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La teoría fundamentada y su adopción en estudios sobre salud en Iberoamérica

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Alejandra Guadalupe Lizardi Gómez*

Hace unos meses envié un texto a evaluar para su publicación. En él describía el análisis en teoría fundamentada (tf) del uso de servicios de salud por per- sonas con padecimientos crónicos. Una de las primeras observaciones que me hicieron fue que “el uso de la tf no está justificado, pareciera que una etnografía es más adecuada y podría ser suficiente”. Cuando elegí elaborar un análisis en tf, lo hice porque en la literatura sobre experiencia del padecimiento abundan los trabajos con esta orientación y ese era mi bagaje. Pero el intentar responder sobre su pertinencia, me llevó a repensar los orígenes de la investigación que había concluido. Uno de ellos había sido la intención de generar una teoría sus- tantiva en el área temática de estudio, provocación por la que Anselm Strauss y Barney Glaser expusieron un camino metodológico que agitara el conformismo teórico de algunos sociólogos de su época, en los años 1960. Volver a su pro- puesta, a su momento explosivo, a su evolución, a las nuevas formas de llamarle y de trabajarla, y especialmente, al uso “justificado” que se le ha dado de manera particular en el área de salud, es lo que ha llevado a escribir este capítulo, uno cuya razón es una forma de repensar a estos teóricos de la sociedad.

La estructura de este escrito comienza con una breve presentación del surgi- miento de la tf, como producto del trabajo de investigación sobre lo que podría llamarse en español “conciencia de morir”, asunto que estudiaron ambos sociólo- gos en hospitales de San Francisco, California. Continúa con el desarrollo de su propuesta por ambos, por cada uno de forma separada, y por alumnas de ellos, * Profesora investigadora del Departamento de Estudios Socio Urbanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalaja- ra. [email protected]

tarea que ha provocado la añadidura de adjetivos como tf constructivista, o nue- vos sustantivos como el análisis situacional. La parte más elaborada será aquella en que se presenten las argumentaciones de los investigadores para adherirse a esta forma de generar conocimiento. La intención de ello es suponer qué razones subyacen a una elección de esta naturaleza. De entre la vastedad de ejemplos pro- ducidos desde ciencias como las de la educación, la comunicación, la adminis- tración y la arquitectura por mencionar algunos, me enfocaré sólo a los de salud, dado que en esta área son más numerosos, posiblemente por ser aquí donde se originó la propuesta y donde se impulsó su desarrollo. Los ejemplos no preten- den ser exhaustivos, con ellos se intentan ilustrar las posibles formas de discurrir de quienes consideran a la tf indispensable para responder a sus cuestionamien- tos. En esta ilustración, se ha puesto particular interés a los productos generados en Iberoamérica1 como región en que se contextualiza el origen del libro que el

lector tienen en sus manos, pero los cuales para nuestro infortunio, son menores en número a los elaborados en otras regiones, y escasean aún más al hurgar entre ellos las justificaciones de su concepción epistémico-metodológica. La parte final la ocuparán las reflexiones a que lleve un ejercicio como éste.

La novedosa propuesta con el estudio de la interacción en Awareness of Dying

En la introducción de su primera obra en conjunto, Awareness of Dying –sin traducir al español, publicada en 1965–, Glaser y Strauss definieron su interés por analizar la interacción social y el contexto de conciencia de la identidad. Se preguntaron cuál era la identidad asignada en un hospital a las personas moribundas en ese sitio; y cómo se reconstruía la identidad de aquellos que la asignan. Es decir, de todos los que interactuaban en el contexto donde surge la conciencia de la muerte. El último párrafo de ese apartado, termina recapitu- lando su objetivo central: “nos interesamos no sólo por las regulaciones socia- les y otras condiciones estructurales de la interacción centrada en los pacientes

1 Utilizo el nombre de Iberoamérica, para definir a la región que incluye países en

donde la población habla principalmente idiomas neolatinos como el español o el portugués, y se localizan en América y en la península ibérica (Gastaldo, Mercado- Martínez, Ramasco-Gutiérrez, Lizardi-Gómez y Gil-Nebot, 2002).

moribundos, también en la tendencia de la interacción a salir de los límites re- gulatorios hacia nuevas formas” (p. 15).2 No obstante, desde las primeras líneas

y de forma enfática en las conclusiones, aparece un objetivo paralelo dirigido a la construcción de teoría por los sociólogos, el tipo particular de teoría que llamarían teoría fundamentada; la que surge de datos en situaciones particu- lares, que se utiliza para contextos específicos a esas situaciones, y que puede utilizarse en condiciones semejantes para encaminarse a un grupo de numero- sas teorías fundamentadas, que construyan una teoría formal. Su preocupación dentro de su formación y desempeño disciplinar era que la mayoría la mayoría de sociólogos trabajaban bajo esquemas teóricos dominantes y permanecían utilizando teorías formales sin aventurarse a un análisis abstracto profundo, que les permitiera formular teorías sustantivas (fundamentadas), asunto que podía interpretarse como un riesgo de lento avance de la ciencia, debido a lo acomo- daticio de los investigadores, al cuestionar fenómenos utilizando amplias gene- ralidades, impulsados por vagas “ideas, intuiciones e hipótesis” (p. 281), que los hacían sentirse seguros y adquirir con el tiempo, reconocimiento como exper- tos. Pero pocos se aventuraban a “la gran dificultad de trabajar con altos niveles de abstracción” (p. 280).

