habilidad puesto que piensan de forma impulsiva, se saltan muchas fases del proceso que son

necesarias para resolver una situación con eficacia y responden intuitivamente sin reflexionar. Pues bien, el entrenamiento en autoinstrucciones se define como una estrategia metacognitiva muy útil para focalizar y mantener la atención, así como para ayudar a frenar y organizar los pensamientos distractores. Este método, utilizado inicialmente con el fin de realizar satisfactoriamente las tareas escolares, es actualmente usado para intentar resolver cualquier problema de la vida diaria. Normalmente, el tipo de instrucciones que el niño suele darse son las siguientes (Meichenbaum y Goodeman, 1971; Orjales, 2010): 1. Primero, miro y digo todo lo que veo. Esta autoinstrucción obliga al niño, antes de realizar la actividad, a observar visualmente la información que se le presenta. 2. ¿Qué es lo que tengo que hacer? Esta autoinstrucción permite al niño asegurarse de que ha entendido correctamente lo que se le exige en la tarea. 3. ¿Cómo lo voy a hacer? Con esta autoinstrucción, el niño verbaliza, antes de iniciar la tarea, las estrategias que cree que le permitirán realizar la tarea con éxito.

4. Tengo que estar muy atento y considerar todas las posibles respuestas. Esta autoinstrucción permite al niño caer en la cuenta de los posibles errores que puede cometer si no presta atención. Además, le permite analizar de forma más reflexiva las posibles alternativas de respuesta en el caso de que la tarea implique elegir una única opción.

5. Ya puedo hacerlo. Tras las autoinstrucciones anteriores, el niño ya se encuentra en disposición de comenzar a realizar la tarea.

6. ¡Genial! Me ha salido muy bien. Si la tarea ha sido realizada con éxito, esta autoinstrucción permite que el niño se autorrefuerce.

7. No me ha salido bien. ¿Por qué? (repaso todos los pasos). Si el niño ha cometido algunos errores, esta autoinstrucción le obliga a revisar cada uno de los pasos que ha seguido y determinar de forma reflexiva y consciente en cuál de ellos ha cometido el fallo, con el fin de no volver a cometerlo de nuevo en el futuro.

La mayoría de los programas de intervención destinados a niños con trastorno por déficit atencional incluyen las técnicas autoinstruccionales (véase, por ejemplo, Orjales, 2003, 2010), puesto que son consideradas muy útiles para ayudar al niño a pensar de forma reflexiva sin saltarse ningún paso en el proceso de la tarea que está realizando. En concreto:

— Facilita recordar las instrucciones concretas de la tarea. Por ejemplo: «tengo que tachar todos los coches», «tengo que unir con una línea los dibujos que son iguales», etc. Este procedimiento guía el desarrollo de la tarea y disminuye el nivel de distracción.

— Al verbalizar qué cosas se pueden hacer y cuáles no, se mejoran las condiciones de realización de la tarea. Por ejemplo: «no debo pasar a otra tarea hasta que no acabe ésta», «tengo que intentar seguir un poco más antes de dejarlo», «no debo distraerme», etc.

— Sirve como autorrefuerzo en la medida en que, cuando se realiza la actividad de forma adecuada, se utilizan mensajes del tipo: «lo estoy haciendo bien», «no me he levantado del asiento hasta que no he acabado la tarea», «esta vez no me he distraído», etc.

el entrenamiento en autoinstrucciones indican que esta técnica es eficaz para modificar las estrategias de pensamiento en tareas sensoriales y motoras. Sin embargo, los resultados no son concluyentes en el ámbito académico, e incluso existen serias dudas acerca de que esta estrategia se generalice para resolver tareas de la vida cotidiana (Moreno, 1995).

Entrenamiento en estrategias de solución de problemas

El entrenamiento en solución de problemas consiste, como el propio nombre indica, en intentar resolver una situación conflictiva a través de una serie de pasos, descritos en el cuadro 5.2. Normalmente, esta técnica es útil en aquellos niños con trastorno por déficit atencional que procesan la información de forma lenta y desorganizada y que apenas poseen estrategias eficaces para resolver conflictos. Por tanto, su objetivo es aumentar el grado de autonomía del niño, así como desarrollar las habilidades para la autodirección y el autocontrol. Destacan la técnica de la tortuga y el entrenamiento en solución de problemas interpersonales.

La técnica de la tortuga tiene como objetivo último enseñar a los niños a autocontrolar sus conductas impulsivas e hiperactivas. El entrenamiento se realiza en cuatro fases. En la primera, el especialista cuenta una historia al niño en la que una tortuga le dice a otra qué puede hacer ante una situación problemática (meterse en el caparazón, respirar en profundidad, relajarse y pensar en cómo resolver la situación). En la segunda fase, el niño aprende a utilizar la técnica de relajación mediante ejercicios de tensión-distensión; en concreto, tensa todos los músculos durante unos segundos mientras está en la posición de «tortuga» para relajarlos seguidamente. La tercera fase consiste en generalizar esta técnica de la posición de «tortuga» a contextos y situaciones diversas. Finalmente, en la cuarta fase se entrena la estrategia en situaciones de problemas de relación social. Por su parte, el entrenamiento en solución de problemas interpersonales se utiliza sobre todo en el caso de niños con trastorno por déficit atencional especialmente impulsivos y que tienen ciertos problemas de adaptación social e interpersonales. CUADRO 5.2 Fases en la resolución de un problema • Reconocimiento de la existencia de problemas: se enseña al niño que los problemas son algo natural, que puede aprender a solucionarlos y que tiene que inhibir la tendencia a dar la primera respuesta que se le ocurra. • ¿Cuál es el problema?: se le enseña al niño a definir de modo operativo el problema —quién está implicado, dónde, cuándo, cómo, por qué y lo que uno hace o deja de hacer— y a clasificar sus elementos. • ¿Qué planes podemos seguir para solucionarlo?: se exponen la mayor cantidad posible de soluciones sin evaluarlas, procurando no criticar ni subestimar ninguna idea. • ¿Cuál es el mejor plan que nosotros podemos utilizar?: se piensa en las consecuencias, en los pros y contras de cada una de las alternativas propuestas. • Toma de decisiones: se selecciona la alternativa que se considera más adecuada, esto es, la que resuelva el mayor número de aspectos de la situación-problema y/o sea más factible llevar a cabo. • Elaboración de planes precisos de acción: se precisa el modo de llevar a cabo la solución elegida. • ¿Cómo ha funcionado nuestro plan?: se determina si la solución ha funcionado o no. En caso negativo, hay que repetir

de nuevo todo el proceso de solución de problemas.