Títeres y Educación
4.6. Teatro de títeres: una herramienta eficaz y potente
Revisando la historia del teatro infantil y su conexión con los títeres, se observa que a principios de siglo XIX surgió un tipo de teatro conocido con el nombre de “Piezas de Navidad”. Estas obras basadas en historias imaginarias infantiles, se realizaban en la temporada de Navidad y conseguían vender muchas entradas. En parte, este éxito fue debido al despliegue en el siglo XIX de una literatura infantil hecha por escritores brillantes y al hecho de que los muñecos habían pasado a divertir en gran escala al público infantil (Artilles, 2008, p. 57).
Por tanto, los títeres fueron utilizados con éxito en estos primeros espectáculos de teatro infantil, debido a la buena conexión que hicieron con los niños. Afirma Artiles (1998, p. 55): “El arte de los títeres, que aún hoy sigue siendo una alternativa del teatro para adultos, se convirtió también, y de una manera muy fuerte, en un arte para público infantil”.
Como hemos explicado anteriormente el teatro por sí mismo es un potente instrumento para educación debido a las características educativas que posee. Para revisar el poder educativo de espectáculos de títeres, en primer lugar hay que incluir todos los factores educativos que tiene una obra del teatro de actores. De hecho, en
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otras partes del mundo, más allá de Europa, los títeres se han reconocido como parte del teatro durante siglos. Por ejemplo, “En el Japón del siglo XVII, a los títeres se le atribuía una mayor estimación que a cualquier otra forma de teatro, y en Indonesia eran casi la única forma de teatro disponible, dejando poco espacio para que otros tipos de teatro se desarrollaran” (Jurkowski, 2013, p. 7).
Todo esto, demuestra sin duda el poder dramático de los títeres. Es interesante resaltar que esta característica, no se desarrolló únicamente en el mundo del drama en Asia. Así, una investigación intercultural sobre el títere puede revelar una gran similitud entre las tradiciones de títeres de todo el mundo. Por ejemplo, los títeres se han utilizado en contextos religiosos como parte del drama ritual en todo el continente africano. Estos títeres transmiten creencias religiosas y valores morales y jugaban un papel importante en el establecimiento de la cohesión social (Hagher, 2003).
En este sentido, el atractivo universal y la supervivencia de los títeres radica en la necesidad humana de superar la crisis mediante la ilusión, convertir el drama en realidad, visualizar sentimientos e ideas y sentir el poder de crear vida (Dagan, 1990). Los títeres pueden satisfacer muchas necesidades humanas como necesidades sociales, emocionales e intelectuales. Debido a esto, durante siglos, los títeres no sólo se han asociado con el entretenimiento, sino que también se utilizaron como herramientas educativas. Por tanto, como ya han indicado otros autores, podemos decir que desde tiempos prehistóricos, el espectáculo del teatro con muñecos ha fascinado no sólo a los niños sino a personas de cualquier edad. (Cerda, 1994). Asimismo, podemos concluir que esta influencia del teatro de títeres que siempre ha tenido en su público y sobre todo en su público infantil, ha elevado la potencia del nivel educativo del teatro.
La principal diferencia de los títeres como herramienta educativa respecto a cualquier otro soporte de aprendizaje, incluso el teatro de actores, es la conexión
CAPÍTULO 4
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personal que se produce entre títere y público de una forma especial. No es una abstracción, sino un producto de la imaginación que puede inmediatamente dirigir la atención y las emociones de aquellos a los que la marioneta implica.
Quizás, debido a este importante factor del títere Baird, en su magnífico libro “El arte del títere” (1965, p. 17) comenta una frase especial de George Bernard Shaw, sobre teatro de títeres: “La capacidad que tienen los títeres para emocionar al público es solo comparable a la que consiguen los actores más populares”. Es decir, lo que nos afecta en el teatro no son las actividades físicas y los gestos de los actores, sino las sensaciones y emociones que despiertan en nosotros. En este sentido, la imaginación del público tiene un papel más importante que la actuación de los actores. Así, podemos decir que en el teatro de títeres la imaginación es un elemento muy importante, tanto para el equipo de actuación como para el público. El teatro de títeres es una herramienta educativa eficaz, ya que mediante los títeres la lección implícita del espectáculo llega al corazón de los niños desde canales visuales y emocionales. De hecho Cerda (1994) opina este medio audiovisual es muy efectivo y poderoso, incluso más que la televisión, no solo porque traslada a los espectadores a un mundo maravilloso, el de la infancia, sino porque permite el intercambio, es decir, la comunicación de viva voz entre el títere y el público.
En este contexto, Johnson (1981) en un estudio interesante, observando a los niños mientras que estaban viendo un espectáculo de títeres, registró la influencia y la profunda conexión que los niños tienen con los títeres. La reacción de los niños por los títeres varió de la risa y la curiosidad, a la vergüenza y al miedo. Sin embargo, los títeres fueron aceptados como “reales” incluso por los niños lo suficientemente maduros como para darse cuenta de que eran objetos sin vida manipulados por humanos. Todos estaban dispuestos a aceptar la “fantasía” como “realidad” durante la duración de la actuación.
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Esta conexión tan profunda está en la naturaleza del títere porque el títere es una metáfora y un símbolo visual que utiliza muchas artes al mismo tiempo. Así, en el formato de un espectáculo adquiere un poder especial y tiene la capacidad de educar y entretener a cualquier grupo de personas, de diferentes edades y niveles de alfabetización (Hoffmann, 2008).
Por lo tanto, Albiach (2014, p. 1) afirma: “No es sorprendente concluir que el teatro de títeres se ha configurado a lo largo del tiempo como un instrumento valiosísimo para la educación en todos sus niveles”.