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Teología de los carismas en la historia de la Iglesia

1.2 Raigambres neotestamentarias y evolución histórica de los conceptos «ministerio» y «carisma»

1.2.2 Raigambres neotestamentarias y evolución histórica del término «carisma»

1.2.2.3 Teología de los carismas en la historia de la Iglesia

121 Cf. Ibid., 587. 122 Ibid., 598.

123 A. VANHOYE,―El problema bíblico de los carismas‖, 312. 124 Cf. Ibid., 312.

El uso de la palabra «carisma» en el período post-apostólico comenzará a ser rara y se reservará el término para referirse a la acción extraordinaria del Espíritu Santo.126 Los Padres utilizan el término en sentido muy general y al final del siglo II, la ―Ascensión de Isaías‖ (Ascensio Isaiae o

Apocryphum Isaiae) se lamenta de la disminución de la profecía; Orígenes también dará cuenta de la disminución de la acción extraordinaria del Espíritu Santo en los carismas.127 Más tardíamente, entre los siglos IV y VI, se presenta en la reflexión de los Padres la cuestión por la vigencia de los dones extraordinarios o si estos fueron una acción del Espíritu reservada a la Iglesia primitiva. Basilio de Cesarea tendrá presente los carismas y su distribución; Juan Crisóstomo lamenta la falta de carismas y realiza una elaboración para explicarlo, señalando que dada la madurez de la Iglesia ya no son estrictamente necesarios, posteriormente esta postura será frecuentemente repetida por otros autores.128 Ulteriormente, Gregorio Magno fundamentará este desvanecimiento de los

carismas comparando con el riego cuidadoso de que se beneficia una planta cuando todavía es joven, y que no es necesario cuando ésta crece.129 La reacción contra la gnosis, el montanismo y

luego el priscilianismo generaran un clima de sospecha y rechazo a los fenómenos extraordinarios que contribuirá a este eclipse de los carismas.

A pesar de esta experiencia de los carismas en la etapa patrística el monaquismo primitivo, surgido en la segunda mitad del siglo II, será un ambiente de intensa y diversificada acción carismática. Casiano distingue en los fenómenos carismáticos extraordinarios tres aspectos principales: una irradiación de santidad que el Evangelio nos obliga a considerar normales; son instrumentos que Dios usa para construir la Iglesia; pueden ser maravillas ilusorias con las que el diablo confunde a los falsos profetas y los que se dejan deslumbrar por los fenómenos extraordinarios. Por este último aspecto se vuelve imprescindible el discernimiento en el Espíritu Santo.130

Santo Tomás, y la teología escolástica en general, hablan de los carismas bajo el nombre de «gracias gratuitamente concedidas» o «gratiae gratis datae» y quedan comprendidos dentro de las llamadas gracias extraordinarias o personales en contraposición a la gracia santificante. La única fuente de la gracia, el Espíritu Santo, actúa gratuitamente siempre, mediante la gracia santificante

126 Cf. A.ROMANO, ―Carisma‖ en: A.APARICIO RODRÍGUEZ;J.Mª.CANALS CASAS (dirs.), Diccionario Teológico de la

Vida Consagrada, España, Claretianas, 1992, 144.

127 Cf. R.REGAMEY, ―Carismi‖, en: G.PELLICCIA; G.ROCCA (dirs.), Dizionario degli Istituti di Perfezione, II, Roma,

Paoline, 1975, 303.

128 Cf. A.ROMANO, ―Carisma‖, 145. 129 Cf. R.REGAMEY, ―Carismi‖, 303. 130 Cf. Ibid., 304.

justifica al cristiano y le une a Dios y por medio de la gracia carismática coopera y prepara a los demás para la unión con Dios. 131

―Así pues, como la gracia tiene por objeto conducir los hombres a Dios, ha de hacerlo de acuerdo con ese orden, de modo que unos sean conducidos a Dios mediante otros. En consecuencia, hay que distinguir dos suertes de gracia: aquella por la cual el hombre se une a Dios, que es la que nos hace gratos; y aquella merced a la cual un hombre coopera con otro para que se convierta a Dios. Esta segunda es la que se dice «gratis data», porque sobrepasa la capacidad natural y los méritos personales de quien la recibe. Y como no se da para la justificación del propio depositario, sino más bien para que éste coopere a la justificación de otro, por eso no recibe el nombre de gracia que hace grato. De ella dice el Apóstol en 1 Cor 12,7: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para que sea útil, es decir, para que ayude a los demás‖.132

En la concepción de Santo Tomás las gracias gratis data están fuera de las posibilidades naturales, se encuentran por encima de todo mérito personal de quien las recibe y sirven para la edificación de la Iglesia.133 Así expresa Santo Tomás que ―bajo el concepto de gracia gratis data, se

comprende todo aquello que el hombre necesita para instruir a otros en las verdades divinas que sobrepasan la razón‖.134 Esta concepción de gracias gratis data identificada con los carismas será mantenida por el Concilio Vaticano II en LG 12.

