• No se han encontrado resultados

EL TERROR DETRÁS DE LA PUERTA: LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

América González hace un esfuerzo para levantarse a la mañana. Tiene dolorido todo el cuerpo y la cara llena de moretones. La noche pasada, Correa, su amante, se puso furioso y le propinó una nueva paliza. Mirándose al espejo, coloca gran cantidad de maquillaje sobre los he- matomas y zonas inflamadas, cambiando la raya del pelo para tapar el ojo amoratado, a fin de mostrar una imagen más presentable para cumplir sus tareas de mucama en el hotel donde trabaja. Otro caso: Viviana fue abusada sexualmente cuando tenía seis años. Durante su infancia vivió aterrorizada con el pensamiento que nunca tendría “Aún no sabía con claridad lo que iba a hacer, pero sí sabía que ya no se dominaba, que bastaría el más pequeño empujón

para que llegara en un santiamén hasta el último límite de alguna infamia”.

Ante el altar

hijos. Hizo una crisis al llegar a la pubertad y atrasar- se la menstruación. Ahora, a los treinta años, con mucha angustia y fuertes deseos suicidas, está convencida que ese episodio infantil fue el responsable de su vida desgra- ciada. José es un alcohólico crónico. Cuando llega a casa ebrio los hijos temen lo peor. Por eso huyen por la ventana y quedan escondidos afuera, a la intemperie, escuchando los gritos, peleas y golpes. Cuando, finalmente se apagan las voces desaforadas y la luz del dormitorio, los niños se dan cuenta que el padre se ha dormido y el peligro ha pa- sado, entonces dejan el escondite y regresan al lecho.

Escenas como éstas y otras peores (publicadas en las crónicas policiales, como el mentado caso del boxeador Carlos Monzón que mató a su esposa a golpes), se repi- ten por millones en el mundo actual. La violencia se ha instalado en el hogar en forma oprobiosa y brutalmen- te destructiva. Las estadísticas estiman que una tercera parte de las mujeres van a ser físicamente abusadas por su pareja entre los 25 y los 45 años. “De acuerdo con datos proporcionados por la directora de Atención y Prevención de la Violencia Familiar del Gobierno del Distrito Federal (México), Susana Tenreyra, el fenómeno se presenta en uno de cada tres hogares de esta capital. Ello implicaría a más de siete millones y medio de viviendas” (MujeresHoy, 2002). ¿Cómo es posible que el golpe y la barbarie aparez- can en el contexto del amor y de los sentimientos filiales? ¿De qué manera entender el dicho, “como te amo te apo-

7

El terror detrás de la puerta: la violencia doméstica rreo”, que algunos declaran denunciando su confusión? ¿Qué produce tales salvajismos? ¿Por qué se ocultan?

La violencia familiar asume diferentes formas, pero todas son igualmente crueles y abominables. Quizás una de las peores sea el maltrato al niño. Se ha confeccionado una lista de las infamias más comunes que se perpetran a los menores:

recluir al niño en un espacio cerrado; 1.

alentarlo a la delincuencia; 2.

humillarlo y denigrar sus cualidades, capacidades 3.

y sentimientos;

amenazarlo y atemorizarlo; 4.

someterlo a demandas inapropiadas a su edad; 5.

hacerle dudar de la veracidad de lo que siente, 6.

piensa o percibe;

someterlo a estados de ánimo inconsistentes del 7.

mayor;

culparlo de cosas que no puede controlar; 8.

criticarlo por todo lo que hace; 9.

ejercer un control extremo sobre el niño; 10.

triangularlo entre los padres, al hacerlo participar 11.

expresarle hostilidad; 12.

el

13. Síndrome de Cenicienta, separar a uno de los hi- jos de sus hermanos para explotarlo, tratarlo con desprecio o darle las tareas más humillantes de la casa (Martín, 1997, 13 14).

Además, de estas formas específicas, en sentido gene- ral, podemos decir, que toda actitud de falta de amor es, en esencia, un acto de violencia.

