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Tempels y la filosofía africana: la etnofilosofía

1 ¿Existe una filosofía africana? Precisión de conceptos

5. Una filosofía de afirmación

5.2. Tempels y la filosofía africana: la etnofilosofía

El encuentro con la conocida obra del belga Placide Tempels, La Philosophie Bantoue, es clave para el que quiera acceder a la filosofía africana. Por ello, se torna necesario dedicar un esfuerzo complementario para si- tuarla en el itinerario de la problemática que abordó así como en la metodología adoptada, sin obviar la marcha histórica que esta obra marcó hasta el día de hoy. De esta manera no solo comprenderemos la razón de su extraordinario éxito, tanto para africanos como para no africanos interesados en la cuestión negro-africana, sino

su capital importancia en el debate sobre la filosofía afri- cana contemporánea.

El reverendo padre Placide Tempels (1906-1977) fue un sacerdote franciscano (de la Orden de Hermanos Me- nores) belga. Nacido el 18 de febrero de 1906 en la pro- vincia de Anvers, llegó como misionero al Congo Belga, a la región de Kamina (provincia de Katanga) habitada principalmente por los baluba, el 3 de noviembre de 1933. En el Congo vivió hasta el 2 de abril de 1962, cuando por motivos de salud regresa a su patria, donde morirá el 9 de octubre de 1977.

El libro, La filosofía bantú, puede ser considerado, desde el punto de vista pedagógico, como la obra que realiza la transición entre el pasado y el presente de la filosofía afri- cana. Se publicó por primera vez, y más breve que la ver- sión actual, en danés, con el título Bantoe-Filosofie, en 1946. Se tradujo al francés, por A. Rubbens, con el título La Philosophie Bantoue, publicándose en 1949, como primer volumen de Editions de Présence Africaine.

Esta gran obra es fruto del resultado de casi veinte años de observación. En ella, analiza las representaciones mentales de los baluba, que se traducen en sus discursos y su comportamiento. Su método de aproximación al pen- samiento bantú, fruto de un espíritu muy abierto y una gran capacidad de comunión y sensibilidad, le permite explorar este sistema de pensamiento realizando una re- marcable exposición de conjunto. Este método de trabajo,

inspirado en la etnología29, ha llevado a calificar su filoso-

fía y la de sus continuadores como etnofilosofía.

La intención de la obra no era realizar un estudio filosó- fico técnicamente hablando; ni pretendía representar un movimiento de pensamiento africano. No estaba destinada a los africanos, que fueron sin embargo sus principales lectores. Estaba dirigida a los europeos que en aquella épo- ca trabajaban en África, intentando hacerlos comprender lo que Tempels creía haber comprendido del espíritu y com- portamiento de los africanos. El autor intentaba rechazar la tesis de imperfectibilidad, indolencia e imprevisión del negro. En suma, el misionero belga, frente a posturas como la de Lucien Lévy-Bruhl que minusvaloraba al negro pre- sentándole como de «pensamiento primitivo o prelógico», sostiene que el negro tiene una civilización, una religión… La obra parte del hecho de las discriminaciones raciales como algo a corregir o, al menos, a reducir. La pretensión de Tempels era clara: quería explicar el negro al europeo, pero sin buscar, en sentido técnico, una obra de filosofía.

Este misionero belga decidió hacerse africano con los africanos. Emprendió un gran trabajo de transformación interior, una obra de mutación espiritual que hizo de él un hombre que estaba a la escucha de África, guiado por el

29 Etnología (del griego: éthnos, pueblo, raza, y lógos, tratado): rama

de la antropología cultural que se ocupa del estudio de las razas y de los pueblos con particular atención a las culturas que los definen y configuran.

afán de sondear las profundidades de la visión africana del mundo, amasado en su ser por la palabra africana, que se había esforzado entender en vez de mantenerse simple- mente como un misionero que repite a lo largo de los días las fórmulas aprendidas en su medio de procedencia. Pla- cide Tempels, reengendrado por África, nacido de nuevo en el corazón de la sociedad africana, convertido en africa- no con los africanos, afirma no solo que los Negros son seres humanos sino que poseen un sistema filosófico de base derivado de una ontología lógicamente coherente. Descubre lo que llama el alma africana, su sistema, su on- tología, y con su obra La filosofía bantú quiere dar a los bantúes los términos adecuados (tomados de la metafísica neo-escolástica) para sistematizar su visión del mundo.

