Como fue señalado en el marco de antecedentes, el apoyo social consta de tres áreas: emocional, instrumental e informacional. Estos tipos de apoyo son entregados por las redes dependiendo de su nivel de conocimiento, incidencia en la temática, etc. Esto ha podido reflejarse en el análisis expuesto en este apartado, en donde por ejemplo, la primera orientación emocional concreta, fue realizada por un profesional de la psicología.
Por otra parte, se observa que las redes primarias aportan principalmente apoyo emocional, mediante la escucha y la acogida, que se muestra como la necesidad más inmediata de las mujeres, considerando el nivel de daño psicológico que significa vivir episodios de violencia, pues aunque no se ejerza violencia psicológica de forma directa, los otros tipos de violencia como la física, económica y sexual, dejan un daño psicológico que las mujeres desean remediar.
En relación a las redes secundarias, estas no son consideradas primordiales y prácticamente no son señaladas por las mujeres. Dos de ellas se refirieron a la iglesia como un lugar en donde encuentran apoyo emocional e instrumental.
E4: "En la iglesia adventista me estoy movilizando con un taller de comida saludable"
E5: " Yo soy católica y pertenezco a un grupo de la comunidad que preparamos misas cosas así y todos los viernes nos juntamos en aluna casa o en la mía o en la iglesia"
Este tipo de apoyo no recibe la considerable valoración por parte de las mujeres, como sí se observa en relación a las redes terciarias y los servicios que prestan. Esto podría deberse a que las mujeres tienen temor a contar los hechos, según lo expuesto anteriormente, en relación a la vergüenza y los reproches.
En relación a las redes terciarias, estas prestan desde la perspectiva de las mujeres, en su mayor parte apoyo emocional e informacional. No es posible afirmar si en términos generales existe una valoración positiva o negativa respecto a este tipo de red, pues las mujeres señalaron mayormente tres instancias: por una parte, señalaron la experiencia con carabineros, la cual mayormente fue negativa, debido a la ineficacia de los procedimientos de protección y el juzgamiento que realizan, culpándolas de los hechos o minimizando la gravedad de la violencia, mediante la naturalización. Por otra parte, las mujeres refirieron a los centros de salud como una instancia real de apoyo en tanto allí encontraron soporte emocional y refuerzo positivo acerca de las acciones y cuestionamientos que iniciaron respecto a la violencia ejercida sobre ellas. Desde esta instancia, encontraron mayor apoyo y apertura de las redes, principalmente territoriales. En relación al Centro de la mujer, las sujetas valoraron esta institución de forma positiva, pues aquí encontraron una intervención integral en términos de un trabajo psico-sociojurídico.
En relación al apoyo social instrumental, es posible señalar que el es requerido cuando las mujeres deciden abandonar el hogar y requieren de un techo para vivir con sus hijos y alguna persona que los cuide mientras ellas trabajan.
Considerando lo anteriormente expuesto, podemos señalar que el tipo de apoyo social más requerido es el emocional y el informacional, pues ambos actúan fuertemente en el momento en que la mujer desea pedir ayuda. Además, ambos tipos de apoyo se encuentran primordialmente en las redes primarias y terciarias.
6.- Conclusiones
Como se ha descrito en el marco de antecedentes, la violencia contra la mujer genera una situación de aislamiento en donde los hechos de violencia pueden agravarse y la mujer pierde contacto con sus redes primarias y a su vez, la posibilidad de contar en el espacio público lo sucedido, con la opción de buscar ayuda.
En este sentido, la conformación de un apoyo social efectivo tiene una importancia vital en tanto este posibilita que la mujer pueda obtener ayuda y subsanar el daño producido por los hechos de violencia, que en el caso de la mayoría de las mujeres entrevistadas, ha perdurado por largos años, desde el inicio de la relación de pareja con el hombre que las agredía.