Ciertamente habitamos un mundo contaminado por la violencia (v.gr., social, política, delictiva), pero la origi- nada, actuada y sostenida en la domesticidad es la más grave ya que muchas veces llega a ser la escuela de los otros tipos. Es un hecho distintivo que frecuentemente la violencia hogareña es repetida y encubierta, solapada con una cosmética de silencio o disimulo (como hacía América González), que de alguna manera la alimenta y perpetúa. Pero, por otro lado, cuando ella se la enfrenta, entiende y trata adecuadamente puede ser superada. De allí la im- portancia de lanzar un grito de alerta que impida mayo- res males y ayude a su tratamiento. Es entonces cuando la esperanza puede ser liberada y se abre un camino para construir una sana convivencia. Decía muy bien Teilhard de Chardin:

Somos una esperanza acorralada que debemos liberar o

7

El terror detrás de la puerta: la violencia doméstica

El circuito de la violencia

En toda historia de iracundia familiar actúan tres personajes claves: el agresor, la víctima y los testigos. El abusador por lo general es el marido o el padre, ocasional- mente, la esposa, la madre, un pariente o un amigo de la familia. La víctima suele ser la esposa o el hijo, algunas veces un anciano. Con respecto al tercer actor hay que decir que ocupa un lugar importante, que a veces resulta clave para cortar el circuito perverso entre el abusador y el abusado. Los testigos son aquellos que están en contac- to con la familia afectada, pueden ser los padres, abue- los, vecinos, la maestra del hijo, el sacerdote, el médico o alguna otra persona significativa que pueda intervenir. Estas personas, que por alguna circunstancia llegan a ser testigos o conocedores de la violencia, pueden ejercer una acción decisiva para frenar esos actos destructivos, influ- yendo sobre cada una de las partes intervinientes o sobre todos a la vez, asesorando o tomando alguna medida que pueda detener las hostilidades.

Además de los actores en juego hay también ciertas condiciones facilitadoras de los actos punitivos. Es impor- tante identificarlas para interrumpir su circulación y sus efectos perniciosos. ¿Cuáles son esos móviles, patrones o circunstancias que propician la violencia? Según Ravazzo- la (1997), una experta en estos temas, las variables fun- damentales son tres: a) determinadas ideas o creencias;

b) ciertas acciones; y c) algunos tipos de relacionales espe- ciales. En síntesis, las ideas más importantes que suelen estar asociadas a la violencia familiar son: “la persona abu- sadora no puede controlarse”, “la persona abusada es infe- rior”, “la familia debe mantenerse unida a cualquier costo” y “en cuestiones familiares no deben intervenir los de afue- ra”. Por supuesto, que estas creencias o cualesquiera otras (derivadas del “machismo”), no justifican ni legitiman los actos de barbarie. Por otra parte, algunas ideas que pue- den ser viables en ciertos contextos dejan de serlo en otros. Por ejemplo, apelar a la privacidad, diciendo: “Nadie tiene derecho a intervenir en mi relación con mi esposa” o “en mi casa mando yo”, es legítimo en cierto ámbito, pero cuando se ataca el derecho a la vida o se avasalla la integridad fí- sica, los otros derechos quedan suspendidos y la autoridad puede intervenir en el matrimonio e incluso puede ingre- sar al hogar tomando medidas controladoras o de sanción. Con respecto a las acciones de maltrato que se obser- van con mayor frecuencia son:

No ayudar a la víctima cuando está seriamente •

lesionada.

Minimizar la lesión, el dolor y las consecuencias •

(ejemplo: “No es nada, ella es un poco frágil”). Silenciar o tratar de ocultar el daño sufrido por la •

7

El terror detrás de la puerta: la violencia doméstica Usar frases descalificadores (por ejemplo: ella es •

tonta, es torpe, etc.).

Manifestar gestos de desprecio, amenazas u •

órdenes.

Utilizar frases disciplinadoras, imponiendo lo que •

la víctima tiene que hacer (ejemplo: “es bueno que..”; “deberías hacer...”, “haz esto...).

En lo que se refiere a las relaciones que favorecen y sostienen la violencia, Ravazzola, insiste en que las mis- mas dependen de los sistemas autoritarios. Aunque nues- tro sistema jurídico dice apoyar la igualdad, los derechos humanos individuales y la democracia, todavía quedan residuos de organizaciones que favorecen la moral del amo sobre el esclavo, el poder del hombre y la autoridad jerarquizada y rígida. Algunas ideas están tan interna- lizadas que muchas veces hasta la misma víctima pien- sa que es normal ser castigada y que seguramente se lo merece. “La persona abusada siente genuina vergüenza y supone que hizo o está haciendo algo que nadie debe saber... Las mujeres y los niños abusados creen genuina- mente que están en falta, y esto les impide muchas veces, hablar francamente con otros sobre lo que están viviendo” (Ídem, 87).

