CAPITULO III TINTAS LAPICES
TINTAS PARA ESCRITURAS SECRETAS
Estas tintas, llamadas también tintas simpáticas, son compuestos que producen escrituras invisibles, las que deben ser reveladas mediante métodos físicos o químicos adecuados. Siguiendo el orden trazado en el cuadro general de clasificación de tintas, corresponde su tratamiento en este lugar debido a que en la mayoría de los casos se utilizan para escritura manual. Su preparación, utilización y revelado se denomina quimiocriptografía, el diccionario castellano las define como “composición química que tiene la propiedad que no se conozca lo escrito hasta tanto no se le aplique el reactivo correspondiente”.
Se las utiliza a veces en casos criminales, pero su uso más frecuente es en espionaje. En el primer caso de detección de la escritura secreta suele ser fácil; en casos de espionaje, las técnicas se han ido perfeccionando en tal forma que en ocasiones es sumamente difícil hallar el método adecuado para ello.
Se presenta a veces el caso de un detenido que intenta comunicarse con sus cómplices en forma subrepticia, o el de cartas intercambiadas entre los miembros de una organización delictiva, que han sido interceptadas en tránsito, interesando conocer su contenido, pero sin alterarlas, en forma tal que la carta llegue a su destinatario sin despertar sospechas. Ello implica el revelado sin que queden signos visibles del mismo, vale decir, por medios que no alteren el documento. Como luego se verá, aun una “escritura” con agua altera el satinado del papel, permitiendo al experto detectarla, y también leerla.
Los presos suelen usar como tinta simpática secreciones biológicas (saliva, leche, orina), o productos de uso habitual (jabón, dentífrico, medicamentos, perfumes), y jugos vegetales (limón, cebolla). Cualquier líquido incoloro puede ser usado para producir una escritura secreta. El agua constituye el caso límite: una escritura realizada con agua altera, como hemos dicho, el acabado del papel, pudiendo revelarse con yodo, que se fija en forma diferencial en el surco que constituye la escritura, permitiendo su lectura.
Los líquidos biológicos se revelan por calentamiento con una plancha doméstica caliente o con una lámpara de filamento: aparece la escritura en color pardo claro, constituyendo un proceso irreversible, pues se trata de una carbonización parcial de los componentes orgánicos del material biológico usado para realizar el escrito. La saliva se revela mal por ese método, pero como contiene una enzima que cataliza la oxidación de la tinta ferrotánica, puede ser visualizada este tipo de escritura mediante aplicación de una solución diluida de dicha tinta, apareciendo los rasgos en color negro sobre fondo azul pálido.
La tinta secreta más sencilla se obtiene con una solución acuosa de nitrato de cobalto: su uso sobre el papel queda con un color rosa muy suave, que se disimula perfectamente eligiendo un papel adecuado. Al calentar ligeramente el papel, la escritura se revela en un color azul; ello se debe a que l sal de cobalto hidratada (rosa) pierde al calentarla el agua de cristalización, dando la sal anhidra (azul). Exponiendo el papel a la humedad la sal se rehidrata, y la escritura desaparece.
Algunas tintas secretas pueden revelarse, por el contrario, humedeciendo el papel: la escritura se hace visible por su mayor translucidez a la observación por transparencia. Es el caso de las tintas a base de soluciones de aceite de castor o lino en alcohol, o de nitrato de bismuto en ácido nítrico.
Clasificación de tintas simpáticas
En general, cualquier sustancia que sometida a la acción de otra, o de un agente físico, produzca una reacción cromática, puede ser usada como tinta simpática. Debe ajustarse a las siguientes condiciones básicas: a) debe ser líquida; b) debe ser apta para la escrituración; c) debe ser revelable por métodos físicos o químicos; d) la escritura debe ser invisible; e) el revelado debe ser infalible; f) no debe presentar fluorescencia dentro del período de duración estipulado para cada tinta. Respecto de este último punto, las “muy buenas” tienen un período de duración mayor de 30 días; las “buenas”, hasta 30 días; las “regulares”, más de 7 días, y las “malas”, menor de 7 días.
