MUSEO ROMANTICO DE MADRID
IV.2. LAS COLECCIONES
IV.2.1. Temática y funciones
Los contenidos temáticos de las estampas del gabinete son muy amplios y variados, abarcando asuntos que van desde el retrato de personajes antiguos y contemporáneos, pasando por el paisaje, vistas de ciudades y monumentos arquitectónicos, escenas históricas, escenas de costumbres y tipos populares, reproducciones de obras de arte, ornatos y arquitecturas efímeras, hasta estampas de contenido religioso, de carácter administrativo (oficios, cédulas, diplomas...) o industrial (etiquetas, anuncios...) etc.
Predomina en las colecciones el retrato, género que presenta un gran espectro de personajes y tipologías, abarcando desde los realizados a comienzos de siglo XIX con las efigies de los monarcas y de la familia real española al pleno, los realizados con motivos de las nupcias y natalicios, así como las extensas galerías que se publicaron a mediados del siglo –mediante la técnica litográfica o el buril, y en menor medida mediante la xilografía– de políticos, religiosos, militares, nobles, literatos y artistas, reyes y príncipes extranjeros, etc., hasta finalizar el siglo con los retratos realizados al aguafuerte por Bartolomé Maura. Por lo que se refiere a la variedad de tipologías, según Rincón, “en los retratos de esta centuria conviene señalar que éstas, a partir del movimiento romántico, se multiplican considerablemente. Y las composiciones recorren los más variados escenarios, desde el estudio del pintor, recogiendo su ambiente de trabajo y en el que suele autorretratarse, bien con la modelo o con sus amigos, al que recoge a miembros de corporaciones, tertulias, profesiones, etc., hasta llegar a las más variadas fórmulas en el retrato de familia. Particular interés adquiere el retrato de testimonio histórico en el que a propósito de plasmar un suceso de trascendencia, el pintor aprovecha para dejarnos los rostros de sus protagonistas”31.
Ocupa el retrato el mayor porcentaje de estampas del gabinete, con un total de ochocientos setenta ejemplares, lo que supone el 35 % de las colecciones. Por otro lado, este dato es concordante con el culto al yo y a la individualidad exacerbada del movimiento romántico, en torno al cual se sitúa prácticamente la globalidad de estas colecciones.
El segundo gran tema que predomina en las mismas, y coherente con el rasgo de “identidad nacional” propia del Romanticismo, es el de la reproducción de pinturas de los museos así como la de monumentos artísticos y arqueología. Comprende la Colección Litográfica de
Cuadros del Rey de España Fernando VII (reproducción de pinturas del Museo del Prado),
las pertenecientes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, las del Infante Sebastián Gabriel de Borbón, las reproducidas de la colección de pinturas de José de Madrazo, algunas del Museo de Versalles, y las pertenecientes a la publicación Museo
Español de Antigüedades e Indumentaria Española. Son alrededor de quinientas estampas,
realizadas prácticamente en su totalidad mediante el procedimiento litográfico, lo que supone un 20 % de las catalogadas en el gabinete. Estampas de difusión del patrimonio cultural mediante la publicación de sus galerías o colecciones de pinturas (Galería del Louvre, Galería de Dresde, Galería del Prado, Colección de cuadros de la Academia, etc.).
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Las vistas de ciudades figuran igualmente en las colecciones como uno de los temas más representados. Son alrededor de trescientas estampas (12 %) con vistas de ciudades de todo el mundo, desde los paises más próximos a los lugares más remotos. Sobresale en ellas la renombrada colección litográfica de Vistas de los Sitios Reales y de Madrid –procedentes de las Colecciones Reales– y las de muy distinto signo pertenecientes a la publicación del
Panorama Universal, con numerosos grabados al buril relativos a países de los continentes
europeo, americano, asiático y africano: Inglaterra, Francia, España, Portugal, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Grecia, Turquía, Palestina, Persia, Egipto, Argelia...
