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Territorios, espacios y jurisdicciones hispánicas coloniales

Capítulo 1: La provincia de San Salvador en la tardo-colonia Aspectos

1. Territorios, espacios y jurisdicciones hispánicas coloniales

Mesoamérica, en la que se encuentra la América Central, ha sido un territorio fragmentado por ser una región intercontinental e interoceánica con áreas naturales muy variadas (Hall, 1985: 5). Las distintas formas de ocupación del territorio dieron lugar a marcadas diferencias sociales entre los pueblos prehispánicos. Hubo muchas zonas fronterizas con altos flujos migratorios y comerciales; entre otras, la zona oriental salvadoreña y meridional hondureña, nuestro espacio de estudio. La trama territorial centroamericana es cuasi paralela entre las tierras altas y la planicie litoral del Pacífico durante 2.000 km de longitud siendo con 475 km de ancho y 70 km en las partes más estrechas (Demyk, 1995: 17).

En el espacio centroamericano que describimos, tradicionalmente, se han distinguido tres zonas geográficas. La zona norte de población maya hablante, la más estudiada de las tres, abarca Guatemala y parte del sur de México. La zona central, compleja y poco trabajada, comprende Honduras, El Salvador y Nicaragua salvo sus tierras orientales. Según se ha considerado, éstas forman parte de la zona sur junto con Costa Rica y Panamá. La zona central fue culturalmente muy compleja. El extremo occidental salvadoreño de esta área fue ocupada por población maya hablante de la zona norte; el territorio central estuvo ocupado por población nahua-pipil, y el resto del territorio por los lenca hablantes, estableciéndose así un continuo territorial con la zona meridional de Honduras. El área nahua-pipil fue dividida por los conquistadores/colonizadores entre Izalco y Cuscatlán, mientras que la región lenca -en la parte oriental- tuvo unos límites muy imprecisos y pronto fue conocida como la jurisdicción de San Miguel (Hasemann, 1994: 182).

Demyk señaló que este corredor natural fue una antigua vía de paso precolombina. Las zonas más densamente pobladas y políticamente mejor organizadas

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fueron los territorios de los nicaraos, los nahua-pipiles y los mayas en el área central y norte. Mientras que en la región oriental del actual El Salvador y sur de Honduras, el territorio lenca quedó al margen de la llamada por Noëlle Demyk “región útil” de rápida ocupación y desarrollo. La orografía del territorio dio lugar a distintos polos de crecimiento normalmente concentrados en la vía de paso del corredor del Pacífico. Estos núcleos tendieron a desarrollar fuerzas centrífugas y estuvieron desintegrados entre sí (Demyk, 1995: 17). Una desintegración territorial que permaneció en distintos periodos históricos desde la época precolombina hasta la temprana República.

Desde un punto de vista ecológico las tres zonas se han clasificado en tierras altas y tierras bajas (Carmack, 1994: 22). El territorio de El Salvador, perteneciente a las tierras bajas del Pacífico, de tierra caliente y con menor precipitación anual que la vertiente Atlántica, se caracteriza por la presencia de llanuras, pequeñas colinas y laderas volcánicas casi paralelas a la costa (Baily, 1978 [1840]: 15, 18). Su cuenca hidrográfica está conformada por ríos cortos y de corriente rápida entre los que destaca el río Lempa. Éste bordea la frontera con Honduras hasta el actual departamento de Cabañas, a partir de donde cambia de dirección y divide el territorio por la mitad. El caudal de este río suele aumentar tanto en época de lluvia que en la época colonial no se podía atravesar con las canoas habituales, tal y como cuentan algunos compiladores de la historial colonial (Juarros, 1981 [1808]: 272).

Denominaremos la región oriental como Oriente salvadoreño entendiendo como tal el espacio que limita al Norte con Honduras, al Sur con el océano Pacífico, al Este con la Bahía de Conchagua o Fonseca y al Oeste con el río Lempa (Ver Mapa 2). El río fue una frontera natural que aisló parcialmente la zona oriental del resto del país dando lugar a una realidad socioeconómica más vinculada a los centros de Comayagua y León que a San Salvador o Guatemala.3

3 Existe una escueta bibliografía que toma como elemento de análisis el Oriente salvadoreño o el entorno de la ciudad de San Miguel: Chamberlain, 1947; Lauria, 2011; Avendaño, 2006; Campos, 2006.