Por ello, el objetivo general de la presente investigación fue: "Conocer las experiencias de búsqueda de apoyo social en redes primarias, secundarias y terciarias, efectuadas por mujeres que viven o han vivido violencia por parte de sus parejas y que participaron de los talleres socio- educativos realizados en el Centro de la Mujer San Ramón".
En el apartado anterior, se dio cuenta de la especificidad de las experiencias, identificando los tipos de apoyo y las redes a las cuales las mujeres los asocian.
En este sentido, se visibilizó la importancia de contar con las redes y por ello, la pregunta que surge es en relación al acceso que las mujeres tienen. Es así, que llama la atención que el total de las entrevistadas no conociera el Centro anterior a la derivación de los profesionales desde otras instancias de intervención.
Desde aquí, la reflexión se orienta al por qué del desconocimiento de las redes que existen a nivel terciario para protegerlas, y qué rol juega el Trabajo Social en ello, considerando además que la visibilización, al menos del Centro, es una meta para el equipo y no un desafío a nivel SERNAM. Entonces, ¿cómo procurar una intervención interdisciplinaria de calidad, procurando además, que la institución sea conocida por la población?.
Una posible respuesta a esta pregunta es generar propuestas de intervención que visibilicen desde la política pública el aparataje disponible para la protección a la mujer y qué servicios pueden encontrar en las instituciones. Esto se levanta como reflexión pues todas las mujeres
lo que genera que no lleguen de forma directa al lugar donde efectivamente pueden ser recibidas y otorgarles una intervención adecuada. Esto se explica porque en las campañas del SERNAM no se explicita el lugar en el cual pueden ser atendidas de forma directa, sino que informan de un número telefónico para contactar al Servicio y no dan cuenta de los programas especializados para la atención.
Por lo anterior, y considerando la importancia del conocimiento de las redes, se levanta la necesidad de realizar a nivel de programas sociales, un proceso de difusión que contemple una estrategia y metas. Esto se dificulta por la cantidad de profesionales y la alta demanda de mujeres que necesitan atención.
Otra reflexión importante es la necesidad de sensibilizar a la comunidad en su totalidad, incluyendo a las instituciones, acerca de las problemáticas de género. Esto, porque las redes primarias, si bien conforman un apoyo emocional, por términos de desconocimiento, no pueden otorgar un apoyo significativo en términos de movilización de recursos personales y orientación acerca de las gestiones necesarias para terminar con los hechos de violencia y recibir protección.
Esto también aplica a las instituciones como Carabineros, quienes según lo señalado por las mujeres en su mayoría, cuestionan a la mujer y más aún, naturalizan los hechos, otorgándole una importancia menor y minimizando la gravedad de las agresiones, lo que genera negativa por parte de las mujeres para volver a denunciar nuevos hechos de violencia.
Si bien no fue manifestado de forma general, al menos una entrevistada comentó que siente una desprotección por parte de las redes, sin vínculo con las víctimas. Esto, referido al apartaje estatal diseñado para proteger a las mujeres, lo que sumado a las dificultades del acceso a las redes efectivas, da cuenta de cómo es la situación de la mujer respecto al aparato estatal destinado a protegerlas y la sensación que ellas tienen respecto a ello. Esto también podría explicar por qué no hay un acceso fluido a las redes, en relación a la frustración y desconfianza respecto a las intervenciones.
Por otra parte, las mujeres entrevistadas contaban con amistades cercanas que de alguna forma brindaron apoyo, pero primó el sentimiento de soledad, que se potencia debido al aislamiento social que ejerce el hombre que las agrede. Por ello, una tarea o desafío que surge respecto a esto es cómo nos capacitamos para identificar en nuestras intervenciones, a mujeres
que están siendo agredidas y no lo contarán, debido a las dificultades expuestas anteriormente.