Su libro termina por mostrar una teoría sustantiva sobre interacción en contextos de conciencia sobre la muerte, construida a través de un análisis com- parativo constante. Poco después de la provocación subyacente, consideraron necesario describir detalladamente el proceso por el que habían llegado a tal propuesta. El producto de la descripción fue su segundo libro, The discovery of

grounded theory: strategies for qualitative research. Los propósitos de esta obra

–traducida al español–, fueron, estimular a los investigadores a utilizar su imagi- nación intelectual y su creatividad para desarrollar teorías relacionadas con sus aéreas de investigación, sugerir métodos para llevar esa tarea a cabo, y ofrecer criterios para determinar el valor de la teoría descubierta (Locke, 1996).

Las dos operaciones clave que se proponen en el desarrollo de tf, son la com- paración constante y el muestreo teórico. Se compara constantemente los datos, y se comparan también, los códigos y las categorías construidos a partir de su interpretación junto a más datos, fundados en la experiencia de los participan-

2 Esta, y todas las citas de obras escritas en inglés y en portugués, han sido traducidas

tes de la investigación y no en nociones preconcebidas del investigador. Con base en las categorías emergentes, se intenta recoger más datos que permitan profundizar en ellas. Lo que puede entenderse como tf, es “el descubrimiento de teoría por datos sistemáticamente obtenidos desde la investigación social” (Glaser y Strauss, 1967: 2). Morse ofrece otra definición enunciada como “una forma de pensar sobre datos –o procesos de conceptualización– que construyen teoría y que son adquiridos al observar y obtener narraciones de la vida diaria” (2009: 18). Una tf tiene como características, que debe adaptarse de manera estrecha a un área particular de estudio, debe ser comprensible y utilizable por aquellos en la situación estudiada, y debe ser suficientemente compleja para dar cuenta de una gran diversidad en el campo analizado (Glaser y Strauss, 1967). Lo que Glaser y Strauss lograron, de acuerdo con Charmaz (2009) –una de sus alumnas, que más adelante sugerirá una corriente de la tf destacando el cons- tructivismo–, fue combinar las tradiciones filosóficas y metodológicas de cada uno. Esto es, el positivismo del primero dentro de la Universidad de Columbia, y el pragmatismo del segundo desde la escuela de Chicago.

Las visiones positivista y pragmática que al inicio se combinaron de manera productiva, acabaron por separar paulatinamente el trabajo en equipo. Las que hoy se conocen como tf glaseriana y straussiana,3 se diferencian en términos

de sus dimensiones paradigmáticas, la formulación de su pregunta de investiga- ción, los procedimientos de análisis, el uso de la literatura, las formas de mues- treo, y el camino de validación de la teoría resultante (Devadas, Silong e Ismail, 2011). A partir de esta segmentación, surgen diversas formas de hacer tf, todas ellas atractivas y flexibles como asegura Denzin (2010), quien además escribió: “No hay jerarquías, los teóricos sociales no son los privilegiados. En el mundo de la tf cualquiera puede ser un teórico” (p. 296).

Anselm Strauss murió en 1996. Desde su alejamiento con Glaser, trabajó con una de sus alumnas de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Califor- nia, en San Francisco (ucsf), Juliet Corbin. Publicaron en 1990 el libro Basics

of qualitative research: grounded theory procedures and techniques. El trabajo de

esta pareja es el más conocido en países iberoamericanos. Este libro en su se- gunda edición, publicada en 1998 y que lleva como título Basics of qualitative

3 Mills, Bonner y Francis (2006), las llaman tf tradicional y tf evolucionada, respec-

research. Techniques and procedures for developing grounded theory, ha sido tra-

ducido y publicado en español por la Universidad de Antioquia, Colombia y en portugés por la editorial Penso de Porto Alegre, Brasil.