Pero antes de seguir abordando el estudio/análisis de esta emblemática obra, vamos a presentar sucintamente (puesto que al día de hoy se trata de un periodo bastante oscuro y necesitado de serios trabajos de investigación30) el

llamado periodo pre-tempelsiano, es decir sus precedentes, tanto en Europa como en África:

–Desde Europa: es justo y necesario decir que Tempels había tenido algunos precursores europeos, poco conocidos

30 En esta línea de investigación destacamos la importante contri-

bución de la tesis de licenciatura, defendida en 1978 en la Universidad de Kinshasa, realizada por Mubanbinge Bilolo, con el título: Contribu-

tion à l’histoire de la reconnaissance de philosophie en Afrique noire traditionnelle: 1900-1945.

en los medios no especializados, como Otlet, Van Over- bergh, Van der Kerken… Se trataba de miembros del per- sonal administrativo del Congo Belga. Estos reconocían el valor de las personas y de las poblaciones que tenían que administrar, y habían publicado el fruto de sus reflexiones.

Destaca entre todos ellos la figura de Mons. Alexandre Le Roy (1854-1938). Con su obra La religion des primitifs (1909) preparó el contexto universitario francés. Dicha obra recoge la conferencia que dictó con motivo de su toma de posesión de la cátedra de Historia de las Religio- nes en el Instituto Católico de París, que acababa de cons- tituirse. Posteriormente lo desarrolló en Christus. Manuel d’histoire des religions (1913).

Este superior general de la Congregación del Espíritu Santo había vivido durante veinte años en África negra realizando abundantes investigaciones etnológicas. Su cri- terio era claro: los evangelizadores deben conocer lo que los evangelizandos ya creen. Aplicándolo a África afirmaba que los negros creen en un Dios superior, un Ser supremo (que los europeos podemos asimilar como Dios), y cada familia, clan o etnia llama de una forma particular. Esta creencia en el Ser supremo puede estar algo oscurecida por la magia, pero lo que es evidente es que se trata de una religión con carácter sobrenatural y que puede alcanzar la plenitud en la verdadera religión: el cristianismo.

–Desde África: en este ambiente de colonialismo, el cogito de la supervivencia africano no estaba ausente, se manifestaba

en algunos africanos especialmente despiertos como el zai- reño Stephano Kaoze (1885-1951). Se trata del primer sa- cerdote católico originario del Congo, en concreto de Katan- ga oriental. Escribió dos breves artículos complementarios en La revue congolaise en los años 1910 y 1911, titulados «La psychologie des Bantus» I y II. Tres aspectos merecen ser destacados en orden a la filosofía negro-africana:

El primer aspecto: Kaoze cuenta en sus escritos cómo, antes de ser cristiano y antes de toda formación filosófica, se preguntaba cuestiones fundamentales como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? Confiesa que le faltaba vocabulario para expresar estas cuestiones, pero ello no impedía que tanto él como sus compañeros se plantea- ran estas mismas cuestiones. Más tarde encontró términos (europeos) que le permitiesen expresar sus sentimientos, de ahí su esfuerzo por encontrar en su lengua natal términos para comunicar esta experiencia metafísica.

En segundo lugar, se puede descubrir en estos escritos (anticipándose a Senghor) la importancia de la emoción en el pensamiento y comportamiento de los negro– africanos, por oposición a los occidentales.

Por último, encontramos en sus escritos un método de reflexión y de investigación. Procedía por análisis y bús- queda del sentido de un cierto número de términos claves, así como las relaciones sintéticas de dichos términos. Se trataba de términos como imaginación, inteligencia, juicio, memoria, razonamiento, voluntad, libertad, Dios…

Una vez que hemos presentado –aunque sea muy bre- vemente– al padre Temples, así como el contexto socio- cultural de su obra mayor, vamos a adentrarnos en el estudio de su obra en cuanto tal. Consideramos que la importancia de la misma exige que la dediquemos un espacio mayor que al resto de los escritos filosóficos africanos. Pero antes de comenzar con el análisis de esta obra, se hace necesario tener en cuenta el prefacio con el que la obra se publicó, ya que nos puede ayudar a descubrir la razón de ser de este libro.

El senegalés Alioune Diop, fundador de la editorial Présence Africaine, había escrito en 1947 el prefacio titula- do «Niam M’paya» a la edición de 1949 de La Philosophie Bantoue. A través de la lectura de este prefacio se puede entrever lo que la lectura de este libro de Tempels repre- sentaba para una cierta elite africana, especialmente aquellos que comulgaban con las ideas del movimiento de la Negritud.

Diop, entusiasmado, consideraba que este libro es im- portante para el Negro así como para todos los que están interesados en la suerte de los negros. Ya que permite al Negro tomar conciencia de sí y de satisfacer lo que podría ser llamado el deseo o el complejo de asimilación de los valores occidentales por el Negro. Igualmente este libro ayuda a todos los que se interesan por la cuestión negro- africana con el fin de comprender al Negro y, de este for- ma, poder entrar más fácilmente en dialogo con él. Diop lo expresa de esta manera:

He aquí un libro esencial para el Negro, para su to- ma de conciencia, para su sed de situarse en relación a Europa. Debe ser el libro de cabecera de todos los que se preocupan por comprender al africano y comprometerse en un diálogo vivo con él.

