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Tertulia de Camilo Vázquez con Juan Tamariz

In document Manuscrito06 (página 32-35)

Un trabajo de Dani DaOrtiz con la

colaboracón de los autores y la E.M.M.

CAMILO:Mira, a mi, sabiendo de entrada que no es origi- nal, me gustaría empezar con un recuerdo-homenaje a Fred Kaps.

Pienso que estamos de acuerdo, que su aportación a la magia de la segunda mitad del siglo XX fue ingente. Esta influencia suya, quizá más que en aspectos concre- tos, en un estilo, en el sentido de escuela, en su manera de hacer y concebir. Pienso que se habrá dado en todo el mundo, en muchos sitios, de formas diferentesZ

Seguramente en su entorno mas cercano, en Holanda, sa- bemos algo, tenemos algunos reflejos de Inglaterra mu- chas veces a través de los comentarios de su gran amigo Ken Brooke, que ya desapareció también, que ya no puede seguir recordándonos cosas. En la magia americana te- nemos varias reseñas concretas y, en particular, algunos aspectos de Dai Vemon; alguna pequeña situación recor- daré yo.

Pues la influencia de Kaps en el caso de España, en el caso de Madrid, creo que la tenemos todos, y cuando digo todos me refiero a los que estamos aquí. Podemos hablar de la Escuela de Madrid como entorno y tenemos muy clara la deuda que se le tiene en nuestra manera de con- cebir la magia, y de una forma muy especial, una forma que fue un poco distinta, una forma que fue por su amistad y sus contactos (creo que debió ser sobre los años 50 más o menos) a través de su amistad y de sus conexiones con Ascanio.

Por otra parte, Kaps dejó muy poco escrito, o por lo menos poco publicado. Casi nada. Cuando dudé al decir que dejó poco, pienso en que puede haber correspondencia, que puede haber algún tipo de cosas escritas sueltas. Todavía esZ y suficientemente próximo, por otra parte, para que se puedan ir reconstruyendo muchas pequeñas cosas. Pienso que podría ser muy interesante.

Entonces en este sentido, yo coincidí con él en cinco oca- siones. Fueron solo 5 ocasiones. Me dejaronZ quiero decir que antes de esto había sabido de él por el libro “Na-

vajas y Daltonismo” creo que la primera vez, y por la en- trevista que Ascanio le hizo y que editó la SEI; las dos cosas. Eso fue mucho mas tarde de la fecha en que se pu- blicaron, fue mucho mas tarde cuando yo llegué a tener contacto con vosotros y con vuestras publicaciones y co- nocí a través de eso, conocí al personaje. Después he vi- vido la admiración que había dejado en todos, los que le habían conocido, ya aquí, ya viviendo en Madrid; Ios co- mentarios de unos y otros.

Lo encontré por primera vez, visto así medio en escorzo, visto en grupo y visto así un poco de lejos, en el Congreso de París (que por otra parte fue la primera salida mía de España para una actividad mágica). El Congreso de Paris de la FISM del ano 73. Daba una conferencia en el esce- nario, pero de todas formas, ya desde aquella ocasión, lo que yo recuerdo con más claridad (más que su conferen- cia), recuerdo un momento en la cafetería, allí, de la Sala Pleyel, estábamos alrededor de una mesa, estaba él, es- taba Dereck Dingle y estaba Ramón Varela. Ya en aquella ocasión Kaps no estaba haciendo magia, o haciendo jue- gos (y luego le he visto en esta situación muchas veces, bueno “muchas veces” las pocas veces que le he visto ha habido también, este aspecto). No estaba en situación de protagonista, es decir, no estaba él haciendo sino que es- taba “haciendo hacer” a los demás. Estaba diciendo: “¿Has visto a Dereck Dingle el salto que hace y un juego de no se qué?“, Y entonces Dereck Dingle lo hacía. Él actuaba muy poco, pero con su presencia estaba dando importancia a lo que estaba sucediendo allí. De alguna manera, esto era así, e hizo un juego (que fue el primer juego que le vi hacer de cerca, que era un juego con una moneda, creo que china, y una baraja: la moneda aparecía en la baraja sobre la carta y después la carta cambiaba por otraZ, un juego clásico de su repertorio), que después, recordando esto, Ramón Varela dio una explicación de este juego (no estoy seguro de que fuese exacta) que fue publicada en la SEI. Quizás debamos precisar algunas cosas de estos que son datos concretos, verificarlos...