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Mapa 2: Jurisdicciones políticas en el espacio salvadoreño colonial4

Fuente: elaboración propia a partir de Herrera, 2013: 27.

4 Se utiliza el gris oscuro para delimitar el territorio de la alcaldía mayor de Sonsonate y el gris claro para señalar el territorio de la alcaldía mayor de San Salvador.

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La región al este del río Lempa está regada por las cuencas hidrográficas del río Goascorán en el extremo oriental cerca de Honduras, el río Grande de San Miguel en el centro y el propio Lempa. En San Miguel, el clima húmedo tropical tiene unas temperaturas oscilantes entre los 20 y los 30 grados en la costa (Avendaño, 2006: 5, 7). El piedemonte Pacífico con planicies de inundación de fértil aluvión volcánico proporcionó la tradicional tríada mesoamericana basada en el maíz, el frijol y el ayote complementada con otros productos secundarios como la sal, la calabaza, el chile, el tomate, el maní o el cacao en Izalco. La producción se realizó en las milpas en las que se practicó la técnica de la roza para preparar la tierra (Carmack, 1994: 51).

El actual territorio de El Salvador fue un foco de tensiones jurisdiccionales durante el tiempo de la conquista por el control efectivo del espacio oriental. Las condiciones geográficas y el límite natural que suponía un río tan caudaloso como el Lempa convencieron a Pedrarias Dávila, gobernador de Nicaragua, que los confines de su provincia con la de Guatemala gobernada por Pedro de Alvarado llegaban hasta ese río. El gobernador de Honduras, Francisco de Montejo y el obispo de la diócesis de Comayagua, Cristóbal de Pedraza, también pretendieron que la villa de San Miguel de la Frontera y su distrito se agregaran a su jurisdicción para que el Lempa marcase la línea divisoria entre ambas entidades buscando así una amplía salida al mar del Pacífico para la provincia de Honduras (Lardé y Larín, 2000: 133, 202-209).5

Pese a la disputa jurisdiccional entre conquistadores es innegable que el Golfo de Fonseca fue un enclave natural que integró la gobernación de San Salvador con Honduras. En distintos momentos las autoridades trataron de crear un eje de comunicación entre la Bahía de Conchagua y Puerto Caballos en el Atlántico. El primer intento fue en el siglo XVI. La dificultad logística diluyó el proyecto; sin embargo, se conservaron los esfuerzos de ocupación del territorio que, con el fin de dar vida a la ruta interoceánica, dieron lugar a las ciudades de Gracias a Dios y Comayagua en Honduras. Este proceso de poblamiento reforzó la imagen de un territorio continuado y común entre la región oriental salvadoreña y la zona sur hondureña.6

5 En 1812 el ayuntamiento de Comayagua con la anuencia del gobernador Intendente pidió que el puerto de Omoa, Trujillo, la alcaldía mayor de Tegucigalpa y el partido de San Miguel -muy unidos a los intereses de Comayagua- formaran parte de la misma Diputación Provincial. Se consideraba que el curso del río Lempa era un lindero natural que “hacía regular el territorio de la provincia de Honduras” (Martínez Castillo, 2004; Ortiz de la Tabla, 1986: 334).

6 La apuesta del eje Atlántico-Pacífico fue recuperada a mediados del siglo XIX por el agente norteamericano E. Squier sin embargo el atractivo del canal interoceánico previsto en Nicaragua desbancó a la vía terrestre (Escalante Arce, 2003: 69-74).

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La presencia y ocupación por parte de los españoles definió la configuración del territorio centroamericano descrito a partir de un sistema agrícola de exportación que determinó unas nuevas formas de relación con el medio y con la sociedad. En el marco de los tres siglos de colonización hispánica, el reformismo aplicado a mediados del siglo XVIII marcó un antes y un después en el ámbito sociopolítico en el Reino de Guatemala. Los cambios implementados por los Borbones en el sistema colonial -que ahora pasamos a relatar- fueron los elementos heredados por las tempranas Repúblicas centroamericanas.