Este libro contribuye de esta manera a revelar el alma auténtica (inserta en su medio natural) del Negro. Esta alma, que Tempels presenta, se corresponde con la opi- nión que Diop tiene del Negro y que es opuesta al mate- rialismo occidental y deshumanizador. La filosofía bantú nos habla, en definitiva, de la genialidad de la civilización negro-africana; de conceptos como la vida, la felicidad, el mérito, el poder o fuerza vital, etc.

Diop, en su prefacio, nos describe también la origina- lidad del Negro:

Esta juventud del alma, este respeto innato del hom- bre y de lo creado, esta alegría de vivir, esta paz que es no desfiguración del hombre sino impuesta y experi- mentada por la higiene moral, así como la armonía na- tural con la majestad de la vida.

Presentados los precedentes de La filosofía bantú de Placide Tempels nos adentramos en el análisis de esta obra capital de la filosofía africana. Sin lugar a dudas, el libro más emblemático. Una grandeza que le viene determinada tanto por lo que dice como por la oportunidad histórica

en que fue dicho. Al día de hoy tanto su lectura como su referencia es obligada si se quiere acceder al pensamiento filosófico africano.

El libro La filosofía bantú está compuesto por siete ca- pítulos: 1. A la búsqueda de una filosofía bantú; 2. La ontología de los bantúes; 3. La sabiduría y la criteriología de los bantúes; 4. La teoría del Muntu, o la psicología de bantú; 5. Ética bantú; 6. La restauración de vida; 7. La filosofía bantú y nuestra misión civilizadora. Estos siete capítulos pueden parecer sin conexión, puesto que entre ellos no se muestra un vínculo común, existiendo nume- rosas repeticiones; es como si se tratase de un libro com- puesto de artículos diversos que el autor ha reunido titu- lándolo La filosofía bantú. Por otro lado, es necesario advertir que el término filosofía es presentado en relación a la misión civilizadora (a medio camino entre la empresa colonizadora y la evangelizadora) de Occidente en tierra afri- cana (en concreto, la congolesa). Estos dos elementos impi- den presentar este libro de forma coherente y clara; aún así, creemos que puede ser analizado en torno a estos dos aspec- tos: primeramente, el proyecto del libro con sus presupuestos y su contexto histórico y, en segundo lugar, el argumento principal del libro: la ontología bantú y sus implicaciones.

A. El proyecto del libro: La filosofía bantú y la misión ci- vilizadora occidental. Por proyecto entendemos la manera como Tempels ha presentado su filosofía bantú; es decir,

deseamos conocer el modo como él ha definido el objeto y el fin de su estudio, su metodología de investigación, así como el público con el que él quería entrar en diálogo. Para ello, creemos que el análisis del primer y del último capítulo nos puede ayudar.

El primer capítulo es una verdadera introducción a to- da la obra (así como una respuesta a las posibles objecio- nes que se pudieran hacer a su tesis). Plantea con claridad, desde el principio, la definición de la filosofía bantú como también la apuesta por la etnología como método de inves- tigación. La filosofía bantú, como cualquier otra filosofía, es ante todo una sabiduría, comprendida como un conjun- to de ideas, un sistema lógico, una filosofía completa del universo, del hombre y de las cosas que le rodean, de la existencia, de la vida, de la muerte y la otra vida… Este conjunto de ideas, que es definido como filosofía, rige el comportamiento y las actitudes del Negro. Y esta filosofía puede ser clasificada según las ramas heredadas de la filo- sofía occidental clásica como ontología o metafísica, ética o moral, antropología o psicología, o teoría del conocimiento. Tempels cree que la filosofía bantú es la filosofía común de todos los primitivos, de todos los pueblos clánicos; de suerte que su análisis no solo puede ser comprendido como prototípico de los bantúes sino común a todos los negros y a los primitivos del todo el mundo. Muchos críticos le re- procharon esta generalización. Dicho esto, conviene anotar que para este belga es necesario afirmar esta filosofía por

primitiva que pueda ser. Solo así es posible reconocer en plenitud y positivamente la humanidad del Negro.

Y, ¿dónde podemos encontrar esta filosofía? Es posible descubrirla o desprenderla de los elementos de la cultura, por ejemplo en el lenguaje o en el derecho. Para este pro- ceso, preconiza el acercamiento etnológico. En esta meto- dología etnológica uno de sus presupuestos básicos es que el sujeto miembro de la sociedad que va a ser estudiada se sitúa a una distancia suficiente y necesaria que le permita un análisis objetivo de su propia sociedad. Por lo que es el observador exterior quien podrá aportar una perspectiva y análisis neutro y objetivo.