Estos componentes del circuito terrorífico que prota- gonizan las desgracias y tragedias que se vive detrás de la

puerta del hogar, operan como anestesia y facilitan la rei- teración de esos actos de barbarie. Insistimos que son im- portantes descubrirlos y enfrentarlos con coraje, incluso denunciarlos, como reclama las leyes en muchos países, como México. Por lo general, se necesita la ayuda idónea para asistir a las víctimas, que pueden ser: el asesor ju- rídico, las asociaciones expertas en el tema que brindan ayuda y orientación (como los DIF), el profesional de la salud mental y, a veces, la intervención de la fuerza poli- cial. Cuando una puerta se cierra, muchas otras pueden abrirse. Lo importante es buscar la mejor de solución po- sible.

Hacia una sana convivencia

¿Es posible convivir en armonía y con dicha después de una historia de abusos y crueldades? Sofía, una joven señora de treinta años, no pudo tolerar más los golpes de su esposo. A pesar del cariño que sentía por él, compren- dió que era enfermizo sostener una relación así y decidió ponerle fin, iniciando la separación. Ahora vive con su hija, manteniendo una relación amistosa y pacífica con su ex esposo. Otra historia es la de José y Mabel, quie- nes después del último episodio terrible de violencia, se dieron cuenta que el problema los superaba y decidieron buscar ayuda. En la terapia de pareja descubrieron al- gunos motivos que alimentaban la hostilidad recíproca y asu-mieron el desafío de superarlos. Todavía tienen algu-

7

El terror detrás de la puerta: la violencia doméstica nos roces y disgustos, pero han hecho avances notables. Aprendieron a distinguir las señales que anunciaban los estallidos de violencia, tomando algunas providencias que les ayudaron a evitarlos. Además, empezaron a cultivar el diálogo en la resolución de problemas, por ejemplo, a dis- cutir como manejar ciertas situaciones que les planteaba Raquel, la hija adolescente, con sus salidas y regresos en la madrugada. Encontraron fórmulas de acuerdo que los unió como parejas y ayudó a la hija a tener parámetros más claros en su comportamiento

Quizás, como en el caso de Sofía, la actitud más sana sea la separación y poner entre el agresor y la víctima una distancia física protectora. Especialmente, esa con- ducta está prescrita cuando el vínculo está muy sobre- cargado de experiencias traumáticas que han construido una historia perversa, que ha sofocado o matado el afecto. Pero, también es cierto, que en muchas ocasiones el amor puede triunfar sobre el mal. Cuando persiste el cariño y la voluntad de sostener la convivencia más allá de los episodios de violencia, es posible encontrar un camino de concordia, paz y restauración. Entonces, habrá que escri- bir una nueva historia, realizar el duro aprendizaje de la convivencia sana y respetuosa, que reconozca los límites y los derechos del otro. Es difícil, pero no imposible. Pro- bablemente se requerirá la ayuda externa. Pero debe ser bienvenido todo aquello que propenda a la reconciliación y a los intercambios felices.

Es de destacar que hay programas que enseñan a en- contrar las claves de una adecuada convivencia familiar. Un proyecto muy interesante es el dirigido por el Grupo Bert Hellinger basado en el desarrollo de catorce valo- res. Los valores que ellos proponen para alcanzar el ideal de una sana convivencia familiar son: la actitud hacia el cambio, el respeto por la diferencia, confianza, solidari- dad, manejo de conflictos y negociación, trabajo en equipo, responsabilidad social, autoestima, habilidades sociales, toma de decisiones, sinceridad, honestidad, autocontrol y actitud de servicio. Estamos persuadidos que desarrollar estos valores y las actitudes como los comportamientos que los mismos comprende ayudará al manejo de los con- flictos en forma pacífica y ha incrementar el bienestar de las partes y de toda la familia.

C

APÍTULO

8