MÓDULO III. INTERVENCIÓN CON ALUMNOS CON TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO
DEL DESARROLLO
5. MODELOS ESPECÍFICOS DE INTERVENCIÓN
5.1.2. TEORIA DE LA MENTE Y TRASTORNO DE ESPECTRO AUTISTA
Durante muchos años el concepto de Teoría de la Mente se utilizó para explicar la etiología del autismo y ese proponía que la causa principal de los Trastornos Generalizados del Desarrollo se debía a una ausencia de esta Teoría de la Mente. Desde esta perspectiva la explicación del autismo más influyente desde la década de los ochenta es la de Baron-Cohen y colaboradores a partir de los estudios realizados partiendo de la hipótesis de que la comprensión social en los autistas no se basa en la Teoría de la Mente, concepto que trata de expresar la incapacidad de estos niños para atribuir estados mentales independientes a uno mismo y a los demás con el fin de predecir y explicar los comportamientos.
Esta hipótesis estaba basada en el análisis realizado por Leslie sobre las habilidades cognitivas subyacentes en los niños que no presentaban autismo para comprender el juego de ficción junto con la observación que los niños con autismo muestran alteraciones en la imaginación. Estos datos condujeron a la hipótesis de que el autismo podía constituir una alteración específica del mecanismo cognitivo necesario para representar estados mentales.
Según distintos autores, la habilidad para fingir o ponerse en el lugar del otro, depende de un mecanismo psicológico específico que no está presente en el momento del nacimiento ni es explicable a través del aprendizaje. Esta facultad emerge aproximadamente hacia el segundo año de vida del niño y se constituye como una de sus facultades más desarrolladas.
A juicio de Leslie, la ficción puede entenderse como precursora de la Teoría de la Mente, pues existe una gran semejanza entre la lógica en que se basan las atribuciones mentalistas y los actos de crear ficciones. Leslie argumenta que la capacidad para la simbolización tiene su origen en un mecanismo psicológico primitivo, de maduración tardía que da origen a la Teoría de la Mente.
Este argumento de Leslie es relevante para la comprensión del autismo porque tanto el juego de ficción como la capacidad mentalista presentan deficiencias en estos niños. Está de sobra comprobado, que los niños con Trastornos Generalizados del Desarrollo presentan muchas dificultades en realizar juegos de ficción. Esta característica se recoge en posteriores trabajos de Baron-Cohen y colaboradores.
La ausencia de teoría de la Mente en los niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo da sentido a la mayoría de las manifestaciones del trastorno. Estos niños van a presentar serios problemas en la comunicación y el lenguaje, y sus características se comprenden mejor desde problemas semánticos relacionados con los estados mentales.
De igual manera, lo que se manifiesta en las dificultades en la relación afectiva, pueden entenderse como consecuencia de la incapacidad de que significa tener mente, pensar, creer o sentir de forma diferente a como lo hacen los demás.
Las dificultades que presentan estos niños en las competencias sociales pueden entenderse mejor si nos situamos en esta perspectiva, ya que no basta con el aprendizaje de las normas sociales, sino que es necesario conocer los sentimientos de los demás. Debido a este déficit, los niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo no muestran ni señalan aquello que les atrae. También podrían explicarse desde esta perspectiva los déficits en las habilidades conversacionales.
Además podría explicarse la dificultad que presentan estos niños para establecer el contacto ocular ya que presentan muchas dificultades para comprender el lenguaje no verbal, es decir no aprenden a usar y comprender las señales que se asocian a ciertos estados mentales.
Tanto la evitación del contacto social como el carácter inadecuado de muchas aproximaciones sociales pueden explicarse por la carencia de una Teoría de la Mente, ya que ambas características se deben a que no comprenden lo que piensan, sienten o desean otras personas. Las dificultades en la comunicación podrán explicarse como consecuencia de esta deficiencia.
En definitiva, los déficits sociales que presentan los niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo pueden ser explicados si los vemos como una consecuencia de la incapacidad para comprender estados mentales (Leslie y Frith). Poseer una Teoría de la Mente implica estar preparados para concebir estados mentales en uno mismo y en los demás. Esto es de extremada relevancia en el plano de las relaciones sociales, afectivas y comunicativas.
Así las relaciones emocionales y de comportamiento son a menudo un contingente sobre el conocimiento o las creencias, más que sobre el estado real del niño. Del mismo modo tanto la comunicación verbal influyen decisivamente en los estados mentales (Baron- Cohen et al.).
Como comentábamos con anterioridad estudios realizados por Baron-Cohen confirman que los niños autistas tienen una noción muy pobre del funcionamiento del cerebro siendo incapaces de distinguir entre entidades físicas y mentales. Por esta razón se explican las notables irregularidades que muestran los niños autistas en su interacción y comunicación social ya que estas habilidades dependen de un extenso repertorio que tiene en cuenta las creencias, deseos, pensamientos e intenciones de los demás.