Dos estudiantes más de la ucsf, una alumna de Glaser y Strauss, otra solo de Strauss –por el retiro de Glaser de la universidad– se encaminaron a ofrecer in- terpretaciones variadas de la tf original. Ellas son Kathy Charmaz y Adele Clark. Uno de los libros de Charmaz con título Constructing grounded theory: a practical

guide through qualitative analysis, también se ha publicado en portugués por la

editorial Penso. A partir de llamar a su propuesta tf constructivista, se diferen- ciaría de la original llamándole tf objetivista. La diferencia entre ellas es primor- dialmente la participación del investigador; en una, este es visto como un sujeto neutral, que describe datos al observar como un ajeno al fenómeno estudiado y, en la otra, se ve como un sujeto que construye los datos con base en la interacción con el fenómeno (Charmaz, 2009). Adele Clarke, por su parte, sugirió un análisis estructural de las categorías surgidas, para desarrollar mapas que permitan cons- truir un análisis situacional. La propuesta de Clarke es combinar los principios de la tf (straussiana) con el estudio de campos sociales, para diseñar matrices y mapas que den cuenta del orden –o desorden– de esos campos. Desde su punto de vista, la mera tf explica “procesos sociales básicos” (2005: 16) pero no analiza las relaciones de poder de una manera estructuralista, por lo que es necesario mostrar todas las contradicciones y la incertidumbre dentro de los fenómenos sociales. La unidad de análisis en este ejercicio, es la situación de la acción como contenedora de las propias condiciones en las que se sitúa.

Es posible encontrar numerosa literatura sobre cada momento de reelabora- ción de la tf, en las obras iniciales de Glaser y Strauss aparecen líneas sobre la necesidad de continuar trabajando en ciertos aspectos de su propuesta metodo- lógica. Más adelante, en las obras individuales del primero y en las de conjunto del segundo con Corbin, se justifica la separación de intereses y se enfatiza la riqueza que aportan a la tf sus diferentes posturas. También hay publicados ar- tículos de Glaser sobre sus desacuerdos con las propuestas de Charmaz.

No es intención de este capítulo profundizar en esas divergencias, pero sin duda, son las diferentes facetas de la tf lo que la han convertido en una meto- dología atractiva. Es frecuente, que algunos investigadores que la adoptan, no se adhieran a una de sus formas particulares, y utilicen una combinación de pos- turas sobre tf. Es común encontrar diseños metodológicos que parten de las

obras seminales, y que se amplían o complementan con otras posteriores, ya sea de uno solo de los considerados “padres fundadores” (Mills, Bonner y Francis, 2006, párrafo 1) o de otras de Corbin, Charmaz o Clarke. La mixtura de refe- rencias puede deberse a un desarrollo natural de la metodología propia de cada investigación, que adecúa elementos desde la propuesta original para detenerse y profundizar en alguna de las propuestas posteriores. Pero también, puede ser resultado del desconocimiento de los elementos variantes en cada tipo propues- to, o a una absoluta confusión. Balawa (2014), sostiene que hacer tf tiene como reto añadido, entender la ruptura de sus fundadores para elegir la orientación pertinente, pues desde ese momento de fractura parece haberse provocado una especie de desenfreno por adoptar, y adaptar cualquiera de sus versiones, espe- cialmente con los investigadores menos experimentados.

Esta indefinición es predominante en la producción iberoamericana, aún cuando, como se ha escrito arriba, la tf straussiana es la que se cita con más frecuencia en los trabajos de salud de la región, pocas veces se hace como única referencia metodológica. Es notable también en esta producción, la ausencia de referencias sobre Adele Clarke. Da la impresión además, de que las citas se reto- man de trabajos publicados antes y se deja de lado la consulta de las fuentes ori- ginales. Este último tema merecería una discusión pertinente para el cometido de este libro, por ahora sin embargo, se queda al margen.

En los renglones que siguen, ofrezco ejemplos del uso de la tf, en investiga- ciones que se diseñan con uno solo de sus tipos, entendiendo que todas parten de la forma clásica. Como escribí arriba, de los ejemplos existentes, se han elegi- do sólo algunos del área de salud, por su abundancia como resultado histórico de donde surge la tf y donde se acelera su desarrollo. El número de artículos escritos por investigadores de regiones diferentes a la nuestra, predominante- mente en inglés, es exorbitante,4 por ello, incluyo aquí un mínimo de párrafos

para mostrar algunas justificaciones de la necesidad de utilizar tf, los suficien- tes para acentuar más adelante, las argumentaciones de estudiosos iberoameri- canos sobre su uso. Las investigaciones en las que se describe una metodología con tf, pero esas en las que no se justifica su uso, las he dejado excluidas, redu-

4 Mills et al. (2006), escribieron que a la fecha en que se divulgó su artículo, se habían

publicado sólo en el área de enfermería, más de 3 500 artículos científicos sobre la metodología y sobre las teorías generadas.

ciendo de forma importante las referencias. Es importante resaltar aquí, que la producción iberoamericana además de ser menor, tiene limitantes en sus vías de difusión, lo que hace difícil su consulta. Aparece poco en bases de datos o buscadores de internet, especialmente si se divulgan en forma de tesis, como ponencias, o como parte de revistas académicas de bajo impacto.