Además, esta filosofía es difusa, puesto que en ella se in- forma sobre todo el ser y el hacer del muntu31 (o del Negro);

en otros términos, en esta filosofía está implícito el muntu y está presente en toda la vida. Se trata, pues, de un filoso- fía implícita y difusa, que el blanco puede explicitar y sis- tematizar tanto para el negro (para que pueda conocerse mejor; en cierta medida se puede afirmar que se trata de una filosofía con claro rol mayéutico) como para el blanco (en su misión civilizadora).

Cuando Tempels escribe a sus lectores (que como ya dijimos, piensa en los occidentales, principalmente bel- gas) afirma:

No esperemos del primer Negro que aparezca que nos haga una exposición sistemática de su sistema ontológico. Sin embargo, esta ontología existe: penetra y configura todo el pensamiento del primitivo, domina y orienta to- do su comportamiento. Gracias a los métodos de análisis y de síntesis de nuestras disciplinas intelectuales pode- mos, incluso debemos, dar a los «primitivos» este servi- cio de investigación, clasificar y sistematizar los elemen- tos de su sistema ontológico. No podemos pretender que sean los mismos bantúes quienes nos presenten un tra- tado de filosofía, expuesto en un vocabulario adecuado. Nuestra formación intelectual nos permite hacer este de- sarrollo sistemático. Somos nosotros (los occidentales) los encargados de presentar de forma precisa el contenido de su concepción de los seres, de tal forma que ellos se reconozcan en nuestras palabras.

Sin desestimar los capítulos que van del segundo al sexto incluidos, dirigimos ahora nuestra mirada al sépti- mo y último capítulo, ya que nos permiten seguir com- prendiendo el proyecto real de esta obra tan emblemática. Algunos podrían creer que en la investigación sobre el conocimiento del alma negra, Tempels se interesaba úni- camente del Negro y de la presentación de una exposición crítica y sistemática del pensamiento de los negros. Sin embargo, desde la lectura del último capítulo se percibe que más bien se guiaba por razones de estrategia o de pedagogía. Adoptando la pretendida neutralidad y objeti- vidad del etnólogo, intenta conocer lo mejor posible al

Negro para poder transmitirle de la mejor forma posible el mensaje civilizador occidental y, para ello, rechazar las conclusiones falsas (tipo Lévy-Bruhl32) de la filosofía del

Negro. Como con frecuencia se afirma, este misione- ro/filósofo belga adopta una línea de reflexión alimentada de intereses pedagógicos y apologéticos, como lo prueban afirmaciones como:

No es nuestro objetivo descubrir el origen o la evolu- ción del pensamiento bantú. Ni tampoco establecer un juicio sobre el valor intrínseco de esta filosofía. Absten- gámonos provisionalmente de todo juicio, para no hacer más que etnología. Intentemos ante todo comprender el pensamiento de los bantúes. Nos es necesario saber cuáles son sus nociones, su interpretación racional de la natura- leza de los seres visibles e invisibles. Estas concepciones pueden resultar exactas o erróneas; de todas maneras de- bemos admitir que estas ideas sobre la naturaleza de las cosas son conocimientos esencialmente metafísicos y

32 L. Lévy-Bruhl (1857-1939) tiene una mala prensa en África,

desde que publicase Las funciones mentales en las sociedades primitivas (1910) y La mentalidad primitiva (1922). Se le incluye entre los soció- logos que consideran que los mitos pueden ser comprendidos como la «función arcaica elemental» que existe en todo hombre. Esta tesis de la «mentalidad primitiva», en breve síntesis, significa que el hom- bre africano viviría en un imaginario simbólico una parte de sus pul- siones naturales fundamentales, atribuyendo estos dones naturales, por medio del mito, a un «sobrenatural» y mostrando que el hombre primitivo, incluso cuando llega a sus formas lógicas de pensamiento, conserva una parte coexistiendo con un pensamiento «prelógico».

constituyen una «ontología». Antes de enseñar a los Negros

nuestro pensamiento filosófico, tratemos de penetrar en el suyo. Sin penetración filosófica, la etnología no es más que folclore.

Así, con su nueva aproximación a la cultura bantú, Tempels cree haber encontrado una plataforma seria para la misión civilizadora (considerando la occidental como «una civilización superior» a la negro-africana). En efecto, contrariamente a los que anunciaban el fracaso de la mi- sión civilizadora, especialmente la evangelización congo- lesa, este misionero belga parecía haber descubierto la clave segura a esta misión: «la analogía entre el pensamiento bantú y la espiritualidad cristiana» que se expresaba en la semejanza entre el efecto de crecimiento de la gracia divi- na sobre el alma humana y la ontología bantú de la fuerza