RETIRO DE ADVIENTO
TEMA: CUATRO REGALOS PARA EL ADVIENTO.
Este año, presentamos una manera diferente de hacer retiro, pues las cuatro semanas de Adviento constituyen un tiempo dedicado a la preparación espiritual que comienza con una toma de conciencia de nuestro anhelo más hondo, lo cual nos lleva a una apertura mucho más profunda a los regalos que Dios quiere darnos. Por eso le invitamos, para que estos cuatro regalos, que Dios nos quiere ofrecer en este adviento, saquemos un momento en familia, o grupo/movimientos apostólicos, para reflexionarlo. ¡Qué tengan un buen Adviento!
Primer regalo: Un espacio para conocer sus anhelos más profundos.
Como busca la cierva corriente de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Las lágrimas son mi alimento día y noche, mientras me preguntan todo el día: ¿Dónde está tu Dios? (Salmo 42:2-4).
¿Qué estás buscando? ¿Qué es lo que tu corazón te está tratando de decir? El regalo que Dios te ofrece esta primera semana de Adviento es la invitación a explorar tus anhelos más profundos. La Iglesia, por medio de nuestras costumbres de Adviento, y el mismo clima de esta temporada, apoyan esta obra de renovación interior. Durante esta primera semana de Adviento concédase el tiempo y espacio necesarios para contemplar y reflexionar en lo que realmente espera. Dese cuenta de que esta es la
temporada en que sus anhelos lo llevarán al Niño Dios, quien conoce las esperanzas y miedos de todos los años y responde a ellas con un amor sumamente generoso.
Nuestra espera de la venida de Dios se vive a nivel personal y comunitario. Los eventos mundiales hacen pedazos nuestra autosuficiencia; esta pandemia, que acaba con la esperanza de muchos corazones y familias, las dificultades familiares debilitan nuestra voluntad y prontitud para responder a la llamada de Dios.
Segundo regalo: Dios nos ofrece palabras de consuelo Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios, hablen al corazón de Jerusalén, grítenle que se ha cumplido su condena y que está perdonada su culpa, pues ha recibido del Señor doble castigo por todos sus pecados. Una voz grita: Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la llanura una senda para nuestro Dios. Que se eleven todos los valles y las montañas y colinas se abajen; que los barrancos se transformen en llanuras y los cerros en planicies. Entonces se manifestará la gloria del Señor y la verán juntos todos los pueblos, lo ha dicho la boca del Señor. (Isaías 40, 1-5).
Dios nos ofrece palabras de consuelo. El profeta Isaías dirigió su mensaje al pueblo judío cuando éste estaba exiliado en Babilonia, entre el año 587 y 537 a.C. Su vida se había hecho añicos, su templo había sido destruido y el recuerdo de esta amarga experiencia se estaba desvaneciendo en la memoria de sus hijos. En medio de un momento doloroso escuchan palabras de consuelo. Dios también nos dirige hoy palabras de consuelo. Sólo podremos escucharlas si abrimos nuestro corazón a su mensaje. No son palabras que nos ofrezcan el falso consuelo de que todas las cosas repentinamente serán mejores. Son palabras de consuelo que Dios nos dirige en medio de nuestro dolor y confusión. Estas palabras nos llevarán a crecer en nuestra conciencia y reconocimiento de la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestra familia.
Tercer regalo: El amor de Dios reside en tu corazón Vienen días, oráculo del Señor, en que yo estableceré con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza nueva. No como la alianza que establecí con sus antepasados el día en que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Entonces ellos quebrantaron la alianza, a pesar de que yo era su dueño, oráculo del Señor. Esta será la alianza que haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, oráculo del Señor: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. (Jeremías 31,31-33).
En esta semana de Adviento concentramos nuestra atención en los corazones: los corazones contentos, los corazones tristes, los corazones duros, los corazones destrozados, los corazones anhelantes y los que han dejado de esperar. En la Sagrada Escritura encontramos muchos escritos relacionados a nuestro corazón porque el corazón representa lo más profundo de nuestra identidad. Nuestros corazones revelan lo que verdaderamente somos porque contienen dentro de sí nuestros anhelos más profundos.
¿Qué hay en tu corazón? Podemos responder a esa pregunta de muchas maneras, y es a la vez, una buena pregunta para que reflexionemos en ella a lo largo de esta semana de Adviento. No obstante, también Dios tiene la respuesta a esta pregunta. “Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón”, dice el Señor. Así pues, además de lo que haya en nuestro corazón, también podemos estar seguros de que la ley del Señor está escrita, con tinta permanente, en nuestro corazón. Esa ley es la ley del amor.
Dios nos llama a una conversión del corazón. El meollo del asunto es que debemos ser responsables de nosotros mismos y de nuestras acciones. La semilla del cambio en nuestra familia, en la comunidad y en el mundo comienza con la llamada de Dios que nos invita a encontrarnos con él para cambiar nuestro corazón.
Cuarto regalo: Una esperanza que permanece
Bendito quien confía en el Señor, y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto. (Jeremías 17,7-8)
El Adviento es un tiempo ideal para hundir profundamente nuestras raíces espirituales, para dejar que se extiendan hasta Dios, fuente de toda vida. Dada nuestra conexión con Dios, nuestra vida diaria también puede ser fuente de vida para los demás. La Navidad no sólo es una temporada para recibir regalos, mejor aún, es una temporada para deleitarnos dándonos a los demás. De esta manera, imitamos lo que Dios ha hecho por nosotros y precisamente en eso encontramos una alegría profunda. Preparémonos pues para ser generosos en los regalos que daremos a nuestra familia, compañeros de trabajo, vecinos, amigos y desconocidos: paciencia, prudencia, motivación, consejo, fe, esperanza y amor.
Hay un dicho popular y espiritual que dice: “Nadie da lo que no tiene”. El regalo que podemos dar a los demás durante la última semana de Adviento es la esperanza. La esperanza nos robustece en los momentos difíciles. Vivir una vida de esperanza significa estar dispuestos a vivir valientemente día por día.
Cada semana, todos en familia, cerca de la corana de adviento, elevan una oración de gratitud al Señor por estos cuatro hermosos regalos de crecimiento espiritual.
II Domingo de Adviento (07 de diciembre)
Sean todos bienvenidos a la fiesta del Señor en este segundo domingo de Adviento. La liturgia de la palabra nos invita hoy a prepararle el camino al Señor para que él pueda venir y hacer morada en nuestros corazones, miremos en nuestro interior y despojémonos de todo aquello que nos impida tener un verdadero encuentro personal con Jesús. Pongamos en práctica
el lema del mes: “Y postrándose, le adoraron”. Celebremos. ORACIÓN
Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente del esplendor de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA