II. Marco Teórico
1. Estado de bienestar en Europa
1.3 Tipologías de los regímenes de bienestar en el contexto europeo
Los regímenes de bienestar representan diferentes formas de organización no sólo en el ámbito de las transferencias del Estado hacia la sociedad, representado por las políticas de bienestar social, sino también hacia el sector productivo de la economía capitalista (Goodin, Headey, Muffels, & Dirven, 1999). Al surgir en Europa en un contexto de postguerra, con todas las consecuencias que ello conlleva, existen marcadas diferencias sociales, económicas y culturales entre cada Estado en cuanto a la forma de provisión del bienestar. Garcés y Durá (1997) realizan un exhaustivo análisis de las siete ideologías que están presentes en la provisión del bienestar, de las que sólo tres serán abordadas en este apartado, selección que responde (como se verá más adelante) a los principales sistemas de bienestar identificados por autores como Esping-Andersen, Leibfried, Titmuss, Moreno, Ferrera, Korpi y Palme.
Por una parte, Garcés y Durá (1997 op.cit) caracterizan la ideología conservadora, como aquella que defiende los valores del individualismo y la libertad, y que apuesta por una economía de mercado que necesita libertad para su funcionamiento y eficiencia, sin intervención del estado, convirtiéndolo en un recurso económico subsidiario que actúa exclusivamente cuando el mercado es incapaz de salir al paso por sí mismo. En este sistema, es el mercado, la familia, el individuo y las organizaciones benéficas, los enclaves posibilitadores del bienestar. Esta situación
no solo afecta a los países europeos, así tal y como analizaremos posteriormente en el apartado 2.2 de este capítulo, debido a que el estado de bienestar latinoamericano surge bajo esta perspectiva teniendo la categoría de ‘conservador informal’. En segundo lugar, la ideología liberal cree en la combinación de la empresa pública y privada en materia económica y social, con un Estado que debe intervenir donde el mercado se muestre incompetente e ineficaz, donde toda persona debe tener unos mínimos, y donde las organizaciones voluntarias cobran importancia con el fin de eliminar la pobreza, siendo el ideal una combinación mixta y una actuación conjunta de la intervención privada, pública y de organizaciones sociales (Garcés y Durá, 1997 op.cit). Por último, la ideología socialdemócrata, promociona y equilibra los valores de la igualdad y libertad, apostando por la solidaridad. El mercado no responde a la necesidad sino que a la demanda, por lo que sus programas políticos contemplan intervencionismo estatal para modificar la demanda dando así respuesta a la necesidad. Un papel fundamental lo cumple el sistema educativo, como una forma de equilibrar las desigualdades personales y sociales, donde todos deben tener su oportunidad para estudiar, formarse, trabajar y demostrar su valía, las instituciones sociales y en mayor medida la educación pública financiada por medio de un sistema impositivo fuerte, se encargarán de ir limando las desigualdades. Bajo esta ideología, como se verá más adelante, Finlandia así como los países nórdicos, desarrollan su estado de bienestar.
Partiendo de estas ideologías podemos encontrar diversas categorías para caracterizar los diferentes sistemas de bienestar y sus políticas sociales presentes en los países del contexto europeo. Titmuss (1974) ofrece una categorización de acuerdo a las funciones que tiene la política social. En primer lugar, un ‘modelo
residual’, basado en la premisa de que existen dos canales mediantes los que los
individuos satisfacen sus necesidades, a través del mercado y la familia y cuando ambos no son capaces de satisfacer estas necesidades interviene el estado de forma temporal. Un segundo modelo denominado ‘logro personal-cumplimiento laboral’, consideraba como relevante el papel de las instituciones de bienestar social como complemento de la economía, por lo que las necesidades se satisfacen basadas en el mérito, el trabajo y la productividad. Una tercera clasificación del estado de bienestar hecha por el autor, corresponde al ‘modelo institucional redistributivo’, que veía al bienestar social como una importante institución integrada en sociedad, proveyendo servicios universales fuera del mercado y sobre el principio de necesidad.
Posteriormente Esping – Andersen en su libro “Los tres mundos del estado del
bienestar” (1993), establece tres tipologías basadas en el grado de
desmercantilización, es decir, cuando los servicios (como la salud y la educación) se prestan como una cuestión de derecho y fuera de la lógica del mercado, y cuando una persona puede mantener un medio de vida sin depender de este. Por una parte, el estado de bienestar ‘liberal’, donde predomina la ayuda a quienes prueben que no tienen medios (means tested), transferencias monetarias y planes de seguros modestos, clasificando a países como Estados Unidos, Canadá y Australia, y en el contexto Europeo su principal exponente es el Reino Unido. En el segundo modelo de bienestar denominado por el autor como modelo ‘socialdemócrata’ plantea un estado de bienestar que promueva una igualdad en los estándares más elevados, no una igualdad en las necesidades mínimas como se buscaba en otros países, donde todos los estratos están incluidos en un sistema de seguro universal. Dentro de esta categoría se incluye a los países nórdicos como Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca. Estos países suelen incorporar a todos los estratos bajo un sistema de seguro universal, sin embargo los beneficios son graduados de acuerdo a los ingresos obtenidos, alto gasto social financiado por alta recaudación de impuestos, políticas activas de empleo, beneficios por desempleo generosos e integrales junto con gozar de bajas tasas de desempleo. Por último, en el modelo ‘conservador’, los derechos se encuentran vinculados a la clase, los seguros particulares y beneficios adicionales de empleo juegan un papel marginal, vinculados a la iglesia y comprometidos con la conservación de la familia tradicional por lo que existe una fuerte presencia de subsidios familiares que estimulan la maternidad. El autor clasificó en esta categoría a países como Austria, Italia, Francia y Alemania.
Respecto a la familia, Esping-Andersen en una de sus obras más recientes introduce la idea de ‘fallo de la familia’, refiriéndose a la retirada de la mujer de las funciones de cuidado que les estaban tradicionalmente asignadas y al hecho de que las distintas generaciones dejen de cohabitar bajo un mismo techo. Esto, es debido a que para la casi totalidad de la población, la familia y el mercado son las principales fuentes de protección (Esping-Andersen & Palier, 2010). En cuanto a las tipologías del bienestar, el mismo autor en su libro “Fundamentos sociales de las Economías Postindustriales” (2000) sugiere la existencia de un cuarto mundo del bienestar, señalando tres casos que así lo requerirían: las antípodas, el mediterráneo y Japón. Sobre el segundo caso, el sistema se caracteriza por un gasto social concentrado en las pensiones de vejez, baja redistribución a través de impuestos y transferencias, regulación de protección al empleo muy estricta y baja cobertura de beneficios por desempleo, junto con altas tasas de desempleo.
Por su parte, Leibfried (1991) establece una tipología diferente a la de Esping- Andersen, basada en el concepto de los regímenes de pobreza e identifica cuatro tipos: Escandinavo, Bismarck, anglosajón y el modelo ‘Latin Rim’. Su importancia radica en que es uno de los primeros autores que incluye a los países del sur de Europa (España, Italia, Grecia y Portugal) dentro de una categoría, ya que para el autor dichos países parecen constituir un régimen de bienestar propio. Su teoría se ve reforzada debido a que en estos países, ha sido relevante la presencia de la iglesia aunque su labor de protección social ha ido disminuyendo con el tiempo. El rol de la familia en materia de protección y bienestar es uno de los aspectos más relevantes que comparten estos cuatro países, recalcando la labor de la mujer como cuidadora principal tanto de los niños como de las personas mayores presentes en el grupo familiar (Moreno, 1997), debido a la solidaridad familiar que se manifiesta en un generoso apoyo material y afectivo, con lo que se ha reforzado un modelo basado en la sobre explotación de recursos familiares y últimamente, las ‘supermujeres’ (Moreno, 2009). En este modelo, caracterizado por fuertes valores centrados en las familias, los gobiernos carecen de una política familiar explícita, que se refleja en un número muy limitado de disposiciones sociales favorables a la familia (Flaquer, 2000a). Para Leibfried y Mau (2008) en estos países puede encontrarse una provisión de servicios tanto por el sector público como privado, particularmente evidente en el campo de la asistencia sanitaria como de los servicios sociales
Ferrera (1993) sugiere otra clasificación apoyada en la orientación de flujos redistributivos como principio de participación laboral o ciudadanía, y no basada en la desmercantilización como sugiere la tipología de Esping-Andersen. Distingue entre sistema de bienestar ocupacional, que privilegia las redistribuciones horizontales dentro de cada categoría de renta (jóvenes / ancianos, ocupados / desempleados, sanos / enfermos), y el sistema de bienestar universal, el que facilita las retribuciones verticales entre los grupos de renta de toda la población, desde los que más a los que menos tienen.
Por su parte, Korpi and Palme (1998) sugiere una tipología basada en los estados de bienestar y sus características institucionales, ofreciendo un modelo típico e ideal de instituciones de seguros sociales. De esta forma las cinco categorías se distribuyen de la siguiente manera: a) seguro dirigido, con acceso mediante prueba de necesidades a un mínimo b) seguro voluntario subsidiado por el Estado, accediendo mediante contribuciones y/o membrecías, a una cuantía fija o relacionado con los ingresos, c) seguro corporativo, con acceso mediante participación en el mercado laboral, por lo que el beneficio estará relacionado con el ingreso, d) seguridad
básica, accediendo gracias a la nacionalidad o contribuciones, con una cuantía fija como beneficio y por último e) seguro que considera tanto la nacionalidad como la participación en el mercado laboral, con una cuantía fija y relacionados con el ingreso.