Los resultados de estas investigaciones apuntan a un déficit cognitivo específico, posiblemente único en autismo e independientemente de un posible retraso mental. Esta
posición no coincide con el punto de vista de otros autores como Hobson que defienden posiciones más clásicas al considerar al autismo como un trastorno en el que están afectados fundamentalmente los planos afectivos y sociales.
En síntesis podemos afirmar que:
• El autismo tiene como causa esencial, entre otras, un profundo deterioro cognitivo a nivel central.
• Uno de los déficits se establece en las capacidades que se refieren a las habilidades sociales, las cuales afectan a la atribución de estados mentales, como las creencias y los deseos.
• Las habilidades sociales que no requieren una capacidad metarrepresentacional pueden estar deterioradas en el autismo.
• Una capacidad metarrepresentacional puede requerir de habilidades simbólicas como el juego de ficción.
• Las habilidades pragmáticas necesitan de una teoría de la mente, las cuales a su vez requieren de una capacidad metarrepresentacional. Esto también podría estar deteriorado en el autista.
Por lo que respecta a la Teoría afectivo-emocional Hobson afirma que en un número determinado de niveles, el autismo podría deberse a un deterioro de las relaciones afectivas y sociales y este ser constante e irreducible.
Esta teoría puede resumirse en los siguientes puntos:
• A los niños autistas les faltan los componentes constitucionales para la acción y la reacción, que son necesidades para las relaciones personales con otras personas en las cuales se implican los sentimientos.
• Tales relaciones son necesarias para la constitución de uno mismo y la relación con los demás.
• Los autistas no participan en las experiencias sociales intersubjetivas lo cual supone la incapacidad para reconocer a otras personas como tales con sus propios sentimientos, pensamientos, deseos e intenciones y un severo deterioro en la capacidad de abstraer, sentir y creer de forma simbólica.
• La mayoría de las dificultades cognitivas y de lenguaje pueden explicarse desde la relación que tienen con el desarrollo afectivo y social y/o deterioro en la capacidad de depender socialmente y de simbolizar.
El Método TEACCH (Treatment and Education of Autistic and related Communication
Handicapped Children) proporciona desde hace más de cuarenta años diferentes
intervenciones tanto a los alumnos con autismo como a sus familias. Su fundador, Eric Schopler, profesor de la unidad de psicología de la Universidad de Carolina del Norte, ha desarrollado, a través de numerosas publicaciones en The TEACCH Division diversas programaciones y una metodología de enorme influencia en el trabajo con las personas con graves dificultades en la comunicación y por tanto aplicables a los alumnos que se enmarcan dentro del Trastorno de Espectro Autista.
Este método de trabajo presenta una serie de características que lo hacen operativo y especial para trabajar con alumnos con trastornos de espectro autista. Por un lado la adaptación de los entornos, que incluye gran variedad de recursos. Esta metodología no se propone solo para la enseñanza individualizada o en grupo sino que sirven para los diferentes entornos y actividades en las que un alumno con autismo necesita desenvolverse. El objetivo que persigue este método es dotar a estos alumnos de una autonomía para realizar actividades en contextos determinados.
En el caso de los alumnos con Trastorno Generalizado del Desarrollo existen muchas formas de manifestación de este trastorno. La metodología TEACCH trata de adaptarse a las peculiaridades en los ámbitos de la comunicación y el lenguaje, la interacción social y la restricción de intereses y actividades, aspectos claves en la intervención con alumnos autistas.
Por ello, al hablar de metodología TEACCH, adaptada al entorno escolar, estamos haciendo referencia al estilo de aprendizaje de estos alumnos y las adaptaciones que hay que realizar en cada caso en concreto. El reto de los profesionales que trabajan con autistas es, sin duda, comprender el grado de aplicación de su estilo de aprendizaje para dotar alumno de unas estrategias adecuadas que posibiliten el éxito académico. Se trata en definitiva de una adaptación de acceso ya que la metodología TEACCH adapta espacios, tiempos, organización de tareas…Por eso, este método de trabajo propone que el aprendizaje debe surgir teniendo en cuenta las adaptaciones de los entornos y la selección de actividades debe realizarse teniendo en cuenta los aspectos cognitivos preservados e incluso muy desarrollados tales como el procesamiento visual, los intereses especiales (sobre todo en el aspecto de apego a rutinas) y la memoria mecánica (asociativa, sin formar categorías). Podemos afirmar que la metodología TEACCH se basa en las características individuales del niño y sus puntos fuertes.
El alumno que presenta características compatibles con espectro autista, debe disponer de una estructura ya que esta es una constante en el estilo de aprendizaje de estos alumnos. Por ello, la metodología TEACCH ofrece una estructura que favorezca la comprensión