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La tercera y cuarta ola feminista

Antes de empezar a situar dónde nos encontramos dentro del movimiento feminista, se debe explicar cómo se divide dicho movimiento. Valiña (Valiña, s.f.) entiende el feminismo como una “corriente de lucha por la igualdad y a favor de los derechos de las mujeres” y sus tres olas “comienzan en pleno Siglo de las Luces y se extienden hasta hoy en día”.

Según Valiña, se considera que la tercera ola feminista empezó en los años setenta del siglo XX. Dos obras literarias fueron las que marcaron este inicio: El segundo sexo de Simeone de Beauvoir y La mística de la femineidad de Betty Friedan. Estas dos importantes obras introdujeron nuevos ámbitos en los que se debía luchar, “por ejemplo, contra los estereotipos femeninos en la comunicación, el arte y la publicidad”. Además, por primera vez, “se pide de forma explícita la abolición del patriarcado: hay

que ir más allá de reivindicaciones concretas al derecho al voto o la educación para intentar desmontar toda una estructura social desigual” (Valiña, s.f.).

Una de las características más importantes y particulares de la tercera ola feminista son los “feminismos decoloniales”. Estos “introdujeron nociones de raza, religión o etnia” y “pusieron de manifiesto que el modelo hegemónico de mujer construido hasta entonces, blanco, occidental, europeo y de clase media no las representaba”. Por lo tanto, esta tercera ola vino marcada por conceptos como el multiculturalismo y la sexualidad (Valiña, s.f.).

Este multiculturalismo estableció uno de los múltiples retos de la tercera ola: “lograr la sororidad entre mujeres que, por sus diferentes orígenes nacionales, étnicos, religiosos, etc. tienen también formas muy diversas de entender sus luchas” (Valiña, s.f.). Es decir, esta tercera ola nos ha enseñado lecciones de unión, hermandad y solidaridad entre mujeres.

Aunque el debate sobre la existencia de una cuarta ola feminista está abierto (Valiña, s.f.), autoras como Rosa Cobo (Cobo, 2019) aseguran que ya estamos plenamente en ella. Según Fernández (Fernández, 2019), estamos viviendo esta nueva ola desde el inicio de la segunda década del siglo XXI, a lo que Cochrane (Cochrane, 2013) especifica que empezó en el año 2013. En cualquier caso, hay una serie de características, sucesos y cambios dentro del propio movimiento que podrían delimitar esta nueva ola.

La cuarta ola se caracteriza por la globalización del movimiento, es decir, “la magnitud de las movilizaciones y el hecho de que se hayan producido en distintos continentes casi al mismo tiempo han convertido al feminismo en un movimiento de masas” (Cobo, 2019, p. 1). Otra peculiaridad de estas manifestaciones es el componente intergeneracional, aunque “con una presencia rotunda de jóvenes” (Cobo, 2019, p. 1), y la implicación del colectivo masculino.

La importancia de las redes sociales para promover el movimiento feminista y llevarlo a las masas es particular de esta cuarta ola (Valiña, 2020). De hecho, existe lo que es conocido como ciberactivismo menstrual, un activismo enfocado a la menstruación “que toma las redes sociales como espacio de difusión y creación de contenidos” (Ramírez, 2019, p. 3) y que podría considerarse un ejemplo de esta particularidad. Teniendo en cuenta las palabras de Amorós (Cobo, 2019, p. 2) que dicen que “en feminismo conceptualizar es politizar”, una de las ocupaciones más frecuentes del feminismo durante esta cuarta ola es “politizar los cuidados, el amor romántico, la maternidad, la sexualidad, la prostitución o la pornografía, de la misma forma que está politizando fenómenos patriarcales nuevos, como los vientres de alquiler” (Cobo, 2019, p. 2).

El imaginario feminista también ha cambiado en la cuarta ola, y es que “la diferencia entre las mujeres se convertirá en una de las ideas centrales” (Cobo, 2019, p. 3) de este. La diversidad entre mujeres ha llevado a cuestionar “el propio concepto de mujer” (Cobo, 2019, p. 3). De manera que, esta cuarta ola, se caracteriza por ensalzar la diferencia entre mujeres hasta el punto de que se han difuminado los límites que definen lo que significa ser mujer.

Otra de las ideas centrales del feminismo de la cuarta ola es la lucha contra la violencia sexual, la cual “ha calado tan hondo entre las mujeres de todas las edades y ha tomado tal fuerza que está ampliando el marco de la definición de violencia, incluso de aquellas que han estado más naturalizadas” (Cobo, 2019, p. 5), como la prostitución y la pornografía.

La globalización del feminismo ha sido tal que Fernández (Fernández, 2019) ha hablado de que el movimiento se haya podido extender como mainstream. El feminismo es cada vez más frecuente en periodismo y sus “contenidos cada vez son más virales” (Fernández, 2019); La venta de camisetas con diseños y lemas feministas por parte de compañías como Inditex; la palabra ““Feminismo” fue la palabra del año en 2017 para el diccionario estadounidense Merriam-Webster” (Fernández, 2019); el

surgimiento del movimiento viral “#MeToo”; el gran éxito editorial de libros como Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngochie o la cancelación del famoso desfile de Victoria’s Secret por ser sexista y por promover un canon de belleza femenino irreal, son algunos de los sucesos que han dado pie a la explosión del movimiento feminista en su cuarta ola.

Siguiendo la línea del concepto de sororidad que se ha comentado anteriormente y que ya empezó a asomarse durante la tercera ola, “el objetivo del feminismo hoy debe ser formar solidaridades informadas y autoreflexivas entre nosotras” (Cobo, 2019, p. 4).

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