Considerando el relato de las mujeres en relación a su experiencia en la búsqueda de apoyo, es que se considera importante una efectiva intervención en red, que realmente entable un diálogo entre instituciones y profesionales, en pos de una intervención adecuada y contextualizada según la realidad de la mujer, considerando la exposición a la cual se enfrentan y los riesgos que a ellas les genera el hecho de visibilizar la violencia en el espacio público. Por ello, desde la perspectiva de la investigadora, es necesario por una parte, levantar y agilizar mecanismos de defensa dispuestos a nivel legal y además, mecanismos ideados por la mujer que sean efectivos, pues desde la intervención no se puede evitar la agresión, aun cuando la mujer cuente con medidas de protección o cautelares. Por otra parte, se debe procurar un trabajo paulatino y constante en relación al empoderamiento de las mujeres, con énfasis en las decisiones y el auto- conocimiento de sus habilidades personales.
Contar con apoyo social en la vivencia de hechos de violencia representa un factor determinante para aumentar la calidad de vida de las mujeres y a la vez disminuir sus niveles de riesgo, producto de las agresiones. La búsqueda del apoyo es fundamental para dar inicio a un proceso de transformación, además de la interrupción de la escalada de violencia y la mantención del ciclo de violencia (SERNAM, 2012)
Aun cuando lo anterior resulta importante, no hay que olvidar que la mujer no sólo vive problemáticas de violencia de género, sino que además, considerando la comuna de procedencia de las mujeres, éstas también viven situaciones de vulnerabilidad y factores de riesgo asociados. Por ejemplo, como es el caso de la mayoría de las entrevistadas, la vulnerabilidad económica y la dependencia en términos monetarios al agresor, genera que ellas decidan mantener la relación. Por otra parte, algunas de las entrevistadas han vivido hechos traumáticos en relación a abusos sexuales, lo que aumenta el daño psicológico y la dificultad para cuestionar y movilizar recursos, ligado a la vulnerabilidad como consecuencia del hecho. Esto, por ejemplo, genera que la mujer tenga mayor probabilidad de de sufrir un intenso riesgo emocional tras sufrir algún tipo de delito violento (Echeburúa, Corral & Amor, 2002)
Por lo tanto, el desafío como propuesta es intervenir con la mujer desde una perspectiva holística, compleja y completa, donde no sólo se trabaje un ámbito específico, sino que la situación contextual completa. Claramente,
esto requerirá de una trabajo en red, en donde lo importante es considerar que esta estrategia no se reduce a la derivación de la mujer a otra institución. Por otra parte, en relación a la pregunta de investigación: ¿Cuáles son las experiencias de apoyo social de las mujeres que viven o han vivido violencia por parte de su pareja o ex pareja, respecto a su vinculación con las redes primarias, secundarias y terciarias?, podemos señalar que las experiencias son completamente diversas en términos de las realidades contextuales de cada mujer, pero que tienen factores comunes, como por ejemplo la motivación para pedir ayuda y qué esperaban en ese aspecto.
La experiencia en la búsqueda de apoyo está mermada por diversas dificultades como el desconocimiento de las redes disponibles para su protección y el cuestionamiento respecto a los hechos de violencia, en donde han sido culpadas e instadas a continuar en la dinámica familiar en la cual rige el ciclo de la violencia.
Es importante considerar que todas las mujeres entrevistadas ya habían solicitado ayuda en algún período anterior, motivadas por los mismos episodios de violencia, pero años antes. Ante las malas experiencias, ellas en su mayor parte decidieron no volver a pedir ayuda y continuaron en el ciclo de la violencia hasta que derivadas desde otras instituciones, llegaron al Centro del Mujer, lo cual, considerando los procesos de intervención de ellas, ocurrió el presente año. Es decir, existe un lapso de tiempo en donde las mujeres siguieron viviendo hechos de violencia, tras no encontrar un apoyo que les hiciera sentido.
En relación al apoyo social, es posible concluir que este efectivamente toma lugar en la búsqueda de apoyo por parte de las mujeres, situando cada tipo de apoyo a una red específica. Lo importante de ello, es reconocer cómo desde la intervención podemos potenciar este tipo de apoyo, considerando las dificultades y facilitadores analizados previamente.