Rhodes clasifica a las tintas simpáticas en cuatro grupos:
Grupo 1: Tintas que se revelan por una deshidratación que afecta al papel o a la tinta. Ejemplo: los ácidos fuertes, como el sulfúrico y el nítrico. Cuando el papel es calentado, los ácidos deshidratan la celulosa, produciendo su carbonización, lo que hace que la escritura aparezca en color parduzco Las sales de cobalto, antes citadas, constituyen tintas de este tipo; el calentamiento produce la deshidratación, y ésta el cambio de color. Además del nitrato se ha usado el cloruro y el óxido cobaltoso, mezclados con compuestos higroscópicos (carbonato o nitrato de potasio), que retienen el agua evitando la deshidratación del compuesto de cobalto, y con ésta el revelado espontáneo de la escritura.
Grupo 2: Tintas que se revelan por efecto fotoquímico o por reducción. Ejemplo: las sales de plata solubles en agua, que al ser expuestas a la luz del sol se reducen a plata metálica. También las sustancias fluorescentes, como las sales de quinina, revelándose las escrituras por simple observación a la luz ultravioleta.
Grupo 3: Tintas que se revelan por la producción de reacción cromática al ser tratadas con un reactivo químico adecuado. Ejemplos: las sales férricas se revelan con ácido gálico; las sales de plomo con un sulfuro alcalino; el nitrato de cobalto con ácido oxálico; el almidón con yodo. Al final de esta clasificación reproducimos un cuadro clásico de Locard, con varios ejemplos de este tipo de tintas.
Grupo 4: Tintas constituidas por soluciones orgánicas o líquidos biológicos, que actúan como agentes oxidantes o mordientes. Las escrituras realizadas con saliva, orina, leche, suero, etc., actúan como mordientes, pudiendo ser reveladas con una solución acuosa diluida de un colorante. En el caso de la escritura con saliva, ya lo hemos dicho, puede revelarse con una solución acuosa diluida de una tinta ferrotánica, pues la saliva contiene una enzima oxidante, que transforma el tanato ferroso en tanato férrico (negro).
Tintas simpáticas especiales
Son las más modernas y admiten un gran número de variables. Podemos clasificarlas en tres grupos:
a) Tintas azoicas: Calificadas como “muy buenas”, confieren a la escritura secreta un enorme grado de seguridad. Están compuestas por una solución de una amina aromática primaria, la que posteriormente se revela mediante una serie de reactivos colocados sobre la escritura invisible, según una secuencia determinada y bajo condiciones de temperatura, concentración y pH establecidos, con lo que el escrito secreto toma coloración.
Se basa en la producción de una reacción de diazotación y copulación como la que se transcribe a continuación:
b) Tintas cromáticas diferenciales: Se trata de dos tintas diferentes:
una de ellas es una mezcla de tinta común con la tinta secreta; la otra, simplemente, tinta común. De esta forma, la coloración de ambas es similar. Se escriben las constancias no secretas con la tinta común, y, las secretas con la otra, utilizando para cada una un elemento escritor, pero ambos iguales entre sí a los efectos de producir iguales grafías. Se obtiene así un texto visible y homogéneo. El revelado de la escritura secreta se practica decolorando todo el escrito, y luego aplicando el revelador específico, que hace visible solamente la parte escrita con la tinta secreta.
c) Tintas para soportes tratados: Esta técnica utiliza dos soluciones. Con una de ellas se trata el papel soporte, sumergiéndolo y luego secándolo, y, con la otra, se escribe el texto. Al combinarse ambas soluciones sobre el papel se origina la tinta secreta, la que luego es revelada con reactivo específico.
Detección y revelado de escrituras secretas
Tal diversidad de tintas secretas indica que no existe un método absoluto o un reactivo único que solucione el problema de detectar si un papel contiene una escritura secreta, y menos aún que la revele en forma de permitir su lectura. Enunciaremos un método sistemático cuyo orden se basa en el criterio de no alterar el documento, teniendo siempre en cuenta la idea que el mismo debe ser remitido a su destinatario sin que éste perciba que el documento ha pasado por las manos del investigador. Si tal limitación no existe, podrá alterarse el orden de la marcha sistemática, y recurrir directamente a aquellos métodos directos y expeditivos que mencionaremos más adelante, aunque, como veremos, ellos provocan serias alteraciones del documento, de carácter irreversible.
1. Examen con luz directa: El documento se estudia por transparencia y por reflexión, con luz del sol, o de una buena lámpara de filamento, o arco voltaico. Al principio se trabaja con gran intensidad lumínica, que se va reduciendo gradualmente hasta llegar al mínimo. En estas condiciones se hace una buena observación con iluminación rasante, ya que la superficie mate resultante de la remoción del satinado del papel por la acción solvente de la tinta usada, resalta sobre la superficie brillosa circundante.
Cuando se realiza la observación por transparencia, cualquier zona anormalmente opaca o translúcida debe ser estudiada prolijamente, con microscopio de poco aumento.
2. Examen con luz ultravioleta: A veces la tinta simpática se basa en un componente que produce fluorescencia por acción de estas radiaciones. Ya hemos mencionado las tintas a base de quinina, que bajo la luz U.V. producen una hermosa fluorescencia azul; se trata de soluciones acuosas de sulfato de quinina, pero existen numerosos compuestos orgánicos e inorgánicos dotados de igual propiedad.
3. Examen con radiación infrarroja: Existen tintas secretas opacas a los rayos infrarrojos, por cuya razón no debe omitirse esta parte del estudio, sea mediante técnicas fotográficas o mediante el convertidor de imágenes.
4. Examen con rayos X: Si la tinta secreta contiene sales de metales pesados (plomo, bario, tungsteno), es posible detectar la escritura pasando, a través del documento, rayos X de bajo voltaje. Estos rayos son útiles también para detectar escrituras secretas o visibles, escritas debajo de estampillas, solapas de sobres, etc.
5. Vapores de yodo: Se somete al documento a la acción de los vapores de yodo en la cámara de gases. El yodo revela las escrituras confeccionadas con tintas simpáticas que contienen almidón y otras sustancias orgánicas. Para
hiposulfito de sodio al 3 %, planchando luego el documento para anular el arrugamiento producido por el líquido. No existe un reactivo gaseoso satisfactorio para anular al yodo; el mejor sería el anhídrido sulfuroso, pero se corre el riesgo de que decolore el papel, o las escrituras visibles, por lo cual debe usarse con suma cautela.
6. Examen con detector “Geiger”: La escritura secreta podría haberse escrito con una tinta que contuviera material radioactivo. Para detectarla se usa un Geiger o similar. Puede ser que no sea el mensaje escrito con la tinta radiactiva, sino que ésta se haya usado para marcar letras sobre el texto visible, que al unirse constituyan el texto secreto. En tal caso deben investigarse las letras una a una con el Geiger.
7. Acción del calor: El efecto del calor se aplica mediante una plancha doméstica (debe utilizarse la posición “rayón”), pero es más conveniente para realizar el ensayo en forma sistemática, cubrir el documento con un cartón grueso que tenga una pequeña ventana, e ir aplicando el calor con una lámpara de filamento, por zonas. Mediante el calor se revelan, ya lo hemos dicho, no sólo las escrituras realizadas con tintas improvisadas con líquidos biológicos, sino también otras a base de ácidos, sales y sustancias orgánicas diversas.
8. Acción de polvos coloreados: Deben usarse los polvos que produzcan buen contraste con el papel. Los que se utilizan en dactiloscopía son aptos para este fin. Pueden aplicarse por espolvoreo o a pincel, y se retiran sacudiendo el papel, nunca con goma de borrar; si quedan restos rebeldes pueden eliminarse con una bolita de plastilina ablandada entre los dedos.
El polvo se fija sobre los signos de la escritura debido a que el efecto solvente de la tinta secreta, que es siempre un líquido, ha alterado el satinado, dejando al descubierto la capa interna del papel, que es más rugosa; esta rugosidad es la que provoca la retención mecánica del polvo, y explica porqué éste debe provenir de una rigurosa molienda.