Ya te digo que este es el recuerdo que yo tengo de ese pri- mer efecto que yo haya visto, así, en close-up. Observé que luego le oí decir (quizá se lo había oído decir ya antes pero, a partir de entonces, lo entendí mejor) a Arturo, el co- mentario de que “parece que no está haciendo nada”.

Parece que no está haciendo nada, y tienes la sensación de que lo que sucede, sucede sólo.

Por otra parte, le he visto repetir muy pocas cosas, porque hemos coincidido muy pocas veces, esto hace también que todos los momentos mágicos que recuerdo, la impre- sión que me causó fue de este tipo.

Después de esto, volvimos a coincidir con él en Birming- ham, en el 77 me parece. Hicimos una expedición un grupo de aquí. Tenemos recuerdos fotográficosZ Estabas tú, es- taba Juanito Antón (que sigue estando siempre con nos- otros de alguna manera), estaba Pepe Regueira, estaba Luis, estaba Puchol, Pedro Ruiz... En fin, el grupo aquel. En Birmingham le oímos una conferencia que yo recuerdo más que la de París. Una conferencia que estaba hecha en un salón amplio, pero estaba sentado en una mesa, y plan- teó la conferencia más desde el punto de vista del close- up (en París había sido de escenario). En Birmingham apenas sí coincidimos en pasillos, es decir, no le vi hacer nada de magia de cerca en aquella ocasión, pero el día de la cena del congreso, en esa tertulia que se suele dar con el café y con las copas, tuve la suerte de coincidir en una mesa donde estaban Vernon y él. Y otra vez el papel de Kaps se repitió. En alguna publicación inglesa (no se si es la de Ron Mac-Millan), sé que hay una foto de esa mesa en la que estaba yo, y se ve a Dai Vemon de frente y un poco el perfil de Kaps. Otra vez ahí Kaps estaba jugando el mismo papel; un poco haciendo de cómplice del resto del grupo, haciendo guiños y haciéndole pre- guntas al “profesor” para que hablase y para que hi- ciese cosas. No es que hiciese mucho, pero recuerdo el juego de “la carteta”Z

JUAN. -¡Ah! bueno. Pero eso era casi “a propósito”. Quiero decir que era especialmente porque estaba grabando Patrick Page para la cinta que luego sacó que se llamaba “De la punta de mi cigarro. Conver- saciones con el Profesor”.

CAMILO. -Exacto, exacto. Pero no era a propósito, o por lo menos no planeado. No fue preparado. Dai Vemon estaba allí y Kaps se sentó allí, y se habló de una serie de cosas diferentes. Recuerdo que una de ellas fue de la sequedad de las manos. Dai Ver- non usaba una mezcla de alcohol y no se qué; lle- vaba un frasquito de plástico (de alcohol y glicerina, me parece recordar), y Kaps usaba un producto que vendía Ron Mac-Millan. Y bueno, hubo, por otro lado, una conversación de guante blanco, donde uno llamaba al otro “profesor” y el otro le contestaba que el “maestro” era él. Oséa que sin repetir la pa- labra se habían repartido los dos títulos. Fue una si- tuación muy emocionante. Y Patrick Page apareció en un momento por detrás de la silla de Vemon, le acercó un micrófono por la espalda y fue recogiendo todo lo que se hablaba. Pero quiero decir que no era una tertulia planeada fríamente para hablar y grabar, sino que, aunque yo tenía entonces mis li- mitaciones con el idioma, me dio la impresión de una espontaneidad y de un ‘papel” de Kaps en el sentido de tirar de aquel momento y de hacer que

saliese de allí cuanto más mejor. Van dos veces.