Entre las ciudades más representadas en las estampas del gabinete se encuentra Madrid con las series surgidas del Real Establecimiento Litográfico, las publicadas en el Álbum de José María Avrial, las dibujadas por José Gómez de Navia, del Madrid de principios del siglo XIX, y la serie litográfica de mediados de siglo realizada por Francisco Pérez, Pic de Leopold y Carlos Múgica. Asimismo, París y sus monumentos ocupa un segundo lugar en las colecciones, con las vistas litográficas publicadas por Turgis y la serie de aguatintas de Martens, sobre las iglesias de la ciudad, publicadas por Goupil en la década de los años veinte.
Por lo que se refiere a vistas de otras ciudades españolas, hallamos algunas estampas de La Coruña, El Ferrol, Santiago, Zaragoza, las Baleares, Valencia, Murcia, Cádiz, Granada, Málaga y Sevilla, de variada procedencia, como las publicadas en la obra de Parcerisa,
Recuerdos y Bellezas de España, las de Villaamil en la España Artística y Monumental, las
publicadas a mediados de siglo en la serie Port de Mer d'Europe o las realizadas con motivo de los diversos viajes que realizaron los reyes de España, Isabel II y Francisco de Asís, a las provincias españolas en torno a los años sesenta. En ellas hallamos representados sus monumentos más sobresalientes que quedaron tipificados en la iconografía de las ciudades: puertas arquitectónicas, catedrales, palacios, torres, fuentes, calles y el paisaje de los alrededores.
La atracción de los artistas viajeros, sobre todo franceses, ingleses y alemanes, por los países y lugares exóticos, encontraron en España –sobre todo en Andalucía– y el norte de Africa, un destino preferido interesados por sus ruinas arquitectónicas medievales y las construcciones de origen oriental. Las obras de Locker, el baron Taylor, el general Bacler d'Albe, Lewis, Roberts, Wilkie, y otros, comenzaron a difundir la imagen de España a través de sus monumentos, tipos y costumbres, dando lugar a una visión romántica de la misma y creando todo un género pictórico en el arte: el paisajismo orientalista, cuyo mayor representante en nuestro país fue el pintor Genaro Pérez Villaamil. La exaltación de los monumentos más notables, lugares convertidos en símbolos, así como la de sus "tipos" dio lugar a lo que se ha denominado el "rasgo nacional", aspecto reivindicado por el movimiento romántico.
Uno de los temas más recurrentes de los grabadores del siglo XIX fue la representación de las escenas de guerra y sus héroes militares. En España, el siglo que nos ocupa está jalonado por tres grandes acontecimientos históricos cuyas escenas dieron a la estampa numerosas y variadas imágenes. En las colecciones del gabinete del Museo Romántico sobresalen por su gran número las que remiten a la primera guerra carlista (1833-1839), las referidas a la Guerra de Africa (1860), y muy escasamente alguna de la Guerra de la
Independencia (1808-1814). Alrededor de cien estampas (4 %), mitad buriles, mitad litografías, recogen las acciones y escaramuzas de los partidarios de uno u otro bando. Por otro lado, supone otro numeroso grupo dentro de las colecciones del gabinete, las estampas topográficas referidas a los planos de las citadas guerras. Este lo conforma las pertenecientes al Atlas de la Guerra de la Independencia, colección de cuarenta y siete litografías salidas del establecimiento litográfico del Depósito de la Guerra (1868-1907), y su duplicado. En total, alrededor de cien estampas (4 %). Son escenas de guerra o de las alianzas políticas, de los pronunciamientos sociales, aperturas de las Cortes, sesiones parlamentarias, reuniones de los partidos políticos, etc., estampas que dan noticia gráfica y son testimonio directo, al acudir los propios artistas a los lugares donde acontece el hecho. Aun cuando la mayoría de las estampas del gabinete se enmarcan en lo que se ha venido en denominar "estampas cultas", destinadas a un público selecto de la sociedad, pertenecientes a series o colecciones de la época romántica, hallamos en estos fondos un cierto número que nos remiten al periodismo ilustrado o a los libros, novelas o folletines del momento. En estos fue donde tuvo su mayor desarrollo el "grabado popular", realizado generalmente mediante la xilografía (a la testa o contrafibra), o por el procedimiento litográfico, y cuya misión principal era la de “enseñar” y “educar”, preocupación fundamental de la intelectualidad del siglo.