En realidad, cualquier escritura secreta revelable por polvos, también lo será por los vapores de yodo, por lo que no se justifica el uso de ellos, ya que el yodo, además de su facilidad de aplicación es, como hemos visto, de sencilla eliminación, lo que es importante si el documento debe seguir circulando.
9. Uso de soluciones coloreadas: En lugar de polvo puede usarse una solución coloreada, obtenida por dilución de una tinta común o preparando una solución acuosa muy diluida de cualquier colorante. La solución se aplica con un hisopo de algodón o puede sumergirse el documento directamente en ella. El fundamento del método es similar al de los polvos:
el agente revelador se absorbe selectivamente en los lugares en que el encolado del papel ha sido alterado por la tinta simpática. Luego de aplicada la solución reveladora, el documento se lava con agua corriente. Claro está que si la escritura visible está confeccionada con una tinta soluble en agua, el método es inaplicable; en tal caso puede aplicarse una solución alcohólica en lugar de acuosa, del colorante. En cualquiera de los casos el revelado es permanente, vale decir, irreversible, por lo que se optará por usarlo o no según convenga a la investigación posterior.
10. Revelado con agua: Ciertas tintas simpáticas están constituidas por soluciones de ácidos inorgánicos, como clorhídrico y nítrico, u orgánicos como acético y oxálico, en agua. Otras, por soluciones de aceite de castor u otros aceites, en solventes orgánicos.
Las escrituras confeccionadas con estas tintas pueden leerse fácilmente mediante humedecimiento del documento con agua y observación por transparencia, pues las partes escritas se tornarían así más translúcidas. Evidentemente este método no puede aplicarse si la escritura visible está confeccionada con una tinta soluble en agua, pues se correría totalmente.
11. Reveladores químicos: La detección de escrituras secretas por medios químicos es difícil, debido a la diversidad enorme de reactivos factibles de ser usados con este fin, lo que torna difícil hallar el agente revelador adecuado a cada caso. Existen sin embargo algunos que cubren una gama bastante amplia de posibilidades. Por ejemplo:
a) Si el papel se expone a los vapores de sulfuro de amonio en la cámara de gases se revelarán las escrituras de tintas que contengan sales de metales pesados, los que forman sulfuros coloreados.
b) La solución de yodo-yoduro presenta, malgrado sus inconvenientes derivados de la grave alteración del documento, muchas posibilidades de éxito, por lo cual no debe ser omitida si tales alteraciones no inciden en la buena marcha de la investigación. Rhodes sugiere la siguiente fórmula para el reactivo, que no difiere de la que veremos luego para la detección de borrados de escritura:
Yoduro de potasio………. 4 gramos Yodo……… 0,1 gramos Cloruro de sodio……… 5 gramos Cloruro de aluminio……….. 2 gramos Glicerina………. 3,5 gramos Agua destilada……… 30 gramos Esta solución se aplica con un pequeño hisopo de algodón. Se tuvo oportunidad de verificar la eficacia del método al revelar, a lo largo de un voluminoso libro, un mensaje cifrado, obtenido mediante el subrayado de letras del texto impreso, con una tinta simpática. Lo que hubiera sido un trabajo ímprobo se transformó en un pasatiempo, consistente en ir pincelando las hojas del grueso volumen, una a una, hasta lograr el texto completo.
c) El amoníaco o el ácido acético revelarán, en la cámara de gases, las escrituras secretas confeccionadas con tinta a base de indicadores:
d) La solución de ferro o ferrocianuro de potasio revelarán tintas que contengan sales de cobre, hierro, cinc y plata.
f) Si la tinta secreta contiene cloruros, se revela con nitrato de plata. Para ello se aplica solución acuosa de esta sal al 5 % con lo cual los cloruros solubles se transforman en cloruro de plata insoluble. Luego el papel se seca y expone a la luz solar o a una luz artificial muy intensa (arco voltaico), o a la luz U.V. El cloruro de plata se descompone, dejando la plata libre, con lo que aparece la escritura en color negro.