La tercera vez fue en Cuenca. Fue cuando de verdad gocé. Donde le conocí. GozamosZ En particular, hubo una reu- nión-tertulia en casa de Pepe Puchol que era y que sigue siendo (pero en aquel momento era de forma mucho mas activa) la sede de la Escuela Mágica donde nos reunía- mos, y de nuevo fue el ver la naturalidad con que entraba en los juegos. No había un cambio de tono. De pronto em- pezaba a hacer magia. La emoción del momento la subra- yaba de alguna manera con su personalidad; con ese magnetismo especial que tenía. Recuerdo a Conchita sen- tada en el suelo, haciendo de espectadora y él haciéndole magia también de rodillas en la alfombra. Y todos disfru- tando. Sin ninguna preparación de ningún tipo. Adaptán- dose a las circunstancias. Llegando de repente a lo que quería hacer. En un momento determinado yo recuerdo (porque hace poco, el otro día en El Escorial, Arturo nos hizo, hablando del libro STARS OF MAGIC, el “Misterio Mental” con 5 cartas de Dai Vemon y después nos explicó su maravillosa versión que llama “Mentalismo por elimina- ción”, que me parece redonda, y a propósito de lo cual, él cita a Kaps como vehículo primero de una idea de Daley que a él le Ilevó a desarrollar el juego). Pues después de esto, recordé un efecto casi de pasada hecho por Kaps en aquella situación. No se si tu lo recordarás.

Yo había hecho un juego que llamo “Al contrario” en el que se sacan 10 cartas, el espectador escoge 5, el mago se

queda con las otras 5, y al final, de cada una de esas pa- rejas una de las cartas se vuelve de dorso rojo. Por eso lo llamo “Al contrario”. Pues bien, en el suelo, ya que el tapete estaba en el suelo, hay 5 cartas de una baraja mía que además tenían unos dorsos contratando. Kaps las cogió, las mezcló, las enseñó, dijo “piensa una”, las cuadró, cortó, preguntó la carta pensada, saco la cartera y dentro, des- pués de abrir la cremalIera, apareció la carta pensada. Después de la charIa con Arturo el otro día, relacioné las dos cosas: Esta era una situación que se hizo con la ver- sión de la cartera que popularizó, aprovechando una si- tuación en la que hay 5 cartas pensada y de pronto una de ellas desaparece y aparece dentro de la cartera. Yo sólo sé, evidentemente, cómo se desarrolló uno de los casos, y fue hecho como efecto de pasada; pero bueno, sirve así para dejar constancia para la historia de juego de “Una carta pensada entre cinco”. Coincidimos otra vez en Saint Vincent (no recuerdo el año). Estaba ya más delgado, debía de padecer ya su enfermedad. Y recuerdo un efecto concreto. Estábamos sentados en una especie de tresillo, en el hall del hotel, sin hacer magia; uno de esos momen- tos en que uno está descansando. Pero él se dio cuenta de que podía haber la atención suficiente. Sacó del bolsillo un estuche de monedas transparente, de coleccionista, re- dondo, de plástico, con una moneda de plata dentro, y se lo pasó al que tenía a su lado -que era alguien con quien tenía amistad-, y le dijo: ¿reconoces la medalla que saca- ron para el aniversario de Houdini?

Entonces la otra persona la cogió y la miró. Creo que en aquel momento nadie en absoluto pensó que estaba asis- tiendo a la presentación de una magia. Él se había que- dado ya un poco desconectado de la moneda; seguía sin prestar demasiada atención, La cajita fue pasando de mano en mano. Llegó un momento en que dijo: “Sí, sí la puedes abrir”, porque inicialmente había dicho que la de- jara dentro del estuche para que no se estropeara porque era una acuñación que no había circulado nunca. Cuando la moneda, ya sin caja, terminó la vuelta, él la coge, la en- seña y, de pronto la moneda había desaparecido y tenía un par de esposas en miniatura en sus manos, No había mesas, no había descargas. Había una situación que yo llamo “abierta”, es decir una situación en la que estas sen- tado en un plano relativamente bajo pero sin nada que oculte (Este es otro tema curioso que a mi me interesa: el de las condiciones de trabajo en la magia de close-up). Y la ultima vez fue en Bruselas. Fue un encuentro muy fugaz. Apareció en un momento determinado en el bar del Congreso. Coincidió que estábamos Ascanio y yo. Alguien nos aviso y subimos y fue, pues eso, darle un abrazo allí al lado de la barra del bar. Y fue la última vez. Después de esto, estuve dando una Conferencia en Holanda. Nada mas llegar, debió ser por el mes de julio, recuerdo que le llamé desde el mismo aeropuerto (yo ya sabía que estaba mal), pero él estaba en Francia, trabajando en la Costa Azul, en Niza o en Cannes.