Es por ello, que la valoración de los discursos de las sujetas es fundamental para comprender la dinámica de violencia que han vivido y cómo llegaron al espacio público requiriendo ayuda. Para ello, es necesario que como profesionales del área social, comprendamos que cada mujer proviene de un contexto diferente y que por lo tanto, sus experiencias también son diversas. Por ello, no debemos olvidar que la intervención no puede ser un estándar homogéneo aplicado a una realidad heterogénea.
En relación a las inquietudes y ahondando en un aspecto que no fue considerado en el diseño de la investigación, pero que fue relevado por una
entrevistada, surge la pregunta acerca de la importancia de la vida espiritual para las mujeres y si este efectivamente podría ser considerando un factor protector para ellas. Ante esto, cabe preguntarse si efectivamente en las intervenciones podemos dar la importancia que corresponde a procesos personales y/o espirituales de las personas. Surge entonces como desafío, procurar una efectiva intervención holística, en donde seamos capaces de integrar aspectos que no son mayormente considerados. Sería adecuado ahondar este hallazgo en posibles futuras investigaciones relacionadas a esta temática.
Resulta interesante analizar el rol que juega el género en esta dinámica de la búsqueda de apoyo, pues el hecho de tener claro un rol de madre puede generar dos reacciones: por una parte, puede movilizar a la mujer a pedir ayuda pensando en el bienestar emocional de los hijos alejándolos de las agresiones; y por otro puede mantenerla en la dinámica de violencia, pensando en el bienestar económico de los hijos. Este hallazgo sería interesante ahondar en una posible investigación en base a la violencia de género y el papel de los roles en el fenómeno, identificando si efectivamente ser mujer y conformarse como tal refuerza la violencia y sus manifestaciones tanto micro-sociales como estucturales.
Otra reflexión en base a lo analizado en las entrevistas es la dificultad de trabajar con un fenómeno que está complejamente interiorizado en nuestra dinámica social, como lo es la violencia, específicamente de género. La sociedad patriarcal ha generado situaciones de dominación que en la actualidad aún siguen primando en las relaciones sociales. Es por ello, que no resulta extraño que la mujer sea culpada de las agresiones y no quien las ejerce. Dentro de este macrosistema patriarcal, las situaciones de violencia se agudizan y complejizan además las posibles soluciones ante estas situaciones de desigualdad. La lucha por la equidad de género, desde la perspectiva de la investigadora, no es considerada una lucha respetada pues por ejemplo, aun se levantan discusiones acerca de los suelos equitativos, o más aun, acerca de los roles de género y los esterotipos asociados.
Por otra parte, y orientando el análisis en el enfoque de género enunciado en el marco de antecedentes, el cual orienta la política pública, surge una reflexión que no se relaciona directamente con el fenómeno de la violencia contra la mujer, pero sí las afecta directamente. La política pública considera que la mujer a la mujer cisgénero, es decir, a la que nace con anatomía femenina, es decir, y además, enfoca su atención a mujeres heteronormadas y heterosexuales. La cuestión es: ¿qué pasa con el apoyo
hacia las mujeres lesbianas o con sexualidad no definida? ¿dónde entonces podría recurrir una mujer transgénero?
Observamos entonces, que el Estado considera a la mujer de una forma reducida, sin dar espacio a realidades que han tenido lenta visibilización, pero que efectivamente demandan apoyo, el cual no existe en términos gubernamentales.
Concluyendo, es posible señalar que la violencia de género es una problemática mayormente compleja en tanto el macro-sistema la potencia y justifica. En base a ello, es posible identificar que la búsqueda de apoyo por parte de las mujeres que han vivido violencia por parte de su pareja, es dificultosa y compleja en tanto requieren de un proceso de concientización de los hechos y una posterior decisión a terminar el ciclo de la violencia, aún cuando ello implique aumentar la violencia, tener dificultades para la manutención económica, etc.
Por ello, es fundamental otorgarle a las mujeres el apoyo necesario para que ellas logren en base a sus potencialidades, movilizar recursos y dar término a las agresiones que también pueden extenderse al resto de la familia.
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