Por lo que respecta a las estampas populares, agrupan las colecciones de trajes, tipos y costumbres populares: majos y majas, contrabantistas, gitanos, pillos y mendigos, feria, toreros, fiesta taurina... y algunas referidas a las modas, procedentes de los figurines de la época y las destinadas a “paises” para abanicos producidas por el levantino Pascual y Aba A este grupo pertenecen la colección de trajes de Ribelles, la de tipos populares andaluces de Vicente Mamerto Casajús, las publicadas por la Revista Médica de Cádiz, las de
Costumbres y Feria de Sevilla, editada por Carlos Santigosa, las del Álbum del malagueño
Francisco Mitjana, y las excelentes litografías iluminadas de la serie Corrida de toros, de Blanchard o las francesas de Costumes Pittoresques. Alrededor de ciento sesenta estampas debemos incluir bajo el epígrafe de “costumbristas” dentro de las colecciones, lo que supone un 6,4 % del total.
Continuando con la imagen popular donde se incluye la estampa crítica, de contenido satírico, hallamos un total de sesenta ejemplares integradas por las publicadas por el periódico La Postdata en 1836 y las realizadas por Francisco Ortego hacia 1870, junto a algunas estampas anónimas y las caricaturas de las revistas francesas La Caricature y Les
francais peints par eux–memes. Por lo general, representan escenas jocosas de la vida
política, militar y social. Estas suponen un 3 % del gabinete.
La representación de tipos, trajes, fiestas y costumbres en las estampas que van surgiendo a lo largo del siglo XIX provienen de la tradición del XVIII. Los majos y manolas, sus citas y las calles, la fiesta taurina, son temas a los que recurren nuevamente los artistas, tanto pintores como grabadores. El costumbrismo será abordado por los artistas desde dos vertientes: por un lado, desde un punto de vista más realista por los artistas de veta brava, influenciados por Goya, como Leonardo Alenza o Carlos Luis de Ribera, dentro de la escuela castellana; por otro, desde una visión más exótica e idealizada, representada por los artistas de la escuela andaluza de tradición murillesca, donde se sitúan las obras de los
Bécquer, Cabral Bejarano, Elbo, los franceses Blanchard y Dauzats, entre otros, o los ingleses de mediados de siglo, con una visión más estereotipada de la realidad.
En general, debemos decir que las estampas populares –a excepción de las colecciones de
Trajes de Ribelles, las de Costumbres Andaluzas de Casajús o a las de Chaman que se
publicaron como series– se hallan escasamente representadas en las colecciones del gabinete. Sin embargo, se hallan magníficamente representadas en los fondos bibliográficos del museo, a los que hemos recurrido para llevar a cabo la catalogación de los contenidos en el gabinete, ya que estos prestan un servicio fundamental e imprescindible para ver la evolución y transformación que experimenta la imagen impresa durante el devenir del siglo, pues su rasgo bibliológico está implícito en las mismas. Muestra de ello es la introducción del costumbrismo romántico en las imágenes que ilustran la publicación del
Semanario Pintoresco Español (1836-1857) que irán captando, a través de sus largos años
de vida, los cambios sociales producidos por el surgimiento de la burguesía española, reflejados en los tipos y costumbres que la caracterizarán, desde las figuras más románticas, pasando por el costumbrismo hasta llegar a un tratamiento más naturalista de la imagen. Estas fueron recogidas, generalmente, mediante el buril en un taco de madera que abrieron manos expertas, muchas de ellas por renombrados artistas, otras por autores desconocidos o anónimos, y que dejaron impresas para la posteridad, para nuestra memoria. Imágenes que tiene sus antecedentes en El Artista mediante la gracia y soltura de un dibujante diestro como Carlos Luis de Ribera, anunciándonos ya a un Alenza, a un Ortega o a un Lameyer. Por otro lado, las estampas artísticas, originales realizadas por los pintores mediante el aguafuerte como las pertenecientes a los Caprichos de Alenza y Lameyer, o las realizadas por Pi y Margall sobre el Triunfo de la religión de Jesucristo, son escasas en los fondos, alcanzando solamente el 1’2 % del total.