A la luz de los trabajos exegéticos realizados, Vanhoye va a discutir esta interpretación meramente instrumental de los carismas, donde el sentido de los dones carismáticos gratuitos del Espíritu Santo estará puesto en la utilidad. En sus análisis de los textos paulinos este autor señala que no puede indicarse solamente un sentido instrumental comunitario para los carismas, sino que en Pablo es posible encontrar un sentido de don personal, de don recibido para el bien de la misma persona. En la teología de los carismas paulinos no hay una identificación restringida entre carisma y diakonía – ministerio, por lo que recomienda Vanhoye no realizar una identificación de los carismas con la utilidad de otros, sin ningún provecho personal. 135 Será la teología escolástica con Santo Tomás,

retomada por el Concilio, la que distinga ―entre los múltiples dones de la gracia, una serie de dones caracterizados por su utilidad eclesial, cuya denominación es «carismas»‖.136

Entre los autores escolásticos no hay un desarrollo del tema de los carismas, pero es distinguible la posición de Francisco Suárez, quien explica que los carismas son dones que están permanentemente

131 Cf. P. FERNÁNDEZ, ―Teología de los carismas‖,Ciencia Tomista 343 (1978) 178-179.

132 TOMÁS DE AQUINO,Suma Teológica I-II, 111,1. Citamos el texto de acuerdo con la siguiente edición: TOMÁS DE

AQUINO,Suma Teológica, Madrid, BAC, 19932. 133 Cf. P.FERNÁNDEZ, ―Teología de los carismas‖, 187. 134 TOMÁS DE AQUINO,Suma Teológica, I-II, 111, a.4.

135 Cf. A. VANHOYE,―El problema bíblico de los carismas‖, 309. 136 Ibid., 309.

ofrecidos a la Iglesia, aunque no se expresen habitualmente y que pueden ser activados con prontitud frente a la necesidad del bien de la Iglesia.137

Una de las razones para la pérdida de vigencia de la noción de carisma en la Edad Media fue el surgimiento de grupos espirituales y diversas sectas de corte místico espiritualista como los ―Hermanos del libre espíritu‖ y los ―Iluminados‖, y el desarrollo durante el siglo XIV de una serie de movimientos espirituales con tendencias heterodoxas: los franciscanos espirituales, los begardos y beguinas y los flagelantes. Se genera así un temor a que el surgimiento de este tipo de carismas pusiera en peligro a la Iglesia y por ello se desconfía de toda manifestación carismática.138

En los años que preceden al Concilio Vaticano I se consideraba a los carismas como ―dones sólo extraordinarios, vistosos y transitorios, ofrecidos principalmente a la Iglesia de los orígenes y comunicados a través de la imposición de las manos de los apóstoles‖.139 Así también Pío XII en la

encíclica Mystici corporis (1943) considera aún los carismas como dones extraordinarios, pero presenta una eclesiología en la cual son considerados con un gran equilibrio entre dimensión jerárquica y carismática de la Iglesia.140

―Más en manera alguna se ha de pensar que esta estructura ordenada u orgánica del Cuerpo de la Iglesia, se limita o reduce solamente a los grados de la jerarquía; o que, como dice la sentencia contraria, consta solamente de los carismáticos, los cuales, dotados de dones prodigiosos, nunca han de faltar en la Iglesia.‖141

Regamey sintetiza los modos en que se hablaba de los carismas antes del Concilio Vaticano II: a) como manifestaciones extraordinarias del espíritu, que San Pablo llama «pneumatika»; b) como manifestaciones necesarias en los primeros tiempos de la Iglesia, que no se produjeron posteriormente, al menos en modo genuino, y si se produjeron fue en casos excepcionales que dieron lugar a reservas muy grandes; c) en referencia a los presuntos signos de la actividad del Espíritu en que las sectas heréticas reconocieron la preeminencia en contraposición a las decisiones de la autoridad en el gobierno de la Iglesia; d) como la asistencia concedida por Dios a quienes

137 Cf. A.ROMANO, ―Carisma‖, 146.

138 Cf. R. LAURENTIN, ―Los carismas: precisiones terminológicas‖, 284. 139 Ibid., 146.

140 Cf. Ibid., 147.

141Minime autem reputandum est hanc ordine digestam, seu ce « organicam », ut aiunt, Ecclesiae Corporis

structuram solis hierarchiae gradibus absolvi ac definiri; vel, ut opposita sententia tenet, unice ex charismaticis constare; qui quidem donis prodigialibus instructi, numquam sunt in Ecclesia defuturi‖. En: PÍO XII, Encíclica Mystici

tienen el servicio de la autoridad, particularmente aquella asistencia que asegura la infalibilidad de ciertas definiciones de fe pronunciadas por el Sumo Pontífice.142