El uso de la teoría fundamentada en estudios de salud

La tf ha sido considerada la orientación epistémico-metodológica más fre- cuentemente usada en investigación de ciencias sociales y salud (Bryant y Char- maz, 2007). Se le reconoce una contribución importante en la disminución de debates sobre la efectividad de la investigación cualitativa dentro de la medicina y otras disciplinas de salud (Tavakol, Torabi y Zeinaloo, 2006).

En psicología, Rennie, Phillips y Quartaro (1988) la propusieron como la orientación que podría devolver la confianza en los métodos de investigación de esa ciencia, en la que los estudios cuantitativos se utilizaron por décadas. Desde el punto de vista de estos tres investigadores, una aproximación de esta naturaleza permite desarrollar estrategias observacionales y humanistas, opuestas a los datos surgidos de laboratorios. Uno de los usos de la tf destacados por los autores, es el de conocer la perspectiva de los pacientes de psicoterapia, escribieron: “este enfo- que es necesario para comprender la perspectiva del cliente de una manera poco contaminada por la teoría derivada de la perspectiva del terapeuta, dado que la mayoría de los investigadores de psicoterapia son psicoterapeutas” (p. 140). Con- sideraron que la tf a diferencia de otros enfoques como la fenomenología, es más sistemática y reduce la participación del investigador en la co-construcción de las narraciones de los sujetos de investigación.

En la disciplina dentro de la cual la tf se ha difundido y fortalecido más, es en enfermería, para ampliar las perspectivas de su práctica e investigación (Chen y Boore, 2009). Según Elliot y Lazenbatt (2005), esta orientación permite generar teoría basada en la realidad de la práctica clínica cotidiana, al enfatizar el desarrollo de entendimiento de la conducta humana por un proceso de des- cubrimiento e inducción, más que de otros procesos cuantitativos tradicionales, o de la prueba de hipótesis y la deducción. Su uso se considera una contribución importante en la expansión del conocimiento en enfermería, por su enfoque in-

terpretativo y sistemático, el cual extrae de la experiencia y la realidad de los ac- tores sociales involucrados, para obtener resultados fiables que pueden generar acciones (Santos y Nóbrega, 2002).

Las ideas germinales de Glaser y Strauss, son la base de la que parten todos los investigadores sociales en salud que hacen uso de la tf. Algunos son más reflexivos sobre las etapas de su desarrollo y los resultados de propuestas más recientes, y no sólo justifican su uso para responder a las preguntas que constru- yen, si no que comparan y evalúan la pertinencia de otras metodologías.

Entre las principales divergencias que permiten tipificar las investigaciones, son el uso de la literatura y el papel del investigador en el análisis. Para Glaser es indispensable comenzar sin antecedentes conceptuales, para no forzar datos en modelos preconcebidos; para Strauss –junto a Juliet Corbin–, es permisible utilizar marcos teóricos existentes, como punto de partida en la construcción de teorías sustantivas. Para algunos investigadores partir tabla rasa representa un ejercicio insostenible, razón suficiente para deambular por el camino straus- siano (Campbell, 2004; Salick y Auerbach, 2006; Geekie, 2007). Para otros no representa imposibilidad alguna, pudiendo construir teorías sustantivas al esta- blecer de forma previa a la recolección de datos, las asunciones teóricas sobre el fenómeno que estudian. Así se mantienen atentos a sesgos conforme avanza su propia formulación conceptual (Zoffman, Harder y Kirkevold, 2008). 5 Sobre el

papel del investigador, las posturas son, que se dé una “intromisión no deseada” del entrevistador y se incluya a un observador neutral al momento del análisis,, como escribió Glaser (2002: párrafo 8) y la de intromisión intencional por la que pugna la corriente constructivista. Esa intromisión es la que ha fortalecido al último tipo de tf en estudios de salud, dada la naturaleza cercana y recíproca de las relaciones entre algunos profesionales como enfermeros, psicólogos y nu- tricionistas (Mills, Chapman, Bonner y Francis, 2007).

5 Este asunto de la literatura, influye en lo que se denomina sensibilidad teórica, una

forma de ser consciente de los eventos y sucesos dentro de los datos. Strauss y Cor- bin, consideran que la sensibilidad se deriva de numerosas fuentes, como la lectura especializada y la experiencia profesional del investigador (Strauss y Corbin, 1990). Para Glaser (2004), la sensibilidad teórica se desarrolla manteniendo distancia ana- lítica, al ser abierto y al tolerar las múltiples perspectivas surgidas desde los partici- pantes de la investigación.

La pertinencia de una metodología diseñada con tf se explica por estos