Bajo el epígrafe genérico de “escenas” se incluye un grupo de trescientas sesenta estampas que reúne los más diversos temas y motivos iconográficos, las cuales sirvieron como adorno en las publicaciones periódicas, libros o folletines de la época, o aparecieron en el mercado como estampas sueltas (14,4 %): estampas referidas al enlace de Fernando VII y María Cristina, las Funciones de la Jura de Isabel II, la Colección de Uniformes del
Ejército Español, los monumentos funerarios o cenotafios, estampas de la Historia de la Villa y Corte de Madrid, las pertenecientes a las Crónicas del viaje de los reyes a las
provincias españolas a comienzos de los años sesenta, las de Bacler d’Albe, las referidas a las amantes de Francisco I, las Academias de Planas, los grabados en madera de la
Ilustración de Madrid o de la Ilustración Española y Americana, Cédulas y Diplomas, etc.
Como hemos mencionado anteriormente, el repertorio temático de la colección del gabinete de estampas del Museo Romántico es muy amplio y variado, posibilitándonos su estudio el conocer las distintas funciones que la obra gráfica ha cumplido en el curso del tiempo así como los intereses que han defendido, desprendiéndose de su estudio el contenido ideológico y la influencia que ejercieron como medio de comunicación en la sociedad a la que iban destinadas: desde la estampa de propaganda política, al servicio del poder, a la estampa artística, pasando por el retrato, la estampa adorno y lúdica, la estampa documento y crítica, así como la religiosa, nos hallamos ante una gran variedad funcional, temática y procedencia salidas de los buriles y procedimientos litográficos de los artistas más
renombrados del siglo XIX en el panorama europeo, así como de los más diversos talleres y casas de estampación y venta que se abrieron con motivo de la proliferación del comercio de estampas, y su demanda por la burguesía.
Las estampas de la colección presentan una gran complejidad para su clasificación, dada la variedad de procedimientos técnicos utilizados en las mismas así como por su procedencia, rasgos estéticos, y funcionalidad de las mismas; estos, cambiantes a lo largo del siglo XIX: - Imágenes clásicas, de tradición dieciochesca, estampas cultas producidas por los buriles de las Academias, con retratos y vistas de ciudades, reproducciones de obras pictóricas, acontecimientos sociopolíticos, y a la vez estampas populares, destinadas a la propagación o exaltación de ideales o de la propia monarquía, etc.
- Imágenes románticas, teñidas de tintes neoclasicistas, como las pertenecientes a las Colecciones Reales (tanto la anterior de la Academia de San Fernando como las litográficas del Real Establecimiento dirigido por José de Madrazo) junto a las dedicadas a monumentos efímeros como los Catafalcos.
- Imágenes plenamente románticas surgidas ya en El Artista, clave y punto de confluencia entre los "clasiquinos" y los "jóvenes rebeldes", y a su vez el fracaso de la estampa culta provocado por la demanda de una "nueva imagen" (más popular y costumbrista).
- Imágenes impregnadas de exotismo y costumbrismo (Andalucía y la exportación de la imagen exótica, oriental y los tipos dulcificados de la tradición murillesca), caricaturas y sátiras de los nuevos tipos de la ciudad (la burguesía).
- Imágenes que surgen del naturalismo durante los años 50 y 60 del siglo.
- Imágenes esperpénticas tras la Revolución del 68: reinado de Amadeo I, la I República y la Restauración.