A la vuelta del verano, después de las vacaciones, yo tenía que hacer un viaje cerca de aquella zona, por el norte de Italia, pero ya tuve la noticia de su muerte. En vanas re- vistas, por ejemplo en el GENII y en una revista alemana, venía la reseña de mi conferencia (era la primera vez que

yo daba una conferencia en Holanda) y la noticia de su muerte, con lo que tengo las dos reseñas juntas.

Todo lo he comentado, de pasada, lo que más me impre- sionó de él, reflexionando después, era su forma de co- municar, es decir, su forma de subrayar los efectos mágicos más por su expresión o por su actitud general, completa, que por la charla que los acompañase. Esto es la cosa que me llamó la atención.

Lo que nos queda como constancia de él son las graba- ciones de algunas actuaciones suyas. Se observa en este tipo de trabajo, en el trabajo de cerca, sobre todo en el tra- bajo de cerca. Otra cosa es cuando ves el juego de las 5 cartas; ahí ya hay su actitud pero hay también un monó- logo relativamente abundante donde va explicando lo que trata de hacer, de qué se trata, etc. Pero en cambio cuando está trabajando con espectadores cerca (estoy recordando el juego del anillo en la copa por ejemplo) donde hay un dialogo, sus expresiones son muy cortas, muy concretas, muy concisas, asegurándose de que el espectador le en- tiende y de que responde, de lo que ve y lo que deja de ver y punto. O sea, lo que se tiene que ver, lo que se tiene que observar, lo que es visual, se asegura de que recalca la situación pero da lugar a la posible confusión que a veces ocasionamos en el espectador cuando al mismo tiempo que está viendo algo, le estamos diciendo lo que está viendo. ¿Me explico?

Y el incidir simultáneamente sobre esos dos sentidos suyos, sobre la vista y sobre el oído, en algunas ocasio- nes puede no ayudar a aclarar las cosas. Pienso que es discutible, es un comentario pero en un momento determi- nado lo aislé. Una manera de decirlo sería: cuando me muevo no hablo y cuando hablo no me muevo. No es que sea absolutamente cierto ni es cosa muy reflexionada. Kaps trasmitía las cosas y las subrayaba con una cháchara muy contenida. Y esa es una de las cosas que yo identifico como muy personal en él. Aparte de la aparente esponta- neidad con que surgen los planteamientos de los efectos. Citábamos dos ejemplos. Uno el juego hecho con las 5 car- tas aprovechando el momento en que aparecen 5 cartas de una baraja distinta. Pensándolo luego, es una situación que se puede dar en cualquier juego de esos en que hay una mano de poker que al final cambia. Son 5 cartas de colores distintos.

Efectivamente se pueden dar muchas situaciones, diga- mos, imprevistas o desconocidas a priori por el mago, en las que hay 5 cartas concretas que están aisladas sobre la mesa.

Este es un punto de partida para, teniendo estudiado, un efecto de este tipo. Ya digo que no era exactamente el mi- lagro mental haciendo cartas, sino que era haciendo un pase sólo, una carta que desaparecía allí y que está en la cartera. Pero bueno, tiene ciertas analogías, excepto pre- cisamente en el planteamiento.

Te lo repito, en el sentido en que son cosas que están sa- liendo improvisadas y que luego dices: hay mas ideas que tengo y que me hubiera gustado recoger, pero por lo menos lo que salgaZ

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