En el gabinete nos encontramos con estampas de clara función propagandística del poder de la monarquía, o de exaltación de los valores nacionales, de sus héroes, de sus militares, o de los que son perseguidos por sus convicciones e ideas. Hasta el siglo XIX la noción de poder político es equivalente a monarquía y nobleza, y este poder utiliza las estampas como medio de mantener y propagar la ideología en que se sustentaban, es decir, el poder personal de origen divino, la grandeza de la monarquía y el prestigio de la dinastía. Se trata de difundir el esplendor del reinado, por lo que los grabadores utilizan el lenguaje alegórico en sus composiciones para exaltar los acontecimientos: proclamaciones reales, victorias militares, entradas regias, esponsales, nacimientos, canonizaciones, o las fiestas luctuosas, es decir, la celebración de las honras fúnebres.
Igualmente la difusión de las imágenes de los palacios y de las colecciones de pintura contribuían a dar esplendor a la monarquía, por lo que continuando ya con las iniciativas
del siglo XVIII32, el XIX dará a la luz numerosas publicaciones de las galerías pictóricas europeas, entre ellas la del recién creado Museo del Prado (1819).
Asimismo, la función propagandística se realiza mediante la difusión del retrato, género que, ya en la segunda mitad del siglo XVIII alcanza un gran auge. Manuel Salvador Carmona, en España, llega a abrir más de un medio centenar de retratos de personajes contemporáneos, la sociedad ilustrada de la época: políticos, aristócratas, artistas, eclesiásticos, hombres de letras, científicos, e incluso la familia del grabador. En el siglo XIX, se continúa y amplia hasta la saciedad con el retrato litográfico: “todos se retratan” nos dicen los editores de El Siglo XIX.
Estampas para ilustrar novelas, libros, publicaciones periódicas, "magazines" y "folletines" que, aparecidas muchas e ellas en el periodismo ilustrado, tendrán una clara función de narración gráfica. Aunque de contenido profano, esta narración gráfica ayuda al lector a la comprensión del texto. La novela ilustrada logrará su gran difusión y esplendor en el siglo XIX, con el Romanticismo (Gil Blas, Historia Universal, de Anquetil, las Obras de
Quevedo, Escenas andaluzas, etc.); igualmente alcanzará un gran éxito las historietas
constituidas por varias viñetas donde la imagen es el soporte básico del mensaje, la historia, las costumbres y moral de la época (las Aleluyas: Historia de Espartero, Historia de Atala,
Vida del hombre obrando bien; Vida del hombre obrando mal).
Por otro lado la noticia gráfica alcanzará su gran apogeo a mediados del siglo XIX con la aparición del periodismo ilustrado, origen de los periódicos modernos, cuyo contenido abarcará los temas más variados: hechos de armas, hechos insólitos, los incendios, las catástrofes, los inventos, los asaltos de bandoleros, las corridas de toros, las noticias de la guerra, los actos sociales, las noticias de las artes, los estrenos teatrales, etc.
También en el gabinete hallamos algunas estampas religiosas cuya función es fomentar la devoción del creyente pero que también sirven de refugio y talismán (protección contra las enfermedades y calamidades, y para ganar indulgencias rezando ante la imagen). Aunque su mayor producción se dio en los siglos XVII y XVIII –siendo la más divulgada y de mayor venta, principal fuente de ingresos para los grabadores– durante el siglo XIX aminoró la producción de esta clase de estampas, si bien salieron a la luz las reproducciones de los cuadros de contenido religioso seleccionados para la Colección Litográfica de
Cuadros del Rey de España y las publicaciones de mediados de siglo sobre la Vida de Jesucristo, Vida de la Virgen o el Álbum Religioso.
Las estampas impulsoras de la técnica, la ciencia y el arte, fueron el contenido de libros y revistas que recogieron tanto la historia como la crítica de arte, al igual que los inventos que surgían en torno a las incipientes ciencias. Son estampas cultas destinadas a las enseñanzas de las bellas artes (Cartilla de Dibujo de Avrial, Tratado de Anatomía, de Esquivel), o dirigidas a difundir los hallazgos culturales como la realizada por Monfort en Barcelona,